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  • TRABAJO HOMBRO A HOMBRO ENTRE ARMADAS DE COLOMBIA Y EL MUNDO PARA ATAJAR EL NARCOTRÁFICO y CERRARLE EL PASO A SUS CONSECUENCIAS

    Palabras del presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, durante la inauguración de la Vigésima Conferencia Naval Interamericana.

    Hoy nos encontramos reunidos en esta bella y mágica ciudad de patrimonio de la historia de nuestras naciones, para celebrar la Vigésima Conferencia Naval Interamericana. Quiero comenzar esta trascendental reunión, la primera que celebran en el nuevo milenio las Fuerzas Navales de América, dando un fraterno saludo de bienvenida a todos sus comandantes y delegaciones.

    Este encuentro, me hace recordar un aspecto importante de la historia de Cartagena que seguramente muchos de ustedes ya conocen, y es su condición de puerto estratégico para el comercio entre los países de nuestro continente. Durante la Colonia esta ciudad se constituyó en escala obligada y centro de abastecimiento de una red de comunicaciones que España organizó con sus colonias del Nuevo Mundo y que se conoció con el nombre de “la Flota de Galeones”.
    Cuentan los historiadores que era un convoy de numerosas embarcaciones comerciales, fuertemente protegido de piratas y corsarios
    por navíos de guerra que periódicamente zarpaba desde España hacia el Caribe, y luego de hacer escala en Puerto Rico, Santo Domingo, o alguna de las Antillas Menores, se dividía en dos: una parte de la flota tomaba el rumbo hacia Veracruz; en México, y la otra; concluía su viaje en Panamá, pero no sin antes hacer una escala aquí, en esta ciudad, donde se refugiaba meses enteros y esperaba el aviso de la llegada al Istmo de las naves procedentes de las colonias del pacífico, especialmente del Perú.

    Tras cargar las mercancías provenientes del Sur los galeones regresaban de nuevo a Cartagena, donde se reabastecían de víveres, y partían hacia España, haciendo escala en la Habana. Allí en Cuba se reunían con la flotilla que regresaba de México y juntos iniciaban el largo viaje de retorno a la madre patria, aprovechándose, por lo general, de la corriente del Golfo, que aceleraba la velocidad de su navegación.
    He querido recordar ese episodio de nuestro pasado común, porque hoy, varios siglos después, nuestras naciones hermanas se han puesto cita en esta ciudad plena de tradición marinera y sede de la principal Base Naval de Colombia para discutir y compartir los temas que fortalecen el progreso tecnológico de las armadas americanas, estrechan los lazos de amistad y acercan aun más a nuestros pueblos.

    Creo entonces, que éste es el escenario apropiado para que Colombia aporte a la discusión del papel de la nueva armada, desde su experiencia en la construcción de la paz y en la lucha contra el problema mundial de las drogas.

    Nuestro mensaje al mundo es el de un país que cree y respeta la justicia, los derechos humanos, la convivencia pacífica y que no escatimará esfuerzos para lograr la reconciliación y el progreso de todos sus ciudadanos. Estamos encaminándonos hacia la paz, sobre la base de una sociedad equitativa y con justicia social. Y para lograrlo, debemos remover todos los obstáculos que generan pobreza, miseria y violencia. Hoy nuestro más grande reto es el fortalecimiento de la lucha frontal contra el problema mundial de las drogas.

    En Colombia la producción y el tráfico de drogas ilícitas no sólo ha generado pobreza y desolación sino que ha acabado con las ilusiones de muchos de nuestros compatriotas, ha menoscabado los valores y los principios morales de nuestra sociedad y ha corrompido buena parte de nuestras instituciones.
    Porque estoy convencido que la principal raíz de la violencia, de la corrupción y de nuestra pobreza es el narcotráfico, es necesario implementar una estrategia que busque acabar con el tráfico de drogas ilícitas.
    Pero además esa estrategia debe ser integral y apoyada específicamente en el principio de “corresponsabilidad”. Esto quiere decir que los países consumidores son tan responsables como los productores ya que además del consumo, son proveedores de los precursores químicos, de las armas y el lavado de activos que se realiza allí. En otras palabras, la financiación y las responsabilidades en la guerra contra el problema mundial de las drogas deben ser compartidas por todas las naciones.

    A partir de las consideraciones anteriores, hemos diseñado el llamado Plan Colombia que es un plan social para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado. Es nuestra herramienta más útil para rescatar a aquellos colombianos que hoy “navegan a la deriva”, como dicen los marinos, por la culpa del narcotráfico y para apoyar a quienes se encuentran en condiciones de pobreza y de vulnerabilidad, así como para fortalecer nuestras instituciones democráticas.

    El Plan Colombia tiene un objetivo fundamental: devolverle las condiciones económicas, políticas y sociales a nuestro país que nos permitan arribar al puerto seguro de una Nación en paz y con justicia social. Para lograrlo las acciones se concentran en cuatro frentes: la recuperación económica y social; la democratización y el desarrollo social; la lucha contra el narcotráfico y el fortalecimiento de la justicia; y el proceso de paz.
    Ésta es una estrategia ante todo social. Con ella buscamos darle nuevas posibilidades a los más necesitados así como una alternativa de desarrollo viable a los campesinos que hoy en día navegan contra la corriente, -como dirían ustedes-, porque no tienen una posibilidad distinta a los cultivos ilícitos.

    Para mejorar las condiciones sociales de nuestros compatriotas invertiremos 900 millones de dólares del Fondo de Emergencia Social que busca en primer lugar la construcción de obras de infraestructura en las zonas más deprimidas de Colombia y generar mediante el uso masivo de mano de obra más de 250 mil empleos directos; en segundo lugar incluimos un programa de subsidios para las mujeres cabezas de hogar que beneficiará a 90.000 familias y garantizará la escolarización y la salud de los niños más desprotegidos; un tercer elemento es el programa de capacitación para los jóvenes desempleado s en condiciones de pobreza con el que busca mejorar las oportunidades de trabajo para 30.000 jóvenes colombianos.
    ¡Éstas si son inversiones sociales de verdad!

    La segunda estrategia del Plan, dirigida al fortalecimiento de la democracia y al desarrollo social, está integrada por dos grandes componentes en los cuales invertiremos cerca de 2.000 millones de dólares: uno de desarrollo alternativo para desarrollar una nueva agricultura basada en la ejecución de proyectos productivos integrales, participativos, rentables y sostenibles.

    El segundo componente será el fortalecimiento de todos los mecanismos que nos permitan darle un mayor impulso a la protección de los derechos humanos, Asimismo, se adelantarán programas de atención humanitaria para la población civil desplazada por el conflicto, para las mujeres y para los niños víctimas de la violencia.

    Nuestra tercera gran estrategia es la lucha contra el narcotráfico y el fortalecimiento de la justicia. La meta es reducir en un 50% el cultivo, procesamiento y distribución de drogas ilícitas en los próximos seis años. La lucha contra el narcotráfico tiene un costo aproximado de 4.800 millones de dólares, de los cuales Colombia aporta de su propio presupuesto la mayoría de los recursos.

    La cuarta estrategia del Plan, es la búsqueda de una solución política negociada del actual conflicto armado para terminar con más de 40 años de confrontación. En esta vía los avances son claros y continuaré empeñado en alcanzar una solución por esta vía. El Plan en total invertirá 7.500 millones de dólares, de los cuales se espera que la comunidad internacional aporte 3.500 millones.

    Eso es nuestro Plan Colombia. Es un plan ante todo social y más que una soga para rescatar a un ahogado que patalea para no hundirse, es el astillero en el cual los colombianos estamos afianzando la construcción de las bases para una sociedad con justicia social, equitativa y en paz.
    En este proceso la Armada Nacional de Colombia juega un papel vital. Esta institución recientemente ha puesto en marcha una nueva unidad que actúa de forma oportuna y eficaz en la lucha contra el problema mundial de las drogas. Es la ya célebre brigada Fluvial de la Infantería de Marina que controla 8.000 kilómetros de ríos a lo largo del territorio colombiano.

    En seis meses de operación ha demostrado su efectividad en la lucha contra el tráfico de drogas ilícitas como la lucha contra la subversión. Esta brigada Fluvial ha logrado la incautación de más de 152 mil kilogramos de hoja de coca, de más de 3.700 galones de base de coca líquida y de 25 mil kilogramos de cocaína procesada.
    Hemos decomisado 30 mil galones de insumos líquidos, 26 toneladas de precursores sólidos, destruido 68 laboratorios clandestinos y detectado más de 1.300 hectáreas cultivadas de coca.
    En las operaciones de la Brigada Fluvial se han retenido 12 embarcaciones y 76 personas dedicadas a la producción, procesamiento y tráfico de drogas ilícitas, e incautado armas, municiones y más de 63 cilindros de gas utilizados por la insurgencia para el ataque a poblaciones y objetivos militares.
    Por ello, al poner de manifiesto la importante labor que cumple la Armada Nacional de Colombia, quiero ser enfático en que las Armadas del mundo y en especial las americanas deben trabajar hombro a hombro para atajar el narcotráfico y cerrarle el paso a sus nefastas consecuencias.

    En la lucha contra este flagelo mundial nadie puede ser ajeno y es necesario emplear las mejores estrategias para derrotar a este enemigo común de la humanidad. La imaginación y los recursos de los narcotraficantes son muchos, pero estoy seguro que con la estrecha colaboración y cooperación de las fuerzas navales, siempre dentro del principio del respeto mutuo, avanzaremos sustancialmente en esta batalla que libramos por el bienestar de la humanidad.

    El nuevo papel de las marinas en el siglo XXI, es también el de mantener la integridad y la unión para luchar juntas contra este flagelo, para evitar su penetración en nuestra sociedad y, en especial, para garantizar un mejor porvenir a nuestros hijos y a las futuras generaciones de americanos.

    Yo estoy convencido de que la otra gran misión que deben desempeñar las armadas de nuestros países, está en el desarrollo de proyectos científicos y tecnológicos que propendan por el progreso y el bienestar de los americanos y que de manera especial permitan preservar los recursos ecológicos de nuestros mares.
    En este sentido, La Armada Nacional de Colombia lidera proyectos de ciencia y tecnología entre los que sobresale el proyecto para lanzar al espacio un cohete que lleva un satélite de prueba, un proyecto para la construcción de un vehículo no tripulado y un programa piloto para el uso de energía no convencional en Puerto Leguízamo en el departamento del Putumayo. También, desde hace 10 años la Armada Nacional trabaja de la mano del doctor Jorge Reynolds, un sobresaliente científico colombiano en un proyecto de investigación que estudia el corazón del hombre a partir del comportamiento del corazón de las ballenas, empleando submarinos y equipos técnicos para este fin que beneficia a toda la humanidad.

    Ese gran potencial para el desarrollo de investigaciones científicas que maximizan el aprovechamiento de nuestros recursos, están puestas al servicio de las más anheladas metas de progreso y justicia social de nuestras naciones y sé que cada uno de los participantes tiene mucho que aportar a la discusión que abrimos hoy en Cartagena de Indias.

    Señores Comandantes de las Armadas Americanas:

    En las manos de ustedes reposan los ingredientes fundamentales para garantizar que el mar siga siendo el mayor proveedor del desarrollo de la humanidad, así como promotor de la paz y bienestar de nuestros pueblos.

    Aquí, en la ciudad amurallada los invito a trabajar en la revisión que ustedes mismos proponen de las misiones primarias de las Armadas que ustedes comandan de acuerdo con los actuales procesos de globalización y de armonización de la economía y la justicia social.

    Recordemos hoy que el Libertador Simón Bolívar, en las Cartas de Jamaica, expresó su pensamiento sobre la unidad americana reconociendo las diferencias evidentes entre las distintas naciones del continente, y declaró su deseo de formar una sola nación donde reinara la libertad. “La unión (de nuestras naciones) no vendrá por prodigios divinos sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”. Con este esfuerzo que realizan las Armadas del continente americano, el sueño de Bolívar se convierte parcialmente en una realidad.

    Estoy seguro de que esta conferencia será de gran provecho para cada uno de nosotros y que servirá para que nuestras armadas se apoyen mutuamente, dentro de los contextos de la globalización y la cooperación entre nuestros pueblos para garantizar que nuestros mares continúen siendo la plataforma donde se escribe la bitácora de apoyo a la integración.

    Al ver los rostros de los mejores marinos de América, he confirmado la sentencia que dice: “La vida es como un viaje en el mar: hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco”.

    Todos aquí tenemos la responsabilidad de guiar a nuestras naciones hacia un puerto seguro, donde lleguen los barcos del progreso, empujados por los vientos de la amistad y la cooperación entre nuestros pueblos.


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    27 de marzo de 2000

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