UBICAR A COLOMBIA EN LOS PRIMEROS LUGARES DE LA ESCALA MUNDIAL DE COMPETITIVIDAD, OBJETIVO A MEDIANO PLAZO2017-12-18T11:47:04+00:00

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Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, durante la clausura del Foro de Competitividad en Cali

Hace 6 meses tuve la oportunidad de compartir con ustedes mi visión de lo que podría ser Colombia en el año 2009 cuando esté por concluir la última década de este siglo. Les propuse compartir conmigo esa visión de un país próspero, con altos niveles de actividad apoyándose en el desarrollo sostenido y cada vez más equilibrado de las distintas regiones. Expresé entonces que veía una economía creciendo a tasas mayores al 6%. Una Colombia que vuelve a tener una gran actividad en el campo, donde los cultivos agrícolas tradicionales no sean ya parcelas atomizadas, sino grandes unidades de diferentes productores que se unen para adquirir tecnologías modernas que permitan que los cultivos se desarrollen con una visión agroindustrial y no solamente en función de abastecer parcialmente elmercado interno.

Les mencioné que veía para el año 2009, un país que produce biotecnología y electrónica, con una nueva generación de científicos y matemáticos versados en lenguas. Una generación sin analfabetas, con jóvenes que salen de las universidades no sólo a emplearse en las empresas nacionales y en las nuevas multinacionales que habrán llegado para entonces a nuestro país, sino una nueva generación de jóvenes empresarios que salen a montar nuevas empresas con tecnologías basadas en el conocimiento. Mencioné que veía un país donde se exporte software y una nueva variedad de productos con alto valor agregado y varios de los servicios más dinámicos del comercio mundial.

En fin, un país con una industria produciendo una multiplicidad de productos de alta demanda en el mundo.

Mencioné una intensa actividad en nuestros puertos de las Costas Atlántica y Pacífica donde atraquen grandes barcos de carga y transatlántico s de turismo, así como un país en el cual las negociaciones comerciales de hoy, habrían concluido de común acuerdo con el sector privado.

Me referí a un país donde ser colombiano fuera símbolo de pujanza, donde hubiéramos recuperado el amor propio y con una clase empresarial dinámica presente en todos los mercados del mundo.

En las mesas de trabajo de Cartagena en que participaron ustedes los empresarios, tuve la oportunidad de escuchar repetidamente que una de las causas de nuestro deterioro en los indicador es de competitividad mundial era la falta de una visión colectiva sobre la sociedad que queremos, la ausencia de propósitos nacionales y la poca autoestima por la identidad nacional.

De allí que haya asumido con ustedes el compromiso de convocar no sólo a mi equipo de gobierno sino a los distintos sectores que representan al Estado colombiano, para que en conjunto con los empresarios, académicos y trabajadores construyamos esa visión de lo que quisiéramos que nuestro país llegue a ser. Luego debemos convertir esa visión común en el motor que mueva día a día nuestra actividad durante este gobierno y durante los siguientes para llevar a nuestro país a un lugar sobresaliente en los distintos indicadores internacionales que califican año tras año la competitividad de cada país en el concierto global.

Sobre todo, para elevar la condición actual de nuestro país en factores tan relevantes como la educación, la ciencia, la calidad de nuestras instituciones y con ello mejorar las posibilidades de bienestar de nuestro pueblo.

En Cartagena me comprometí a realizar una reunión semestral de seguimiento que nos permita ir afinando los compromisos de los distintos actores para alcanzar esa visión común y evaluar los avances de cada uno de los indicador es que permitan a Colombia mejorar en todos y cada uno de los aspectos que determinan la competitividad global.

Por eso hemos estado acá después de seis meses, para hacer la primera reunión semestral de seguimiento a nuestra política y para la adopción de un plan de acción que mediante un proceso continuo en que participen todos los actores, definamos juntos las metas que como Nación queremos y debemos alcanzar.

No podemos seguir como el avestruz, enterrando la cabeza entre la arena cada vez que sale un nuevo análisis internacional que da cuenta de las debilidades que tenemos comparando nuestros términos de desarrollo con los de los demás actores de la economía global. Tampoco podemos actuar irresponsablemente pensando que los que lleguen más adelante verán qué pueden hacer para solucionar mágicamente la brecha cada vez mayor entre nuestro país y los países desarrollados.

La velocidad vertiginosa de los cambios que estamos viviendo en este amanecer del siglo XXI en la tecnología, en los mercados y en los flujos financieros globales, está afectando profundamente las estructuras económicas, sociales y hasta familiares. Por ello nuestra única opción es acelerar el paso para tratar de asimilar la velocidad y profundidad de estos cambios, pero sobre todo, procurar resolver las dificultades de la coyuntura sin dejar de entender que requerimos políticas que de manera consistente estén orientadas hacia el futuro. Futuro para el cual nuestra acción local sea compatible con nuestra participación en el mercado global y con las nuevas responsabilidades y desafíos que éste implica.

Si bien es cierto que en los meses recientes han surgido distintas manifestaciones de rechazo contra la globalización, muchas de ellas con argumentos razonables y altruistas, también es cierto que muchas de esas expresiones y tendencias proteccionistas resultan un tanto cínicas cuando provienen precisamente de los ciudadanos de los países desarrollados, los cuales han tenido la fortuna de tener a su alcance todas las ventajas que ofrece la civilización, el desarrollo y en fin, las ventajas de constituir el grupo privilegiado de los ciudadanos del primer mundo.

Es evidente que hacemos parte de un proceso de globalización que seguirá avanzando y profundizándose sin importar las circunstancias de un país como el nuestro y por esa razón es a nosotros a quienes corresponde prepararnos inteligente y responsablemente, para que este proceso mundial brinde bienestar y desarrollo para los colombianos.

Por supuesto, lograr desarrollo sostenido y eliminar los niveles de pobreza, requiere mucho más que ser simplemente actores pasivos del proceso global. Por el contrario, necesitamos como lo dijo en este foro el Ministro de Hacienda, continuar desarrollando una actividad intensa en términos de política macroeconómica para obtener los indicadores estables que requiere una economía sólida.

Necesitamos unas acciones orientadas en forma deliberada hacia la desregulación, la transparencia y la facilitación de trámites ante las entidades públicas que hoy por hoy suponen sobrecostos inmensos e injustificados para la actividad empresarial.

Necesitamos especialmente niveles crecientes de inversión en educación, en tecnología e innovación, y dar el salto al Internet. En efecto, es nuestra responsabilidad histórica insertar al país en las tecnologías de la información, particularmente convertir el Internet en una herramienta al alcance de todos, tal como lo presentaré en los próximos días como parte de la Agenda de Colectividad que hemos venido desarrollando con el Ministerio de Comunicaciones.

Es necesario además continuar el fortalecimiento de las instituciones democráticas y todo aquello que contribuya a garantizar el imperio de la ley.

Como surgió ayer del panel sobre el papel de la justicia en la competitividad de Colombia, la sintonía entre el desarrollo legislativo y la realidad económica y social, el conocimiento de las normas, y el cambio de actitud orientado al cumplimiento del marco regulatorio, constituyen requisitos indispensables para la competitividad.

Fue claro en la última mitad del siglo pasado que las economías que incrementaron sustancialmente su producción y su ingreso per cápita lo lograron gracias a la decisión de producir para el mercado externo y convertirse en economías netamente exportadoras. La correlación evidente entre exportaciones y desarrollo económico sostenido, entre exportaciones y mayor generación de empleos más calificados, es lo que me ha movido a insistir ante el país en la necesidad de adoptar una política exportadora como una política de estado a largo plazo, que corresponderá a ustedes señores empresarios desarrollar con la continuidad que sus empresas y sus inversiones requieren.

Quiero recordarles cómo en la primera parte de los 80 había un grupo de países con un PIB anual aproximado de 30.000 millones de dólares. Eran estos Colombia, Filipinas, Malasia y Tailandia. En esa época las exportaciones de Filipinas eran iguales a las de Colombia con 5.700 millones de dólares cada uno; hoy Colombia exporta 11.300 millones de dólares, pero Filipinas llegó en diciembre a 30.000 millones de dólares. En aquel entonces Malasia exportaba 17.000 millones de dólares y en diciembre de 1998 ascendió a 71.000 millones de dólares. Las cifras de Tailandia para entonces eran de 11.600 millones de dólares y en diciembre de 1998 ascendieron a 54.000 millones de dólares.

Pero si tomamos como ejemplo a Singapur que desde 1971 adoptó una estrategia de desarrollo basada en las exportaciones y orientada a atraer inversión extranjera, los resultados son aún más impactantes si tenemos en cuenta que el perfil de las empresas está concentrado en la industria de alta tecnología y en actividades con alto valor agregado económico. Hoy en día Singapur ha logrado el primer lugar en el ranking de competitividad mundial, lo cual se traduce en una economía moderna y diversificada, que es un centro global de negocios donde operan más de 3.000 compañías multinacionales dedicadas a las manufacturas, al comercio internacional, a las finanzas y a los servicios con una estrecha relación entre multinacionales
y compañías locales para asegurar la transferencia permanente de tecnología.

Singapur se ha propuesto para el año 2002 ser un país desarrollado con un nivel de vida como Suiza y mantener su liderazgo comercial a largo plazo como consecuencia de su alto nivel de competitividad. Pensemos también en Japón y en los países del Sureste Europeo hace 50 años. Eran sociedades rurales pobres y hoy son prósperos. Carea del Sur y nuestro socio en el G-3, México, cuyos ingresos nacionales hoy son más del doble de los que tenían al final de la década de los 80, gracias a las políticas orientadas hacia el desarrollo exportador.

Es por esto que además de comprometernos a aumentar la competitividad del país, quiero plantearles una propuesta que me ha venido dando vueltas en los últimos meses. Durante los últimos diez años Colombia ha avanzado en su inserción comercial con América Latina, al tener libre comercio o preferencias comerciales con los países de la Comunidad Andina, con México, Chile, Mercosur, Centroamérica, el Caribe y Cuba. Todos estos acuerdos comerciales han generado desarrollo, pero no han sido suficientes para potencializar el tipo de desarrollo que queremos para el país.

Por ello hoy quiero proponerle al país un cambio mucho más profundo. Un cambio que generará dudas y prevenciones entre algunos o muchos de ustedes, pero que estoy convencido que a la larga nos permitirá dar un verdadero salto y sumarnos a la gran revolución que se está dando en el mundo y que amenaza con dejarnos por fuera. Hoy le propongo al país que solicitemos a Estados Unidos el ingreso al Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte-NAFTA, en las mismas condiciones en que México lo hizo en el año 91, haciendo especial énfasis en minimizar el impacto de las barreras para-arancelarias que hoy restringen nuestras exportaciones hacia ese mercado.

No debemos esperar a que culmine la negociación del ACA, pues ingresaríamos en igualdad de condiciones que el resto de América Latina, y perderíamos de manera definitiva las ventajas del ATPA.

Debemos no sólo preservar las ventajas del ATPA, sino aumentarlas, con el objeto de fortalecernos en ese mercado para lograr una penetración y consolidación que nos permita mantenernos y crecer cuando ingresen los productos del resto de América Latina. Esto se hace aún más urgente y evidente, si tenemos en cuenta la pérdida de competitividad de algunos de nuestros principales productos de exportación derivada del libre acceso de México al mercado de Estados Unidos.

Esta estrategia ya ha sido exitosa para México y lo será para Colombia. En efecto, la inserción de México en el Nafta ha generado resultados benéficos para su economía: en materia de inversión extranjera directa pasaron de 4.300 millones de dólares anuales en 1994 a $11. 000 millones anuales en 1999.

Sus exportaciones han pasado de 42.787 millones de dólares en 1991 a 121.508 millones en 1999, es decir, se han triplicado en esta década. El PIB mexicano pasó de crecer a tasas del 3% a principios de los noventa a crecer a tasas del 5% entre 1996 y 1999. Adicionalmente, el PIB per cápita ha crecido 4 entre 1990 y 1999.Y quizás lo más importante, el desempleo en l1’éxico está por debajo del 4%, uno de los más bajos de América Latina.

Es evidente entonces que la estrategia de inserción en el Nafta ha generado unos beneficios en términos de crecimiento y desarrollo para ese país, y es esa misma estrategia la que les propongo como Presidente en el día de hoy.

Entiendo mejor que nadie las restricciones políticas que existen en Estados Unidos para incorporar nuevos países al Nafta y sé la frustración que en esta solicitud ha tenido Chile. También sé que en este año electoral esta propuesta no tendría eco inmediato en Estados Unidos, pero las elecciones en los países también cambian la dinámica y por ello lo importante es prepararnos internamente. Es claro que hoy, con tantas debilidades en materia de productividad y competitividad, no podríamos enfrentar la competencia norteamericana. Pero desarrollando la agresiva estrategia que mi Gobierno está planteando en esta materia, podremos sin temor enfrentar los retos de la competencia internacional. Creo que ésta es la más viable alternativa de desarrollo económico, teniendo en cuenta la consolidación de bloques regionales, el incremento natural en el comercio intrabloques, la tendencia a establecer barreras proteccionistas a la producción extrabloque, e inclusive la existencia de monedas únicas que en ocasiones dificultan el acceso de productos y servicios provenientes de terceros países.

Propongo entonces adelantar una estrategia simultánea: incrementar la productividad de los bienes y servicios y la competitividad del país a través de Colombia Compite, e ingresar al Nafta en condiciones similares a las logradas por México, de forma tal que se consoliden y fortalezcan nuestras relaciones económicas y de comercio con la primera economía del mundo, que es nuestro primer socio comercial. A ello dedicaremos todo nuestro esfuerzo en este momento en que las relaciones bilaterales han alcanzado un clima inmejorable.

Ahora bien, la definición de una política de Estado para la productividad y la competitividad como la que estamos construyendo desde Cartagena, requiere unos objetivos de mediano y largo plazo. En el largo plazo la meta de esta política debe ser llevar a Colombia a ocupar uno de los primeros 15 lugares en el ranking de la competitividad mundial. En el mediano plazo, y me refiero a cinco años, nuestro objetivo debe ser el de ubicar a Colombia en uno de los tres primeros lugares en el ranking mundial de competitividad en América Latina.

En la medida en que todos los actores de la competitividad nacional, es decir, el Estado colombiano en su conjunto, incluyendo las tres ramas del poder público, los empresarios, los trabajadores, la academia, y otros actores vivos de la sociedad nos comprometamos con esta política como un objetivo nacional y mantengamos continuidad en la misma, con seguridad lograremos cumplir estas metas.

Ya sabemos como estamos de mal en los indicadores de competitividad. ¿Por qué Colombia no ocupa el primer lugar que hoy tiene Singapur?

Sencillamente porque hasta ahora no hemos tenido una política orientada a desarrollar nuestros recursos humanos y nuestra fuerza laboral para servir a las industrias de alta tecnología y de servicios altamente tecnificados.

Porque no hemos tenido una visión de largo plazo ni una continuidad en las políticas gubernamentales que promueva el desarrollo de altos niveles de especialización en las ramas de mayor valor agregado y complejidad. Y finalmente, porque no hemos tenido una estrategia para generar nuevas empresas ni para convertir las que ya existen en compañías con un enfoque global. Todo esto es lo que debemos asumir y es lo que quiero que todos nosotros construyamos como un propósito común que de seguro generará desarrollo, empleo y bienestar para el pueblo de Colombia.

Todos los países que mencioné anteriormente, no sólo han mejorado su PIE Y sus exportaciones, sino que han tenido una evolución impresionante en educación, salud y expectativas de vida.

Como ustedes han podido ver, en el primer encuentro para la Productividad y la Competitividad traje a algunos miembros de mi Gabinete. Ayer y hoy han estado presentes de ellos y cada uno con un reporte de las acciones de su entidad.

Pero lo que es más importante, con un programa de trabajo para este año orientado hacia aquellas políticas y acciones públicas que tienen un impacto en la productividad de sus empresas, de sus productos y servicios y en la competitividad del país. Ahora corresponde a todos involucrarse en el trabajo a seguir.

La preocupación que señalaron ustedes ayer en las mesas de trabajo sobre la falta de continuidad y la falta de compromiso como amenazas a la Red Colombia Compite, constituyen evidentemente el mayor riesgo de este experimento que hoy estamos iniciando ustedes y nosotros.

Por ello, quiero reiterarles lo importante que resulta que el sector privado representado por ustedes se comprometa, tanto como aquí se ha comprometido mi Gobierno, en construir confianza y en crear un propósito colectivo a través de la Red. La participación de ustedes, de los trabajadores y del sector académico en esta Red sería el mejor acuerdo nacional para la productividad, con lo cual recogeríamos la propuesta de Luis Eduardo Garzón. El Gobierno tiene toda la voluntad de impulsarlo.

La Red Colombia Compite no empezará a trabajar desde cero. Existen ya entidades que vienen desarrollando una importante labor orientada hacia la productividad y la competitividad. Mención especial merecen los centros de desarrollo tecnológico, y los centros de productividad. También ellos han venido apoyando en forma aislada esfuerzos orientados en tal propósito.

Precisamente aquí en el Valle del Cauca contamos con el importante Centro de Productividad del Pacífico, cuyo representante ya se ha dirigido ante este auditorio.

Durante el viaje oficial que tuve oportunidad de hacer al Japón, solicité en compañía de la Ministra de Comercio Exterior la cooperación técnica del Gobierno Japonés para crear en Colombia un Centro Nacional de Productividad que apoye la ejecución de esta política de Estado que mi gobierno quiere dejarle al país. Con tal propósito, nos han visitado ya los técnicos de ese gobierno, quienes han tenido la oportunidad de reunirse con funcionarios de mi gobierno y también con representantes del sector productivo haciendo ya las recomendaciones favorables para otorgar la cooperación solicitada.

Pues bien, teniendo en cuenta la experiencia del Centro de Productividad del Pacífico, mi gobierno ha tomado la decisión de que esta cooperación técnica sirva para transformar este Centro en el Centro Nacional de Productividad, manteniendo como domicilio la ciudad de Cali siempre y cuando se canalice a los Centros de Productividad existentes la asistencia técnica japonesa, se promueva la creación de nuevos Centros en diferentes regiones o, se establezcan sedes regionales para así canalizar esta cooperación. Este Centro deberá trabajar en conjunto con los Carees y las Cámaras de Comercio en la realización de proyectos dentro del marco del Plan Estratégico Exportador de las diferentes regiones. Los clusters regionales con vocación exportadora y el patrón exportador de las regiones, así como la labor complementaria con las cadenas productivas, son to- dos temas en los cuales la labor del Centro Nacional de Productividad resulta indispensable.

Los colombianos somos generalmente impacientes y cortoplacistas. Yo les propongo que esta condición natural la dejemos de lado esta vez para darle oportunidad a este proyecto colectivo para construir confianza y buscar un propósito como país a través de la Red Colombia Compite. De seguro todos ustedes querrán ver resultados inmediatos. Yo también.

Mantengamos esta Red como vínculo indisoluble que una el trabajo de todos los actores nacionales por la competitividad de Colombia. Démosle la oportunidad a este experimento como debemos también dársela al propósito de la paz. Sobre estos dos propósitos nacionales radica en buena parte la viabilidad de nuestro país como miembro de la economía global.

La visión de país que nos hemos fijado, o mejor, ese país ideal que tantas veces soñamos y tantas otras parece tan distante bien merece que tratemos, que experimentemos, que lo soñemos, pero por sobre todo, que con visión, con tesón y con pasión lo construyamos entre todos.

Lugar y Fecha

Cali, Colombia
11 de febrero de 2000