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  • “AZUCAR” FUENTE DE RECONCILIACIÓN

    Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, en el acto de condecoración con la Medalla al Mérito Cultural a Celia Cruz

    Casa de Nariño, 4 de marzo de 1999.

     Solo una palabra describe todo lo que Celia Cruz significa para el mundo: Azucar. Ella es azúcar de la más pura, la que lleva por dentro todos los soles del trópico, toda la caña, todo el ron, todo el sabor, toda la fuerza de Cuba, toda la tradición de esa África negra que multiplicó nuestra diversidad.

    Ella, que todos los días de la vida le agradece a Dios y a los santos por su suerte, no sabe que cuando lo hace, está dando gracias por la suerte que hemos tenido todos nosotros de contar con su voz. Hoy, cuando más necesitamos tener presente entre nosotros la esperanza, una canción suya nos recuerda, “que todo aquel que piense que la vida siempre es cruel, tiene que saber que no es así, que tan solo hay momentos malos. (Que) todo pasa”. La verdad, sus canciones tienen el poder de hacernos trascender la realidad inmediata y de comunicarnos con todos aquellos aspectos que hacen parte esencial de nuestra memoria e identidad y que son motivo de fiesta.

    SU AZÚCAR es fuente de reconciliación. Y es tal vez por ello que al proceso de paz y a todos los que estamos construyendo para el país unas condiciones más justas, más equitativas y más humanas, nos vendría muy bien acudir cada vez más a sus canciones con el fin de obtener de ellas la fuerza que nos permita seguir tan firmes y dis- puestos en este propósito como cuando usted se sube a un escenario y no para de bailar, ni de cantar, ni de mover el mundo entero con su alegría.

    Usted, que es la voz de este Caribe, ese lugar del mundo donde con- fluyen todas las culturas y con ellas, todas las posibilidades de la diversidad, ha hecho con la música lo que Gabriel García Márquez con la literatura: una forma de expresar la identidad de este mundo alucinante donde todo, absolutamente todo, puede ocurrir y ser posible. Donde la realidad va más lejos que la imaginación. En uno de sus textos dice: “Yo nací y crecí en el Caribe. Lo conozco país por país, isla por isla, y tal vez de allí provenga mi frustración de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea más asombroso que la realidad. Lo más lejos que he podido lle- gar es a trasponerla con recursos poéticos, pero no hay una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”.

    Hay un texto de Gabo que dice: “A lo que más se parece un teatro a la hora de matinée, es a un museo. Ambos tienen un aire helado, una quietud funeraria. Y sin embargo, las tres de la tarde es la hora que prefieren para asistir al cine los verdaderos cineístas”. Es lo mismo que ocurre con los verdaderos celiaístas, que se vinieron esta tarde de frío al Palacio de Nariño, con su disco bajo el brazo, para que usted después los firme y selle definitivamente su adhesión eterna a su música.

    El Caribe, en palabras de otro gran escritor nuestro, Héctor Rojas Herazo, nos impone un sabor y un estar en el mundo que sentimos más profundamente cuando la escuchamos cantar: “Los sentidos allí están al rojo vivo. La realidad es tan mordiente y tan perentoria que resulta irreal”. Esa fuerza de la cultura caribeña ha entrado gracias a usted en los circuitos de la globalización imponiéndose con toda su tradición, con toda su originalidad, con toda su sensualidad y con todo el poder que tiene de convencer al que sea de que la vida, definitivamente, sí es una hermosura, que la vida es un carnaval y que es más bello vivir cantando.

    Sé de los profundos sentimientos de cariño que siente usted por nuestros músicos. Hoy, cuando le rendimos homenaje, no puedo dejar de nombrar a algunos de ellos que también han compuesto o interpretado este Caribe maravilloso. Matilde Díaz, su amiga entrañable, Lucho Bermúdez, Leandro Díaz, Rafael Escalona, Alejo Durán, Luis Enrique Martínez, Pacho Rada, Pablo Flórez, Luis Carlos Meyer, Pacho Galán y Totó La Momposina, quienes como usted, recorren el mundo, llevando noticias de este Caribe profundo y misterioso.

    Gracias por llevarnos en su corazón y por resolver en ellas todas las diferencias que pueden existir entre nosotros. Colombia entera vibra con CELIA


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    4 de marzo de 1999

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