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  • ARTÍCULO DE ENRIQUE SANTOS CALDERÓN SOBRE EL PRESIDENTE PASTRANA

    ARTÍCULO POR ENRIQUE SANTOS CALDERÓN, CODIRECTOR DE “EL TIEMPO”

    El presidente Pastrana y yo estudiamos en el mismo colegio en Bogotá –aunque yo iba unos años adelante, debo confesarlo-. Y para ser sincero, yo nunca me imaginé que ese compañero simpático y de buen humor fuera a convertirse en el presidente de Colombia para el fin del milenio.

    Claro que él era el hijo del entonces presidente Misael Pastrana, y gracias a su amistad mis primos, mi hermano y yo pudimos jugar y escuchar música en el palacio presidencial, cuando apenas comenzaba la década de los 70’s.

    Además, Andrés Pastrana tenía también otras inquietudes que de alguna manera presagiaban su futuro en la vida pública. Siendo apenas un estudiante convocó a los bogotanos a una caminata de solidaridad a favor de los más necesitados, que fue un verdadero éxito y que todavía hoy sigue realizándose año tras año.

    Andrés Pastrana se graduó como abogado y se especializó en Derecho Público, pero todos sabemos que su verdadera vocación, aquella que le brota del alma, es la del periodismo.

    Por eso no resultó extraño verlo incursionar con entusiasmo en los medios de comunicación audiovisuales, donde empezó como “cargaladrillos”, haciendo informes y entrevistas, hasta terminar presentando y dirigiendo un noticiero de altísimo rating. Precisamente, un informe suyo se hizo merecedor del Premio Rey de España en la modalidad de comunicaciones.

    Y siendo aún periodista y ya candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá, Andrés Pastrana tuvo que soportar, como muchos otros colombianos, los rigores del secuestro por parte de los narcotraficantes, una circunstancia difícil que marcó su vida y despertó la solidaridad de todos sus compatriotas.

    El presidente Pastrana se precia de no haber sido nunca nombrado en un cargo público, sino de haberlos ganado en elecciones populares. Y tiene razón: Fue el primer alcalde electo por votación popular en Bogotá y luego fue senador de la república, encabezando un movimiento político suprapartidista, para luego lanzarse a la competencia por la presidencia de la república.

    Cuando fue derrotado por escasísimo margen en su primer intento por llegar a la presidencia, obró con entereza y gallardía y, -asumiendo una posición que fue incomprendida por muchos-, ayudó a destapar la “olla podrida” de la infiltración del narcotráfico en la política.

    Esta actitud generó un proceso de depuración sin precedentes en la política colombiana, que aún hoy sigue avanzando.

    Pero parte del coraje del presidente Pastrana viene de la solidez de su núcleo familiar. Porque si algo de bueno le debe el presidente Pastrana a mi familia es que mi hermano Juan Manuel le haya presentado a Nohra, quien hoy es su esposa y una primera dama “de primera”.

    Alguna vez al presidente Clinton le pidieron que se definiera a sí mismo y él dijo que él era el “esposo de Hillary”. Yo sé que a Andrés Pastrana también le gustaría que hablaran de él como del “esposo de Nohra”, porque ella ha conformado con él una bella familia y lidera con convicción y mucho trabajo los principales programas sociales del gobierno.

    Con Nohra tienen tres hijos: dos jóvenes adolescentes, Santiago y Laura, y una pequeñita de tres años, Valentina, que nació en un momento difícil de la vida del presidente Pastrana, después de perder su primer intento por llegar a la presidencia y cuando falleció su padre y consejero, el expresidente Misael Pastrana.

    Por eso Valentina fue un motivo de especial regocijo para Andrés Pastrana, Nohra y sus dos hermanos mayores, y se pasea sonriente y tranquila por todos los pasillos del palacio presidencial. Como lo afirma el mismo presidente –y como lo puede constatar cualquiera que vaya a visitarlo-, Valentina es la única que puede interrumpirlo en cualquier circunstancia, por solemne que sea.

    Colombia, ustedes lo saben, atraviesa por una situación difícil de orden público y también ha tenido un complicado momento en su economía. Y es que el país que recibió el presidente Pastrana en agosto de 1998 no era propiamente un jardín de rosas sino un enorme desafío para cualquier gobernante.

    Yo sé que el mismo Andrés Pastrana, -el periodista-, a pesar de su buena capacidad de diálogo y comunicación, a veces encuentra difícil hacer entender a sus interlocutores la tremendamente compleja situación de Colombia, que no puede ser resumida por un análisis facilista.

    Muchas veces yo no he acompañado al presidente Pastrana en sus posiciones políticas, pero debo reconocer que esto no ha sido óbice para el mantenimiento de una buena amistad.

    En todo caso, yo creo que nadie puede desconocer –ni en el país ni el exterior- su formidable obstinación por alcanzar la paz en Colombia y su compromiso por resolver las situaciones de pobreza y de violencia, en buena parte incentivadas por el narcotráfico.

    Además, su instinto de periodista le ha permitido dar un enfoque nuevo a los problemas nacionales y generar un mensaje de esperanza y una visión de futuro que hace mucho no se tenía en el país.

    Al presidente Pastrana, -al periodista, al abogado, a mi compañero de colegio, al esposo de Nohra, al papá de Valentina-, le quedan retos inmensos por resolver, a los cuales siempre responderá con optimismo y valor, dos cualidades que lo caracterizan.

    Sólo al final de su mandato, en el año 2002, sabremos si fue mejor presidente que periodista o si fue mejor periodista que presidente. Dios quiera, por el bien de todos los colombianos, que sea un triunfador en ambos campos.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2000

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