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  • ¡BIENVENIDOS A LA LIBERTAD HÉROES DE COLOMBIA!

    AVANCES DE LA PAZ Y LA LIBERACIÓN DE SOLDADOS Y POLICÍAS POR LA GUERRILLA  

     ¡Bienvenidos a la libertad, héroes de Colombia! ¡Bienvenidos al seno de sus familias, al abrazo de sus compañeros, a la orientación de sus superiores, al cariño de todos sus compatriotas que los esperábamos desde hace tanto tiempo!

    Hoy, en esta base militar donde se entrenan los Hombres de Acero de Colombia, me siento muy feliz al estrecharlos y acompañar su liberación en nombre de millones de colombianos que hemos estado pendientes de ustedes y del dolor de sus familias, que hoy, por fin, se alivia con su presencia.

    Hoy es un día de sentimientos encontrados, y quiero aprovechar para expresar la posición de mi gobierno sobre los últimos acontecimientos que se han producido en el proceso de paz que adelantamos con las FARC.

    En el camino de la guerra que ellos se empeñan en mantener contra todos los pedidos, no sólo de la opinión pública nacional sino también de la internacional, lamento la muerte de los 30 soldados, héroes de nuestro país, que dieron su vida por defendernos en el brutal ataque a la base de Coreguaje en el Putumayo el pasado fin de semana. Ofrecemos a Dios una oración por su eterno descanso.

    En este ataque cobarde, -y a pesar de los muertos-, la guerrilla pudo sentir una vez más la fuerza y capacidad de respuesta de nuestro Ejército, que dio de baja a un gran número de guerrilleros y frustró nuevamente el secuestro de soldados.

    Además de lamentable, causa desconfianza y merece el rechazo de los colombianos que, en medio de las buenas noticias y avances del proceso, como el que se presenta el día de hoy con la entrega parcial de policías y soldados que estaban secuestrados, la cúpula de las FARC, a través de distintos voceros, manifieste su abierta intención de seguir secuestrando, atacando y llevando la guerra a las ciudades, -cosa que nunca han dejado de hacer-, desafiando el límite de la fe y paciencia de mi Gobierno y de la ciudadanía.

    Lo que las FARC están consiguiendo con sus declaraciones, que pretenden crear zozobra, es generar una enorme solidaridad en la que los colombianos, cansados de esta historia sin final aparente, nos unimos en un frente común para impedir que nos derroten con palabras y actos amenazantes que contradicen lo que estamos esperando del avance de las conversaciones de paz.

    Y están consiguiendo también el aumento de  la confianza y total solidaridad de los colombianos frente a nuestras Fuerzas Armadas que, cada día más fortalecidas y preparadas, los están derrotando en el campo de la guerra y en los enfrentamientos que equivocadamente siguen planteando.

    Hoy y aquí, en Tolemaida, celebramos emocionados la nueva entrega parcial de los policías y soldados que tenía secuestrados las FARC y rechazamos enérgicamente que civiles al margen del conflicto y muchos miembros de nuestras fuerzas armadas continúen privados de su libertad a través de una práctica atroz e inhumana como es el secuestro.

    Mi gobierno aceptó que la devolución de policías y soldados fuera parcial y no total,  principalmente para acabar con su maltrato y con el dolor y la lucha de sus familias por volverlos a tener sanos y libres en sus hogares, como tiene que ser.

    Manifiesto mi repudio sobre la manera como han sido  tratados durante su cautiverio, el modo brutal como los  movilizaron y la forma inhumana como seleccionaron a los que recuperaron su libertad, ocasionándoles daños emocionales irreparables, que son más graves aún en los que continúan secuestrados.

    Lo que los colombianos de bien han podido apreciar a través de las imágenes es uno de los peores excesos de degradación de la condición humana a los que se puede llegar cuando la guerrilla desconoce las normas mínimas del Derecho Internacional Humanitario.

    Todos coincidimos en que esta entrega no es un gesto suficiente de paz y en que no vamos a  descansar hasta que  todos los secuestrados, -civiles y de nuestras Fuerzas Armadas-, regresen sanos y salvos a sus familias y se acabe de una vez por todas este cruel delito de ponerle precio a la vida de las personas.

    La libertad no es un favor; es un derecho natural que todos tenemos. Tampoco la liberación de hoy es una victoria ni un gesto humanitario de las FARC que nos impida ver la realidad en medio de la euforia por la devolución de los policías y soldados.

    Quienes insisten en secuestrar desconocen y violan los más elementales derechos del ser humano. Es inconcebible que las FARC y los demás grupos subversivos, después de tanto tiempo, sigan creyendo que la comisión de este delito atroz es una práctica revolucionaria. Hace 15 años ya se los reprochaba Alberto Rojas Puyo en sus cartas enviadas a Jacobo Arenas. En una de ellas le decía lo siguiente:

    “La práctica del secuestro y de la extorsión sigue causando verdaderas calamidades. (…) Todo esto que hace tanto daño a la izquierda y a la democracia debiera terminarse ya. Me parece que si hay gentes de las FARC que continúan secuestrando y extorsionando, la organización obtendría mayor ventaja política excluyéndolos públicamente que optando por consideraciones que pueden causar daño irreparable al proceso de avances democráticos en que estamos empeñados”.

    ¡No, señores! ¡No podemos ni vamos a tolerar el secuestro ni a los secuestradores! ¡No podemos aceptar el cinismo de quienes pretenden esconder su inhumanidad detrás de razones económicas o llamando cobro de impuestos a sus delitos contra la libertad! ¡No podemos admitir que las FARC denominen a sus compatriotas “empresa ganadera Colombia” como si sus vidas se pudieran traficar como ganado!

    Estamos preparados para enfrentarnos a los guerrilleros de las FARC en todos los campos: en el de las conversaciones civilizadas que propongan soluciones definitivas para la paz de  nuestro país, como mi gobierno ha ofrecido con infinita paciencia, pero también en el de la guerra que ellos están anunciando y realizando, como fue el caso de la cárcel La Picota de Bogotá el sábado pasado.

    Y no vamos a retroceder. Queremos la paz en paz y no en  medio de la guerra. Les anuncio a todos los grupos alzados en armas que estamos preparados para enfrentarlos con unas Fuerzas Militares y una Policía que, como nunca antes, están fortalecidas, muy bien entrenadas y armadas para derrotarlos y poner fin a este largo conflicto.

    Es preciso que la guerrilla de las FARC, la del ELN y las autodefensas entiendan, como ya lo entendió el mundo entero y lo entendimos todos los colombianos, que queremos la paz, que el futuro próspero para Colombia con justicia social en el siglo XXI sólo es posible en un ambiente de paz.

    A todos los miembros de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que han regresado de esta terrible situación les debemos la máxima gratitud de la Patria. Nada podrá compensar el tiempo transcurrido sin libertad, pero ustedes saben que el cariño de sus compatriotas los seguirá donde quiera que vayan, así como los acompañó durante todo el cautiverio.

    Hoy hemos comprobado que en nuestro país sí se puede llegar a acuerdos de paz.  Su libertad es la prueba palpable de ello.

    Ahora nos queda seguir trabajando hasta cuando el último soldado o civil recupere su libertad. ¡Tampoco a ellos los olvidaremos!

    Todos unidos hoy le decimos a los violentos, a los intolerantes, que ¡no vamos a bajar la guardia! Colombia -con la fuerza de todos y cada uno de nosotros, con el aporte renovado de quienes hoy recuperan su libertad- seguirá empeñada en conseguir la paz y en alcanzar la felicidad y la tranquilidad que merecemos.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cundinamarca, Colombia
    28 de junio del 2001

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