PALABRAS DEL PRESIDENTE PASTRANA, EN LA CLAUSURA LA XIV CUMBRE DE JEFES DE ESTADO Y DE GOBIERNO DEL GRUPO DE RÍO2017-12-18T11:46:44+00:00

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Palabras del Presidente Pastrana en la clausura la XIV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de Río.

Apreciados amigos:

Ayer, al inaugurar esta trascendental Cumbre de Cartagena, tuve la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los desafíos de la globalización y sobre la forma en que el Grupo de Río ha venido cumpliendo sus objetivos primordiales de preservar la paz, fortalecer la democracia e impulsar el desarrollo de nuestros países.

Hoy, después de una intensa y fructífera jornada de trabajo conjunto, que hemos realizado con el apoyo de la labor previa adelantada por nuestros cancilleres y coordinadores nacionales, estamos listos para asumir nuestro compromiso: el compromiso de América Latina y el Caribe para el milenio.

De este “corralito de piedra”, como cariñosamente llamamos los colombianos a la histórica y bella ciudad de Cartagena de Indias, acariciado por las aguas de amistad del Mar Caribe, saldrá hoy un mensaje hacia el mundo, que contiene la visión latinoamericana y caribeña sobre la agenda global del siglo XXI.

El propósito fundamental de Colombia durante este año 2000, en el que ocupa con honor y responsabilidad la Secretaría Protémpore del Grupo, es incrementar la visibilidad y el protagonismo de la región en los más importantes foros internacionales y ante terceros países. Yo estoy convencido de que, con esta carta de navegación que hoy hemos diseñado, la voz unificada del Grupo de Río se hará sentir alto y fuerte en el concierto internacional, y, muy particularmente, en la Cumbre y Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas, que se celebrará dentro de tres meses en Nueva York.

¿Y qué tiene que decir nuestra región frente a los grandes temas de la Agenda Global? Permítanme hacer un breve recuento de nuestra postura concertada frente a algunos de los temas más fundamentales:

En primer término, nuestro grupo reafirma sin vacilaciones su compromiso con el multilateralismo, como el medio ideal de organización de las relaciones internacionales. Pero entendemos también que, frente a la nueva realidad de la globalización económica, tecnológica, informática, social y cultural, -una globalización sobre la cual estamos en mora de construir las reglas-, es necesario repensar el multilateralismo para alcanzar la mejor regulación de este nuevo contexto, buscando alcanzar una globalización humanizada y justa, que funcione dentro de un marco de democratización del sistema internacional.

Siguiendo con la idea de Carlos Fuentes, a quien ayer recordaba en su frase de que “si la globalización es inevitable, ello no significa que sea fatal”, nuestro deber es lograr una globalización que sea controlable y que sea juzgada por sus efectos sociales. Vale decir, en palabras del mismo Fuentes, “socializar la economía global” sujetando “las nuevas formas de relación económica internacional a la acción de base de la sociedad civil, al control democrático y a la realidad cultural”.

Aquí es donde tiene mayor importancia la acción unificadora del Grupo de Río, que permite aportar a la discusión la visión de una región que transita a medio camino entre la pobreza y la modernidad, entre la marginalidad y el desarrollo, entre la pesadumbre y la esperanza. Una región que entiende que la globalización es un hecho ineluctable y que debemos hacer todo lo posible para que se convierta en un factor de propagación igualitaria del conocimiento, de distribución equitativa de la riqueza mundial y de desarrollo social.

Para lograr una mejor gobernabilidad de este sistema global, los países del Grupo de Río sostenemos la necesidad de reforzar la capacidad de la Organización de las Naciones Unidas para enfrentar los nuevos desafíos de la realidad internacional, incluyendo una ampliación y reforma al Consejo de Seguridad que corrija sus desequilibrios, haga más democrática e igualitaria la toma de las decisiones y más efectiva su implementación.

Colombia ha recibido con sentido de responsabilidad el apoyo de los países de la región, al endosarle su vocería en este Consejo para el periodo 2001-2002. Por eso hoy quiero, al tiempo que agradecer de corazón el respaldo y la confianza otorgada a nuestro país, garantizarles que desde ese importante organismo mundial trabajaremos con entusiasmo en la defensa del multilateralismo, la promoción del desarme y la creación de condiciones de paz y seguridad en el hemisferio y en el mundo.

Sobre el tema del desarme, nuestra región, con la autoridad moral de ser la primera región del mundo libre de armas nucleares, sostiene la urgente necesidad de que la comunidad internacional impulse la eliminación de las armas nucleares y otras armas de destrucción masiva, detenga e invierta las carreras de armamentos convencionales, contrarreste la proliferación y el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras, e impida la militarización del espacio ultraterrestre.

También debemos sumarnos todos a la ratificación y puesta en práctica de la Convención de Ottawa para la eliminación de las minas antipersonales, y a la condena del uso de armas mortíferas de fabricación artesanal, que tanto daño causan a la población civil, particularmente en los conflictos internos.

Donde quiera se presente un conflicto armado, los países del Grupo de Río nos comprometemos con la vigencia y aplicación del derecho internacional humanitario, y hacemos un llamado a todas las fuerzas que sean parte del conflicto a respetar a la población civil, y muy especialmente a los niños.

Colombia ha ido más allá de lo que prescribe la Convención para los Derechos del Niño, prohibiendo la aceptación en el servicio militar de cualquier menor de 18 años de edad. Por eso, con convicción, insta a todos los países del Grupo de Río y de la comunidad mundial a adoptar el “Protocolo Adicional de la Convención de los Derechos del Niño sobre la Vinculación de Menores en Conflictos Armados”. Se ha dicho muchas veces que en los niños está el futuro de la humanidad y no podemos arriesgarlo frente a los embates ciegos de la intolerancia y de la violencia.

Y para garantizar un porvenir más claro a las nuevas generaciones, tenemos que enfrentar también con valentía y decisión el problema mundial de las drogas ilícitas y sus delitos conexos, tales como el lavado de activos, el tráfico y desvío de precursores químicos, el contrabando y el tráfico de armas. El Grupo de Río reconoce la gravedad de este flagelo y la necesidad de enfrentarlo bajo los principios de la responsabilidad común y compartida, a través de una cooperación eficaz que tenga en cuenta el desarrollo sostenible y que busque reducir tanto la oferta y el tráfico, como la demanda de drogas. En este sentido, es resaltable la adopción de un mecanismo multilateral de evaluación del compromiso de cada país en la lucha contra las drogas, que estamos empezando a implementar.

En materia de protección del medio ambiente, los países del Grupo ratificamos nuestra convicción de que el principio de responsabilidad común pero diferenciada es esencial para el logro del desarrollo sostenible. Nuestros Estados reafirman su vocación ecológica como depositarios de una región que contiene las más grandes reservas de biodiversidad del planeta. En este sentido, hacemos un especial llamado a todos los países, y muy especialmente a los más desarrollados, para que cumplan los compromisos de reducción de gases de invernadero, ratificando el Protocolo de Kyoto antes del año 2002.

También tenemos un compromiso común con los derechos humanos y con la lucha contra la corrupción. Como se dijo en el Acta de Veracruz, “los derechos humanos, la democracia y el desarrollo son interdependientes y se refuerzan mutuamente». América cuenta con un avanzado sistema regional para la promoción y protección de los derechos humanos, y es nuestra tarea fortalecer sus instituciones, respetar su jurisdicción y fomentar una cultura de los derechos humanos en el hemisferio.

Igualmente, tenemos que aunar esfuerzos para luchar contra la corrupción que corrompe la acción pública de nuestros Estados y cuyas ganancias ilícitas circulan por el sistema financiero internacional. Cada moneda que se roban los corruptos, es una moneda menos para la atención de las necesidades urgentes de nuestros pueblos. Por eso debemos poner en práctica los postulados de la Convención Interamericana contra la Corrupción y trabajar juntos en la eliminación de este flagelo.

Queridos mandatarios de las naciones amigas y hermanas que conforman el Grupo de Río:

He esbozado algunos de los temas en que tendremos una posición concertada ante la Cumbre del Milenio y ante cualquier otro foro internacional en que sea pertinente. Pero son muchos más: tantos como los que requiera el devenir del acontecer internacional y la salud y bienestar de nuestros pueblos.

Ayer señalaba la importancia, en la que todos estamos de acuerdo, de alcanzar una reforma a la arquitectura financiera internacional, que haga menos vulnerables nuestros países frente a las eventuales crisis financieras. Hoy hemos logrado una propuesta común en favor de la gobernabilidad financiera.

Teniendo en cuenta que el manejo de las situaciones externas críticas depende de una adecuada y pronta administración de la liquidez internacional, el Grupo de Río propone combinar el fortalecimiento de la institucionalidad global con un mayor desarrollo de las instituciones financieras regionales y subregionales.

Justamente, son estas instituciones financieras, por su grado de cercanía a nuestros países, las que mejor pueden contribuir a la coordinación de políticas macroeconómicas y promover la supervisión entre pares, que evite la adopción de medidas competitivas que, a cambio de mejorar la situación de un país, agraven la situación en otro.

Necesitamos un nuevo ordenamiento financiero internacional compuesto por varios niveles de organización, que, más allá de prevenir y enfrentar crisis externas, provea los recursos de largo plazo que requieren nuestras economías para apoyar su desarrollo y el financiamiento de proyectos sociales y de infraestructura, que posibiliten una inserción positiva dentro del mundo global. Queremos financiamiento para el desarrollo social y no sólo para el crecimiento económico, porque hemos entendido que el segundo sin el primero sólo contribuye a incrementar la desigualdad y la pobreza.

Amigos Presidentes y Jefes de Gobierno:

El Grupo de Río ha demostrado con creces ser la mayor y mejor instancia de coordinación y concertación política de América Latina y el Caribe, y tenemos que capitalizar esta realidad, no sólo ante los organismos internacionales sino también frente a los terceros países o grupos de países.

Con la Unión Europea hemos logrado avanzados niveles de concertación de políticas y cooperación, el último de los cuales se plasmó en la Declaración de Vilamoura del pasado 24 de febrero. Con otras naciones de la mayor importancia en el contexto mundial, como la Federación de Rusia y la República Popular China, estamos también promoviendo acercamientos, que nos llevarán este año a la celebración de un encuentro de Vicecancilleres con la Federación Rusa y a una reunión de los Cancilleres de la Troika del Grupo con el Gobierno Chino.

Hacia el futuro, vislumbramos una interesante aproximación y diálogo con los países del Asia y del Pacífico, la cual se concretará el próximo año, bajo el inmejorable patrocinio de la secretaría protémpore de Chile, en una Primera Cumbre de Ministros de Relaciones Exteriores de Asia y América Latina. Así volveremos la atención hacia el inmenso océano Pacífico, al que por tantos siglos le hemos dado la espalda, y que hoy está llamado a ser el mar del futuro.

Unidas, las naciones del Grupo de Río, tienen una gran fuerza convocante que no podemos desaprovechar. Somos la voz de Latinoamérica y del Caribe frente al mundo, y el mundo está atento a nuestras palabras y, por supuesto, a nuestras acciones.

Señores Mandatarios:

Esta misma semana, la Unicef dio a conocer el resultado de una encuesta elaborada con los niños de 20 países de nuestra región. Según la misma, una tercera parte de los encuestados piensa que en el futuro su país va a ser un mejor lugar para vivir, otra tercera parte piensa que va a ser igual y una última tercera parte piensa que su país va a ser un peor lugar para vivir.

Ahí, señores Presidentes y Jefes de Gobierno, está nuestro desafío: en las expectativas y sueños de nuestros niños. Nuestro reto es recuperar un lugar para la esperanza y para que todos los niños, no sólo una tercera parte, confíen con alegría en que el futuro les traerá cosas mejores.

A los mismos niños les preguntaron qué harían si algún día fueran presidentes, y la gran mayoría respondió que atenderían a los más pobres y a los desempleados. Hoy nosotros somos los presidentes y tenemos esta oportunidad inmejorable de cumplir con el mandato inapelable de las nuevas generaciones, mejorando las condiciones de nuestros pueblos y trabajando juntos por un mañana solidario y justo.

Yo quisiera terminar, queridos amigos, regresando al último texto de Sábato, ese que hoy viaja por las autopistas invisibles del ciberespacio, para que sea él quien nos recuerde las inmensas posibilidades de nuestra acción concertada:

“Todavía podemos aspirar a la grandeza. Nos pido ese coraje. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que –únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana”

Los “valores del espíritu” son los valores que hoy nos reúnen en Cartagena y que nos motivan a construir un futuro de unidad y de cooperación para América Latina y el Caribe. Salgamos de esta Cumbre con la convicción y la confianza de que hemos dado un paso firme hacia un porvenir de paz, democracia y desarrollo para nuestras naciones.

En el año 2001, Chile asumirá la Secretaría Protémpore del Grupo. Estamos seguros de que usted, Presidente Lagos, sabrá orientar nuestra concertación bajo los principios rectores de la defensa de la democracia y la protección de los derechos humanos, que constituyen la esencia de las convicciones y del sentir de nuestros pueblos y el faro que guiará el devenir político de nuestra región, que hoy cruza esperanzada las puertas de un nuevo milenio, que recibimos como una promesa y un desafío.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Cartagena, Colombia
16 de junio del 2000