PRESENTACIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO2017-12-18T11:54:57+00:00

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Su Excelencia, Don José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno de España;
Señora doña Rosa Conde Gutiérrez del Álamo, Directora de la Fundación Carolina;
Don Iñigo Sáenz de Miera, Director Ejecutivo del Programa;
Directivos y funcionarios de la Fundación Carolina y de otras entidades patrocinadoras del programa;
Queridos jóvenes profesionales de España, Portugal e Iberoamérica:

Nuevamente, señor presidente Rodríguez Zapatero, tengo el honor y el placer de presentarle, como lo hice el año pasado por estas fechas, ante el promisorio grupo de jóvenes que realiza, con el generoso patrocinio de la Fundación Carolina, un recorrido de inmersión por España, su historia y su dinámica actualidad.

Los aquí presentes son los beneficiarios de la cuarta edición del programa de Becas Líder, el cual acompaño, ya por tercera vez, en calidad de Director, y son todos recientes profesionales, en las más diversas áreas, con altas calificaciones personales y académicas, venidos de 21 naciones: España y Portugal, en Europa, y otras 19 de Iberoamérica.

Hoy comienzan la tercera y última semana de su experiencia ibérica, después de haber recorrido diversas regiones de la madre patria, disfrutado de sus tradiciones, reconocido sus raíces, escuchado a líderes políticos, intelectuales y empresarios, y aprendido también de cada uno de sus compañeros, que son los mejores embajadores de sus culturas y sus países.

No exagero, señor Presidente, si digo que el joven auditorio que hoy nos acompaña es una inigualable promesa de futuro, pues no sólo se trata de profesionales que fueron estudiantes destacados en sus centros académicos, sino de excelentes seres humanos, con las mentes abiertas al diálogo y el conocimiento del otro, ese primer requisito de la tolerancia que tanto falta nos hace en los convulsionados días actuales.

Señor presidente Rodríguez Zapatero; queridos jóvenes:

Nos parece a veces, cuando nos estremecen noticias como los recientes atentados en Londres, que la insensatez campeara por el mundo, como una fiera enfurecida y sin cadenas, devorando inocentes bajo el amparo de banderas políticas, ideológicas o religiosas que en nada justifican la atrocidad ni la barbarie.

Un atentado terrorista en cualquier lugar del mundo es un atentado en nuestro propio hogar; el dolor de las víctimas es nuestro dolor. Porque son ataques contra la vida y la razón y, más que nada, contra ese principio de humanidad que debiera unirnos a todos en la preservación y mejoramiento del mundo que habitamos.

Más de 50 vidas arrebatadas en Londres; más de 190 que lloramos el año pasado en esta querida Madrid; cerca de 3 mil en Nueva York y Washington aquel funesto 11 de septiembre; más de doscientos muertos en Bali en octubre de 2002; incontables víctimas en oriente próximo y en Irak; cerca de 40 sacrificados por una bomba en Bogotá en febrero de 2003; miles de caídos por la absurda violencia terrorista de guerrilleros y autodefensas en Colombia, mi adolorida patria…

¿Qué le ha pasado el mundo? ¿Por qué nos cuesta tanto discutir con razones, argumentar con palabras, entender y tolerar al otro? ¿Dónde ha quedado el valor de la vida humana, el tesoro más precioso de la existencia?

No hay respuestas sencillas a estas angustiadas preguntas, pero sí hay una certeza que alumbra, como un faro de esperanza, nuestro camino hacia el porvenir: El terrorismo y la violencia son la obra fatídica de unos pocos, pero somos muchos más, ¡somos la inmensa mayoría!, los que optamos por el respeto y el reconocimiento a los demás, los que queremos vivir en paz y armonía, gozar de la libertad, disfrutar a nuestras familias, cultivar y admirar el arte, practicar deportes y trabajar honestamente.

¡Somos más, muchos más, los que abominamos de la violencia y la exclusión, y queremos un mundo de iguales y de paz!

Así los intolerantes nos aturdan con el ruido de sus bombas, así pretendan atemorizarnos con sus amenazas, miles de millones de seres humanos que respetamos la vida como un don y un privilegio, al final nos impondremos, con firmeza y solidaridad, sobre sus oscuros designios.

Hoy, para no ir muy lejos, nos encontramos ante 60 buenas razones para creer en el futuro y para seguir apostando por la vida. Ustedes, jóvenes líderes de los países con raíces ibéricas, tienen, cada cual en su campo y su nación, la estimulante tarea de construir obras positivas de impacto en sus sociedades que se alcen sobre el odio y el fanatismo, y exalten, en su lugar, los mejores valores del ser humano.

En ese mismo sentido de aporte a sus semejantes, el presidente Rodríguez Zapatero puede ser, para ustedes, un modelo vivo de liderazgo y acción por la concordia y la tolerancia. Sus iniciativas, en más de un año que lleva al frente del gobierno de España, se han dirigido, con clara determinación, a apoyar el trabajo por la paz y las causas humanitarias, a promover el diálogo en lugar de la imposición, a defender la igualdad y a combatir la exclusión. Tareas, todas, que merecen el mayor respaldo y todo nuestro aplauso.

En eso nos identificamos, señor Presidente: en la fe inquebrantable en el ser humano y en la preferencia por el diálogo como instrumento de paz, sin descuidar, por supuesto, el necesario ejercicio de la autoridad y la firmeza. Durante mi gobierno, conduje con convicción el más grande proceso de paz que se haya dado en la historia del país con los grupos guerrilleros, y lo hice en cumplimiento del mandato de los propios colombianos y de mi propia convicción de que, antes que la guerra, hay que agotar primero los recursos de la razón.

La guerrilla le falló a Colombia en este esfuerzo generoso que emprendimos, y se desvió, fatalmente, por el camino del terrorismo. No obstante, yo mantengo la esperanza de que, tarde o temprano, los que hoy desangran a mi país, así como los que asolan con su violencia a España y a tantos otros países en el mundo, entenderán, como lo dijo Molière, que “nunca se entra, por la violencia, dentro de un corazón”. Mucho menos en el corazón de un pueblo que sólo quiere vivir y progresar en paz.

Estoy seguro, señor Presidente, de que sus palabras y su ejemplo serán valiosas semillas que germinarán en todos y cada uno de los jóvenes participantes en el programa de Becas Líder.

Reciba el testimonio de nuestra gratitud por acompañarnos nuevamente, y considere siempre este programa y la Fundación Carolina, tan estupendamente dirigida por doña Rosa Conde, como su propia casa.

Muchas gracias.

Lugar y Fecha

Madrid, España
17 de julio del 2005