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    Inauguración de la exposición de Ana Mercedes Hoyos

    Como Presidente de Colombia es motivo de doble satisfacción inaugurar esta espléndida exposición de Ana Mercedes Hoyos. Por una parte, se trata de una de las artistas más sobresalientes en el panorama de la plástica  colombiana de las últimas décadas, y por otra parte, la muestra tiene lugar en el Museo de José Luis Cuevas, gran amigo de Colombia y un artista que, desde los tiempos de Marta Traba, se convirtió en uno de los más admirados por el público de mi país.

    Pero además, me complace especialmente el hecho de reunir en esta exposición obras de Ana Mercedes que hacen parte de colecciones mexicanas y norteamericanas. Ello es un claro indicio de que el avance cultural latinoamericano se halla en marcha. Hasta hace poco, el público de América Latina estaba más enterado del desarrollo artístico europeo o estadounidense, que de lo que sucedía en los demás países del área. Se conocía mucho mejor la historia del arte de otros continentes que la propia, y por lo tanto, se coleccionaba más su producción pictórica y escultórica que la de nuestros países. Hoy, esa actitud ha empezado a cambiar, y así lo demuestra el número e importancia de las obras de esta artista colombiana, las cuales fueron descolgadas -para esta exposición- de las residencias de los amantes del arte en los Estados Unidos de México quienes siempre han sabido reconocer la imaginación y la creatividad.

    Encuentro en las pinturas de Ana Mercedes múltiples lecturas. Son, en primer lugar, bodegones compuestos por frutas tropicales en una feliz combinación de formas y colores. Algunas frutas se presentan abiertas mostrando su jugoso interior y trayendo a la mente la variedad de sabores y de olores que -como el de la guayaba de que hablara García Márquez son característicos de la vida cotidiana en buena parte de los países de la región. Se trata, además de bodegones presentados al aire libre, y que se ubican frente al Caribe, ese mar que ha suministrado buen número de valores y matices a nuestra idiosincrasia.

    Me atrae también de la pintura de Ana Mercedes que sea tan cuidadosa y pulcra, que su textura sea impecable, sus colores radiantes, y sus composiciones exigentes. Todo ello implica sensibilidad, responsabilidad artística y talento. Pero lo que más me agrada y admiro de su obra, es su carácter de testimonio sociológico. Sus pinturas constituyen un documento sobre la vida, valores y predilecciones estéticas de un grupo étnico y social que ha hecho invaluables aportes a la cultura nacional, y que sólo esporádicamente ha recibido la atención de los artistas. Se trata de “las palenqueras”; es decir de las mujeres de San Basilio de Palenque, una población cercana a Cartagena, creada en el período colonial por esclavos evadidos, cuyos habitantes han preservado a través de los siglos muchas de las nociones, y actitudes que sus antepasados trajeron consigo de sus respectivas culturas en África.

    Las palenqueras recorren con ritmo cadencioso y gracia costeña las playas de Cartagena -una de las ciudades más antiguas y hermosas de este hemisferio, la cual fue declarada patrimonio de la humanidad- ofreciendo frutas para la sed de los turistas que se deleitan en el mar o en la apreciación de sus reliquias arquitectónicas. Es decir, los bodegones de Ana Mercedes son realmente representaciones de los instrumentos de trabajo de las palenqueras, quienes vuelcan todos los conocimientos y tradiciones ancestrales en la manera como cortan las frutas, las combinan y las disponen en los recipientes.

    También la manera como se sientan, como se relacionan unas con otras, y sobre todo, las exuberantes combinaciones de sus ropas de llamativos estampados florales perceptivamente reproducidas en las obras de esta exposición, son detalles elocuentes acerca de la personalidad de estas valientes mujeres, de sus costumbres laborales, de su organización social y de su satisfacción por el calor y por la luz. En este sentido, es posible afirmar que, además de que se trata de una pintura impecablemente ejecutada y poderosamente sugestiva, la obra de Ana Mercedes permite vislumbrar el profundo arraigo de los valores y creencias de una comunidad no muy conocida, pero sí muy importante en el entramado con que puede compararse étnica y culturalmente la sociedad colombiana.

    Quiero, al terminar estas breves palabras, resaltar la presencia de los empresarios colombianos que nos están acompañando en esta visita a México. Hoy ha sido para ellos un día de reuniones empresariales y mañana continuaremos conjuntamente nuestras jornadas de trabajo. La labor que ellos han realizado redundará en grandes beneficios para nuestras relaciones comerciales.

    Gracias a José Luis Cuevas por el cálido recibimiento que ha brindado su bello museo a la obra de una gran artista de Colombia. Gracias a los coleccionistas por permitimos apreciar trabajos de Ana Mercedes que ya habían salido de circulación y que ahora expresan también el gusto y la sensibilidad de sus afortunados poseedores. Y muchas gracias, sobre todo, a Ana Mercedes Hoyos, por haber creado ese mundo maravilloso –que estemos donde estemos- siempre nos recuerda, tanto la belleza de la Patria, como el fértil mestizaje donde se origina la inigualable riqueza cultural de América Latina.


    Lugar y fecha

    Ciudad de México, México
    7 de diciembre de 1998

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