PARA COMBATIR EL NARCOTRÁFICO ES NECESARIO EL COMPROMISO TANTO DE PRODUCTORES COMO DE CONSUMIDORES2017-12-18T11:47:06+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, ante la conferencia de alcaldes de Estados Unidos.

Me siento muy complacido de estar aquí en Washington acompañando a los Alcaldes de Estados Unidos, reunidos para discutir la agenda que regirá la política urbana de las ciudades americanas en un momento tan singular de la historia -el amanecer de un nuevo siglo-, una época de prosperidad y gran optimismo por el futuro de la América urbana.

Todos los pueblos del mundo sienten una creciente admiración por el renacimiento de muchas ciudades americanas en estas dos últimas décadas; un renacimiento caracterizado por la revitalización de los centros de las ciudades, la inversión en infraestructura urbana y la creación de nuevas empresas, convirtiéndolas en centros culturales dinámicos.

En países como Colombia, al igual que en otros lugares del Tercer Mundo, tomamos las ciudades americanas como ejemplo de cómo abordar los desafíos del crecimiento, del desarrollo económico y social y de la prestación de servicios básicos a nuestras poblaciones urbanas.

Colombia ha vivido un proceso de rápida urbanización durante las tres últimas décadas. Hoy día más del 70% de nuestros 38 millones de habitantes viven en ciudades. Esta tendencia es el resultado tanto de las oportunidades económicas ofrecidas por las ciudades como de la singular geografía de Colombia. También reconozco, con enorme tristeza, que es consecuencia de la falta de oportunidades en la agricultura y, últimamente, de la violencia que ha surgido paralelamente al tráfico de drogas principalmente como un problema rural.

Entiendo que es inusual que un jefe de estado se dirija a la Conferencia de Alcaldes americanos; pero existen algunos temas que están por encima de la política urbana interna y de las relaciones internacionales.

Les agradezco la invitación que me han hecho, pues esta tarde quiero hablarles de un tema que tiene tanto implicaciones de política interna como de política externa para los Estados Unidos y Colombia. Es un tema con el cual ustedes deben lidiar todos los días: me refiero al tema del tráfico y consumo de drogas ilícitas. Lo importante es ver cómo nosotros, es decir, nuestros dos países, pueden cooperar más y mejor para erradicar este flagelo de las drogas ilícitas y eliminar la violencia que estas engendran y que amenazan tanto a Colombia como a todas las ciudades de Estados Unidos y a la comunidad internacional.

Quise reunir me con ustedes hoy, pues estoy convencido, como exalcalde de Bogotá y actual presidente de Colombia, que cada uno de ustedes está al frente de la batalla que Estados Unidos libra contra el tráfico ilegal de drogas, su consumo indebido y su tratamiento. Son sus fuerzas de policía las que deben enfrentar a los delincuentes en las calles. Sus escuelas son el blanco de los narcotraficantes. Sus centros de salud y hospitales deben ayudar a rehabilitar a todos aquellos que se han convertido en drogadictos. Sus comunidades son vícimas de la violencia que engendra el narcotráfico. Permítanme contarles lo que está sucediendo hoy día en Colombia y explicarles el impacto de nuestras acciones y decisiones políticas en las ciudades americanas.

Mi país se encuentra actualmente en una encrucijada. Debemos confrontar simultáneamente la peor crisis económica en décadas, el aumento en la producción y consumo de drogas ilícitas y una insurgencia armada y violenta que se hace cada vez más poderosa gracias a su creciente financiación proveniente del tráfico de drogas ilícitas.

Mientras todo esto sucede, nuestra democracia, la más antigua de América Latina, permanece fuerte y vigorosa. Hemos iniciado dialogos de paz con el grupo guerrillero más grande de Colombia, porque sabemos que todavía hay espacio para una solución política. Hemos tomado pasos encaminados a reformar y fortalecer nuestras instituciones públicas, incluyendo las Fuerzas Armadas, nuestro sistema judicial y la Policía Nacional.

A lo largo de los años, los colombianos hemos logrado grandes progresos en nuestra lucha contra los narcotraficantes. Durante los años 90 desmantelamos los poderosos carteles de Medellín y Cali. Tenemos que reconocer que hoy día el narcotráfico es un negocio mundial, mucho más complejo y, en consecuencia, mucho más difícil de combatir.

Nos encontramos luchando contra la organización criminal más sofisticada que el mundo haya conocido. Una organización que cuenta con recursos millonarios y con las armas, sistemas de transporte y redes de comunicación más sofisticados del mundo. El combustible que alimenta este negocio -las enormes utilidades que generan las drogas- no está en Colombia, sino disperso por todos los sistemas financieros delmundo. Los precursores químicos utilizados para procesar cocaína y heroína no son producidos en Colombia, sino traídos ilegalmente a nuestro país de otras naciones. El narcotráfico es hoy una empresa mundial.

En septiembre del año pasado, mi gobierno presentó un programa nacional, integral y de gran envergadura para hacer frente a los múltiples desafíos que Colombia enfrenta en este momento de la historia. Esta iniciativa -llamada Plan Colombia- está compuesta por cuatro elementos básicos. Primero, lograr nuestra recuperación económica, sentando las bases para el crecimiento de largo plazo, la generación de empleo y oportunidades económicas para todos nuestros compatriotas. Segundo, abordar los desafíos de la seguridad nacional. Tercero, progresar en el proceso de paz colombiano. Finalmente, servirá para fortalecer las instituciones democráticas.

El Plan Colombia girará alrededor de nuestra estrategia de reducir el cultivo, procesamiento y distribución de drogas ilícitas en Colombia en un 50% en el curso de los próximos seis años.

Lograremos desmantelar las organizaciones narcotraficantes a través del esfuerzo decidido y mancomunado de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional modernizadas. Al contar con Fuerzas Militares y Policía Nacional mejor equipadas y entrenadas podremos interceptar más drogas en la fuente y destruir aun más la infraestructura de las organizaciones traficantes.

Fortaleceremos nuestro sistema judicial para asegurar que los narcotraficantes sean atrapados, enjuiciados, condenados y en carcelados.

Neutralizaremos los beneficios económicos del narcotráfico e Incautaremos los activos de los traficantes.

Incrementaremos el intercambio de información e inteligencia con los Estados Unidos y otros países.

Por último, crearemos fuentes de ingresos y empleo alternas para los campesinos de las zonas afectadas por el cultivo de coca y amapola.

Esto representa una agenda ambiciosa que requiere una cantidad importante de fondos. Colombia aportará la mayor parte de los fondos requeridos para ejecutar este programa de US$ 7.500 millones en el curso de los próximos tres años.

No obstante, les hemos pedido a los Estados Unidos y a la comunidad internacional que ayuden a financiar a este esfuerzo. Lo hacemos porque estamos convencidosde que, por ser el narcotráfico un problema mundial, exige una responsabilidad compartida y el compromiso de todos los países, tanto productores como consumidores.

En los últimos meses mi gobierno ha trabajado estrechamente con la administración Clinton y el Congreso de Estados Unidos en la elaboración de un programa de ayuda militar y asistencia para el desarrollo que incrementará el respaldo que Estados Unidos ha dado a Colombia en la lucha contra el narcotráfico en nuestro país.

El 11 de enero el presidente Clinton anunció una iniciativa de US$1.600 millones para tres años. Se trata de un programa multifacético que fortalece la capacidad de los colombianos de derrotar a los narcotraficantes. El programa también proporcionará asistencia para el desarrollo económico, la protección de los derechos humanos y la reforma judicial, iniciativas que permitirán a Colombia convertirse en un país en paz, próspero y un importante socio americano en las Américas.

Con el anuncio hecho hace dos semanas, el presidente Clinton demuestra la importancia que el tema reviste tanto para Estados Unidos como para Colombia. Es el plan maestro que permitirá a nuestros dos países colaborar, y estos colaborarán, para liberar a nuestras sociedades de esta amenaza. El anuncio, acompañado de nuestro firme compromiso de ejecutar el programa, es un triunfo para la democracia y para las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley. Es una derrota para los narcotraficantes y los grupos armados que se benefician de este negocio.

En el pasado los colombianos hemos sentido, con demasiada frecuencia, que estamos solos en la guerra contra las drogas. Hemos perdido algunos de nuestros mejores y más destacados líderes políticos, jueces, policías, soldados, periodistas, líderes empresariales y ciudadanos, hombres y mujeres valientes que se enfrentaron a los narcotraficantes y que pagaron su valentía con sus vidas.

Hoy, con el programa propuesto por el presidente Clinton, y con su posterior aprobación por parte del Congreso, ya no nos sentimos solos.

Sabemos que contamos con un socio en los Estados Unidos, sabemos que tenemos un socio que puede y está dispuesto a compartir nuestro deber de librar esta guerra. También sé que Colombia encuentra un socio en cada ciudad americana, un socio que continuará trabajando en pro de reducir la demanda de drogas ilícitas, que pondrá en marcha programas educativos y de tratamiento efectivos, y  que liderará el estricto cumplimiento de la ley en cada una de sus localidades.

Ahora el debate pasa a manos del Congreso de Estados Unidos, donde hemos trabajado con ahínco en estos últimos meses para lograr un consenso bipartidista respecto de la forma como Estados Unidos y Colombia pueden aunar aún más sus esfuerzos.

Nuestro empeño se verá fortalecido si el Congreso escucha a los alcaldes americanos decir que esta iniciativa es de suma importancia no sólo para el interés de Colombia sino también para el de los Estados Unidos. El Congreso debe entender y comprender que este programa beneficiará a las ciudades americanas. Sus voces servirán para garantizar que este tema de tan vital importancia no sea opacado por otras prioridades legislativas, o que caiga víctima del bipartidismo o de la política.

Sabemos que nos resta mucho por hacer para lograr que el Congreso apruebe este programa. Hoy me reuniré con algunos congresistas y otros funcionarios para responder preguntas difíciles y para lograr compromisos concretos.

En últimas, estoy convencido de que la necesidad de ayudar a Colombia es clara e ineludible. Este programa marcará una diferencia importante en la lucha contra los narcotraficantes. Este programa traerá beneficios muy concretos para Estados Unidos y en especial para las ciudades americanas. Hago un llamado a esta organización y le pido que nos apoye ante el Congreso para que este programa sea de los primeros en ser aprobados durante la próxima sesión.

Al mismo tiempo les aseguro que Colombia no está sentada de brazos cruzados esperando la ayuda de Washington o de otros países. Mi administración está inequívocamente comprometida a combatir el narcotráfico. En estos últimos meses hemos emprendido una serie de iniciativas contra las organizaciones traficantes, que incluyen, por ejemplo, el que:

• En octubre arrestamos treinta de los más poderosos narcotraficantes colombianos dentro del marco de una operación conjunta entre Colombia y Estados Unidos conocida como la Operación Milenio.

• Reanudamos la extradición de narcotraficantes a los Estados Unidos, a pesar de la amenaza de actos terroristas y de colocación de bombas. Seguiremos adelante con las extradiciones.

• Creamos la primera de tres brigadas antinarcóticos de las Fuerzas Armadas colombianas. Estas brigadas han sido entrenadas y equipadas especialmente para derrotar a los narcotraficantes y su infraestructura.

• Incrementamos el intercambio de inteligencia y otras formas de cooperación con los Estados Unidos y otros países.

• Estamos modernizando las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional de Colombia, para lograr mayores éxitos en el campo de batalla. Al mismo tiempo, estamos mejorando el compromiso de los militares y policías de proteger los derechos humanos de nuestros ciudadanos.

Trabajemos juntos para hacer que esta primera década del siglo XXI sea la última década en la cual nuestras ciudades, nuestras poblaciones urbanas y nuestros hijos vivan bajo la amenaza de la comercialización, producción y consumo de drogas ilícitas. La única manera de lograr este objetivo es comprometiendo los recursos y políticas apropiados a este esfuerzo. Las ciudades americanas encuentran en Colombia un socio comprometido con este importantísimo trabajo.

Lugar y Fecha

Washington, Estados Unidos
26 de enero de 2000