TIEMPO, PERSEVERANCIA Y PACIENCIA PARA CONSTRUIR LA PAZ2017-12-18T11:48:34+00:00

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Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, durante la reunión del Consejo Nacional de Paz

Apreciados señores:

Quiero empezar estas palabras recordando algunas frases que pronuncié el pasado viernes en Roma, en el acto de condecoración a los dos Cardenales colombianos.

Allí dije que este día es especial porque pensar en que la paz es posible, es empezar a construir la paz.
No me gusta la gente que a la primera dificultad se reconoce impotente y se declara incapaz de proseguir el esfuerzo.

No se puede ser tan iluso y creer que tantos años de odio y de separación se van a terminar en un solo instante, pero el camino comienza cuando el caminante da inicio a su andar.
Es preciso entender qué es la paz y cuáles son las tareas que ella exige:

• La paz es una conquista espiritual; ella se construye sobre la verdad, requiere el diálogo por la justicia social, implica el desarme y debe lograrse sin sacrificar la libertad.
• La paz es una condición para vivir; es ella el logro cultural por excelencia, reclama el renacimiento de los valores.
• La paz es justicia social, exige los derechos humanos y una acertada concepción de la dignidad de la persona.
• La paz es posible, no es una utopía; ella es indispensable para que sea cierta la vida.
• La paz exige optar por la vida; asumir la defensa de los derechos humanos; crear desarrollo en las naciones.
• Buscamos una paz justa. No una paz a cualquier precio, smo una paz en democracia y equidad.
• Si se quiere la paz es preciso aprender que la paz necesita el perdón, de la solidaridad.
• La paz necesita palabras de paz y gestos concretos de paz.
• La paz necesita que recuperemos la fe en Dios y la confianza en que somos capaces!

El sábado estuve frente al hombre que en nombre de Dios ha tenido estos pensamientos. Estuve frente al Padre de la Paz diciéndole que estoy haciendo todo lo posible para lograrla en Colombia y le dije que ustedes también lo están haciendo.

Lidero una política de paz que en unión con todos los colombianos, debe conducirnos hacia la construcción de un país donde reinen la convivencia, la tolerancia y el aprecio incondicional por la vida.

La negociación con los grupos alzados en armas, el desarrollo del Plan Colombia, la «Diplomacia por la Paz», la protección de los Derechos Humanos, la reforma del sistema político -fundamentada en la lucha contra la corrupción-, el Programa de Lucha contra la Violencia en el Interior de la Familia, las vías para la paz, la revolución en la educación para la paz y el Programa de Convivencia Ciudadana,
son los pilares fundamentales del cambio para buscar la Paz que le hemos presentado al país.

Hoy, ante el Consejo Nacional de Paz, quiero hacer un recuento del camino que hemos recorrido en los primeros meses de mi gobierno.

Quiero que hagamos una breve pausa y miremos hacia atrás para ver cuánto hemos avanzado.

Al iniciar este recorrido, el desafío no podía ser mayor: tenía la misión de liderar un país agobiado por la violencia, pesimista y frustrado por la ausencia de diálogos de paz.

La desesperanza, la apatía y la frustración se apoderaban de los colombianos. Algunos sectores de nuestra sociedad, movidos por el afán de poner punto final a la guerra, trataban por su cuenta de buscar acercamiento s con la insurgencia. Esa era la reacción desesperada de un país que naufragaba ante la insoportable escalada del conflicto y ante la fatalidad de navegar sin mapa, ni timón, ni timonel.

Esa fue la Colombia que recibí. Y ante esa realidad, asumí la responsabilidad de liderar personalmente el proceso de paz.

Con la urgencia de buscar resultados concretos, sentamos las bases firmes del primero de los propósitos esenciales de nuestra política de paz. Tenemos confianza en que el desarrollo de un proceso de diálogo y negociación con los grupos insurgentes es la vía que nos conducirá hacia la pacificación definitiva del país, sobre unas bases justas y democráticas.

Quiero referirme al proceso de paz con las Farc. Honrando nuestra palabra, desde el inicio del gobierno dimos los pasos necesarios para crear las condiciones necesarias que nos permitieran iniciar un pro- ceso constructivo de diálogo.

La declaratoria de cinco municipios del sur del país como Zona de Distensión, en uso de las facultades que la ley confiere al Presidente de la República, mantiene el propósito exclusivo de dotar a los actores del conflicto de las condiciones de seguridad y confianza para adelantar los diálogos que fructifiquen en la paz.

Quiero hacer énfasis en que tal decisión es un procedimiento de nuestra Política de Paz, que de ninguna manera significa un menoscabo de la soberanía nacional, del Estado de Derecho o de la integridad territorial del país. En ese sentido, cualquier acción que hayan desarrollado o desarrollen las Farc con la pretensión de reemplazar la acción de las autoridades legítimas del Estado es un incumplimiento de los compromisos que adquirieron con el Gobierno Nacional.

La instalación de las mesas de diálogos con las Farc, el pasado 7 de enero, a seis meses de asumir la Presidencia y tal y como nos habíamos comprometido, es la demostración de nuestro empeño en la construcción de la paz con base en la búsqueda de una solución política.

He constituido un grupo del más alto nivel, para que a nombre del Gobierno y con el Alto Comisionado para la Paz realice los diálogos de paz con las Farc, y determine con ella la agenda definitiva que será objeto de negociación.

Con la misma fe que un campesino siembra sus mejores semillas, para luego recoger los más valiosos frutos, el Gobierno Nacional ha presentado una agenda de trabajo y a la vez ha recibido la propuesta por las Farc, consistente en los diez puntos que el país ya conoce. Estoy seguro de que la comparación de esas dos agendas muestra importantes coincidencias y complementos.

Confío en que la pronta reanudación de los diálogos, nos permitirá definir una bitácora conjunta para la paz. De esa manera lograremos trascender hacia el tratamiento de los temas que son definitivos para la reconciliación nacional.

Avanzar en propósitos comunes con los grupos alzados en armas es posible. Prueba de ello será la ejecución de un proyecto piloto de desarrollo alternativo, que servirá de modelo a los futuros programas de sustitución de cultivos ilícitos, para lo cual las Farc han mostrado su acuerdo en la realización de un trabajo conjunto. El objetivo es favorecer el enfoque social y generar alternativas a los campe- sinos de las zonas más afectadas por la violencia, protegiendo a la vez nuestros recursos naturales.

De esa manera estamos comenzando a cumplir una de las aspiraciones que nos trazamos al diseñar el Plan Colombia. Su misión es justamente servir a los acercamientos entre el Gobierno Nacional y la insurgencia, a través de la realización de obras que permitan el desarrollo y la inversión social en los territorios menos atendidos por el Estado.

Con el ELN también hemos avanzado. Desde el inicio del gobierno hemos construido las bases de trabajo que hoy nos permiten contar con un clima de confianza propicio para avanzar en el proceso de diálogo con este grupo. Debo resaltar la activa participación que ustedes han tenido en este proceso.

He dicho que el proceso de paz es el escenario democrático propicio para que el conjunto de la sociedad colombiana convenga las transformaciones de orden económico, político y social que requerimos con urgencia.

Esto quiere decir que la agenda de paz es amplia, que en ella no hay temas vedados y que el proceso debe privilegiar la apertura de espacios democráticos en los que, con fundamento en el bien común, se determinen los rumbos que tomará el país.

Es por esa razón que mi gobierno ha dado su respaldo a la Convención Nacional que propuso el ELN, Y ha participado de cerca en sus trabajos preparatorios.

Los colombianos debemos concebir esa Convención como un espacio de diálogo abierto y plural, al que deberán concurrir los diversos estamentos, sectores y regiones de Colombia para expresar sus opiniones sobre los grandes temas de la reconciliación. Allí tendremos posibilidad de afianzar las propuestas que aportaría cada una de las partes, en el proceso de negociación política.

Y tengo la seguridad de que las expectativas del ELN en esa gran reunión nacional, pueden coincidir con las expectativas del gobierno. Sus voceros así lo han expresado a la opinión pública.

Ese respaldo del Gobierno se traduce en la presentación de cuatro propuestas alternativas sobre el lugar y las condiciones de seguridad en las que podría desarrollarse esa Convención en el territorio nacional.

El ELN se ha inclinado hasta el momento por la posibilidad del despeje de cuatro municipios del sur de Bolívar. Esta propuesta es inconveniente pues no se trata de competir con procesos iniciados con otros grupos guerrilleros en circunstancias y condiciones diferentes. Se busca llevar a cabo un proceso basado en los desarrollos específicos, de acuerdo con las experiencias y adelantos que se han obtenido.

De otra parte, la propuesta alternativa del ELN, de realizar la Convención Nacional fuera del país, presenta la posibilidad de adelantar el proceso de paz en el exterior. Personalmente soy partidario de esa tesis, pero en el caso concreto de esta gran reunión nacional, debemos analizar con cuidado los costos que representa para el país.

Confío en que el ELN, en aras de la viabilidad de la Convención Nacional, hará prevalecer el interés del país por la paz y analizará las alternativas que el Gobierno le ha planteado.

El Gobierno Nacional insiste que en cualquier caso la presencia de sus representantes en la Convención es condición única de legitimidad. No resultaría viable la realización de una reunión como la pro- puesta, a la cual asistan representantes del conjunto de la sociedad pero a la vez eso signifique la ausencia del gobierno.

Sé que la reflexión llevará al ELN y a Colombia a concluir que la Convención Nacional es un excelente vehículo hacia la paz, siempre que anteponga los puntos que conducen a la reconciliación.

Hemos asumido el liderazgo en la defensa de los Derechos Humanos. Lo dije recientemente: la defensa de estos derechos no es negociable porque es la esencia de la democracia y de la justicia social.

Porque somos un gobierno convencido de la importancia que tiene para el ejercicio de la democracia y el logro de la paz, hemos emprendido una política integral para garantizar su protección y respeto. Sólo conseguiremos ese objetivo si garantizamos el trabajo conjunto entre el gobierno y la sociedad.

Desde cuando elaboramos la Política de Paz, asumimos el compromiso de combatir los grupos de autodefensa y de justicia privada, con el pleno convencimiento de que son un grave factor de degradación del conflicto.

Como presidente de todos los colombianos he expresado con hechos concretos esa voluntad, que proviene de la necesidad de recuperar para el Estado el monopolio de las armas y de la administración de justicia.

He sido claro al afirmar que ellos no poseen carácter o naturaleza política. La única opción viable para estos grupos es el cese inmediato de sus operaciones, y el desmantelamiento de sus estructuras militares.

La política de paz que estamos ejecutando, aunque prevé el desarrollo del proceso de diálogo y negociación con la insurgencia, se proyecta en la erradicación de las situaciones de exclusión y de injusticia que originan y alimentan la violencia.

Por eso dispuse el diseño y puesta en marcha del Plan Colombia, eje fundamental de la política de paz y mediante el cual se vincula también a la comunidad internacional.

El Plan Colombia no es un simple programa de inversiones del Gobierno. Con él hemos comenzado a desarrollar proyectos estratégicos, que buscan atender las necesidades de las regiones más deprimidas, así como en aquellas más azotadas por la violencia.

Sus programas y proyectos de desarrollo e inversión se conciben y ejecutan con fundamento en la participación de la comunidad de tal forma que sobre ellos exista siempre una amplia convergencia de propósitos en la sociedad. Así se garantiza su utilidad en la búsqueda de consensos entre los colombianos.

Como es sabido de ustedes, la participación de la comunidad internacional en el proceso de paz tiene una gran importancia. La hemos denominado Diplomacia por la Paz. Por eso establecimos que la política del gobierno buscaría la mayor comprensión y respaldo de los países amigos y de las organizaciones internacionales al proceso de reconciliación nacional.

Hemos obtenido una cooperación sin precedentes por parte de la comunidad internacional. Desde la tribuna de la Asamblea de las Naciones Unidas, el pasado mes de septiembre invoqué la solidaridad de sus países. Así hemos logrado que la cooperación para la paz se constituya en un punto importante en las relaciones con los Estados Unidos, la Unión Europea, y con los países de América Latina.

A manera de ejemplo, permítanme recordar cómo en la Cumbre Iberoamericana 23 jefes de Estado y de Gobierno manifestaron su apoyo a nuestro proceso de paz. Y en la reciente visita a España, el Rey don Juan Carlos y el presidente Aznar nos ofrecieron su respaldo. Hoy podemos decir que la comunidad internacional está lista para cooperar, política y económicamente en nuestro proceso de paz.

Nos hemos asegurado de que esa cooperación se dirija por las normas que le señalan los principios y las normas que rigen las relaciones internacionales, preservando los principios de igualdad y de no intervención entre los países.

Como ya lo he manifestado anteriormente, la participación de la comunidad internacional se podrá dar de diferentes maneras según sea el momento. Esta podrá llegar a ser como «terceros imparciales» que cooperen como facilitadores, mediadores e incluso como verificadores del cumplimiento de los compromisos que convengamos en los acuerdos.

Es mucho lo que puede hacer la comunidad internacional por la paz de Colombia, pero por supuesto ello no sólo depende de la voluntad del Gobierno. Requiere de la participación de la propia insurgencia, pues de lo que se trata es de convenir instrumentos que faciliten el proceso de reconciliación y no de introducir unilateralmente elementos que pueden llegar a interferirlo.

Como ustedes se pueden dar cuenta hemos iniciado un camino hacia la paz con acciones en muchos campos y con la participación de varias instituciones estatales y múltiples sectores sociales. Un camino construido por los colombianos y para los colombianos en donde la comunidad internacional será de gran ayuda en la medida en que sus opiniones y aportes sean constructivos. Un camino difícil en donde es fundamental que exista una actitud positiva de los alzados en armas para lograr la solución política negociada.

He imaginado una jornada en la que la paz se obtiene después de un largo recorrido. Sé que construirla demanda tiempo, perseverancia y paciencia. Pero hemos avanzado y soy optimista frente a los hechos concretos que hoy presentamos.

Por eso es necesario reafirmar la idea de que la construcción de este proceso necesita del trabajo de todos y cada uno de los colombianos. Todos le hemos apostado al futuro, y con esa percepción debemos actuar.

A cada quien corresponde una tarea específica y una responsabilidad en este recorrido. Este es el momento de cambiar nuestras costumbres, de mirar hacia el futuro con la seguridad de que lo que hacemos ahora depende en buena parte el porvenir de nuestros hijos. El porvenir es la paz de Colombia.

Hace pocos días recordaba unas hermosas frases escritas en la humilde habitación de la Madre Teresa de Calcuta. Bien pueden estas palabras ilustrar el empeño que todos debemos tener en la búsqueda de la paz:

«La gente siempre va a ser irrazonable, ilógica y egoísta; Sigue amándola de todos modos.
Si haces el bien, la gente te tachará de interesado;
Sigue haciéndolo de todos modos.
Si triunfas, ganarás amigos falsos y enemigos verdaderos; Sigue triunfando de todos modos.
La buena obra que realizas hoy será olvidada mañana; Sigue realizándola de todos modos.
La honestidad y la franqueza te harán vulnerable;
Sigue siendo honesto y franco de todos modos.
Lo que construyes durante años puede ser destruido en un día; Sigue construyendo de todos modos.
La gente que te necesita puede atacarte si tratas de ayudar; Sigue ayudándola de todos modos.
Cuando le das a este mundo lo mejor de ti, lo olvidará pronto, Sigue dándole lo mejor de ti de todos modos».

Quiero ser claro: En la búsqueda de la paz, seguiremos de todos modos.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
24 de marzo de 1999