TODOS DEBEMOS SACRIFICARNOS PARA SALVAR EL FUTURO DE INTERESES COMUNES, NO DESMAYEMOS EN EL CAMINO DEL CAMBIO2017-12-18T11:47:17+00:00

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Alocución radio televisada del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango.

Colombianos:

Hace apenas unas pocas semanas apareció entre tantas noticias el registro de las primeras cifras concretas de una salida de la recesión y un comienzo de la reactivación económica del país. Casi dos años de sacrificio colectivo de los colombianos comenzaban a dar, entonces, sus primeros frutos. El rumbo firme del gobierno en la dura responsabilidad en el manejo económico, sin caer en las tentaciones irresponsables del populismo y a riesgo aún de su patrimonio político, mostraba la primera luz al otro lado del túnel. Ese norte, sin promesas fáciles ni maquillajes a la crisis, fue el compromiso con el cambio en materia económica y así se lo hicimos saber de frente a nuestros compatriotas desde el primer momento de este mandato.

Después de más de 1 año de crecimiento negativo, es incuestionable que hoy la economía está mostrando signos concretos de reactivación. La industria, que caía en más de 20% hace un año, está creciendo a tasas cercanas al 10%.

Sectores como los textiles, los equipos electrónicos, los químicos y las industrias básicas del hierro y el acero están liderando la recuperación con una dinámica que ni los más optimistas vaticinaban hace tan sólo unos meses.

Las exportaciones también crecen aceleradamente, en especial aquéllas con alto valor agregado y generadoras de empleo. De hecho, las ventas colombianas de estos productos están aumentando por encima del 30%, en especial las que van hacia Estados Unidos y la Comunidad Andina.

Pero no es sólo la industria. El comercio, el transporte, los servicios y la agricultura han comenzado también a crecer. Inclusive el ‘sistema financiero, tan golpeado por la mala situación de los deudores e incapaz de abrir plenamente las compuertas del crédito productivo, está dando síntomas de mejoría: la calidad de la cartera está mejorando. Con todo esto las empresas y los ahorradores están cada vez más protegidos y apoyados por los bancos.

La economía ha demostrado que, sin lugar a dudas, tiene las condiciones para despertar y volver a generar empleo. La reactivación ya no es un anhelo sino algo real que estamos comenzando a sentir todos los colombianos. Por eso es tan importante que después de haber sembrado la semilla de la recuperación con tanta esperanza, y después de haberla cuidado con mucha paciencia y dedicación, no insistamos, ahora que comienza a dar sus frutos, en regarla con odio y pasiones. Lo que está en juego son los empleos, las empresas y el bienestar de millones de colombianos.

Estas cifras positivas en las que coinciden gobierno y sector privado no son poca cosa, pues tras ellas viene una realidad concreta hacia el futuro. Estos logros son la conquista colectiva de los colombianos en la tarea de corregir el rumbo del país y deben ser defendidas por todos nosotros a toda costa. El camino de la reactivación esto debe quedar absolutamente claro es la misma vía de la recuperación del empleo, de la inversión social, del desarrollo y del cambio. En esto no podemos equivocarnos como nación ni podemos entregar estos logros a los pretextos de una política mezquina o a la incertidumbre de una confrontación estéril.

Este retoño de la economía, el logro de semejante esfuerzo común de los colombianos, está –sin embargo- amenazado por todos los flancos, particularmente desde los ángulos de la violencia, la corrupción y la turbulencia política. Este patrimonio común de la recuperación y la reactivación tiene muchos enemigos, puesto que ven en él un cambio con resultados concretos y una incidencia directa sobre la calidad de vida de los colombianos.

Proteger el patrimonio de una reactivación de verdad, es el primer paso para romper el discurso de los violentos y devolver la esperanza de una Colombia cimentada sobre el esfuerzo de su trabajo y el horizonte de su ingenio e imaginación.

Si algo nos ha enseñado la crisis, no sólo en Colombia sino en el mundo entero, es que no hay economía -por gigante que sea- que pueda convivir con la corrupción que se nutre en un sistema caduco y cerrado de costumbres políticas. Por ello les propuse a los colombianos blindar el cambio desde lo económico pero, fundamentalmente, desde lo político. Porque sólo garantizando que lo económico no se reduce al corto plazo y lo político no se constituye en la fiera voraz de los logros económicos podremos comenzar a pensar en un desarrollo en paz.

Cuando convoqué un referendo contra la corrupción lo hice de la mano de unas reformas económicas esenciales e inaplazables que cimentaran la continuidad del proceso de reactivación. La convocatoria del referendo como cuota inicial de la renovación a fondo de las costumbres políticas de nuestro país tocó, sin duda, un nervio al descubierto, pues el país comprendió de inmediato que, conviviendo con la corrupción, no hay futuro posible.

La razón escueta de la sabiduría popular es arrolladora ante cualquier especulación política y es el reflejo tanto de unas aspiraciones como de un razonamiento por fuera del ámbito de la política. Sin embargo, el país nacional y el país político han chocado en las últimas semanas hasta el punto de la turbulencia política y económica que todos conocemos.

Desde el punto de vista del mandatario de todos los colombianos, esto nos ha llevado a reflexionar sobre el imperativo de conjugar las indispensables reformas contra la corrupción, ‘con la garantía de la supervivencia de la reactivación, teniendo la mirada puesta en un futuro enmarcado dentro de lo real y lo posible sin comprometer los principios en un choque suicida.

La misión del mandatario está por encima de las mezquindades y la confrontación estéril. Hoy por hoy, el país no puede caer en la discusión reducida a los plazos de una reforma política, arriesgando el futuro de lo logrado por todos en la economía. Pero, de otro lado, no puede ceder en su propósito de lucha para reformar las costumbres políticas. Las instituciones políticas colombianas deben reformarse. En esto no debe haber lugar a equivocaciones. Pero tampoco debemos equivocarnos en cuanto a que el Primer Mandatario no actuará siempre dentro del marco de sensatez, generosidad y concordia que sus convicciones y su cargo le demandan.

Los últimos días no han sido fáciles. Durante ellos he tendido la mano generosa y he escuchado las voces -muchas veces encontradas- de numerosos colombianos. Ha sido un tiempo en el que se han caldeado los ánimos y se han abierto esperanzas. Durante estos días he reflexionado serenamente en medio de la tormenta y he llegado a conclusiones que deseo compartir con ustedes.

Hace algunas semanas propuse la celebración de un referendo para luchar contra la corrupción, implantar un sistema político más democrático, con partidos más organizados y establecer un marco de legitimidad y transparencia en el ejercicio de la representación ciudadana que nos permitiera vigorizar y ampliar nuestra democracia.

Quise de esta manera que fueran los colombianos quienes se apropiaran de su destino como comunidad política y tomaran las grandes decisiones por encima de los pequeños intereses partidistas.

Y hoy sigo creyendo que el referendo es el camino.

Nuestro país se ha distinguido durante largos años, dentro de la comunidad internacional, por el manejo prudente de la economía, siempre hemos honrado nuestros compromisos internacionales, y así debe continuar. Igualmente, hemos mantenido la vigencia intachable de nuestras instituciones republicanas. Por ello, al interpretar las expresiones ciudadanas así como aquellas que provienen de la política debo, como gobernante, buscar una sana consonancia y un camino de progreso al margen de la malsana confrontación política.

El país entero ha depositado su fe y su esperanza en que reformas de fondo como la reducción del número de congresistas; la eliminación de los privilegios salariales y prestacionales de sus integrantes; la financiación transparente de las campañas; un nuevo sistema electoral y la inhabilidad perpetua de los corruptos, sean una realidad. Esta reforma política se va a hacer como aspiración colectiva de los colombianos.

He considerado indispensable insistir en iniciar un proceso de búsqueda de consensos, que es necesario en este momento crucial para la patria, sin sacrificar la columna vertebral de la propuesta de renovación de la política colombiana. Estos consensos radican en la materialización de la voluntad política necesaria para que el Congreso apruebe, antes del cierre de la legislatura:

Primero, los proyectos sobre racionalización de los fiscos departamentales y municipales, que permitirá que las entidades territoriales no se endeuden para pagar gastos de funcionamiento inoficiosos, y la ley de juegos de suerte y azar, que le dará recursos a la salud que tanto se necesitan ahora;

Segundo, con sujeción a un cronograma cierto que lleve a la aprobación durante el presente año, la ley de modernización tributaria que nos permitirá bajar l a tarifa del impuesto de renta y las retenciones en la fuente de los asalariados, y una trascendental ley que podría llamarse de «responsabilidad fiscal», para cortar de un tajo la posibilidad de que el gasto público exceda las disponibilidades presupuestales.

Es imperativo poner en cintura las asambleas y concejos aun cuando, si el Congreso aprueba el proyecto de racionalización de estos organismos que cumple propósitos similares, estoy dispuesto a excluir estos temas del referendo. Propongo, por lo tanto buscar reformas efectivas en el referendo, tales como revisar el Tribunal de Ética para hacerla aún más fuerte y efectivo, ampliar los instrumentas de lucha contra la corrupción en la administración pública y, en todo caso, darle vigencia inmediata a las demás normas que son la columna vertebral del referendo. El gobierno no va insistir en las elecciones anticipadas del Congreso. Para ello cuento con que éste le responda directamente a los ciudadanos, con la generosidad y grandeza que el país le pide en esta instancia, tramitando en forma positiva las grandes reformas necesarias para poder garantizarle a los colombianos la continuidad de la reactivación económica que se ha iniciado.

Asimismo, propongo insistir en unas mesas de concertación con todas las fuerzas políticas y sociales para lograr un gran acuerdo sobre tres puntos fundamentales como son garantizar las pensiones futuras de todos los colombianos, racionalizar las transferencias a las regiones y crear las condiciones necesarias para generar riqueza y empleo.

De la misma manera siguen vigentes, por supuesto, las invitaciones del gobierno para que la paz, las relaciones internacionales y la lucha contra el narcotráfico, continúen como una política de Estado que una a todos los colombianos.

Es la hora de la ponderación. Todos debemos sacrificarnos para salvar el futuro de intereses comunes, tales como las finanzas del seguro social, para que éste pueda pagarle en el futuro las pensiones de los colombianos de la tercera edad, que al paso que vamos, en 5 años no tendremos como cancelarlas. O asegurar para los departamentos y municipios un régimen que garantice la estabilidad y la eficiencia de las transferencias, para que éstos gasten menos en burocracia inoficiosa y gasten más en inversión social que beneficie a la gente.

Hago un llamado respetuoso -pero firme- a los sectores comprometidos con el propósito del cambio, gremios, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y la sociedad en general, para que se incorporen con generosidad a esta iniciativa, que le abre caminos ciertos de esperanza a la patria con las garantías para la paz, la convivencia y la justicia social que todos deseamos.

Habrá algunas voces impacientes por el Cambio. Y con buenas y muchas razones. A ellos les digo: no desmayemos en el camino del cambio. En dos años, si perseveramos en la vigilancia del referendo, podremos elegir un Congreso más compacto y dignificado, con unas reglas mejores de juego, unos partidos coherentes y un camino de esperanza para que una política limpia presida el destino de nuestro pueblo.

Nuestro voto no cambiará todo de un solo golpe, pero será la cuota inicial de un futuro político de reglas limpias para Colombia en el que podamos pensar en entregar las bases sólidas para una Colombia en paz; con plena reactivación económica; con nuevas y modernas fuentes de trabajo; con una profunda transformación en las costumbres políticas; unidos en torno a unos grandes propósitos nacionales que nos permitan demostrarle a los colombianos y a la comunidad internacional, que aceptamos el inmenso desafío de superar nuestras dificultades; y para las generaciones venideras una Nación digna, respetada, en donde todos los colombianos nos sintamos orgullosos de la patria a la cual pertenecemos.

Una vez más quiero hacer un cordial llamamiento a quienes están taponando las vías en distintas partes de la geografía nacional, para que las despejen y regresen ordenadamente a sus viviendas y sitios de trabajo.

Tal como lo expresé el día en que anuncié que había logrado con el Eln un marco general de acuerdo de paz, éste no se formalizará sino después de haber conversado con la población residente el régimen y funcionamiento de la zona y se hayan hecho precisiones adicionales sobre el mismo, teniendo en cuenta sus preocupaciones, sus anhelos y sus esperanzas.

El día de hoy el Eln ha manifestado al Alto Comisionado para la Paz que está dispuesto a abrir los espacios de diálogo que sean necesarios para llevar a feliz término el Proceso de Paz que se ha iniciado.

Colombianos:

¡ A llegado el momento de la grandeza!
¡Comprometámonos a fondo con ella, por Colombia!

Que Dios los bendiga y que Dios me bendiga.

 

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
26 de mayo de 2000