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  • “Los primeros españoles que vinieron al Nuevo Mundo vivían aturdidos por el canto de los pájaros, se mareaban con la pureza de los olores y agotaron en pocos años una especie exquisita de perros mudos que los indígenas criaban para comer. Muchos de ellos, y otros que llegarían después, eran criminales rasos en libertad condicional, que no tenían más razones para quedarse. Menos razones tendrían muy pronto los nativos para querer que se quedaran.

    (…) Pero su corazón (el de los españoles) perdió los estribos cuando descubrió que sus narigueras (las de los nativos) eran de oro, al igual que las pulseras, los collares, los aretes y las tobilleras; que tenían campanas de oro para jugar, y que algunos ocultaban sus vergüenzas con una cápsula de oro. Fue aquel esplendor ornamental, y no sus valores humanos, lo que condenó a los nativos a ser protagonistas del nuevo Génesis que empezaba aquel día. Muchos de ellos murieron sin saber de dónde habían venido los invasores. Muchos de éstos murieron sin saber dónde estaban. Cinco siglos después, los descendientes de ambos no acabamos de saber quiénes somos”.

    Comienzo mi intervención con esta hermoso e iluminador texto de Gabriel García Márquez que se llama, precisamente, “No acabamos de saber quiénes somos”, porque pienso que nos puede dar un contexto ideal para el tema de las migraciones que hoy nos convoca.

    En efecto, todos los aquí presentes somos hijos y resultado de varios procesos migratorios que confluyeron en nuestros países. Por una parte, la migración de los españoles a América, a la que se refiere Gabo, una empresa insólita en la que miles y miles de europeos, huyendo de un oscuro pasado o ambicionando un futuro de riqueza, se aventuraron en inciertas carabelas sobre las olas indómitas del Atlántico para conquistar y colonizar tierras desconocidas. Por otro lado, si vamos mucho más atrás en la historia, la migración de los primeros pobladores del continente, venida de las estepas siberianas, por sobre las aguas congeladas del estrecho de Bering, en lo que constituyó, tal vez, la primera gran aventura migratoria del ser humano.

    De esos dos grupos históricos y étnicos, de esos dos viajes descomunales, nació la esencia del hombre americano. A ellos hay que sumar, por supuesto, la migración obligada a que se fueron sometidos los pueblos africanos bajo la ignominiosa figura de la esclavitud y las diversas oleadas de migración que se vivieron en el siglo XX, como producto de conflictos tan terribles como la Guerra Civil Española y las dos Guerras Mundiales.

    De todos estos procesos, de todos estos orígenes, de todas estas razas, somos nosotros el resultado. Formamos parte de América Latina, un subcontinente eminentemente mestizo, producto incomparable de sucesivas migraciones.

    En palabras del lúcido ensayista, y ahora novelista, William Ospina, “¡Qué difícil es definir a América Latina! Puede decirse que es la única región del mundo que fue realmente europeizada, en la medida en que ni África ni Asia, a pesar de la colonización, quisieron conservar la cultura europea. Pero a diferencia de los Estados Unidos aquí no sólo fueron transplantados el sueño europeo y la vigilia de África sino que se conservó en gran medida el mundo americano. En esa condición mestiza reposa la singularidad del continente. Mestizo significa mezclado, pero también confundido. Y escindido”.

    Pensamos muchas veces que la migración es un fenómeno excepcional o que corresponde a las difíciles circunstancias de los países en vías de desarrollo en los tiempos actuales, pero, como queda visto, la migración es un hecho innato a la condición humana que ha marcado no sólo nuestra historia sino la de todos los pueblos y naciones del mundo.

    Desde la edad de piedra hasta nuestros días los seres humanos, en forma personal o grupal, hemos dejado nuestras tierras de nacimiento para migrar a otras tierras ignotas, temporal o permanentemente. Me pregunto, por ejemplo, viendo este nutrido público estudiantil, ¿cuántos de los aquí presentes son nacidos en Quito? Seguramente muchos, por supuesto, pero también habrá otra importante cantidad que no son de esta ciudad. Y la cifra de inmigrantes internos o externos aumentaría, sin duda, si les preguntara por sus padres y sus abuelos, pues gran parte de ellos no serían de Quito, ni de la provincia de Pichincha, ni siquiera del Ecuador. Quizá vinieron de la zona amazónica, o del litoral, o de países vecinos como Colombia y Perú, o cercanos como Argentina, Bolivia y Chile, o de allende el océano…

    ¡Porque detrás de cada historia personal hay una historia de migración! Todos somos, hemos sido o seremos, de una u otra forma, migrantes.

    Si emigrar significa dejar el lugar de origen para iniciar un proyecto de vida en otro territorio, resulta claro que ésta es una situación que cobija a una gran mayoría de seres humanos.

    Así que la migración, como tal, no es un fenómeno positivo o negativo, sino más bien un hecho cotidiano y universal que hay que analizar en cada contexto y según sea su motivación.

    Este Foro se pregunta “Por qué salimos de nuestra tierra” y no existe una respuesta única para este cuestionamiento.

    Un primer grupo de emigrantes -pertenecientes a la que yo llamaría “emigración calificada”- salen de nuestros países con propósitos de capacitación académica, de progreso profesional o de buscar una mayor prosperidad económica, y lo hacen por las vías legales, usando la opción propia de un mundo globalizado de buscar oportunidades donde se encuentren.

    En este primer contingente están los estudiantes que viajan a prepararse al exterior y que, incluso, demoran años cursando sus carreras, maestrías y doctorados. La mayoría de ellos regresan a sus naciones de origen con un bagaje de conocimientos y experiencias, y lo aportan a su país y sus necesidades. Otros, infortunadamente, se radican en el exterior, perdiéndose, de esta manera, importante talento humano. La tarea de nuestros gobiernos es buscar la repatriación de estos nacionales capacitados, generando un entorno económico propicio al desarrollo profesional o mediante programas específicos de incentivo. En Colombia, por ejemplo, tenemos entidades, como Colfuturo, que entregan préstamos para estudiar en el exterior, los cuales son condonados en todo o en parte si el beneficiario regresa al país y trabaja cuando menos unos años en él. Muchos de los jóvenes líderes que hoy comienzan a asumir la dirección de temas trascendentales en el país son producto de este compromiso.

    También forman parte de esta migración sana y prospectiva los nacionales que viajan al extranjero a ocupar un cargo en una empresa o a crear empresa ellos mismos. Son esfuerzos personales que merecen todo el respeto y que muchas veces revierten en beneficio del país de origen, ya sea por cuenta de las remesas que envían a sus familias, o por la reinversión de sus utilidades en el país, o por el buen nombre que dan a su patria.

    Un segundo grupo de emigrantes podría enmarcarse bajo el concepto de “emigración forzada”. Se trata de aquellos que salen de su patria por circunstancias ajenas a su voluntad, normalmente por situaciones de violencia, represión, guerras o conflictos internos, que los obligan a buscar amparo en otras fronteras.

    Hablamos, propiamente, de los refugiados, los cuales, para vergüenza de la humanidad, crecen cada día en número y complejidad. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados -ACNUR-, por ejemplo, recibió en 1950 un mandato limitado a tres años para asistir en el reasentamiento de 1.2 millones de refugiados europeos que se quedaron sin hogar tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, al multiplicarse las crisis de refugiados por todo el mundo su mandato fue prorrogándose cada cinco años. Hoy en día, el ACNUR es una de las principales organizaciones humanitarias y asiste a más de 22 millones de personas en más de 120 países.

    Ésta es una de las migraciones más dolorosas pues se realiza contra la voluntad del mismo migrante, obligado por circunstancias que lo llevan a salir de su país para proteger su vida e integridad personal y la de su familia. En Colombia, infortunadamente, debido al prolongado conflicto generado por la violencia cruzada de guerrillas y grupos de autodefensa, y a la nefasta ingerencia del narcotráfico, han sido muchos los compatriotas que han tenido que salir temporal o permanentemente -desde jueces, periodistas, sindicalistas y defensores de derechos humanos hasta empresarios o campesinos- para huir de una violencia que no les dio el espacio para desarrollar una vida tranquila.

    Durante mi Gobierno tomé la decisión de fortalecer, como nunca antes en la historia, la Fuerza Pública de la Nación, para que llegara con efectividad y total respeto de los derechos humanos a todos los rincones del territorio, un esfuerzo que ha continuado con entusiasmo el gobierno del presidente Uribe, gracias al cual, si bien subsiste el difícil conflicto con las guerrillas, la situación de seguridad ha mejorado ostensiblemente, lo que está suscitando el interés y la posibilidad crecientes para que muchos colombianos de bien vuelvan al país, a vivir y trabajar en paz.

    Valga aclarar que, así como existen los refugiados, que son aquellos que han huido de sus países de origen para buscar protección en un segundo país, existen también los desplazados internos, personas que han huido de sus hogares, generalmente por situaciones de violencia o intimidación, pero que han permanecido en sus países de origen en lugar de buscar asilo en el extranjero. Se calcula que existen en el mundo entre 20 y 25 millones de desplazados internos, casi dos de ellos en Colombia. Éste es un tema de difícil solución en mi país, pues está íntimamente ligado al conflicto, si bien se viene trabajando con ahínco para aliviar la penosa situación de esta población altamente vulnerable y, sobre todo, para lograr su adecuado regreso a los pueblos y parcelas de donde nunca debieron haber salido.

    Finalmente, hay un tercer grupo de emigrantes, muy numeroso, al que enmarcaría bajo el término de “emigración precaria”. Son aquellos que migran como producto de la angustiosa situación económica, generalmente en condiciones de desesperación e ilegalidad, utilizando sistemas peligrosos para sus vidas, muchas veces engañados, para buscar el clásico “sueño americano” o el nuevo “sueño europeo”.

    Tal vez el ejemplo más doloroso y reciente que tenemos de esta clase de migración, que nos toca por igual a ecuatorianos y colombianos, fue el de los 113 infortunados que zarparon de Manta el pasado 11 de agosto en una embarcación, apenas acondicionada para transportar quince personas, que naufragaron cerca al islote colombiano de Malpelo, quedando apenas 9 sobrevivientes.

    Ellos viajaban empujados por la angustia económica, desesperados por la falta de oportunidades, presionados por el engaño de los siniestros “coyoteros”, a buscar en el país del norte un futuro que nunca llegó. Como ellos, cuántos ecuatorianos y colombianos, cuántos centroamericanos y mexicanos, cuántos caribeños, han buscado afanosos, a riesgo de sus vidas, el ingreso a países más desarrollados, con la ilusión, casi siempre fallida, de encontrar en ellos las oportunidades que se les han negado en sus propias naciones.

    Es, quizá, sobre este tercer grupo de emigrantes, víctima de la inequidad social y fácil presa de situaciones de explotación laboral, e incluso sexual -como es el caso de la trata de personas-, sobre el que más debemos cuestionarnos: “¿Por qué salen de su tierra?” y “¿Qué podemos hacer para que encuentren, mejor, las oportunidades en su propio suelo?”.

    Apreciados amigos:

    Ya es un lugar común decir que vivimos en un mundo globalizado. Pero la globalización, como dijo Carlos Fuentes, “tiene dos caras: una es la cara de una prosperidad deseable y la otra, la cara de una exclusión indeseable”.

    Y sigue diciendo el escritor y analista mexicano:

    “(…) la globalización negativa le otorga plena libertad de movimiento a las cosas pero se lo niega a las personas.

    “Las mercancías circulan sin barreras. Pero los trabajadores no pueden desplazarse con libertad.

    “Las cosas son libres. Los trabajadores son cautivos.

    “Ello no desalienta los movimientos migratorios inevitables en un mundo de desequilibrios y necesidades compartidas en el cual las insuficiencias económicas del Tercer Mundo expulsan a la mano de obra desempleada a un Primer Mundo que la requiere para la multitud de trabajos -agricultura, servicios del hogar, hospitales, transportes, hotelería y aún servicios de cuello blanco- que su propia fuerza doméstica ya no necesita o no quiere cumplir, pero que no por ello dejan de ser ocupaciones necesarias.

    “O sea, el trabajador migratorio le es indispensable a las economías desarrolladas de la era globalizada.

    “(…) sin el trabajador migratorio mexicano en los Estados Unidos, turco en Alemania, magrebino en  Francia, esos países sufrirían escasez de alimentos, inflación y carestía del producto.”

    Estas reflexiones de Fuentes nos llevan a una interesante conclusión: La migración por razones de necesidad económica tiene dos facetas; una, la de los desempleados y excluidos del Tercer Mundo que buscan acceder a un trabajo y un mejor nivel de vida en un país del Primer Mundo, y otra, la de los países del Primer Mundo que necesitan esa mano de obra barata, pero que, paradójicamente, restringen la inmigración de tal manera que obligan a muchos inmigrantes a vivir en la ilegalidad, en situación de extrema marginalidad y explotación.

    En este tema ha sido interesante el esfuerzo de España, que efectuó un proceso de regularización de la situación de miles de trabajadores inmigrantes que estaban en la ilegalidad y que, por otro lado, realiza convenios con gobiernos, como el colombiano, para llevar por periodos determinados fuerza de trabajo campesina que cumpla con trabajos requeridos en suelo español, con buenos salarios y buenas condiciones laborales.

    España ha dado un buen ejemplo de que al inmigrante no se le puede castigar ni perseguir como delincuente, sino buscar incorporarlo debidamente al circuito económico legal. Es un paso oportuno que ojalá sea replicado por más naciones, en un gesto, más que de solidaridad, de sentido común. No hay que olvidar que, según datos de la ONU, para mantener el equilibrio medio actual -de entre 4 y 5 personas activas por cada jubilado en la Unión Europea- de aquí al año 2025 será necesario que los países de la misma recurran cuando menos a 123 millones de inmigrantes. Esto es así debido a la baja tasa de fecundidad en la Unión Europea y al consiguiente envejecimiento de las sociedades industrializadas.

    Ahora bien, desde una perspectiva latinoamericana, ¿qué podemos hacer para evitar la emigración creciente de nuestros países? Las cifras hablan de más de un millón de ecuatorianos que han abandonado el país en los últimos cinco años. En el caso de Colombia, se calcula que posiblemente unos 4 millones de colombianos, casi el 10% de la población del país, viven por fuera de las fronteras. ¿Qué deben hacer los gobiernos para que sus ciudadanos no tengan que hacinarse en barcos suicidas para buscar el futuro que no encuentran en su propio suelo?

    La respuesta es sencilla en la forma pero difícil de poner en práctica: generar un entorno de oportunidades y de justicia social que estimule el trabajo y el progreso dentro del propio país.

    No es una tarea fácil, como me consta y como le consta también a mi ilustre compañero de foro, el ex presidente Sixto Durán Ballén, que hemos tenido el honor y la inmensa responsabilidad de estar al frente del destino de nuestras naciones.

    Pese a que América Latina se encuentra en una senda de recuperación económica, con un crecimiento promedio superior al 4%, dicho crecimiento no es todavía suficientemente alto como para producir empleos para una población creciente, y nuestro rezago frente a otros países, lejos de acortarse, sigue creciendo.

    La receta para dejar dicho rezago tiene muchos ingredientes, cuya consecución requiere de la acción coordinada, no de uno, sino de varios gobiernos: Hay que crecer sostenidamente de la mano de una política económica y fiscal seria y responsable; hay que mejorar las condiciones de seguridad y hay que adelantar, más allá de reformas económicas, reformas sociales que conduzcan a una más justa distribución del ingreso y que protejan a la población más vulnerable, generando oportunidades de vivienda, de salud y de educación.

    En el caso de Colombia, pusimos en marcha, desde los últimos años del siglo pasado, el Plan Colombia, que es mucho más que un plan militarista o de lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales como algunos lo han pretendido caracterizar en Ecuador. Se trata de un plan integral de desarrollo social y fortalecimiento institucional que ha llevado la presencia y la ayuda del Estado a los rincones más apartados del territorio, especialmente a las zonas que fueron afectadas por el conflicto, y que ha dado alternativas de trabajo lícito a quienes, por falta de opciones, tuvieron que recurrir a la economía ilegal.

    Sea ésta la oportunidad para hacer una necesaria declaración sobre la lucha de mi país contra el terrorismo, y sobre el papel que pueden jugar las naciones vecinas, como el Ecuador, de las que sólo esperamos, como es natural, solidaridad y no indiferencia, compromiso y no neutralidad, comprensión y no malentendidos.

    Tal vez sea pertinente recordar ahora el famoso e impactante poema de Bertolt Brecht:

    “Primero se llevaron a los comunistas, y yo no dije nada por que yo no era un comunista.

    Luego se llevaron a los judíos, y no dije nada porque yo no era un judío.

    Luego vinieron por los obreros, y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.

    Luego se metieron con los católicos, y no dije nada porque yo era protestante.

    Cuando finalmente vinieron por mí, no quedaba nadie para protestar.”

    Pocas palabras tan dicientes como las anteriores. El hombre no puede dejar aislado a su semejante, sin hacerse un perjuicio a sí mismo. La batalla por la paz y contra la violencia no es de un país sino de toda la humanidad. La lucha contra el terrorismo y contra el nefasto negocio de las drogas no puede ser una tarea exclusiva de Colombia, porque el terrorismo y los tentáculos del narcotráfico nos afectan a todos, de una u otra manera.

    La bomba que ponen en Bagdad, o en Tel Aviv, o en Bogotá, no sólo estalla en esas ciudades, sino en el corazón mismo de la humanidad. ¡Cuánto tiempo creímos en Colombia que los cultivos ilícitos estaban en Bolivia y Perú, y no en nuestro suelo! ¡Cuánto tiempo pensamos que el consumo de narcóticos era sólo un problema de las sociedades industrializadas y no nuestro! Hoy la dura experiencia nos ha enseñado que estábamos equivocados y que las ramificaciones del delito y la violencia llegan a todas partes y a todos nos afectan.

    Por eso no puedo entender -y lo digo sin ambigüedades- que algunas voces en el Ecuador, ¡nada menos que en el Ecuador, nuestro vecino y amigo!, puedan afirmar, como si nada, que la lucha contra la violencia es problema nuestro y que allá nosotros; que, en el combate entre las instituciones legítimas de mi país y la guerrilla terrorista, Ecuador se declara neutral, o, peor aún, que Ecuador es víctima del Plan Colombia y no del terrorismo.

    No se puede confundir la no injerencia con la neutralidad. Colombia sufre un problema de violencia, incentivado por el negocio del narcotráfico, y lo está enfrentando con decisión y coraje. Lo menos que pedimos de nuestros vecinos es comprensión y solidaridad, no indiferencia ni neutralidad. No vaya a ser que un día, como en la parábola de Bertolt Brecht, -y Dios no lo quiera- les toque el turno a ustedes, como nos tocó a nosotros.

    ¿Alguien puede poner en duda que una guerrilla que destruye poblaciones indefensas, pone bombas en clubes y lugares públicos, dispara cilindros de gas contra una iglesia repleta de niños y mujeres humildes, dinamita la infraestructura vial, eléctrica y petrolera, y realiza asesinatos selectivos, es terrorista? No lo dudan en la Unión Europea, no lo dudan en Estados Unidos. ¡Qué triste que esa vacilación se exprese en un país cercano del que sólo esperamos amistad y solidaridad, y al que sólo queremos tratar con igual reciprocidad!

    La respuesta contra el terrorismo y el narcotráfico no es la neutralidad, sino la cooperación. Cooperación para realizar proyectos sociales y de desarrollo en la zona fronteriza; cooperación para que terroristas y armas no crucen la frontera y para que no hallen un refugio seguro en ninguno de nuestros países; cooperación intercambiando información de inteligencia y ampliando los proyectos de integración energética, comercial y cultural. ¡Ese es el Ecuador que queremos! ¡Ese es el Ecuador que siempre conocí!

    Apreciados amigos y amigas:

    Con iniciativas como el Plan Colombia hemos avanzado positivamente en nuestras metas de desarrollo y equidad, si bien falta mucho todavía. Por fortuna, con los logros hasta ahora alcanzados, aunados a la mejoría en la situación de seguridad, están regresando a Colombia no sólo la esperanza, no sólo la inversión, sino también muchas personas y familias que habían salido del país por causas originadas en la violencia o en la situación económica.

    Desterrar la violencia, fortalecer la economía y desarrollar programas de equidad social es la fórmula, allá en Colombia o aquí en el Ecuador, para recuperar nuestro talento humano y mantenerlo con nosotros. Como dije al comienzo, la migración no es buena o mala por sí misma. Siempre habrá migrantes, y mucho más ahora, con los avances tecnológicos, las facilidades de transporte y la creciente globalización. Lo que no queremos es migrantes que, más que emigrar, huyan de países inviables.

    Hace más de cinco siglos, como recordé al comienzo de esta disertación al citar las palabras de García Márquez, los españoles llegaron a nuestras tierras atraídos por sus riquezas y maravillas. Hoy parece que se hubieran invertido los papeles, y nos toca a nosotros recuperar el orden natural. No olvidemos nunca, queridos amigos, que el tesoro de los incas habita en nuestros corazones y que está en nuestras manos trabajar para que nuestra América, la América mestiza y vibrante en que vivimos y queremos seguir viviendo, sea de nuevo destino y nunca más tierra de exilio.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Quito, Ecuador
    22 de septiembre del 2005

    Apreciado ex-Presidente y amigo Julio María Sanguinetti;
    Señora doña Rosa Conde Gutiérrez del Álamo, Directora de la Fundación Carolina;
    Don Iñigo Sáenz de Miera, Director Ejecutivo del Programa;
    Directivos y funcionarios de la Fundación Carolina y de otras entidades patrocinadoras del programa;
    Queridos jóvenes profesionales de España, Portugal e Iberoamérica:

    Por tercera vez consecutiva, la Fundación Carolina me ha otorgado el inmenso privilegio de dirigir su emblemático programa de Becas Líder, una oportunidad que agradezco y valoro porque a través de ella tengo la fortuna de encontrarme y compartir con ustedes, 60 jóvenes destacados de 21 naciones unidas por el lazo común de sus raíces ibéricas y por el uso de dos lenguas hermanas, como lo son el español y el portugués.

    Hace apenas unos días, cada uno de ustedes, en sus respectivos países, terminó su preparación académica profesional, cumpliendo así una etapa fundamental hacia el logro de sus objetivos de vida. Ahora se encuentran listos para trabajar y aportar, como ciudadanos, sus mejores talentos para el desarrollo y el progreso de sus pueblos.

    ¡Qué bueno comenzar esta misión con la experiencia que obtendrán de este intenso recorrido de tres semanas por la Península Ibérica, compartiendo con jóvenes de otros países, aprendiendo de sus culturas y, además, teniendo contacto con personalidades de las artes, la política y la academia a nivel mundial!

    Serán tres semanas inolvidables, en las que tendré el placer de acompañarlos y guiarlos, durante las cuales ampliarán su horizonte vital y su visión del mundo y sus desafíos. Como dije hace un año al grupo que los antecedió, “la historia de su vida personal comienza ahora, ¡y ustedes no pueden ser inferiores a sus sueños!”.

    Queridos amigos y amigas:

    Hoy, además de darles la más efusiva bienvenida a este programa, tengo el gran honor de presentarles un invitado excepcional, un estadista e intelectual de marca mundial, a quien cuento, por fortuna, como un excelente amigo. Me refiero al señor ex-Presidente de la República Oriental del Uruguay, Julio María Sanguinetti.

    Con el presidente Sanguinetti, que rigió los destinos de su nación en dos ocasiones, entre 1985 y 1990 y entre 1995 y 2000, hemos tenido una relación cercana, no sólo porque coincidimos como mandatarios de nuestros respectivos países en los últimos años del siglo XX, sino porque nos sentimos afines en nuestras convicciones, que propenden por un desarrollo eficaz y sostenible, con sentido social.

    A nuestro invitado le correspondió liderar a su país en el siempre difícil tránsito de más de una década de gobiernos militares hacia una democracia operante. Lo hizo con firmeza pero con prudencia, y sentó, de esta manera, las bases de un Estado moderno y progresista, como lo es hoy Uruguay.

    Abogado de profesión, el presidente Sanguinetti ha trajinado también -y en eso nos identificamos- los caminos del periodismo, con ardor y valentía en los tiempos de la dictadura y con amplia lucidez en los mejores días de la democracia. Preside desde 1990 el Instituto PAX, una fundación académica de acción internacional, y fue el impulsor y fundador en 1996 del Círculo de Montevideo, un activo foro que reúne a personalidades e intelectuales del mundo entero para promover nuevas formas de gobernabilidad y de desarrollo sostenible en América Latina.

    El objetivo de dicho Círculo, que resume muy bien la meta por la que ha luchado siempre el presidente Sanguinetti, es el de superar los dogmas y realizar, en cambio, “un gran esfuerzo intelectual y un gran impulso político para alumbrar los nuevos caminos que conduzcan a la consolidación de las democracias, la creación de mercados competitivos y abiertos, la construcción de sociedades equitativas y cohesionadas, y el reconocimiento de América Latina como un actor relevante de la nueva gobernabilidad global”.

    Quisiera resaltar ante nuestro joven auditorio un pensamiento que el presidente Sanguinetti expresó recientemente en una reunión del Círculo en República Dominicana, refiriéndose a los derechos y deberes que implica la condición de ciudadano. Dichos deberes, -cito-, “empiezan por estar cerca de los temas de su país, para no ser conquistados por los fundamentalismos, los facilismos y todas esas expresiones de irracionalidad y demagogia que tanto daño nos han hecho”.

    ¡Qué válida reflexión ésta y qué oportuna para ustedes que inician esta maravillosa experiencia de integración, aprendizaje y amistad! El camino hacia un mañana mejor tiene que fundarse en valores como la tolerancia y la responsabilidad social, y apartarse de dogmas, prejuicios y fundamentalismos que sólo llevan al odio y la exclusión, al terrorismo y la miseria.

    Con este breve preámbulo y esta reflexión, les reitero mi más cálida bienvenida a la experiencia de las Becas Líder y los invito a escuchar y a aprender de la disertación de este gran dirigente latinoamericano: el ex-Presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Madrid, España
    4 de julio del 2005

    Apreciados amigas y amigos de Estados Unidos, España y América Latina:

    ¡Qué bueno estar hoy con ustedes, al frente de tantos rostros familiares, y poder compartir algunas reflexiones sobre esta relación trilateral que toca lo más hondo de mis afectos!

    No dudé en aceptar la amable invitación que me extendió mi buen amigo, el senador Mel Martínez, en su calidad de presidente del United States – Spain Council, porque entiendo, en primer lugar, la importante labor que cumple este Consejo y su correspondiente en España, y porque el tema lo siento cercano a mi propia experiencia personal.

    Estoy además muy honrado por compartir este panel con el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Tom Shannon; con el Director General de Política Exterior para Iberoamérica de la cancillería española, don Javier Sandomingo, y con mi buen amigo, don Gustavo de Arístegui, portavoz del Partido Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados. Son todos unos excelentes interlocutores para esta grata discusión.

    Hablar, para mí, de los Estados Unidos, España y América Latina es como esbozar mi propia autobiografía, pues son las tres regiones del mundo que más han marcado mi vida.

    En América Latina están mis orígenes, mi trabajo y mi corazón; en España tengo amigos excepcionales y tuve la fortuna de vivir recientemente por más de tres años, y en los Estados Unidos también he pasado importantes etapas de mi vida, incluyendo ésta en que tengo el honor de desempeñarme como Embajador de mi país ante esta gran nación.

    Puedo afirmar por eso, con la seguridad de hablar de aquello que conozco, que los Estados Unidos, España y América Latina están más cerca de lo que todos podemos imaginar. Están intrínsecamente unidas por un legado de respeto a los principios de la democracia, los derechos humanos, las libertades públicas y la cohesión social. Es precisamente en la reafirmación conjunta de estos principios donde debemos encontrar la clave para hacer causa común en torno a la construcción de un mundo más balanceado, constituyéndonos en una poderosa fuerza de paz, estabilidad y prosperidad.

    Por supuesto, a pesar de los sueños, valores y principios que compartimos, es natural que en política internacional tengamos también nuestras diferencias. Lo importante es que éstas no nos aparten, sino que, al contrario, nos lleven a la generación de consensos que tomen en consideración las visiones de todas las partes, enriqueciéndonos en la diversidad. Es éste precisamente el interés de América Latina. La región no busca paternalismos, ni fórmulas mágicas para solucionar los viejos problemas estructurales. Buscamos una relación y un trato entre iguales.

    Permítanme delinear a continuación las bases de lo que considero puede ser una agenda común de cooperación política entre estos tres fundamentales actores en el escenario internacional.

    La defensa de la democracia.

    En primer lugar, los Estados Unidos, España y América Latina deben trabajar juntos por la defensa de los valores y las instituciones democráticas en el mundo.

    La democracia ha sido una gran conquista de nuestra región y hoy nuestro compromiso se debe centrar en su fortalecimiento y profundización para que sus postulados se conviertan en letra viva y posibiliten un control ciudadano efectivo en las decisiones de poder.

    Como una muestra de los avances obtenidos, quisiera resaltar el caso de Colombia, donde el pasado 28 de mayo el Presidente Álvaro Uribe recibió un claro mandato de los ciudadanos colombianos para su segundo periodo consecutivo. De esta reciente elección en Colombia, y del más reciente proceso electoral en el Perú, se pueden derivar dos conclusiones de especial relevancia para la región:

    La primera es que, -así le pese a muchos analistas que quisieran poder decir lo contrario-, en América Latina sí es posible tener estrechos vínculos de cooperación, incluso relaciones estratégicas, con los Estados Unidos y al mismo tiempo ganar las elecciones.

    En otras palabras, un discurso que privilegie la relación con Washington es susceptible de cautivar el electorado en nuestros países. Ello derrumba el mito de los beneficios electorales del discurso “anti-estadounidense” o “anti-yanqui” que algunos líderes latinoamericanos pretender postular como una falsa base de unión latinoamericana.

    La segunda conclusión es que no sólo los candidatos populistas están ganando las elecciones en la región. También lo están haciendo los partidos de centro con el claro compromiso de fortalecer la democracia, superar la pobreza y brindar un mayor desarrollo económico acudiendo a fórmulas responsables.

    Mirando el caso de Colombia, hoy podemos ver cómo su solidez democrática y seriedad en el manejo económico le confieren cada vez más un rol estratégico en América Latina. Colombia –a pesar del embate del narcotráfico que nos ha golpeado fuertemente en las últimas dos décadas– es una fuente de estabilidad regional por su compromiso con la promoción y protección de la democracia y los derechos humanos, y es también una fuente de seguridad por su decisión frontal de combatir el narcotráfico, el terrorismo y el tráfico de armas, problemas todos de carácter global.

    En cuanto a la región, hay quienes afirman –mirando únicamente el vaso medio vacío– que el modelo de desarrollo que intentamos en América Latina durante las últimas dos décadas, basado en políticas responsables de austeridad y de promoción del mercado, ha fracasado, y citan como prueba las cifras de pobreza que todavía nos agobian. Ellos proponen un supuesto modelo “progresista” o “social”, basado en la distribución generosa de recursos entre los más pobres. Sin embargo, dicho pretendido modelo no es en realidad un modelo sino tan sólo una coyuntura alcanzada por los altos precios internacionales de productos estratégicos como el petróleo.

    Un gasto público desmesurado basado en los altos precios del petróleo puede llevar a caídas calamitosas en el futuro y puede golpear gravemente la infraestructura productiva de un país. Esa es, ni más ni menos, la llamada enfermedad holandesa, que sólo se evita con medidas prudentes y responsables. Únicamente algunos pocos Estados árabes, donde la proporción entre los recursos petroleros y la población es infinitamente grande, pueden darse el lujo de depender exclusivamente de sus recursos energéticos.

    Los países ricos en hidrocarburos, al momento de manejar las bonanzas, no deben olvidar las duras lecciones que dejó la crisis de comienzos de los setenta. Ojalá que dichas bonanzas sirvan para fortalecer las instituciones y afianzar la democracia y que no se confirme otra vez la tesis que propone el analista Thomas Friedman en un reciente artículo publicado en The Economist acerca de que el precio del petróleo y la libertad avanzan siempre en direcciones opuestas.

    De mi parte, en cuanto al desarrollo social en América Latina, yo veo el vaso medio lleno. En efecto, nadie niega que tengamos problemas grandes de pobreza que combatimos día tras día. Pero tampoco puede ocultarse que hemos avanzado mucho y hemos construido instituciones democráticas y sociales con buenos resultados para la población.

    Para hablar del ejemplo más cercano para mí, que es Colombia, hoy podemos decir que hemos pasado, en apenas década y media, de una cobertura educativa básica del 50% de nuestros niños a más del 90%, y de una cobertura de salud para los más pobres del 35% a más del 70%. Resultados similares pueden comprobarse en otros países de la región. Sin duda, el modelo de la responsabilidad, con sentido social, es el único que puede llevarnos definitivamente al desarrollo.

    Ahora bien, con gobiernos denominados de izquierda en Brasil, Argentina, Venezuela y Uruguay, y después de las elecciones presidenciales en Chile y Bolivia, muchos analistas hablaron de un “giro hacia la izquierda” en América Latina. Incluso, en una intervención reciente ante la Organización de Estados Americanos, mi buen amigo Fernando Henrique Cardoso, ex Presidente del Brasil, advirtió que en la región se puede estar gestando un “retorno del populismo”, fenómeno que, para él, representa la negación misma de la democracia.

    El Premio Nóbel de la Paz y Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, sostiene, por su parte, que, en lugar del pretendido “giro a la izquierda” en realidad la tendencia en la región es hacia una mayor moderación política, es decir un giro hacia el centro, tan alejado de los cambios radicales que proponían los movimientos de izquierda hace 20 años, en plena Guerra Fría, como de los gobiernos autoritarios que llegaban al poder por la vía de los golpes de Estado.

    Yo comparto esta opinión. Ejemplos como Chile y Brasil dan cuenta de una izquierda responsable con el futuro de sus ciudadanos. Otros como Colombia y Perú, y gran parte de los países centroamericanos, muestran que las posiciones de centro, alejadas de cualquier extremismo, también tienen, por fortuna, cabida en América Latina.

    De cualquier forma, es importante subrayar que los cambios políticos en América Latina se han registrado en todos los casos dentro de la institucionalidad democrática, lo que nos permite concluir que las sociedades de nuestros países están dando muestras de una madurez política que no tiene nada que envidiarle a otras regiones del mundo.

    Yo diría, para terminar este análisis de las tendencias políticas en la región, que es bueno y absolutamente saludable que las diversas tendencias políticas tengan presencia en nuestro continente. Lo realmente importante es que vengan respaldadas por procesos democráticos transparentes y que no avalen comportamientos irresponsables al interior de los países (populismo) o agresivos o intervencionistas frente a terceros países.

    Por encima de las diversas tendencias, llámense como se llamen, considero que es fundamental unir nuestros esfuerzos para ratificar el compromiso colectivo con la seguridad mundial y hemisférica: lucha contra el terrorismo, narcotráfico y tráfico de armas, a través del ejercicio de la corresponsabilidad.

    Igualmente, debemos reiterar la necesidad del estricto respeto por la propiedad privada y de la seguridad jurídica como principios rectores de las relaciones comerciales. Hay que asignarle al Estado un rol en la planeación económica, pero también debemos dejar que el mercado cumpla sus funciones de regulación. Hay que fortalecer los partidos políticos, como espacios privilegiados de la representación ciudadana, a través de su democratización interna, la promoción de nuevos líderes, una mayor transparencia y una capacidad renovada para transmitir las demandas sociales.

    Para el cumplimiento de esta tarea confío en que los Estados Unidos y España se integren con América Latina sin prejuicios, desarrollando una política integral de largo plazo, y sobre la base de que nuestros países no son unos “minusválidos políticos”. Somos actores estratégicos para su presencia mundial y podemos contribuir a generar importantes consensos en temas centrales de la agenda global.

    La paz y seguridad mundiales.

    El concepto tradicional de seguridad se ha redefinido. Al comienzo de este siglo los Estados Unidos, España y América Latina enfrentan amenazas a la seguridad y paz internacionales que están globalmente interconectadas, sin precedente alguno. Son retos que un sólo Estado, de forma aislada e independiente, no puede afrontar y que no fueron previstos en la arquitectura internacional que se desarrolló a partir de 1945.

    Hoy una amenaza de carácter trasnacional para un Estado es una amenaza para la comunidad global, que requiere una mayor cooperación internacional, liderazgo político de las naciones e instituciones de seguridad colectiva.

    Los Estados Unidos, España y América Latina tienen la obligación de hacer causa común, en el marco de las Naciones Unidas y de la cooperación regional, alrededor de acciones eficaces contra el terrorismo internacional. No podemos caer en la trampa de quienes quieren presentar el terrorismo como un “choque de civilizaciones” o “de culturas”. Estamos frente al fenómeno de delincuentes y fanáticos que han querido tomar por asalto los escenarios de la cultura, de la religión y de la política.

    Nuestras acciones deben privilegiar el reconocimiento de la clara conexión entre terrorismo, drogas ilícitas, corrupción, lavado de dinero, tráfico ilegal de armas y crimen transnacional.

    El problema mundial de las drogas.

    En esa misma dirección, los Estados Unidos, España y América Latina deben continuar sus esfuerzos de cooperación efectiva, a partir del principio de la responsabilidad compartida, para atacar las drogas en toda su cadena productiva y su contenido trasnacional. Por lo tanto, es necesario redoblar nuestros esfuerzos conjuntos en campos como el control a los precursores químicos, el lavado de activos, el consumo y el ingreso ilegal de drogas, que por cierto tiene dos grandes puertos de entrada en el mundo: los Estados Unidos y España. Sin medidas puntuales en estos aspectos, la criminalidad organizada seguirá siendo un grave factor de perturbación internacional.

    Valga anotar aquí que observo con muchísima preocupación que, mientras que en Estados Unidos el consumo de droga se ha estabilizado, en Europa la demanda se ha disparado. Esto representa, por supuesto, un grave problema de salud pública para España y todos los europeos, pero es también un inmenso problema para América Latina, y sobre todo para Colombia, donde ese consumo se convierte en violencia y terrorismo.

    Reforma del sistema financiero internacional

    En América Latina estamos cada vez más convencidos de que la viabilidad de nuestra integración a la economía global no será posible sin una reforma a fondo del sistema financiero internacional. Esto significa, en la práctica, la necesidad de una mayor cooperación de los Estados Unidos y España para que los países en desarrollo tengan acceso a la financiación en condiciones menos sofocantes del crecimiento y de la distribución del ingreso; la configuración de un esquema de relaciones que premie los esfuerzos de austeridad en el auge con incentivos específicos a la disponibilidad de recursos en los momentos de crisis, y el diseño de formas novedosas de reconversión de la deuda, asociadas a la protección del medio ambiente, a la inversión en nuevas tecnologías y a la universalización de la educación.

    Sin una reforma al sistema financiero internacional, difícilmente se podrán aumentar la inversión social y reducir las desigualdades existentes en América Latina, que por cierto hoy tiene más de 200 millones de pobres y los niveles de inequidad más altos del planeta.

    El impulso a la integración.

    Hablemos ahora de integración. Soy un convencido de que América Latina debe unir sus esfuerzos para impulsar su integración con los Estados Unidos y la Unión Europea a través de iniciativas bilaterales, regionales y bi-regionales. Ellas son una oportunidad de inserción internacional que contribuyen a un mayor acceso de los productos a los mercados mundiales y que fomentan las inversiones.

    Debo ser muy claro al señalar que no hay plataformas de inserción excluyentes. Podemos y debemos avanzar simultáneamente, en ejercicio del principio de “Respice Omnia” -mirar al conjunto, mirar al universo-, hacia la suscripción de Tratados de Libre Comercio con los Estados Unidos, la configuración de un Área de Libre Comercio de las Américas y la constitución de Acuerdos de Asociación con la Unión Europea, que incluyan zonas de libre comercio.

    En esta perspectiva, América Latina debe tener un mayor acceso a los mercados de los Estados Unidos y la Unión Europea, con el fin de promover su desarrollo económico, la generación de empleos y estimular la competitividad de nuestros países.

    Pero también estamos en la obligación de avanzar hacia una mayor integración latinoamericana con la convicción de que la integración debe hacerse a través de bloques regionales. La experiencia de España en el marco de la Unión Europea ha demostrado las bondades de este proyecto en la preservación de la paz, la generación de bienestar y el desarrollo económico. Esta integración se hizo con enormes apoyos para la cohesión social y regional que representan más de una tercera parte del presupuesto comunitario, los cuales han beneficiado, por el término de 18 años, no sólo a países como España, sino también a Grecia, Irlanda y Portugal, en sectores estratégicos como obras de infraestructura, recursos humanos y entorno productivo.

    Infortunadamente la integración de América Latina con los Estados Unidos o Europa no cuenta con esos soportes. Es decir, se hace sin “anestesia”. Por lo mismo, debemos encontrar mecanismos específicos que permitan resolver las inevitables asimetrías que se presentan.

    El tema migratorio.

    El tema migratorio es también de vital importancia en la integración de América Latina con los Estados Unidos y España. Se refiere, en pocas palabras, a la dimensión humana de nuestras relaciones y la búsqueda del reconocimiento de derechos y garantías de millones de seres humanos que no sólo contribuyen al desarrollo económico de los países en que residen, sino también se constituyen en una fuerza política de enormes dimensiones y potencial.

    Por ello, considero que es necesario que los Estados Unidos y España construyan enfoques amplios para manejar la migración irregular, a partir de políticas integrales que promuevan una mejor protección de los derechos humanos de los inmigrantes, su eficiente integración social y cultural, así como la regularización de la situación legal de aquellos que ya se encuentran en sus territorios. Por su parte, los países de América Latina deben asumir su corresponsabilidad en el tema migratorio para darle un carácter legal, ordenado y seguro.

    Sin duda alguna, este tema pone a prueba el sueño americano y europeo y su visión colectiva de futuro, sustentado en una conciencia incluyente, multicultural y global.

    Quisiera culminar esta presentación, que no ha pretendido otra cosa que delinear los principales aspectos de lo que podría ser una agenda común entre los Estados Unidos, España y América Latina, citando unas palabras de Javier Solana, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, que pronunció en una reciente entrevista en el periódico El Espectador de Colombia, las cuales resumen el espíritu del evento que hoy nos congrega:

    “Europa y Estados Unidos son socios, aliados y amigos, por muchas y buenas razones. Esta amistad se traduce en relaciones de confianza y se plasma en numerosas estructuras comunes de deliberación y decisión conjunta. Lo mismo puede predicarse de Europa y América Latina. Ambas orillas del Atlántico compartimos los mismos principios, valores y convicciones democráticas y somos herederos de una misma cultura. Estoy convencido de que juntos: americanos del norte y del sur, y europeos, podríamos actuar como una poderosa fuerza de paz, estabilidad y prosperidad”.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Florida, Estados Unidos
    17 de julio del 2006

    inline_79_http://andrespastrana.org/apav2/wp-content/uploads/2015/05/CARTA-JOHN-G-ROBERTS-JR-PRESIDENTE-CORTE-SUPREMA-USA-MAYO-4-2006.jpg></img></br><h2>Lugar y fecha</h2>Washington, Estados Unidos
4 de mayo de 2006

</div></p>

    inline_864_http://andrespastrana.org/apav2/wp-content/uploads/2015/05/CARTA-THEODORE-CARDENAL-McCARRICK-AGOSTO-20-2006.jpg></img></br><h2>Lugar y fecha</h2>Washington, Estados Unidos
20 de agosto de 2006

</div></p>

    “¿Quién está negociando con las FARC? ¿El presidente Santos o el candidato?”

    El expresidente Pastrana (1998-2002) señala en esta entrevista lo que considera lecciones olvidadas del proceso que él intentó en su mandato

    Los procesos de paz en Colombia tienen varias experiencias previas de las que aprender. Una de ellas es la del expresidente Andrés Pastrana (1998-2002), que durante su mandato trató de alcanzar un acuerdo de paz sobre la base de la llamada zona de distensión, un territorio de Colombia del tamaño de un país pequeño en el que la guerrilla más antigua de América Latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) operarían libres de presión. Él mismo había sido víctima de un secuestro diez años antes. Pastrana fracasó, dice, por la “desconfianza de la guerrilla” y cree que el presidente Juan Manuel Santos ya está fracasando también. Pastrana desgrana sus opiniones sobre todos los demás presidentes del último cuarto de siglo en el marco de la promoción en Madrid de un libro (Memorias Olvidadas, Debate) en el que vuelve a la carga con un episodio conocido como narcocassettes, unas cintas filtradas a su campaña electoral de 1994 en las que se revelaba que su rival, Ernesto Samper, recibía fondos del narcotráfico. Samper ganó. Colombia se encuentra en al mismo tiempo en plena campaña electoral presidencial y en plena negociación de paz con las FARC.

    Pregunta. ¿Por qué era necesario recuperar ahora aquel episodio?

    Respuesta. Porque creo que hay muchas cosas que nunca se descubrieron. Lo más importante para un país es no perder su memoria. En América Latina no generamos memoria histórica. A medida que pasa la vida uno ve los temas con perspectiva y hay cosas que son fundamentales. Uno, la exclusiva que hay ahí: el presidente Samper siempre dijo que fue a sus espaldas la entrada de recursos del narcotráfico y los jefes del cartel de Cali dicen en una carta que lo sabía. Y hay temas nuevos: en 1994 creíamos que eran 5 millones de dólares y se ha comprobado que fueron 15. Tercero, César Gaviria (presidente de 1990 a 1994) sabía que había posibilidad de que los narcotraficantes compraran la presidencia de Colombia y no lo denunció. El narcotráfico compró la presidencia de Colombia y eso no se puede volver a permitir. Y si se hubiera investigado no hubiera pasado lo de la narcopolítica con los paramilitares, lo de la guerrilla, se tenía que haber llegado al fondo de verdad para que buena parte de la política en Colombia no estuviera financiada por el narcotráfico.

    La influencia del narcotráfico en la política colombiana sigue siendo muy fuerte

    P. Cuando habla en general de los políticos en Colombia, supongo que se incluye.

    R. No, yo no. No soy corrupto. Yo he hecho esas denuncias. Si usted lo revisa, el 60% del congreso del presidente Álvaro Uribe (2002-2010) estuvo vinculado a la parapolítica. Si de verdad se hubiera llegado al final la política en Colombia hubiera sido distinta.

    P. Veinte años después de todo aquello, ¿cuál es la influencia del narco en la política colombiana?

    R. Yo creo que sigue siendo muy fuerte. La tenemos también en la guerrilla. Es que el narcotráfico también se ha permeado. La guerrilla ya se convirtió en el cartel más grande del mundo. Los paramilitares también están permeados por el narcotráfico, han financiado buena parte de los políticos en la costa y en algunos sectores de Colombia. El flagelo que seguimos teniendo nosotros es el narcotráfico. Por eso creo que en el proceso de paz de La Habana que lidera el presidente Santos estamos posiblemente en el tema más importante, que es el de la erradicación del narcotráfico. Porque incluso en un proceso de paz lo importante no es solo que la guerrilla haga la paz, sino si van a abandonar el negocio de la droga. Yo creo que esa es la pregunta más importante que nos hacemos los colombianos.

    P. ¿Ve el proceso con posibilidades?

    R. Lo que sucede es que no sabemos qué está pasando. El presidente ha decidido hacer un proceso absolutamente discreto. Es bueno, pero debía haber un mecanismo para que el país fuera conociendo que está pasando. En este momento sabe más el presidente de Uruguay que un expresidente de Colombia o que cualquier colombiano, de que está pasando. Si se puede decir como critica o como preocupación. Hace unas semanas el hermano del presidente dijo en un foro en Washington que si no se reelegía a su hermano no habría paz en Colombia. Si se dice eso, hoy en la mesa de La Habana, ¿está negociando el presidente o el candidato? Es la primera vez que en la mitad de un proceso de paz hay un candidato a presidente. Si las FARC saben que para reelegir a Santos son fundamentales ellos, ¿qué va a darles Santos para reelegirse? Sería bueno que los candidatos conocieran el proceso para poder continuar si fuera necesario.

    El presidente Aznar ofreció España como sede de los diálogos con las FARC de mi Gobierno

    P. Pero es una apuesta personal del presidente.

    R. Bueno, como fue la mía. Pero ya fracasó en cuatro años igual que yo. En cuatro años Juan Manuel Santos no fue capaz de hacer la paz. En cuatro años no pude yo, desafortunadamente.

    P. Oficialmente, lleva un año.

    R. Cuatro. Comenzó el 7 de agosto [de 2010, día de la toma de posesión]. Ese día empezó su hermano los primeros contactos con las FARC. Lleva cuatro años. Si no existiera la reelección, ya habría fracasado.

    P. Usted le dio a las FARC la polémica zona de distensión. ¿Hoy lo haría diferente?

    R. No. ¿Y sabe? Quien me lo recomendó fue Santos. La zona de extensión es de Santos. Yo le dije a Manuel Marulanda (Tirofijo, líder de las FARC, muerto en 2008) ‘hablemos afuera, hagamos conversaciones discretas en el extranjero’. Incluso el presidente Aznar propuso que fueran aquí en España. Pero Tirofijo dijo ‘la paz la hacemos los colombianos y en Colombia’. Hoy sería imposible.

    P. ¿Cuál es la lección de aquello?

    R. Hay una lección que no han aprendido de mi Gobierno y es que es muy difícil negociar en medio del conflicto. Porque las FARC no entienden que cierra espacios. El presidente Santos tuvo una frase desafortunada. Hace unas semanas alguien le preguntó qué acabaría con el proceso de paz y dijo: ‘Si matan un colombiano importante se acabaría con el proceso de paz’. ¿Cuáles son los colombianos importantes y cuales no importantes? Como puse en Twitter hace dos días cuando mataron a un mayor torturado con un tiro de gracia y a un patrullero: ¿Estos son colombianos importantes o no? Negociar en medio del conflicto es muy difícil. Y en las FARC como uno no sabe si hay total unidad de mando, cada vez que matan o secuestran se pone en dificultades el proceso.

    Si resolvemos los problemas sociales terminaremos en buena parte con la guerrilla

    P. Diga su candidato en las elecciones del 25 de mayo.

    R. Marta Lucía Ramírez. Partido Conservador. Esperamos que llegue a la segunda vuelta. Las encuestas no le son favorables al presidente, le dan sobre un 25%. Me llama la atención un voto en blanco del 40% que nunca había existido. Los temas fundamentales son lucha contra la corrupción, estamos viendo una corrupción rampante, y dos temas en los que ha fracasado Santos, la reforma de la justicia y de la salud. Eso y el tema educativo.

    P. ¿Qué es más importante, la paz con las FARC o la brecha social?

    R. La brecha social y la lucha contra la corrupción. si yo fuera candidato, la paz va a ser muy importante, pero el peor impuesto para los pobres es la corrupción. Punto. Hay problemas con la justicia y con la educación que hoy el pueblo comienza a sentir muy de cerca y creo que es ahí donde hay que concentrarse. Porque además, si resolvemos los problemas sociales terminaremos en buena parte con la guerrilla.

    P. ¿Tiene alguna ambición política?

    R. No, ninguna.

    Fuente: El País


    Lugar y fecha

    Madrid, España
    24 de marzo del 2014


    Lugar y fecha

    Caracas, Venezuela
    27 de enero del 2015

    Dentro del complejo problema del armamentismo y la expansión de las armas nucleares, biológicas y químicas, quisiera hacer énfasis en un aspecto específico, como lo es el uso de dichas armas por organizaciones de carácter terrorista.

    Más allá del interrogante sobre si algún o algunos países están o no desarrollando armas de destrucción masiva, me parece que es también pertinente preguntarse y preocuparse por la posibilidad de que estas armas lleguen a ser adquiridas y utilizadas por grupos terroristas.

    Un arma de destrucción masiva es aún más peligrosa en manos de una organización terrorista que en manos de un Estado, el cual, como mínimo, debe cumplir con alguna clase de compromisos o restricciones frente a la comunidad internacional. El terrorista no; el terrorista sólo busca destruir y sembrar pánico, no responde a ningún tratado, no respeta ningún convenio, no hace caso de ninguna sanción internacional.

    Para tener acceso a este tipo de armas y, por consiguiente, al terror que se puede sembrar con ellas, se requieren ingentes recursos económicos, los cuales se generan, principalmente, donde los recursos naturales presentan un alto valor, por su utilidad, escasez o ilegalidad.

    Es así como países productores de petróleo, de piedras preciosas o de plantas que sirven de base para la producción de narcóticos son los campos propicios para la aparición de grupos ilegales que buscan apropiarse de estos recursos y utilizarlos con fines ilícitos, muchas veces terroristas

    El narcotráfico es hoy el más grande negocio ilegal del mundo y, por lo mismo, el mayor proveedor de recursos económicos para actividades terroristas.

    Detrás de los talibanes que armaron, financiaron y prohijaron el terrorismo que conmocionó al mundo con los ataques del 11 de septiembre, estaban los recursos de miles de hectáreas sembradas de amapola en Afganistán y del inmenso mercado del opio y la heroína.

    También Colombia, mi país, ha sufrido y pagado con sangre los costos del terrorismo, en cabeza de grupos armados ilegales aliados con el narcotráfico.

    Así que hoy quiero llamar la atención sobre este vínculo: narcotráfico-terrorismo-armas.

    Sin recursos económicos inmensos, como los que provienen del negocio transnacional del narcotráfico, sería imposible adquirir o producir armas de destrucción masiva.

    Luchar, entonces, contra esta actividad ilegal, es luchar también por un mundo más seguro.

    Colombia y muchos países productores de plantas como la coca y la amapola hemos sido víctimas por muchos años de un problema que es mundial y no sólo nuestro.

    Aunque la droga se produzca en nuestro suelo, la mayor parte del consumo se genera en los países desarrollados, y es en ellos donde se producen los insumos químicos para la fabricación de la droga y donde se esconden sus cuantiosas ganancias.

    Por eso en mi país hemos promovido la tesis de la responsabilidad compartida en la lucha contra el problema mundial de las drogas, de forma que sea toda la comunidad internacional la que combata y se haga cargo de un problema que es global y no sólo de unos pocos.

    Hoy quiero ir un poco más allá de las razones que históricamente han justificado el combate al narcotráfico. Hay que luchar contra este flagelo no sólo por los efectos devastadores de la droga en la juventud mundial, no sólo por su poder corruptor, sino también porque es la principal fuente de financiación del terrorismo y, por lo mismo, puede ser la principal fuente de recursos para alimentar una carrera armamentista de inmenso riesgo para la humanidad entera.

    No debemos perder de vista este vínculo: narcotráfico-terrorismo-armas. La ilegalidad se une en las sombras y es nuestro deber, como comunidad internacional, combatirla de una manera coordinada, entendiendo que se trata de un problema global que a todos nos afecta o nos puede afectar.


    Lugar y fecha

    California, Estados Unidos

    23 de junio del 2005

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