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  • BUSCAMOS CONSOLIDAR HOY Y HACIE EL FUTURO UN SALÓN DE ARTISTAS DEMOCRÁTICO, ABIERTO Y DESCENTRALIZADO

    Imaginen que caminan por un corredor blanco, vacío, pulcro y silencioso, como salido de una escena de “la Naranja Mecánica” de Stanley Kubrick. De pronto este pasillo desemboca en una sala austera, de un cuadrado perfecto, en cada una de cuyas paredes impecables cuelga una obra de arte.

    Echemos un vistazo. En la primera pared, bajo el rótulo 1940, está la figura melancólica y expresiva de una anciana sentada con las manos sobre el regazo, mirando a la lejanía o tal vez abstraída en sus pensamientos, una anciana con chal gris y una inmensa tristeza en la mirada. Podría ser nuestra abuela, o tal vez nuestra madre, instalada en sus recuerdos como si pasaran uno a uno frente a sus ojos. Es la “Madre del Pintor” que dio el triunfo en el Primer Salón Nacional de Artistas, convocado hace 61 años, a Ignacio Gómez Jaramillo.

    Pasemos ahora a la otra pared. Bajo el número 1942 encontramos una imagen cautivadora y asombrosa. En medio del claroscuro que produce la luz que pasa a través de unos vitrales religiosos, sobre un manto púrpura, una mujer desnuda y embarazada duerme y reta nuestros sentidos con su actitud natural y desafiante a la vez. Es “La Anunciación” de Carlos Correa, un cuadro del que Emilia Pardo Umaña dijo: “Es espantoso e indecoroso, por añadidura”, pero que hoy representa un hito en la pintura colombiana de mediados del siglo XX, un hito que podemos visitar en el renovado Museo de Antioquia.

    Tercera pared. 1958. Allí admiramos “La camera degli sposi”, “La Alcoba Nupcial”, de Fernando Botero, un joven pintor antioqueño que obtuvo con esta obra el galardón del Décimo Primer Salón Nacional de Artistas y que ya había obtenido un segundo lugar en 1952, cuando, con sólo 20 años de edad, ganó setecientos pesos que le permitieron viajar a Europa, donde perfeccionó sus estudios de arte. En este cuadro, Botero, con seis rotundos personajes en sepia, hace un homenaje al célebre pintor italiano del Renacimiento Andrea Mantegna. ¡Cuánto tenía para dar al mundo ese incipiente talento que hoy enorgullece a Colombia y cuánto pudo hacerlo gracias, entre otras razones, a su fe y perseverancia en el Salón de Artistas!

    Sigamos a la cuarta y última pared. Al principio nos asombrará, luego nos chocará; tal vez nos produzca lágrimas o un profundo sentimiento de dolor. Porque allí está, bajo el rótulo 1962, la “Violencia” de Alejandro Obregón. Otra vez, como en “La Anunciación” de Correa, se trata del desnudo de una mujer embarazada, cuyos pechos y vientre se perfilan en el horizonte nebuloso como si fueran montañas. Pero esta mujer no duerme. Esta mujer está muerta o herida de muerte y su sangre nos conmueve, porque es la muerte del futuro, la muerte de un país que tiene dentro de sí la promesa de una nueva vida. La “Violencia” de Obregón nos interpela y nos conmueve, sobre todo en estos tiempos cuando los insensatos insisten en manchar de sangre una nación que está destinada a la esperanza.

    Sigamos adelante. Se abre una puerta, como si apareciera de la nada, y nos enfrentamos a un laberinto mágico, lleno de insinuaciones y de significados, donde pudiéramos perdernos para siempre. Arriba, iluminado por una tea, vemos un número: 1992, y entonces entendemos que nos hemos adentrado en “El Hilo de Ariadna”, la cautivante obra de Enrique Vargas.

    Culminando el laberinto se abre un amplio espacio luminoso y en él, como si se tratara de una publicidad subliminal, se observa al fondo una figura clara y divertida. Es una casita roja, con chimenea y antejardines, y una puerta amarilla por donde no podemos entrar. “La casita roja… de un cuento de hadas”. Y entonces sabemos que estamos llegando al presente, pues se trata de una instalación de Wilson Díaz que recibió el primer premio compartido en el más reciente Salón Nacional de Artistas, celebrado en Bogotá en 1998.

    ¿Qué viene ahora?, nos preguntamos. Porque lo que pudimos ver en este recorrido simbólico ha sido tan sólo un breve pincelazo de lo que ha significado la evolución de las artes plásticas a través de 37 Salones Nacionales de Artistas desde 1940 hasta 1998. Ciertamente, han sido muchos más los que pasaron por este escenario para la interrelación, la promoción y el conocimiento del nuevo arte en Colombia.

    Si hubiéramos tenido más tiempo y espacio nos hubiéramos topado, tal vez, con las esculturas de Miguel Sopó, Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Feliza Bursztyn o Carlos Rojas, entre otros.

    Con algo más de paciencia, habríamos podido ver, seguramente, las pinturas, realistas o abstractas, de Luis Alberto Acuña, Enrique Grau, Lucy Tejada, Manuel Hernández, Omar Rayo, Beatriz González, Darío Morales, Juan Antonio Roda, Maripaz Jaramillo, Santiago Cárdenas, Ana Mercedes Hoyos o Gustavo Zalamea, entre tantos que nos evocan todo un universo de colores, imágenes y texturas.

    O, quizás, nos hubiéramos deslumbrado con los grabados de Augusto Rendón; los tapices anudados de Olga de Amaral, o las fotografías, los audiovisuales, las instalaciones y los performances de Fernell Franco, Doris Salcedo, María Teresa Hincapié, Nadín Ospina, Fernando Arias, Alfonso Suárez, Luis Fernando Roldán, Mario Opazo ó Alejandro Ortiz.

    ¡Cuánto arte ha pasado por estos Salones! ¡Cuántas manos creativas y creadoras convirtiendo los materiales en imágenes y sugerencias, en testimonio y evocación!

    Ahora hemos arribado, con el impulso dinámico del Ministerio de Cultura, a la Trigésima Octava Edición del Salón Nacional de Artistas, y lo hemos hecho nada menos que en esta hermosa y vital ciudad de Cartagena de Indias, que es, ella misma, otra obra de arte.

    En este Claustro de la Merced, en el Museo de Arte Moderno de Cartagena y en el Baluarte de Santa Catalina vamos a conocer el “Estado del Arte” en Colombia -que es distinto, y a menudo lo opuesto, que el “Arte del Estado”-.

    No queremos más salones oficiales, como aquellos que en el siglo XIX rechazaron en Francia las obras de Monet, de Manet, de Pissarro o de Sisley, por considerarlas contrarias al buen gusto imperante. Lo que estamos buscando es consolidar hoy y hacia el futuro un Salón Nacional democrático, abierto y descentralizado donde quepa, sin discriminaciones ni preferencias, lo más característico del arte plástico a lo largo y ancho del país.

    En esa dirección, dentro del objetivo fundamental de descentralizar la cultura, hemos convocado, por segunda vez en su historia, este Salón en Cartagena. Además, lo que veremos expuesto será el resultado de la realización de 7 Salones Regionales que cubrieron todo el territorio nacional, donde participaron más de 1.600 artistas, de los cuales llegamos a los 65 seleccionados que hoy exponen sus obras ante el público nacional e internacional.

    Hemos querido privilegiar, igualmente, el sentido del Salón Nacional de Artistas como un Salón de artistas emergentes que dé cuenta de los nuevos caminos que se van abriendo en la plástica nacional, tal como ha sido su tradición.

    Además, el Ministerio de Cultura ha realizado un especial esfuerzo para elaborar una reglamentación de los Salones Regionales entre el próximo año y el año 2003, y del Trigésimo Noveno Salón Nacional de Artistas que se celebrará dentro de dos años. Esta reglamentación no la queremos hacer solos y por eso la hemos puesto a consideración y discusión de los artistas y todas las instancias interesadas, para que de ella surja el más transparente y representativo mecanismo para destacar la obra de los nuevos artistas del país.

    Apreciados amigos del arte y la cultura:

    Es bueno venir a Cartagena a ver arte, a oler a arte, a sentir la nueva vida del arte colombiano. Y lo es más, si podemos entregar buenas noticias para el desarrollo del arte en esta Ciudad Heroica.

    Todos sabemos sobre la gran importancia que tiene la Escuela Superior de Bellas Artes que, por más de 112 años, ha enriquecido el desarrollo artístico y cultural de Cartagena y de Bolívar y que hoy, convertida en Institución de Educación Superior, se proyecta como bastión de la cultura colombiana.

    Convencido del potencial de la Escuela, mi Gobierno contribuyó a hacer realidad un sueño: permitirle que ofrezca programas profesionales. Sin embargo, la Escuela, a pesar de la dedicación de sus directivos y del compromiso de las autoridades regionales, atraviesa momentos difíciles que reclaman el apoyo de todos.

    El Gobierno Nacional cree en la Escuela Superior de Bellas Artes, pero también deben hacerlo los bolivarenses y cartageneros. Por eso, con el propósito de evitar su cierre, y en el marco del programa de saneamiento que impulsan el Ministerio de Educación y el Icfes, la Nación incluyó en la reciente adición presupuestal 800 millones de pesos para apoyar a la Escuela, los cuales llegarán a la institución antes de terminar el año.

    Éste es un aporte muy importante que el Gobierno Nacional realiza a Cartagena para salvar un patrimonio educativo de su arte y su cultura. Sin embargo, debe ser claro que la Nación no va a asumir en el futuro la financiación de la Escuela, pues esa es una responsabilidad regional. Lo que vamos a entregar es un apoyo para que se ponga al día con las más apremiantes obligaciones y cubra los costos laborales en el primer semestre del próximo año, cuando la Gobernación, como se ha acordado con el señor Gobernador del Departamento, debe reasumir a plenitud su compromiso financiero con la institución.

    Con esta buena noticia quiero hacer un homenaje a una ciudad que nos acoge siempre cálida y generosa, como acoge hoy ilusionada el arte de los nuevos artistas de Colombia.

    Estimados amigos:

    Estaremos satisfechos si la exposición de este Salón Nacional de Artistas “logra provocar en torno de ella una sana agitación que reintegre (..) la preocupación estética al plano eminente que por derecho le corresponde.

    “La intervención del pueblo en este episodio cultural no debe circunscribirse a la situación pasiva del mero espectador. Por el contrario: su función esencial debe ser la de juez de conciencia que tiene que decidir, en última instancia, si hay o no un arte propio”.

    Con las anteriores palabras, pronunciadas el 17 de noviembre de 1940, el entonces Ministro de Educación Jorge Eliécer Gaitán declaró inaugurado el Primer Salón Nacional de Artistas del país.

    Hoy, seis décadas después, cuando la “Madre del Pintor” de Gómez Jaramillo ha sido reemplazada en el imaginario colectivo por las “Fallas de Origen” de Wilson Díaz o los Simpsons precolombinos de Nadín Ospina, esas palabras siguen vigentes: Nuestro objetivo es devolver la preocupación artística al plano eminente que, por derecho, le corresponde.

    Ahora regresemos al escenario imaginario donde les pedí que camináramos al inicio de estas palabras. Ya vimos a Obregón y a Botero, ya salimos del laberinto del “Hilo de Ariadna”. Ahora estamos enfrentados a la puerta amarilla de la casita roja. Tal vez ya sea posible abrirla… En efecto… ¡se abre! ¿Y qué tenemos ante nosotros? Las obras de 65 artistas que representan el nuevo arte de Colombia. Vamos a verlas, vamos a palparlas, vamos a sentirlas, para que en otros sesenta años los colombianos del futuro recuerden que en Cartagena de Indias, en medio de una feliz expectativa, se dio a la luz ¡el Primer Salón Nacional de Artistas del Tercer Milenio!

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    8 de diciembre del 2001

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