SECTOR CAFETERO, UNO DE LOS LÍDERES DE LA ECONOMÍA NACIONAL, PILAR DE NUESTRA DEMOCRACIA Y DE LA PAZ EN EL CAMPO COLOMBIANO2017-12-18T11:47:00+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, en la instalación del LVIII Congreso Nacional de Cafeteros

En este último Congreso Nacional de Cafeteros del siglo XX quiero rendir un especial homenaje al café y a los cafeteros, porque el café es, sin duda, el producto colombiano del siglo. Ningún otro sector, como el cafetero, ha generado tanto empleo, tanta actividad económica y tantas divisas en estos últimos cien años. ¡Así lo reconoce y agradece toda Colombia! Sin embargo, la última década de este siglo cafetero no fue la mejor para el sector, principalmente por los efectos de una revaluación real de la tasa de cambio, que perjudicó en gran medida las exportaciones del grano.

Somos conscientes que sólo una macroeconomía sana permite mantener una tasa de cambio libre, competitiva y estable. Hoy por fin la tenemos, en beneficio de los cafeteros y del país, gracias a la política económica responsable y coherente que hemos puesto en práctica desde el 7 de agosto de 1998.

Pero es más: esta década difícil para los exportadores está culminando con un año que ha sido especialmente crítico para los caficultores nacionales, reto frente al cual el gremio ha respondido con creces, con el bagaje de su experiencia y con la seriedad y solidaridad que siempre le ha caracterizado.

Primero fue el terremoto, que llenó de luto a millares de hogares colombianos y que ocasionó inmensas pérdidas materiales en todo el eje cafetero. Luego, la gran baja de producción, casi tres millones de sacos con respecto a la producción esperada, generada por el duro invierno, y también por factores estructurales. Simultáneamente, se desplomó el precio internacional por el exceso de oferta en el mercado mundial, y la cotización de los cafés suaves en la bolsa de Nueva York se deprimió hasta niveles de 80 centavos la libra. Y a ello se unió la crisis de las inversiones del Fondo Nacional del Café en el sector financiero.

En el plano internacional, se esfumaron las posibilidades de revivir los pactos de cuotas, o siquiera un acuerdo de cooperación voluntaria entre países productores que pudiera frenar la caída de los precios. Por el contrario, pudimos constatar cómo muchos caficultores de otros países estaban conformes con esos precios, seguían entusiasmados expandiendo su producción cafetera, y estaban aprovechando las oportunidades del mercado libre. En otras palabras, nuestros competidores no ven una crisis internacional de la caficultura. La crisis es principalmente colombiana, y su solución está entera- mente en nuestras manos.

En estas circunstancias adversas, las instituciones cafeteras de Clombia demostraron una vez más su poder de convocatoria y de acción, su flexibilidad y su madurez.

Ante la tragedia del terremoto, la Federación Nacional de Cafeteros, las cooperativas de caficultores y las demás empresas del gremio respondieron con una prontitud asombrosa, llevando ayuda humanitaria a centenares de damnificados, evaluando rápidamente los daños y poniendo en marcha en forma inmediata la reconstrucción y reparación de viviendas, bodegas, beneficiaderos y demás instalaciones de las fincas cafeteras afectadas.

La Federación ha ido mucho más allá de su responsabilidad como gremio, y gracias a su capacidad de coordinación y ejecución, constituye hoy uno de los socios más valiosos y eficientes que tiene el Gobierno Nacional en las tareas de reconstrucción y reactivación, en beneficio de todos los pobladores del eje cafetero.

Los efectos de la caída de la producción sobre el ingreso de los productores los mitigamos mediante el sostenimiento del precio interno del café, en momentos en que el precio internacional caía vertiginosamente.

Gracias al manejo que le dimos al precio de sus tentación, se pudo evitar un mayor deterioro del ingreso de los caficultores.

La menor producción obtenida este año también obedece al relativo envejecimiento de los cafetales, motivado por las bajas tasas de renovación observadas durante la mayor parte de esta década. Frente a este problema, las instituciones cafeteras también respondieron con oportunidad, mediante el programa de incentivos a la renovación puesto en marcha hace dos años, gracias al cual se han renovado cerca de 70.000 hectáreas en el año actual.

La crisis de las principales inversiones del Fondo Nacional del Café ha sido enfrentada y manejada responsablemente. El capital invertido por el Fondo en Bancafé se diluyó en el saneamiento financiero de la entidad, en aras de la protección del ahorro del público y de los mismos cafeteros.

Pero el Bancafé sigue vivo y fortalecido, con el respaldo de la Nación a través de Fogafín, y seguirá prestando sus servicios al sector cafetero y a los caficultores.

Para garantizar esto, hemos dispuesto una importante presencia de los cafeteros en su nueva junta directiva.

Sabemos también que, en el marco del programa de reestructuración aprobado por el Congreso Cafetero el año pasado, la Federación puso en marcha varios proyectos que apuntan a mejorar el capital humano y la productividad de los factores en finca.

Entre esos proyectos, quiero destacar especialmente el de educación de adultos, que en corto tiempo y con costos relativamente bajos, compartidos con entidades gubernamentales, podrá rescatar del analfabetismo a un gran número de caficultores, elevando su calidad de vida, y aumentando su capacidad para asimilar y aplicar las enseñanzas de la asistencia técnica.

Todo el país es testigo de la encomiable labor que ha cumplido la Federación, a través de sus comités departamentales y municipales, con los recursos de transferencia destinados a programas de beneficio social y desarrollo regional. El gremio cafetero ha sabido administrar y aplicar esos recursos públicos con creatividad y con efi- ciencia ejemplar, y ha logrado multiplicarlos concertando acciones con otras entidades nacionales y locales.

Creo sinceramente, que el sector cafetero colombiano, con sus instituciones, tiene bien identificados los retos que deberá enfrentar en los próximos años.

Todos tenemos claro que lo único seguro en materia de precios internacionales del café es su volatilidad. Que los períodos de precios bajos duran varios años, en tanto que los precios altos son muy efímeros. Y que, por lo tanto, debemos ajustar la estructura de costos a esos precios bajos, que según la mayoría de los analistas estarán muy cerca del dólar por libra.

La estructura de costos de la industria cafetera colombiana, incluyendo obviamente el Fondo Nacional del Café, está montada sobre la base de precios externos superiores. No me refiero aquí a los costos de producción en finca, sobre los cuales ya se han definido estrategias en el marco del programa de reestructuración, sino a los costos de la cadena de comercialización y a los servicios y transferencias del Fondo. Sé que este tema está siendo profundamente analizado en el seno del Comité Nacional de Cafeteros y en los foros internos de la Federación, y que existe el compromiso de acometer una reducción sustancial de esos costos.

Otra realidad que es evidente es que el mercado cafetero mundial seguirá gobernado por las leyes de la libre competencia, en las que la demanda depende en parte del precio, pero también de otros factores que hay que tener en cuenta.

No debemos perder de vista la ventaja comparativa que significa para el país el posicionamiento de la marca Café de Colombia en todo el mundo. En los mercados del tercer milenio, cuando la globalización alcance niveles incluso mayores, nos vamos a enfrentar a un nuevo consumidor, cada vez más selectivo, que responde más a criterios de calidad que a los de precio.

Colombia tiene una ventaja de décadas sobre los demás productores, que no podemos perder, sino que tenemos que reforzar. IVaa llegar el día en que se sepa y se valore que sólo uno de cada seis consumidores en el mundo puede darse el gusto de consumir el mejor y más suave café del mundo! iJuan Valdés es un símbolo nacional que tenemos que aquilatar! El tema de las transferencias a los comités departamentales y de la eventual revisión de la Ley 9a. de 1991, también ha sido objeto de debate en los últimos días. En este punto quiero manifestarles que, en cuanto esas transferencias se destinan a gastos en salud, educación y obras de infraestructura de interés público, su financiamiento debería ser asumido por los presupuestos de los departamentos o municipios, o de la nación, según el caso. Aquí tenemos mucho que trabajar entre todos, para contribuir al desarrollo de las regiones cafeteras.

Debemos encontrar una solución apropiada a este punto, que consulte la situación de las finanzas públicas y que permita seguir aprovechando la enorme capacidad de gestión, ejecución y multiplicación de recursos que tienen los comités de cafeteros. Porque los cafeteros merecen que Colombia les cumpla, así como ellos cumplieron con el país durante todo este siglo. En materia crediticia, quiero compartir con ustedes la buena noticia de que se están estructurando fórmulas para ofrecer alivios adicionales a los deudores cafeteros, del orden de los cien mil millones de pesos, provenientes de recursos del Fondo Nacional del Café. Estamos seguros de que en la medida en que los cafeteros logren disminuir sus cargas financieras, estarán en mejor posición para acometer proyectos encaminados a renovar sus cafetales y aumentar la productividad y eficiencia de sus plantaciones.

Así apoyamos a los cafeteros colombianos y avanzamos en el camino de la paz y el progreso de nuestros campos.

Por otro lado, con el fin de concretar los aportes y las acciones de las autoridades nacionales y territoriales; y para resolver concertadamente todos los desafíos planteados, con un enfoque integral, estamos proponiendo al gremio cafetero, y a las demás agremiaciones representativas de la cadena agroindustrial cafetera, la elaboración de un acuerdo de competitividad y eficiencia de alcance nacional, y de acuerdos de alcance regional para las principales zonas productoras.

Estos acuerdos tendrán como objetivo principal el mejoramiento continuo de las condiciones socioeconómicas de todos los caficultores y trabajadores de la cadena; el aumento sostenido de la eficiencia productiva de las fincas, las empresas y los sistemas de transformación y comercialización del grano y sus productos derivados; y la adecuación de su entorno competitivo.

Se trata de que el café siga siendo en el siglo XXI, como lo fue en el siglo XX, uno de los sectores líderes de la economía nacional, y el principal pilar de nuestra democracia y de la paz en el campo colombiano.

Especial reconocimiento quiero hacer en este foro a la personalidad, el dinamismo y la seriedad que Jorge Cárdenas Gutiérrez ha aportado al gremio cafetero, durante más de un cuarto de siglo de gestión como gerente general de la Federación.

Así como Jorge Cárdenas supo llevar a la Federación y al café colombiano por el camino del éxito y la estabilidad, ha sabido también promover en momentos como los actuales, con el temple y el realismo que caracterizan su temperamento, las decisiones necesarias para afrontar las dificultades y garantizar un futuro viable para la economía cafetera.

Usted, doctor Cárdenas, es digno sucesor de Arturo Gómez Jaramillo, Manuel Mejía Jaramillo, Alejandro López, Mariano Ospina Pérez y Alfredo Cortázar Toledo, quienes impusieron un estilo de trabajo y una visión de futuro que aún perdura.

Justamente recuerdo los consejos que con tanta generosidad impartía a sus amigos el inolvidable Manuel Mejía, Mister Coffee: «proceda siempre siguiendo la línea de la modestia, buscando el mejor acierto y nunca se precipite a tomar decisiones sin pensarlo dos veces. Lo mejor es que las deje para el día siguiente, después de que las consulte con la almohada. No se apunte a cosas muy buenas porque esas no le duran. Y hay que saber aprovechar rápidamente las oportunidades que conduzcan al éxito».

No tengo duda de que estas sabias y experimentadas palabras son las que aún presiden el espíritu emprendedor pero prudente de los cafeteros.

Por eso quiero reiterarle a la Federación, a los comités y a todos los amigos cafeteros la admiración y el apoyo del gobierno y de todos los colombianos.

El café sigue siendo nuestro producto insignia y nuestra mejor imagen ante el mundo. Y lo será también en el siglo XXI.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
30 de noviembre de 1999