REPÚBLICA DOMINICANA Y COLOMBIA, PAÍSES HERMANOS EN EL PASADO Y EN EL PORVENIR2017-12-18T11:48:14+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la cena ofrecida en honor del señor presidente de la República Dominicana, doctor Leonel Fernández Reyna.

Hoy Colombia se honra con la visita del más alto representante de un pueblo amigo y cercano a nuestro corazón, como lo es y ha sido siempre el pueblo dominicano.

Con verdadera alegría y un sincero sentimiento de amistad le doy la bienvenida, señor presidente Fernández, aliado en el propósito común del desarrollo de nuestras naciones, dentro de un contexto de democracia, progreso y justicia social.

Pocos países, como la República Dominicana, han sufrido en carne propia y por tan largo tiempo los estragos de las dictaduras y la ocupación por potencias extranjeras, a pesar de los cuales el pueblo dominicano ha sabido preservar y sacar adelante con convicción in- declinable su orgullo de nación libre y soberana.

Gracias a líderes que por siempre vivirán en la memoria histórica de América, la República Dominicana es hoy, un país democrático y progresista, ufano de sus raíces Taínas y de esa mezcla cultural entre aborígenes, africanos y españoles, que habría de derivar en la raza pujante de su pueblo.

Recuerdo, con emoción de americano, los nombres gloriosos de José Núñez de Cáceres y de Juan Pablo Duarte, quienes lucharon por la independencia y soberanía de los dominicanos. Junto a ellos brillan con luz propia las figuras de Sánchez y de Mella y el valor militar del general Gregorio Luperón, todos artífices de la causa de la libertad.

Pero no hay que remontarse tan lejos para encontrar ejemplos de hombres valiosos en la República Dominicana. Basta evocar hoy, cuando la ancianidad dignifica sus vidas, los nombres de dos dominicanos que en las últimas tres décadas han significado uno desde el gobierno y el otro desde la oposición el retorno pacífico de la República Dominicana a los cauces generosos de la democracia.

Me refiero, por supuesto, al doctor Joaquín Balaguer y al profesor Juan Bosch, cuyas actividades e ideas tanto han influido en el devenir del continente durante la segunda mitad del siglo que ya termina.

Hoy ellos han pasado la antorcha de la democracia, del progreso y de la justicia social a una nueva generación de luchadores, que usted representa fielmente, señor presidente Fernández, y en la cual nos identificamos.

Una generación de dirigentes que sólo aspira a repetir con gallardía, al finalizar nuestros mandatos populares, las palabras valientes del profesor Juan Bosch de quien usted se reconoce orgulloso como discípulo:

Hemos permitido toda clase de libertades y hemos tolerado toda clase de insultos, porque la democracia debe ser tolerante; pero no hemos tolerado persecuciones, ni crímenes, ni torturas, ni huelgas ilegales, ni robos porque la democracia respeta al ser humano y exige que se respete el orden público y demanda honestidad.

Felizmente, para la República Dominicana y para toda América, la democracia se ha consolidado aún más durante su mandato y es el sistema político vigente en la inmensa mayoría de las naciones del continente.

Sin embargo, hago mías sus palabras, señor presidente Fernández, cuando usted identificó con claridad, en su discurso de posesión, las nuevas amenazas contra la democracia. Entonces usted dijo:

La amenaza a los sistemas democráticos está dada hoy por la incapacidad de poder satisfacer las demandas económicas y sociales de las grandes mayorías nacionales.

No hay democracia donde hay estómagos vacíos. No hay democracia donde no hay derecho a la educación y a la salud. No hay democracia donde no se reconoce el derecho que tiene todo ser humano a desarrollar sus potencialidades creadoras.

Ahí están planteados los retos que hoy enfrentan naciones como la República Dominicana y Colombia, cercanas no sólo en sus afectos sino también en sus circunstancias.

Usted y yo, señor presidente Fernández, tenemos el enorme compromiso de liderar nuestros pueblos hacia un nuevo milenio que empiece con esperanza, paz, progreso y justicia social. Es ese el mandato que nos han conferido nuestros ciudadanos y no podemos ser inferiores a él.

Colombia, señor presidente Fernández, está empeñada en la búsqueda de una paz negociada que permita el retorno de la convivencia a todas y cada una de las parcelas de nuestra tierra. En ese camino largo y difícil, en el cual no existen mapas ni atajos conocidos, nos hemos visto acompañados por la solidaridad de los hermanos latinoamericanos, que entienden la importancia y bondad de este proceso.

Se trata, claro está y en esto soy enfático, de un problema colombiano que debe tener una solución colombiana. Pero qué bueno es contar con la disponibilidad y el apoyo de países que, como el suyo, entienden cabalmente la necesidad de un entorno pacífico para consolidar un progreso con justicia social y la correlativa necesidad de un desarrollo con equidad para lograr la paz.

Es con la cooperación respetuosa entre los Estados y no con intromisiones indebidas como se preserva la amistad entre las naciones. La República Dominicana, más que ninguna otra, es consciente de la verdad de este axioma que debe regir las relaciones internacionales entre vecinos y amigos.

Su gobierno y el mío, señor presidente Fernández, hemos entendido la necesidad de desarrollar nuestras economías dentro de un contexto de justicia social. El empleo, la educación, la salud y la vivienda son imperativos categóricos que deben constituir el norte de nuestro obrar como gobernantes.

Su país y el mío han sufrido recientemente los devastadores efectos de los desastres naturales. Ustedes, removidos por la furia gigantesca de los huracanes; nosotros, golpeados por el rudo estremecimiento de los terremotos. Pero hemos sacado valor de las desgracias y dedicado nuestras fuerzas a la reconstrucción. El ejemplo de resurgimiento de su nación, después de los estragos del huracán Georges, es realmente formidable. En su coraje ante las dificultades, recuerdo la frase altiva del Libertador Simón Bolívar: si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca.

Pero si en algo se han identificado nuestras acciones como gobernantes ha sido en la decidida importancia que hemos asignado al contexto internacional, para reinsertar nuestras naciones en un panorama de cooperación e integración con los demás países del continente y del mundo.

En el ámbito multilateral nos unen instancias y procesos de significación como la OEA, la Asociación de Estados del Caribe, la Cumbre Iberoamericana y la Cumbre Hemisférica.

Este hecho potencia de manera privilegiada nuestras posibilidades de cooperación. Asimismo puede usted contar con el apoyo de Colombia a la incorporación de la República Dominicana en el Grupo de Río, lo que aspiramos ocurra próximamente.

La integración hemisférica representa una oportunidad fundamental para nuestros países. Es necesario perseverar y contribuir al exitoso desarrollo de las negociaciones, garantizando que las asimetrías entre los socios no tiendan a pronunciarse, sino al contrario: el proceso debe representar la posibilidad de superarlas gradualmente.

Hacia el futuro nos esperan valiosas oportunidades de colaboración política y económica, que podremos seguir fortaleciendo en la Novena Cumbre Iberoamericana de la Habana a celebrarse en noviembre de este año. La República Dominicana y Colombia nos estamos preparando para tener una participación activa en la Ronda del Milenio de la Organización Mundial de Comercio que iniciará también en noviembre en Seattle, y para la liberalización de los mercados a nivel continental, que aspiramos lograr mediante el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas. En estos escenarios trascendentales, estoy seguro, encontraremos muchos puntos de coincidencia y trabajo en común.

En lo bilateral, nos es grato constatar que hemos venido incorporando temas fundamentales a la agenda. Queremos destacar nuestra voluntad de ampliar y profundizar las corrientes comerciales, concretando aspectos como los acuerdos parciales de la AIADI o aproximaciones negociadas a la Comunidad Andina de Naciones. El turismo constituye sin duda campo muy fructífero de cooperación bilateral, así como en la Asociación de Estados del Caribe, donde hemos dado los primeros pasos para crear la Zona de Turismo Sustentable del Caribe. Igualmente, debemos impulsar el desarrollo de los entendimientos que ya he- mos concretado en el campo energético.

Queremos implementar la cooperación en las áreas de la economía, la educación y la cultura, como lo establecen instrumentos que hemos suscrito desde hace ya algún tiempo, pues estamos convencidos de que en el marco de la globalización es justamente donde cobran mayor sentido y necesidad las actividades de cooperación, las cuales deben extenderse igualmente al ámbito político, aunque preservando siempre los principios fundamentales de la no intervención y la libre determinación.

El Caribe fue el lugar de encuentro entre dos mundos hace ya más de cinco siglos y hoy está llamado a ser un nuevo punto de encuentro para América. Colombia está determinada a avanzar en la consolidación de la integración de la Cuenca del Gran Caribe, muy especialmente dentro del nuevo marco que nos proporciona la Asociación de Estados del Caribe. Tenemos grandes temas por desarrollar en este ámbito, como lo son el turismo sustentable, el comercio, el transporte y una estrategia común frente a los desastres naturales, y en usted, Presidente Fernández, encontramos un interlocutor ideal, por su visión y liderazgo en la zona, para avanzar en estos temas.

De esta manera Colombia se acerca cada día más al Caribe, al cual pertenece histórica y geográficamente.

Señor Presidente:

No somos sólo naciones cercanas, sino también vecinas. Comparti- mos una importante frontera marítima, en paz y cooperación, claramente delimitada por el tratado Liévano-Jiménez de 1978. Este convenio establece una zona de investigación científica y explotación pesquera común en el área fronteriza y la necesidad de cooperar en el control de la contaminación de la zona de mar que nos vincula, objetivos que debemos seguir desarrollarIdo hacia el futuro.

Pero nuestro vínculo va mucho más allá. El pueblo dominicano y el pueblo colombiano tienen fuertes y perdurables nexos afectivos, porque vibramos con un solo corazón de Caribe.
Quiero contarle, señor Presidente, que aquí en Colombia celebramos con tanta emoción los jonrones de Sammy Sosa y los lances de otros peloteros de San Pedro de Macorís como los hits de nuestro Edgar Rentería y los demás beisbolistas salidos del barrio Montecristo de Barranquilla y de la Matuna en Cartagena. En nuestras fiestas se bailan y corean con la misma alegría los merengues de Wilfrido o Sergio Vargas que los vallenatos de Vives o las baladas rockeras de Shakira. La belleza colonial e importancia histórica de Santo Domingo, la ciudad primada de América, es sólo comparable al encanto amurallado de nuestra querida Cartagena de Indias. Las blancas playas dominicanas de Punta Cana, Bávaro o la Romana, donde tantos colombianos tomamos contacto con la hospitalidad de su pueblo, son hermanas gemelas de las playas doradas de Santa Marta, Cartagena o San Andrés.

A la Virgen de la Altagracia, protectora y reina del corazón de los dominicanos, ya la Virgen de Chiquinquirá, reina de la paz de Colombia, hemos encomendado todos nuestros mejores propósitos, y estamos seguros de su amparo venturoso.

Señor presidente Fernández, a nuestras dos naciones nos unen mucho más que tratados y convenios. Nos une el alma popular y la sangre caribeña de nuestra gente. Nos une la cultura del ser latino- americano y la alegría de sabernos hermanos en el pasado y el porvenir.

Por esa unión y esa solidaridad, por la fraternidad de nuestros pueblos, por el buen éxito de nuestros propósitos comunes, por usted, señor Presidente, y por todos los dominicanos, levanto mi copa en esta noche de amistad y brindo a su salud y felicidad.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
30 de agosto de 1999