TRABAJAR CON PULSO FIRME2017-12-18T11:48:26+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, ante el equipo de negociadores del Gobierno Nacional con las Farc. 

Al instalar oficialmente el equipo de representantes del Gobierno Nacional en las negociaciones con las Farc debo resaltar la gran importancia que significa este hecho para todos los colombianos, ansiosos y expectantes del éxito del proceso de paz y de la resolución definitiva de la violencia.

No sin dificultades, hemos superado los primeros tramos de este complejo camino hacia la reconciliación nacional. La seriedad de la política de paz que le propuse al país y vengo liderando, la voluntad y la inteligencia del equipo de Gobierno, el trabajo de nuestros voceros durante los diálogos con las Farc, se han unido a las expresiones de reconciliación de la insurgencia; nos han permitido probar- nos mutuamente que se puede avanzar, y que es posible resolver el conflicto y convenir las reglas de un nuevo país en la mesa de negociaciones.

Dispuse al comenzar mi Gobierno que los diálogos con la insurgencia se iniciaran con base en sus plataformas de reivindicaciones y los puntos que presentara el Gobierno e implementé los mecanismos procedimentales para facilitar la puesta en marcha de ese proceso. Al instalar los diálogos de paz el pasado 7 de enero reiteré la disposición de convenir una agenda amplia, sin temas vedados, y en el curso de las conversaciones, llegamos a una Agenda Común, con un mecanismo de participación para que todos los colombianos estemos vinculados en la construcción de nuestro propio destino.

Así lo hice, pues estoy convencido de que la negociación con la insurgencia debe ser el escenario en el cual, a la vez que logremos convenir los términos de la culminación del enfrentamiento armado, sentemos bases sólidas para las transformaciones políticas, económicas y sociales que nos demanda la única paz duradera y auténtica: la paz con justicia social.

Tengo una gran confianza en que la agenda común que hemos definido interpreta muy bien los intereses supremos de la inmensa mayoría de los colombianos. Creo que nadie en Colombia puede considerarse exento de afectación o compromiso con esa bitácora de paz que hemos alcanzado. Creo que no habrá quien desee marginarse de su discusión, de la proposición de sus puntos de vista y de la defensa de sus tesis.

y es que así debe ser: la paz no puede ser de unos pocos, ni las reformas que le son connaturales, el resultado de escenarios arrogantes y excluyente entre el Gobierno y la guerrilla. He dicho siempre que la política de paz que lidero trasciende la negociación con los grupos armados, pues estoy convencido de que el gran pacto nacional de reconciliación debe congregar a todos los sectores del país, comenzando por aquellos que no se sienten representados ni por los tirios ni por los troyanos.
Ustedes han acogido con generosidad y espíritu patriótico el llamado que les hice para representar al Gobierno Nacional en esa negociación. Mi solicitud especial es que velen sin descanso por que ella traduzca y exprese los anhelos colectivos y por que los acuerdos que se alcancen gocen de la legitimidad que otorga la sagrada regla de la democracia.

En esta, como en toda negociación, hay un marco ético que indica las fronteras entre lo que puede o no cederse. Mi Gobierno lo tiene muy claro: buscamos afianzar la democracia, consolidar el Estado de Derecho, fortalecer el respeto y la protección de los derechos hu- manos y las libertades públicas, profundizar la unidad nacional y entronizar entre nosotros la justicia social.

En los tiempos que corren, en los que las recetas para el desarrollo no existen, cobra validez y vigencia la frase de Pascal: la peor herejía es desconocer la verdad que hay en el otro. Por eso, sin canjear los principios y los fundamentos de nuestra esencia republicana, la negociación deberá ser un foro de amplia discusión y análisis, para el que será necesario congregar toda la inteligencia nacional y considerar todo aporte, por modesto que parezca.

Por eso hemos dispuesto con las Farc la conformación de un Comité Temático Nacional, que será el gran tanque de pensamiento -si se me permite usar esa fórmula de los sajones-, del que provendrá la sistematización de las propuestas que los diversos sectores políticos, económicos y sociales efectúen sobre el temario de paz.

El trabajo de la mesa de negociación estará entonces auxiliado siempre por ese Comité, que actuará como puente o correa de transmisión entre la mesa de negociación y la sociedad colombiana, y servirá también para que los negociadores le midan permanentemente el pulso a la legitimidad de su deliberación, que sólo puede provenir del respaldo que ella obtenga en la comunidad colombiana.

Hemos también dispuesto la conformación de los grupos de asesores que ustedes lleguen a necesitar para la negociación. Es indispensable tener en cuenta que es tan o más difícil administrar la paz que firmarla, y por ello es crucial que durante la negociación se tome el cuidado de asegurar la factibilidad, la rentabilidad y la sostenibilidad de los acuerdos sobre cada uno de los temas.

Muchos fracasos de grandes obras provienen de la incapacidad técnica de concretarlas. Si existe la mutua voluntad de paz entre el Gobierno y la insurgencia, como es mi convencimiento, no nos podemos dar el lujo de perder esta oportunidad histórica por carencia de instrumentos científicos y tecnológicos, partiendo por supuesto de los que nos brinda nuestro propio y rico capital humano.

Como lo he venido haciendo, continuaré liderando directa y personalmente el proceso de paz, y seguiré adoptando las decisiones de carácter sustantivo o procedimental que sean necesarias para asegurar su irreversibilidad y buen término. No le he querido poner al proceso ninguna camisa de fuerza, y por eso propuse a la insurgencia que la negociación se desarrolle sin condiciones.

Al optar por esa vía hemos podido avanzar, pero ello implica también que es posible apretar el paso. En el marco de la prudencia, es importante actuar con la mayor celeridad, en especial en lo que tenga que ver con contener y con evitar el dolor a los indefensos, mientras logramos establecer los mecanismos que conduzcan a hacer la paz en paz y no la paz en guerra.

Emprenden ustedes hoy una tarea de trascendencia histórica, que todo colombiano está en el deber de respaldar y agradecerles de ante mano: representar al Gobierno en los diálogos de la negociación que conduzcan a un acuerdo para una paz estable y verdadera logrando ponernos todos de acuerdo en un Estado fundamentado en la justicia social, donde quepamos todos y todos lo respetemos.

No podría terminar este acto sin hacer un nuevo llamado al Ejército de Liberación Nacional: Liberen a todos los secuestrados para de in- mediato iniciar las negociaciones que con las garantías correspondientes, permitan alcanzar el sueño y anhelo de todos los colombianos: La Paz.

En el acto de liberación de las personas que retuvieron en Barran- quilla, en Cali y los que se desplazaban en el avión Fokker desde Bucaramanga, que los colombianos estamos esperando no puede darse ninguna clase de diferencias. Y por tanto, sin excepción, todos deben regresar con prontitud a sus hogares.

Este Gobierno no necesita de actos de fuerza para trabajar por la paz.

Señores Negociadores: El país tiene las esperanzas puestas en ustedes. A TRABAJAR CON PULSO FIRME.

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia
15 de junio de 1999