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  • SEÑOR, AYÚDANOS A CONSTRUIR EL BIENESTAR QUE NOS ASEGURE LA PAZ

    Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, con ocasión de la misa por la paz de Colombia.

    Sagrado Corazón de Jesús:

    Hoy vengo aquí a rogarte nos hagas posible la Paz.
    No hay colombiano que no haya sufrido en su propia alma los golpes de la guerra.
    Nadie es inocente cuando la muerte se ha establecido y reinan la mentira, las verdades a medias, los testimonios y los compromisos a medias.

    Vengo a pedirte con humildad por nuestros errores pero también a ofrecerte nuestros aciertos; vengo a pedirte por aquellos que creen que nunca se equivocan, que identifican sólo en el otro el error; por los que creyéndose buenos ocultan sus desaciertos; por los que antes que la verdad han pactado solidaridades equívocas.

    Vengo con la convicción de que la paz florece cuando se respetan los derechos humanos, cuando el bien común es el compromiso más cierto. Estoy aquí con la certeza de ser hijo de Dios para recordar que esta Verdad olvidada es la que fundamenta la construcción de una nueva sociedad.

    Estoy aquí para decir, como Presidente de Colombia, que no estoy dispuesto a cerrar los ojos ante la violación de los derechos de las personas ocurran donde ocurrieren.

    Vengo ante Ti, Señor, a repetir que la vida es sagrada e inviolable desde su concepción hasta su fin natural y mi voz se levantará para reclamar de todos -de todos sin excepción- este respeto. Nadie puede sentirse tranquilo si denuncia a unos gestores de la muerte y disimula la responsabilidad de los otros.

    Siempre he querido que Colombia sea una opción por la vida, que se rechaza toda violencia.

    Te pido, Señor, nos ayudes a construir el bienestar que nos asegure la paz; que nos ayudes a silenciar las armas, a desterrar las drogas, a cuidar el ambiente, asegurar a todos iguales garantías.

    Haz, Señor, que cada uno de nosotros sea capaz de tomar parte activa en la construcción de la Nueva Sociedad; ayúdanos a erradicar la corrupción evidente pero también aquella de quienes se sienten inocentes pero no han asumido responsabilidades.

    Sagrado Corazón: te pido nos ayudes a proteger y promover a las minorías étnicas y a que cada quien sepa desarrollar sus capacidades en beneficio propio y del prójimo.
    Bien sabes, Señor, que la educación es una dimensión cierta de la paz y también lo son el empleo y la satisfacción de las necesidades básicas.

    Permite, Señor, que aparezcan la comprensión y la solidaridad. Que el rico ayude al pobre, que descubramos los caminos de la caridad.

    Sagrado Corazón de Jesús, ayúdame a sembrar la convicción de la vigencia del derecho a la paz. Comparto la convicción de tu Pontífice de que la guerra es el fracaso de todo auténtico humanismo. Ayúdanos a que cesen las masacres, la migración obligatoria; no permitas que ningún bando enseñe a los inocentes el arte de la guerra y permite entender a quienes siembran minas quiebrapatas que deben cesar, de una vez por todas en su tarea macabra.

    Permítenos, hoy, entender que esta tarea es de todos; que las personas tenemos que sembrar paz y optimismo; que los medios de comunicación deben asumir la tarea de orientación de una sociedad que desde la tolerancia quiere eliminar las posibilidades de violencia.

    Bien sé, Señor, que este es el tiempo de la esperanza, que es preciso optar y comprometerse; que no se debe tener doble fondo, que se debe actuar a nombre sólo de Ti y no de otros intereses; que se debe optar por el pobre y por el inocente.

    Permite, Señor, que regresen los secuestrados; que a la familia de Carlos González lleguen consuelo y esperanza. Permite que entendamos que quien mata no esjustificado por ninguna ideología o pensamiento; que la muerte es muerte venga de donde viniere; que Tú eres el dueño de la Vida, el único dueño.

    Cambia el corazón de los violentos y el de quienes sabiéndolos tales, les buscan justificaciones en la Historia.

    Este País, yo mismo, los míos y todos los colombianos te lo pedimos con la humildad de quien se sabe limitado, con la confianza de quien conoce tu misericordia y tu bondad.

    Siembra, ahora, la paz en nosotros para que crezca la convivencia entre nosotros. Permítenos pasar reconciliados como hermanos bajo el umbral del siglo XXI; que el Jubileo nos inaugure la paz y que podamos venir ante Ti cargados de frutos de convivencia y solidaridad.

    Amén.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    11 de junio de 1999

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