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  • Intervención del Ex presidente Andrés Pastrana en la Universidad de Bonn

    Introducción

    Hablar de “perspectivas” hacía parte en la antigüedad del arte de la adivinación; los etruscos dejaban esa tarea a los arúspices y en general se leía el futuro en las vísceras de los animales. Nadie escapaba a su destino: el mismo Julio César recibió el anuncio del atentado que lo llevaría a la muerte pero sabía que no podría escapar de ella y fue así como murió y con su muerte se cerró un camino de la historia.

    Las cosas han cambiado al menos un poco; cientistas políticos, sociólogos y otros más han ocupado el puesto de los “adivinos” y se esfuerzan por acertar. Naturalmente los métodos son otros y ustedes saben muy bien que también se han transformado los instrumentos para construir la historia.

    Una “comunidad nacional” o una “comunidad política” se forman a partir de un sueño. Lo más importante de vivir en Europa ha sido ver cómo se forjaba, cómo se realizó, cómo superó las dificultades y mirar hoy con esperanza si van a ser ustedes capaces de animar y de llenar de “Europeismo” la ampliación recientemente producida.

    Europa es el sinónimo de las “utopías realizadas”; el mismo sueño norteamericano es el sueño de los migrantes europeos que allí construyeron su vivir y es ese “sueño”, esa “utopía” necesaria para la supervivencia de las culturas el tema sobre el que voy a reflexionar pensando en Latinoamérica.

    El sueño de la integración

    América Latina, a diferencia de Europa, carece de la presencia de un sueño, de un ideal orientador.

    En efecto, el gran sueño del Libertador Simón Bolívar fue aquel de la “integración” que saltó en pedazos aún antes de su muerte porque  los países recién liberados de España no poseían la capacidad de satisfacer las exigencias que ese sueño presentaba.

    El enunciado “integración” continuó como una meta a realizar,  muy hacia el futuro, en tanto que el continente veía consolidarse ordenadamente, y aún mediante una guerra de expansión, a los Estados  Unidos de América que ya, por ese entonces, mostraba los elementos claves de una “geopolítica” continental que le ha permitido no sólo apoderarse fonéticamente del término “AMERICA” sino asumir el “liderazgo unívoco” de la historia en nuestro continente. (El juicio sobre éste hecho lo elaborará la historia y en él se verán contrapuestas las mismas apreciaciones, positivas unas y negativas otras, que se escuchan hoy en el mundo de la opinión y a las que no es preciso referirse en esta oportunidad ya que están cargadas de prejuicios y de emociones.)

    Frente al ascenso de esta fuerza imperial de los Estados Unidos de Norte América,  Don José Martí -recordando a Bolívar- reclamaba la urgente creación de “NUESTRA AMÉRICA” para, como parte del continente americano, poder competir con éxito, tener reglas claras de juego, poder discutir desde la igualdad con aquel que ya entonces reconocíamos con el apelativo del “coloso del Norte”.

    El “sueño norteamericano” se ha realizado y es inútil manifestarnos en contra de él desde una Latinoamérica que no ha sido capaz de realizar sus propios sueños.

    Desconcierta y causa admiración observar cómo desde lo político, desde lo económico y aún desde lo cultural,  después de la II Guerra Mundial, en apenas medio siglo de camino, los países europeos han logrado “ser uno” y convertirse en esta Europa capaz de ser interlocutora válida de los Estados Unidos y esperar juntos a la otra potencia del tercer milenio -la China- que hace ya su aparición en la historia.

    “El sueño postergado” de América Latina -a pesar de los esfuerzos que en algunos momentos hemos realizado- no estará presente en la mesa del mundo durante el Siglo XXI si no somos capaces urgentemente los latinoamericanos de crearnos una tarea de integración real que nos entregue un “pasaporte para el futuro”.

    Creando una utopía

    Se necesitaría entonces que América Latina regresara seriamente  al ideal Bolivariano de la integración. Se necesitaría que desde la inteligencia política se definieran el ¿Por qué? y el ¿Para qué? de la integración tal como en Europa lo hicieron Adenauer, De Gasperi, De Gaulle y Schumann porque -como en todas las cosas de la vida- se debe saber “por qué estamos juntos” y “hacia dónde vamos a caminar”, ya que sin ello son imposibles la generosidad, las renuncias necesarias y la motivación para realizar los esfuerzos indispensables para lograr algo. Sin una respuesta a esos “por qué integrarnos” y “para qué integrarnos” lo que se abre es “la caja de Pandora” de las incertidumbres y de los conflictos.

    La utopía latinoamericana debe contener la verdad cierta de que construir el futuro es redimir el pasado, es justificar los esfuerzos que se realizan y es tener la capacidad de saber a qué se debe renunciar o  qué se debe postergar en aras de un bien superior que sería aquel de la “COMUNIDAD LATINOAMERICANA DE NACIONES”.

    Ello implicaría hacer del multilateralismo la “Carta Magna” de Latinoamérica porque, sin duda alguna, los grandes poderes del mundo desearán continuar negociando bilateralmente con cada pequeña nación en particular y no enfrentarse a la fortalecida realidad que sería esa Latinoamérica cuando se decida a tener un  solo pensamiento, una sola voluntad, una sola acción  y una sola capacidad de construir la “casa común  latinoamericana”.

    Ustedes los europeos -más aún ustedes los alemanes- comprenden ésto y sería maravilloso poder tener un balance de las “renuncias” que tuvieron que realizar para poder marchar juntos con los antiguos enemigos y proclamar hoy ante la Historia la inutilidad de todas las muertes del pasado y el valor constructivo de todas las reconciliaciones que fueron necesarias.

    Igual balance pueden hacer franceses, italianos, polacos, en fin, todos los países de la Unión que estuvieron a la altura de convertir su “sueño” en una agradable realidad y no en una dolorosa pesadilla.

    La “distopía” latinoamericana

    Latinoamérica es todavía un continente “distópico”. Esto quiere decir que hemos llegado a ser una “cultura incapaz de soñar”. Solamente nos ha quedado la tremenda fuerza imaginativa de lo “real maravilloso” que ejemplifica nuestro Nóbel de Literatura Gabriel García Márquez cuando desde un mundo que se destruye por “implosión” intenta a todo precio revivir un “Macondo primitivo”, que es con lo único que contamos para ingresar en definitiva en nuestra nueva historia.

    Y he dicho intencionalmente que Latinoamérica es distópica porque es incapaz de soñar y repudia a los que por vocación somos “soñadores”; ustedes bien saben que si un político no sueña se convierte tan sólo en un  administrador de inventarios públicos.

    Soñar exige ser utópico en cuanto a los fines y ser tremendamente realista en cuanto a los medios. Hay que saber –lo repito- para dónde se va; hay que saber qué es lo que se va a alcanzar; hay que saber con quiénes vamos a empezar el viaje; hay que saber quiénes nos esperan más adelante; hay que saber qué objeciones se interpondrán a nuestros pasos; hay que saber quiénes son nuestros amigos; hay que conocer quiénes son nuestros enemigos y, sobre todo, hay que saber cuánto de nosotros mismos tendrá que ser sacrificado en la realización de este sueño.

    Con algunas excepciones, en América Latina todavía no han nacido políticos y dirigentes sociales capaces de unirse continuadamente en un objetivo de integración; de generar fuerzas de integración que los sobrevivan.

    Hace falta entender que la historia sólo consagra a aquellos que han tenido la reciedumbre de aguantar sus golpes. Esto lo digo porque es común en América Latina encontrar “expertos en maniobras políticas” que pactan su propia supervivencia en el presente en lugar de efectuar el “pacto con el porvenir” que es el que garantiza que nos van a sobrevivir nuestros ideales.

    Dicho en otras palabras, en América Latina son comunes quienes llegan al poder del Estado para ser populares mientras que la verdadera dimensión de la política exige que se llegue al Estado sacrificando la popularidad personal para lograr el éxito de las metas que se han propuesto.

    Permítanme con William Cox, en su magnífico libro “La fiesta de los locos”, ayudarlos en la imagen de la “distopía”. El “hombre distópico” es el que está siempre atemorizado en un rincón de la sala con la espalda contra la pared,  temeroso de que alguien lo ataque y quiere al menos saber que no va a recibir el golpe por la espalda. “El hombre utópico” por el contrario, es el que está en el centro de la sala desafiando los riesgos vengan de donde vinieren. Europa, Estados Unidos, China, Japón y la India son “actores utópicos” de la historia presente. América Latina y el Africa son los niños temerosos que están contra la pared en el ángulo de un salón viendo desfilar una historia que para ellos es imposible.

    Entonces ¿qué hacer?

    Esta es sin duda la terrible pregunta: ¿Qué hacer? Yo he sostenido siempre que “en política lo importante no es tener la razón sino tenerla a tiempo”. Normalmente no le otorgo mayor cuidado a quienes se acercan para decirme luego de algún descalabro o de algún fracaso: “si hubiéramos hecho ésto”, “si se hubiera pensado ésto”, “si hubiéramos interpuesto este recurso”… Mi respuesta es siempre la misma: “por qué no lo dijo a tiempo”. Hablando en términos de las Fábulas de La Fontaine, eso es “llorar sobre la leche derramada”.

    Latinoamérica debe prepararse, ahora, para lo que viene después de la globalización y para co-liderar la política mundial desde el pensamiento político de “la des-globalización” y de la “paz preventiva”.

    Es posible que haya que aclarar este pensamiento ya que la globalización ha demostrado un buen suceso en el terreno de la economía y en el de las comunicaciones, pero no ha ocurrido lo mismo en el del bien común, en el de la lucha contra la pobreza, en el de la defensa del medio ambiente, en el de la conservación y renovación de la energía, en el de la contensión de las ordas migratorias y menos aún en la globalización de la democracia que requiere de urgentes correcciones  si se quiere que sobreviva en el corazón de quienes conforman la voluntad general de las naciones.

    No es un simple dato –según datos de demoscopía- de curiosidad estadística el que en América Latina el 57% de las gentes estén dispuestas a renunciar a la “democracia” que se tiene si se encontrara otro sistema que fuera capaz de garantizar la supervivencia, la “cantidad de vida”, es decir, el mínimo de bien común que haga posible que el sistema en el que vivimos pueda en sus líneas básicas ser también el de las generaciones por venir.

    Nadie duda de la crisis que acompaña a los tres pilares que sostienen la globalización, a saber: la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y la Banca Mundial a las que, por puro pragmatismo, les va a tocar hacerse a la tarea de liderar igualmente la “des-globalización” como única estrategia para salvar los valores que han definido la democracia en Occidente y qué están naufragando a velocidades increibles.

    No tenemos tiempo de dedicarnos a un análisis más detallado de esto. Son innumerables los grupos de trabajo que laboran infatigablemente por comprender la catástrofe axiológica que estamos viviendo en medio de tantas maravillas como las que nos ofrecen la tecnología y la ciencia.

    Basta mirar el crecimiento del desempleo, de la desocupación, el aflojamiento de la seguridad social, la incertidumbre frente a la inseguridad y el terrorismo, la crisis de los sistemas de cooperación, la crisis energética y el incalculable número de desplazados que no teniendo nada que perder invaden hoy todas las naciones que tengan algo para ofrecer.

    Hacia la “des-globalización”

    Esto no quiere decir que renunciemos a una “sana economía” internacional. Es indispensable volver a diseñar “acuerdos de auténtica cooperación” en  los que se reconozcan pactos que hagan evidentes los intereses financieros, de inversión, tecnológicos y comerciales de las partes que se comprometen a cooperar.

    Es preciso diseñar acuerdos de cooperación en donde los cooperantes mejoren sus formas de vivir y no simplemente que esa cooperación enriquezca -como tantas veces ocurrió- a empresas multinacionales a las que poco interesa el éxito político y el fundamento ético de la cultura de las naciones y la solidaridad que las une.

    Es preciso reformular una economía que permita poder volver a hablar de que la felicidad es una meta a lograr individual y comunitariamente en la sociedad contemporánea.

    Es preciso que la economía de consumo acompase su ritmo con el valor mayor de la conservación de las fuentes de energía.

    Es necesario “revalorar lo local” como el punto de referencia real donde la creatividad de los individuos tiene su desarrollo. Es indispensable que en el nuevo código ético de la post-globalización la legitimidad de la ganancia no ocupe un lugar superior a la del respeto por la vida humana.

    Es preciso que las regiones sean favorecidas en su afán de integración. Todos los continentes deben tener una palabra en “la mesa del mundo” porque, a decir verdad, capital, industria, agricultura, servicios y ambiente están íntimamente relacionados y son cinco manifestaciones claras de la voluntad de la especie humana por sobrevivir.

    Es preciso  desactivar la terrible bomba de tiempo del terrorismo  cuyos autores aprovechan los instrumentos que les presta la globalización.

    Pero es igualmente preciso asumir “las buenas cosas que ha dejado la globalización” como son la agilidad de la comunicación, el acercamiento a los conocimientos y la facilidad de interactuar con múltiples personas que en el mundo piensan y tienen urgencia de comunicar sus pensamientos.

    Finalmente, creo yo que la democracia comienza a mostrar su verdadera cara cuando puede decir que satisface las necesidades básicas del ciudadano, a saber: vida, salud, alimento, vivienda, vestido apropiado, educación y puesto de trabajo, y facilita, entonces, el ingreso a los valores de la libertad de pensamiento, de expresión y de empresa que convierten al ser humano en alguien orgulloso de su dignidad de “estar sobre el mundo” y de hacerlo crecer con su presencia y con su aporte creativo.

    Es en esta dirección que debe ir la reformulación de la utopía latinoamericana, ya que es aquella región del mundo que tiene super abundancia en recursos del medio ambiente, que tiene una vocación agrícola reconocida, que posee, por el don de sus gentes, la capacidad de darle “rostro humano” a los servicios que presta; que  posee un flujo significativo de capitales, y que puede cooperar satisfactoriamente en ciertas líneas de desarrollo industrial.

    Latinoamérica –y en eso tenía razón Hegel- es el lugar donde reposará de su vuelo la “lechuza de Minerva”. Miren ustedes el gran significado del Brasil, Argentina y Chile; miren ustedes el dinamismo innegable de un país que, como Colombia, no sucumbe a pesar de las terribles pruebas a las que está sometido; miren ustedes el poder de México. No olviden nunca que América Latina vive entre el mar del pasado, el Atlántico, y el mar del futuro, el Pacífico.

    No pueden ustedes, además, olvidar que somos interlocutores tanto de los Estados Unidos como de la Europa que nace, así como del Asia que llega con toda su fuerza, con todos sus interrogantes y con una inmensa gama de posibilidades que aún no conocemos.

    Los europeos no pueden olvidar que es mejor en el mundo una “mesa plural” donde sean posibles las alianzas porque una mesa de dos o de tres conduce inevitablemente a la confrontación.

    No es bueno cerrar los ojos ante América Latina. Durante mucho tiempo Europa y Estados Unidos cerraron sus ojos frente a China porque suponían que su potencia científica e industrial compensaba el desbalance que planteaban el territorio y la población. Hoy día, la China ha pasado la cuenta de esa mala evaluación que tiene 5 items que son muy importantes, a saber: 4.000 años de historia, un gobierno unitario, un Estado eficiente, un buen desarrollo  técnico y una sociedad que le otorga importancia real al trabajo. Mientras tanto Europa apenas está aprendiendo a tener un sistema integrado de gobiernos, cuya eficiencia está en muchos campos bajo sospecha, y se ha visto últimamente que tiene que redefinir su concepción del trabajo porque, si no lo hace, corre el riesgo de que sus empresas se trasladen hacia Asia, preferentemente hacia la China, para producir desde allí –desde la “religión del trabajo”- lo que no se puede exigir de quienes son afectos a la “calidad de vida” identificada con la distensión y el tiempo libre.

    América Latina, es cierto, no puede ni ofrecer la cantidad de años de historia de la China, menos aún el estar unida por un gobierno, menos aún el haber sido eficiente, tampoco el haber desarrollado la ciencia, o dar primordial importancia al trabajo;  pero tiene el territorio, la población, los recursos naturales y la biodiversidad que garantizan la supervivencia del mundo. Nuestra utopía consiste en diseñar sobre esa riqueza la construcción de la “Integración Latinoamericana”, el desarrollo de la eficiencia en el arte de gobernar y de impartir justicia, el acceso a la ciencia y la demostración palpable de que somos unos pueblos capaces de trabajar con sentido creador y no solamente de fatigarnos en lo inútil.  Tenemos que vigilar con mucha atención cualquier forma de autoritarismo que está nuevamente levantando la cabeza en algunos países de América Latina. Los partidos políticos del continente están llamados a diseñar programas claros de  proyecciones concretas que el ciudadano pueda captar.

    La utopía de la Integración Latinoamericana ha sido, para mí,  uno de los grandes desafíos. Estoy convencido –y eso es una vieja verdad- de “que si no peleamos juntos seremos ahorcados por separado”.

    Naturalmente llegar a coincidir en esta necesidad de integración requiere de una generación, más aún, de varias generaciones, no de “managers”, no de “administradores de la cosa pública”, no de “políticos de oportunidad”, sino de “Estadistas” capaces de viajar hasta el final de sus sueños y desde allí regresarse reordenando las causas que a ese sueño conducen.

    La paz preventiva

    Por eso decíamos al principio de esta conferencia que era preciso la “utopía de los fines” y el gran “realismo de los medios” porque en esa tarea es preciso desatar la lógica lineal a la que estamos acostumbrados. Me explico, no se trata de confiar en que buenas causas produzcan buenos efectos. Se trata de imaginar los efectos y regresarse a corregir las causas, a modificarlas, a reorientarlas, a prepararlas para producir el efecto deseado.

    Una vez más tienen razón aquellos que dijeron que la historia y la política no son asuntos de la lógica sino de la dialéctica. Por eso en la Latinoamérica que sueño,  “Nuestra América” de José Martí, que es la de Bolívar y la de San Martín y la de muchos,  lo primero que hay que hacer regresando de ese sueño, para que se le entregue a América Latina un puesto en la mesa de los grandes del mundo, es promover la “paz preventiva” que, sin duda alguna, traerá mejores resultados de los que ha traído “la guerra preventiva”.

    La paz preventiva “es condición indispensable” para poder soñar una América Latina real protagonista del porvenir.

    Y digo esto con angustia. Es preciso derrotar el terrorismo, la subversión, la inseguridad con la ley y con la capacidad del Estado, pero igualmente es preciso derrotar la pobreza, la exclusión, el desempleo, la carencia de educación, la vida sin perspectivas. No hay seguridad política si no hay seguridad social.

    La “paz preventiva” significa que el bien común ocupe verdaderamente el puesto de prioridad que desde siempre le ha asignado la historia, no sólo en su preeminencia frente al bien individual sino también siguiendo aquella afirmación de que el bienestar de la especie humana está por encima del bienestar de las naciones singularmente consideradas.

    La “paz preventiva” significa igualmente que la biofilía (es decir la conjunción entre ecología y medicina) debe garantizarnos la salvación del planeta.

    La “paz preventiva” significa combatir con éxito la corrupción, promover la responsabilidad de cada quien y asegurarse de que las ejecutorias sociales puedan señalar siempre un responsable del bien o del mal causados.

    La “paz preventiva” significa que la economía sea una verdadera productora de libertad para el ser humano y no simplemente la cadena dorada de una esclavitud superior.

    La “paz preventiva” significa que la democracia sea verdaderamente deliberativa, que el ciudadano participe directamente en la decisión de lo que se va a hacer, en la ejecución y en la evaluación de lo realizado.

    Es hora de sustituir a los profetas y a los Mesías populistas por una política que confronta al ciudadano con los retos actuales en un versadero diálogo    (NOTA: ESTA SUGERENCIA OBEDECE A QUE TU ERES LÌDER Y CON LA FRASE ESTARÌAS EXCLUYÈNDOTE DE TAL CONDICIÒN).

    La “paz preventiva” significa tener la capacidad de que el ciudadano entienda los argumentos de quienes los dirijan, entiendan sus intenciones, participen de ellas y tengan la certeza de que los objetivos a lograr serán conseguidos.

    La “paz preventiva” significa que las “Razones de Humanidad” primarán siempre por encima de las “Razones de Estado”.  Significa la despedida de antiguos conceptos de soberanía que tienen aún mucha fuerza en América Latina.

    La “paz preventiva” significa que la democracia no se agota en el sistema electoral sino que ella, más que una forma de gobierno, es una forma de vida.

    La “paz preventiva” significa, igualmente, que la política se convierta en el arte de decir la verdad y el político sea identificado con quien dice siempre la verdad.

    La “paz preventiva” significa “desarrollo” que es aquel maravilloso momento en donde el progreso es compartido por todos.

    ***
    Conclusión

    Este es el porvenir de América Latina: “integrarse para construir la paz en el mundo”.

    Quienes axiológicamente, políticamente, culturalmente, estamos en la orilla de la paz, sabemos muy bien el precio que debemos pagar cuando se desatan las fuerzas escondidas de la cultura de la muerte y de la guerra. No hay guerra buena ni guerra justa,  menos aún hoy cuando los muertos en su mayoría son inocentes y nada o poco tienen que ver con quienes los amenazan desde una u otra orilla.  Los amigos incondicionales de las guerras son, por lo general, aquellos que pueden pagar por su seguridad o los que pueden escaparse mientras la guerra pasa.

    Es preciso esperar que en el mundo regrese de nuevo la sensatez y que América Latina sea capaz de liderarla.

    Yo espero que los gobiernos de México, de Centro América, de los países andinos y de Paraguay, puedan contener con éxito la “rebelión indígena que se insinúa” y desarrollen la capacidad de responderle a esos grupos con quienes nuestras sociedades mantienen una “inmensa deuda social”, con desarrollo y con justicia distributiva y conmutativa a las demandas que plantean.

    Si esto es así, si la integración se profundiza, si aprendemos a mirar el futuro, si logramos darle contornos ciertos a nuestros sueños y a nuestras esperanzas, Latinoamérica podrá sentarse junto a la Europa que ustedes representan, a América del Norte, a la China y el Japón, en la segunda mitad de este Siglo XXI que hemos comenzado.

    Ninguno de nosotros vivirá lo suficiente para verlo pero es sabio aquel pensamiento que convoca a cada generación a reconocer cuál es su tarea. En efecto, para unos la tarea es sembrar, para otros es cosechar. Yo los felicito a ustedes por estar cosechando lo que sembraron, en medio de grandes dificultades, los padres de esta Europa nacida recientemente.
    Les felicito por el diálogo con el mundo latinoamericano que están adelantando en esta prestigiosa Universidad.  Señor Rector, querido amigo Matthías Herdegen, cuenten conmigo para continuar acompañándolos en esta importante labor.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bonn, Alemania
    2004

    Good evening. Nohra and I would like to wish you a warm welcome to the Colombian residence. We’re delighted to have you here to learn and experience more about our country.

    This residence has housed a variety of people, from well-known businessman Thomas Gaff, to distinguished politicians such as President Calvin Coolidge’s Secretary of War, Dwight Davis, and officials from the governments of Greece and Colombia. Because of the nature of work of those who have lived here, the residence has a long tradition of hosting people who are committed to leadership in the community.

    So it is a pleasure and privilege to continue this tradition today by hosting a meeting of such an accomplished group of women – and men – who contribute to the community through action and leadership.

    The Junior League of Washington exemplifies the drive and vision that are so much a part of what is needed to bring peace and prosperity to the world, and which is so important right now, particularly in Colombia. This is just the kind of commitment we need to promote international cooperation and further the cause of world peace.

    There are many dynamic and innovative Colombian women in business, diplomacy, culture and the arts. Six ministries in Colombia’s current government have been headed by women, and women play an active role in every area of Colombian politics, business, culture and society.

    Many Americans who know about Colombia have experienced my country only through a single prism – our relentless fight against drug traffickers and the violence and terrorism they have inflicted on both our societies.

    Over the past five years, Colombia and the United States have been implementing a program in my country, known as Plan Colombia, which has targeted four areas of cooperation:

    • Reducing the production of illegal crops used to manufacturing cocaine and heroin, and cease the production and trafficking of these drugs to other countries.
    • Providing an economic alternative to growing illegal crops for thousands of peasant families in rural Colombia.
    • Establishing a peace process in Colombia and demobilize and disarm members of guerillas and self-defense groups who are involved in armed conflict and drug trafficking.
    • Strengthening the Colombian economy so as to provide jobs and opportunity for all citizens.

    This program was developed when I was President of Colombia, with support from the Clinton administration and Democratic and Republican leaders in the U.S. Congress. It is being implemented successfully by my successor, President Alvaro Uribe, with continued support by the Bush administration and Congress.

    This effort is unique because both our countries are working together, sharing the burden of working for peace and prosperity in Colombia. Both Colombia and the United States have invested in this process, and we today making great progress toward the day when drugs will no longer harm either of our societies.

    Our fight against drug trafficking and terror is what you hear about most frequently in the news. But while these are certainly an important part of our bilateral relationship, it is only a small part of what defines Colombia.

    There is so much more we want Americans to know about us. So I will ask my wife, Nohra, who served with great commitment as Colombia’s First Lady, to share with you a brief description of other aspects of our country…

    Mrs. Pastrana:

    Colombia is a large country – just to give you an idea, it is roughly the size of California and Texas combined. It is blessed with natural resources, including beautiful beaches, dramatic mountains, and lush Amazon rain forests. The dramatic and inspiring Andes mountain range dominates the central and western parts of the country, extending north-south almost the entire length of Colombia.

    To the east of the Andes, vast Amazon tropical forests contain 10 percent of the world’s biodiversity, which is second only to that of neighboring Brazil. We also have coastal plains with rich fertile soil and an ideal climate for agriculture.

    Colombia is the only country in South America with a coastline on both the Caribbean Sea and the Pacific Ocean, with thousands of miles of spectacular, pristine beaches. There are also modern, dynamic cities – from the capital of Bogotá at the foot of the Andes, to Cartagena on the Caribbean coast, known for its beautifully-preserved colonial architecture.

    Cartagena is legendary both for its history and its colonial architecture, which has been remarkably preserved. The city has been immortalized on countless canvases and glorified in hundreds of books – and, as a UNESCO World Heritage Site, it deserves every one of these tributes.

    Colombia it is closer that you might realize – in fact, the distance between Colombia’s northern coast and Miami is less than that between Miami and New York City.

    There is currently a wonderful exhibit called “The Spirit of Colombian Gold” at the Smithsonian’s Museum of Natural History. I strongly encourage you all to go and see it, if you have the opportunity. It displays spectacular pieces of pre-Columbian gold and copper works and ceramics on loan from Bogotá’s Museo del Oro, which houses the most important collection of pre-Columbian pieces of silver and gold in the world.

    In ancient times, gold was believed to be a product of the sun and it had special associations with fertility and power. For these early people of Colombia, the value of gold lay in the symbolic and transformative properties associated with its color, aura, and malleability.

    I mention this because the very definition of gold – a dense, lustrous, highly malleable solid that is often mixed with other metals to make it harder and stronger – in many ways also defines the Colombian spirit even today.

    My country is home to 85 different ethnic groups, creating a true melting pot of European, Afro-Caribbean and indigenous communities. We treasure this wealth of diversity. It gives us both strength and unity as a people, as well as a rich and proud cultural heritage. The diversity of our population, combined with its boundless energy, creativity and relentless optimism, creates a culture that sustains and holds the country together, even in the face of adversity.

    Colombia is a nation of both entrepreneurs and industrious workers. We produce high quality products that are sought around the world, including our famous coffee – which is easily recognizable from the Café de Colombia logo of Juan Valdez and his mule. You may have even seen the Juan Valdez café located near the World Bank, or noticed construction of the new one in the Penn Quarter, near the MCI Center.

    Other chief exports include upscale fashions, textiles and jewelry, fine leather goods, art, and tropical foods. A little known fact is that Colombia ranks as the world’s major source of emeralds and the second largest grower of fresh flowers in the world behind the Netherlands. We grow approximately 75% of all fresh flowers imported into the United States, including the ones you see here tonight.

    For many Colombians, the character of our country is defined by the rich mosaic of our art, music, literature, dance, sports and culture.

    Some of Colombia’s leading personalities have achieved remarkable success in the U.S. and on the international stage. Let me just name off a few:

    • There are Grammy-winning Colombian rock stars Shakira and Juanes, who sell out their concerts in the United States and around the world.
    • You’re probably familiar with Fernando Botero, one of the world’s most accomplished painters and sculptors who is known for his distinctive style of inflated, robust shapes.
    • Gabriel Garcia Marquez is among the world’s most widely-read novelists.
    • Earlier this year, Colombian actress Catalina Sandino Moreno was nominated for an Academy Award for Best Actress for her powerful role in Maria Full of Grace.
    • Juan Pablo Montoya is one of young stars on the Formula 1 world racing circuit.
    • And Colombian athletes perform in the top leagues around the world, from Europe’s elite soccer teams to Major League Baseball in the United States. Just last year, two Colombian shortstops from the Boston Red Sox and St. Louis Cardinals played against each other in the World Series.

    In addition, there is a strong flow of migration between our countries. More than a million Colombians live in the United States, where they contribute to strong local communities and America’s own rich cultural diversity. Many Colombians have achieved success in business, the arts and other areas of human endeavor here in the United States.

    Our cuisine is also part of what defines us. From the coffee and cacao grown in the Andes to the tropical fruits of the Caribbean and Amazonian regions, the cattle farms on the plains, and bountiful seafood from the Pacific Ocean and the Caribbean Sea, Colombia is a country of vast culinary creations. Our cuisine including hearty soups, tasty meat and rice dishes, and a wealth of exotic fruits and vegetables.

    Today, Colombia is a nation riding on a new momentum for change and progress. As our security situation improves, Colombia is alive with possibilities. The Colombia of tomorrow is one fueled by a nation of natural beauty, a warm and industrious people and immeasurable opportunity and potential. Colombia really is much more than you know.

    The American people have extended their hands to Colombia in times of crisis. Tonight, in return, we offer you a vision of our country and the gift of our spirit, and delight in sharing with you all the essence of Colombia’s greatness.

    It is my hope that this evening will provide you with a window into the diverse culture of my country. So please enjoy your stay and as we say in Colombia: ¡Bienvenidas!

    Thank you.


    Lugar y fecha

    Washington, Estados Unidos
    12 de diciembre del 2005

     Apreciados amigos y amigas:

    ¡Qué privilegio y qué alegría estar hoy con ustedes, en el marco siempre entrañable de nuestra querida Cartagena de Indias, celebrando el décimo aniversario de la Antes que nada quiero reiterar mi efusiva felicitación por este logro a la dra. Mayra Hernández de Cavelier, Presidenta de la Organización Mundial BASC; a nuestros anfitriones de BASC Colombia, y a todos los miembros y aliados de esta positiva organización, por esta década de servicio a la seguridad y al comercio en el mundo.

    Me siento particularmente honrado por tener la oportunidad de hablar ante representantes de las Aduanas de más de una decena de países, de organismos internacionales vinculados al tema del comercio y la integración, y empresarios de toda América Latina, todos unidos en torno al objetivo común de hacer del comercio una actividad integradora y generadora de empleo y riqueza, amparada bajo la sombrilla protectora de la legalidad.

    “La unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos”. Esta frase, que escribiera Simón Bolívar hace más de 190 años en su famosa Carta de Jamaica, bien puede resumir la cruzada que vienen adelantado BASC y todas las empresas y aduanas vinculadas por el comercio y su facilitación.

    Los empeños integradores de BASC y sus directivos en torno a la seguridad aduanera han sido, sin duda, “esfuerzos bien dirigidos” con “efectos sensibles”. Desde 1996, cuando la idea de estandarizar las medidas de seguridad y mecanismos de control para prevenir el contrabando infiltrado en los cargamentos de mercancía legal apenas si germinaba en una empresa cartagenera que buscó establecer una cooperación efectiva con la aduana de los Estados Unidos, hasta hoy, cuando son cerca de 2.000 empresas de 15 países, apoyadas en sus respectivas administraciones de aduanas,  las asociadas al programa BASC, ha pasado una década de duro trabajo, pero de fructíferos resultados.

    Recordaba ayer en el Teatro Heredia que hace 7 años y medio, en esta misma ciudad, acompañé, como Presidente de la República, la constitución del Capítulo Cartagena de BASC.

    En dicha ocasión saludé con sincero entusiasmo el nacimiento del Capítulo Cartagena de BASC pues entendí, al ver este esfuerzo empresarial que ya comenzaba a extenderse a otros países, que la filosofía de la organización era la adecuada para enfrentar temas de tan difícil control como lo son el contrabando o el lavado de activos o el narcotráfico, cuando dichas actividades indeseadas se camuflan e interfieren con el comercio legal.

    Esta filosofía es muy sencilla, pero también muy valiente: enfrentar los problemas de manera directa, asumiendo una cultura de auto-control y auto-imposición de estándares, en lugar de confiar únicamente en los controles a posteriori del Estado.

    Por supuesto, -y así lo entendió BASC-, no basta con el auto-control si no se realiza en coordinación con las diferentes entidades estatales a cargo de la revisión de las mercancías que salen y entran de los países, es decir, las aduanas.

    Así se construyó un modelo ejemplar de auto-control, por una parte, y de cooperación voluntaria con las autoridades aduaneras y de policía, por la otra, que es un verdadero ejemplo a nivel mundial sobre cómo enfrentar problemas complejos que a todos nos atañen.

    Hoy el comercio mundial, particularmente el hemisférico, gracias a la inmensa cantidad de empresas que han obtenido la certificación BASC y se han comprometido con procesos de control y vigilancia de sus envíos, y a los acuerdos firmados con diversas aduanas del mundo, comenzando por la Aduana de los Estados Unidos, es mucho más fácil y mucho más seguro.

    Para las autoridades aduaneras, BASC y sus empresas afiliadas se han convertido en aliadas fundamentales en la lucha contra el contrabando, el narcotráfico y el lavado de activos.

    El compromiso que ha hecho carrera en las empresas BASC es el de avanzar en la defensa y preservación del comercio y la economía legal frente a la amenaza de la ilegalidad.

    Es un compromiso, ante todo, ético, que se ha convertido en la piedra angular de una alianza entre el sector privado, las autoridades aduaneras de 15 países y organismos internacionales como la Organización Mundial de Aduanas, la Organización de Estados Americanos y la Cámara de Comercio Internacional, entre otras. Una alianza que está llamada a convertirse en un modelo global.

    No por nada BASC ha sido oficialmente invitada por la Organización Mundial de Aduanas -OMA- a hacer parte del Grupo Consultivo de dicha organización, encargado de conducir la implementación del Marco Normativo para asegurar y facilitar el comercio que fue aprobado por la OMA en junio del año pasado.

    El crecimiento de BASC a través de esta última década es la prueba viva de que el sector privado, los Estados y los organismos internacionales pueden trabajar como socios eficientes en la cruzada contra la ilegalidad, y que esa alianza produce efectos positivos no sólo para las empresas sino para la sociedad en su conjunto.

    Aquí, en BASC, encuentro la cosecha de un concepto que sembramos hace ya varios años en la conciencia mundial y que hoy también hace carrera con éxito en Estados y organismos internacionales: la responsabilidad compartida.

    Este concepto -que hoy nadie niega en el tema del problema mundial de las drogas ilícitas y que, incluso, se aplica ahora en el tema del terrorismo- implica que problemas globales, con raíces y ramificaciones en diversos países del mundo, requieren de una cooperación igualmente global para enfrentarlos.

    Esta tesis tan sencilla, incluso obvia, no existía hace 10 años, cuando el problema de las drogas se trataba como un asunto netamente policivo a cargo de cada país individualmente. Por supuesto, la mayor carga -que pagamos con bombas, muertes y exacerbación de nuestro conflicto armado- la terminamos asumiendo aquellos países en donde estaba concentrada la producción, olvidando una verdad de Perogrullo: que sin consumo no habría producción.

    Hoy resulta claro, después de un inmenso esfuerzo diplomático y de convencimiento que realizamos desde 1998, que el problema de las drogas no reside únicamente en el país que produce las plantas o la droga, sino también en aquellos que la consumen, en los que venden los insumos químicos para procesarla, en aquellos a través de los cuales se transporta y en los que se depositan y lavan los cuantiosos dineros que produce su comercio.

    La concreción, en una estrategia integral, del concepto de responsabilidad compartida fue el Plan Colombia, que comenzamos durante mi periodo presidencial y que ha sido entusiastamente continuado por el gobierno del presidente Uribe.

    Estimados amigos:

    Partiendo del concepto de responsabilidad compartida, que exitosamente aplica BASC entre el sector privado y las aduanas de los diferentes países, quisiera ahora, en mi doble calidad de ex Presidente de la República y Embajador de Colombia ante los Estados Unidos, profundizar en la trascendencia y los logros del Plan Colombia, cuyo desarrollo ha sido vital no sólo para nuestro país o como hilo conductor de las relaciones bilaterales entre Colombia y Estados Unidos, sino también para el mundo y su avance en la guerra contra las drogas ilícitas y el terrorismo.

    Como muchos recordarán, cuando asumí la Presidencia, el 7 de agosto de 1998, el estado de las relaciones bilaterales con Estados Unidos era simplemente dramático. Soportábamos el estigma de sucesivas “descertificaciones” en el tema de la lucha antinarcóticos y las relaciones se centraban casi exclusivamente en el tema de la lucha antinarcóticos y, más precisamente, en el aspecto policial de la misma.

    Frente a esta situación, me fijé como uno de los principales objetivos de mi política internacional la recomposición de las relaciones con los Estados Unidos, mejorando su calidad y ampliando el abanico de temas comunes. Logramos dicha meta gracias a una actitud digna, franca y transparente frente al país del norte, firme en los postulados y abierta a la cooperación, logrando que la tesis de la responsabilidad compartida frente al problema mundial de las drogas fuera ampliamente aceptada.

    La aceptación de dicha tesis se tradujo en una colaboración bilateral efectiva para construir institucionalidad en el país a través del fortalecimiento de sus fuerzas armadas y, algo muy importante, en la decisión de avanzar hacia la meta de tener un mayor acceso al gran mercado norteamericano, primero a través de la prórroga y ampliación del Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andina -ATPA- que se logró en el 2002 y, segundo, mediante la propuesta de alcanzar un acuerdo bilateral de libre comercio, como el que se terminó de negociar hace apenas mes y medio.

    Los resultados hablan por sí solos: Mientras en agosto de 1998 las Fuerzas Militares contaban apenas con 82 mil soldados combatientes, de los cuales sólo 22 mil eran soldados profesionales, en agosto de 2002, al finalizar mi gobierno, había más de 132 mil soldados combatientes, de los cuales 55 mil profesionales. Hoy, gracias al proceso que iniciamos entonces y al plan de seguridad democrática adelantado por el presidente Uribe, contamos con más de 190 mil soldados combatientes, de los cuales más de 72 mil son soldados profesionales.

    El mejoramiento en tecnología, comunicaciones, equipo y movilidad también ha sido impresionante. No más entre el 2000 y el 2002 cuadruplicamos el número de helicópteros pesados artillados, pasando de 4 a 16, e incrementamos en cerca de 100 los helicópteros destinados al transporte de tropas, lo cual generó una transformación profunda en la capacidad de reacción y movilización de nuestras Fuerzas Militares.

    Más y mejores Fuerzas Armadas significa más y mejor seguridad, ampliación de la presencia estatal en el territorio nacional, copamiento del territorio antes ocupado por fuerzas irregulares, y eficacia en la lucha contra la producción y tráfico de drogas ilícitas. En suma, extensión de la institucionalidad en todo el cuerpo de la nación.

    Pero el Plan Colombia también tenía un componente fundamental, que era la búsqueda de una reactivación de la economía a través de la ampliación del mercado nacional bajo un esquema de libre comercio. No más la extensión y ampliación del ATPA en 2002, a través de la aprobación del ATPDEA, generó que las exportaciones del país a Estados Unidos, que eran de 5 mil 400 millones de dólares en dicho año, llegaran a cerca de 8 mil 500 millones en 2005. El TLC que acabamos de negociar representa hoy la consolidación de estas preferencias y la puerta definitiva de acceso para Colombia al mercado más importante del mundo.

    El caso de México es paradigmático sobre lo que puede sucederle a Colombia, en el mediano y largo plazo, con el TLC. En una década de vigencia del NAFTA México pasó del puesto 40 al puesto 10 entre las economías más grandes del mundo y ha mantenido un nivel ínfimo de desempleo, que en diciembre de 2005 se situó en el 2.8%. En los primeros 10 años del NAFTA las exportaciones mexicanas a Estados Unidos crecieron un 246% y las importaciones 134%, ambas cifras de la mayor importancia, pues tanto unas como otras dan dinamismo a la economía.

    Otro ejemplo que vale la pena traer a cuento, sobre todo para quienes critican las bondades de la integración, es el caso de España, que conozco muy directamente. Cuando este país se integró económicamente a Europa muchos criticaron y creyeron que iba a colapsar frente al poderío de sus contrapartes. Hoy todos vemos que España dio un salto cuantitativo y cualitativo, y nadie duda, en España o en el mundo, de la transformación positiva que le significó su integración con las economías europeas.

    ¿Puede Colombia esperar algo similar con el TLC? Estoy seguro de que sí. Los estudios más conservadores estiman que las exportaciones hacia los Estados Unidos aumentarán en 50% durante los tres primeros años de vigencia del acuerdo. Esto significa cerca de 4.000 millones de dólares adicionales que se traducirán en mayores oportunidades de empleo para miles de colombianos. Y los beneficios del tratado no paran allí. No cabe duda de que los inversionistas extranjeros valorarán un acuerdo de este tipo, por lo que significa en términos de estabilidad y transparencia en las reglas de juego.

    La extensión del libre comercio en el continente americano a través de acuerdos como los que hoy vinculan a Estados Unidos con Canadá, México, Chile, los países centroamericanos y República Dominicana; como los que se han terminado ya de negociar entre dicho país y Perú y Colombia; como los que vinculan a los cinco países de la Comunidad Andina, a los cuatro países del MERCOSUR, y a estos dos bloques entre sí, generan una nueva realidad que es necesario asumir con creatividad, planeación y determinación para incrementar la competitividad y así aumentar el nivel de vida de nuestros pueblos.

    La globalización no es un fenómeno que se escoja o se rechace, como un menú a la carta, sino una realidad vigente ante a la cual todos debemos adaptarnos y buscar la mejor forma de enfrentar. EL TLC recientemente negociado entre Colombia y Estados Unidos, en cuya aprobación legislativa en ambos países pondremos todo nuestro empeño, representa, sin duda, un reto fundamental para nuestro país.

    Si hoy los colombianos nos congratulamos por haber alcanzado unas exportaciones totales de 21.187 millones de dólares en el 2005, un 26.6% más que las exportaciones del año anterior, ¡cuánto más podemos esperar una vez entre en vigencia el Tratado de Libre Comercio con nuestro mayor socio comercial que es, además, el mercado más grande del mundo!

    ¡No es cualquier cosa vender el 99.99% de nuestra producción industrial con cero arancel a un mercado de 300 millones de consumidores de alta capacidad de consumo! ¡De nosotros, y sólo de nosotros, dependerá su óptimo aprovechamiento, y convertir esta oportunidad en más y mejores empleos para los colombianos!

    Al igual que ocurrió en México, aumentarán las exportaciones y se incrementarán también las importaciones, dos rubros que representan vitalidad para la economía y el comercio. Será entonces cuando se hará palpable la necesidad de puertos más seguros y modernos, y de empresas comprometidas con la seguridad de sus contenedores y la transparencia de su actividad, una tarea en la que tenemos que avanzar desde ya, aprovechando el camino adelantado por iniciativas eficaces y globales como la que representa BASC.

    Apreciados amigos y amigas de BASC:

    Colombia es otra, mucho mejor y con mucho más futuro, después de más de 6 años de aplicación del Plan Colombia, así como el comercio hemisférico es otro, con mayores posibilidades y trámites más expeditos, después de 10 años de creación de esta Alianza por un Comercio Seguro.

    En la nueva Colombia que está llamada a florecer en un contexto de mayor seguridad interna y de mayor competitividad frente al exterior, en la Colombia que se alista para aprovechar con inteligencia y audacia las ventajas del libre comercio, en la Colombia que soñamos y por la que trabajamos día a día, un esfuerzo como el de BASC es más que bienvenido.

    Por eso nos sentimos tan orgullosos de que las raíces de esta Alianza se encuentren en Colombia y de que esta ciudad de Cartagena, puerto inmemorial del comercio, sea nuevamente la anfitriona que acoge a sus miembros.

    Les deseo el mayor de los éxitos en el futuro. Juntos seguiremos trabajando por construir un país, un continente y un mundo libres del flagelo de la droga, del desangre económico y social que significa el contrabando y de las secuelas del delito y el terrorismo.

    El ejemplo de BASC y sus empresas afiliadas, al acoger esquemas voluntarios de auto-regulación y al confiar en las alianzas con entidades de aduana y gubernamentales de varios países, abre las puertas a un comercio moderno y ágil: ¡al comercio del siglo XXI!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    7 de agosto del 2006

    Pastrana

    POR: ALONSO SÁNCHEZ BAUTE

    Con el alboroto causado por el procurador con la destitución del alcalde de Bogotá, pasó pronto al olvido el libro de Andrés Pastrana.

    Al parecer el fiscal, que es samperista, supo con lo de Petro generar cortinas de humo que llevaron al olvido las Memorias olvidadas. Antes de eso, mucho se especuló sobre las razones que tuvo el expresidente no solo para su publicación sino además para hacerlo justo ahora, ad portas de elecciones, aunque la mayoría de comentarios se limitó al morbo alrededor de si Gaviria sabía o no de la existencia de los famosos narcocasetes y por qué, de saberlo, no los dio a conocer.

    Leí el libro en vacaciones (junto con otros) y encontré un punto, aparentemente anodino, pasado por alto: la reunión citada por Samper a Pastrana en la residencia del entonces canciller Pardo, a la que asistió también el senador Jaime Ruiz, gran amigo de Pastrana. Muy resumidamente, en esa reunión Pastrana insiste en que la Comisión de Acusaciones no era el ente idóneo para investigar a Samper. En su lugar, este debía convocar  un tribunal con suficiente independencia y credibilidad ante la Nación.

    ¿Por qué llama la atención este punto? Este es un libro político y en política, como en literatura, ninguna escena es gratuita. Si la anécdota está allí –y Pastrana le dedica 10 páginas– es por algo. Si en lugar de unas memorias se tratara de una novela, estas páginas serían su plato fuerte, no porque se cuente letra menuda de interés político sino porque –para el capítulo de los narcocasetes– aparentemente desnuda el carácter de sus dos protagonistas.

    De una parte, queda la idea de un Samper que cita a su mayor enemigo (a nadie extrañe: los políticos, como los reptiles, son animales de sangre fría. Por eso en ellos nadie se fía) buscando sacar provecho para emitir un comunicado conjunto sobre una falsa productividad del evento. Además de interesado y acorralado, queda dibujado como un chistosín muy cobarde.

    Pastrana, en tanto, se autorretrata mucho mejor. Tan pronto se conoció la aparición de los casetes, fue presentado ante los medios como “un mal perdedor” y un “hijo de papi” irresponsable a quien no le importó llevarse por delante “la buena imagen del país”.

    Si es cierto lo que narra –y los otros protagonistas no lo han desmentido-, la manera como enfrentó esa cita no solo lo muestra como una persona mucho más madura e inteligente que el entonces presidente de la Nación sino, además, excesivamente valiente –con agallas-, al saber ripostarle su verdad a su adversario: en términos literarios, esta escena no solo es la más significativa de todo el libro sino que podría englobar la razón de su publicación.

    El otro punto importante tiene que ver, ahí sí, con las próximas elecciones: Pastrana nos recuerda que Serpa, cabeza de lista del partido al mando de Simón, habría mandado a matar a Santiago Medina: un maquiavélico de la peor calaña. En plena época de elecciones, es un dato a no pasar por alto, que a la vez muestra que su enemigo, antes que Gaviria, sigue siendo Ernesto Samper.

    FUENTE: http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/pastrana-137990


    Lugar y fecha

    Nueva York, Estados Unidos
    22 de septiembre de 2009

    El candidato Oscar Iván Zuluaga visitó al expresidente Andrés Pastrana para agradecer la decidida y decisiva presencia del Partido Conservador en su campaña, particularmente en la búsqueda de la paz con dignidad, la reforma de la justicia y la lucha frontal contra la mermelada y su corrupción.

    Tras revisar temas nacionales a dos días de la elección presidencial, Zuluaga se mostró confiado en la victoria y expresó que su gobierno será un generoso Frente Amplio, sin vencedores ni vencidos, por una paz duradera con justicia y sin corrupción.

    El expresidente Pastrana, por su parte, declaró al final de la reunión que la paz está en buenas manos con Oscar Iván Zuluaga, un hombre de palabra, exento de odios y de claro origen conservador, quien desde el comienzo de la campaña demostró su carácter dentro de su partido.

    Pastrana y Zuluaga coincidieron en cuanto a que la corrupción de la mermelada -principal bandera del cuatrienio Santos- y el carrusel de la justicia son las mayores amenazas reales y presentes que enfrentan la búsqueda de la paz, el desarrollo, la justicia social y las nuevas generaciones de colombianas y colombianos.

    Tal como ha expresado en días pasados Antanas Mockus, el país ya no se debate entre guerra y paz sino entre dos propuestas de paz. Y la paz debe estar basada en la educación, la justicia, el desarrollo campesino, el crecimiento industrial, la equidad social. O sea, los fracasos de Santos y su gobierno no contribuyen a la paz duradera.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    13 de junio del 2014

    ‘Crisis en Corte Constitucional es peor que el Palacio de Justicia’

    El expresidente Andrés Pastrana le pide a Santos convocar a un gran acuerdo nacional.

    Por: MARÍA ISABEL RUEDA

    El expresidente Pastrana está en desacuerdo con la propuesta de justicia transicional del expresidente Gaviria. Asegura que “es una ley de punto final”.

    Acaba de regresar de visitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. ¿Qué puede hacer la comunidad internacional para proteger a la oposición venezolana?

    Fui a coadyuvar la petición de medidas cautelares que elevó ante la Comisión el Partido Conservador colombiano, para hacer respetar los derechos humanos y políticos en Venezuela. Y lo hice con la autoridad que me da haber estado allá como testigo, dialogando con la oposición, con las víctimas, con los medios de comunicación, con los generadores de opinión. Incluso, la visita a la cárcel de Ramo Verde donde tienen preso a Leopoldo López, hoy al alcalde Antonio Ledezma y al alcalde Daniel Ceballos, y otros presos políticos, que nos fue negada.

    ¿Y ya respondió la Comisión a ese pedido?

    El día antes de presentar yo mi carta, ya la Comisión había dictado medidas cautelares para los dos estudiantes que están en ‘la Tumba’, como le dicen a la cárcel en la que hay un cuarto donde torturan a los opositores del régimen. De acuerdo con lo que me informaron en Washington, en 15 días la Comisión tiene una audiencia para oír al Gobierno venezolano. Si Venezuela no acude a ese llamado, estará irrespetando la carta fundacional de la OEA, organismo al cual ese país no ha renunciado.

    ¿Qué pasa si el Gobierno venezolano resuelve no acudir?

    El que nada debe nada teme. ¡La Canciller venezolana dice que allá se da ejemplo de respeto a los derechos humanos! Pero la verdad es que están en juego el derecho a la vida de los opositores, y tanto las libertades políticas como la de expresión.

    Una revista tan seria como ‘The Economist’ dice en su último número que Latinoamérica ha tolerado demasiado tiempo el abuso de la democracia en Venezuela y que si eso continúa deberían suspenderla de los organismos regionales…

    Tiene razón The Economist. Ese es el silencio cómplice que he venido denunciando por parte del Presidente y de su Canciller. No puede ser que aquí estemos enterándonos todos los días de las violaciones de los derechos humanos, de cómo se persigue a los opositores, a los periodistas, de cómo se coartan las libertades, de cómo hay presos políticos, y Colombia no haya levantado su voz.

    El presidente Santos sí pidió la liberación de Leopoldo López…

    Pero después de que yo fui a Venezuela y denuncié lo que vi. Me preocupa que hasta ahí llegó, eso fue un saludo a la bandera. Debe haber un pronunciamiento claro del Gobierno colombiano pidiéndole a Venezuela que respete la Carta Democrática de la OEA.

    Ni Colombia ni ninguna otra voz en América Latina han pedido convocar a su Consejo Permanente de cancilleres, el primer paso para que se cite a una asamblea extraordinaria del organismo.

    ¿No sería muy irónico que en momentos en que Cuba regresa a la OEA, Venezuela sea suspendida?

    Pero si no cumple con sus estatutos…. Maduro solo da las gracias de que exista Unasur. Pues claro. El expresidente Samper convocó a tres cancilleres, incluyendo a la Canciller colombiana, y ni siquiera fueron a Ramo Verde a visitar a Ledezma, a Leopoldo o a Ceballos, ni se molestaron en verificar las condiciones de la oposición frente a la violación de sus derechos políticos.

    Llama la atención que hoy, mientras Cuba se acerca a los Estados Unidos, Venezuela y Unasur se están quedando cada vez más solos en el contexto internacional.

    Precisamente en esa reunión de cancilleres en Venezuela la semana pasada, el secretario de Unasur, el expresidente Samper, sugirió con su insólita defensa del gobierno Maduro que la democracia venezolana es muy sólida…

    ¡Con esa visita la canciller Holguín escribió la página más vergonzosa de la política exterior colombiana! Borró con el codo lo que escribió con la mano. El presidente Samper, cuyas credenciales democráticas están en entredicho, es lógico que esté del lado de su paisano y jefe el presidente Maduro, y no en la defensa de los valores democráticos de la región.

    ¿No es increíble el silencio del alcalde Petro ante el terrible atropello contra su homólogo, el Alcalde de Caracas?

    No lo puedo creer. Las medidas cautelares que solicitamos ante la Comisión son como las que pidió el alcalde Petro, con la diferencia de que a la oficina del alcalde Ledezma entraron 36 encapuchados y lo sacaron de ella secuestrado.

    En Venezuela no hay instancia de la justicia ante la cual pueda acudir la oposición, en defensa de sus derechos, porque allá la justicia está cooptada por el régimen, al contrario de lo que aseguran Samper y Unasur. ¿Cómo el Alcalde de Bogotá no ha emitido ni siquiera un tuit para respaldar a su homólogo?

    El Embajador de Venezuela en Colombia ha dado unas desconcertantes respuestas a EL TIEMPO sobre su visita a Caracas. Dice que el que habla de “transición” está hablando de golpe de Estado. ¿Usted está hablando de golpe de Estado?

    El mundo conoce que yo soy un demócrata. Toda transición que suceda en Venezuela, y la oposición lo ha reiterado permanentemente, tiene que ser democrática. ¿Cómo se puede pensar que cualquier expresidente del mundo, elegido democráticamente, va a participar en un proceso antidemocrático para resolver la crisis venezolana? Eso es imposible.

    Ningún demócrata patrocinaría un golpe de Estado como lo sugiere el presidente Maduro. Todo debe hacerse de acuerdo con la Constitución y la ley venezolanas, bajo los mecanismos que se contemplan.

    Esto no es nuevo en la región, ya lo vivimos a final del siglo pasado y al comienzo de este. Que eso pueda suceder en Venezuela es institucionalidad. (Lea también: Quienes piden transición en Venezuela quieren golpe de Estado’)

    Hablemos de las propuestas del expresidente Gaviria. Justicia transicional para todo el mundo, guerrilleros, militares, narcotraficantes, políticos y empresarios. Es decir, no cárcel para nadie. ¿Está de acuerdo con eso?

    No. Lo que propone el presidente Gaviria es una ley de punto final y yo no puedo estar de acuerdo con eso, y creo que los colombianos de bien tampoco.

    Él ha negado que esté proponiendo una ley de punto final.

    Lo ha negado, pero es así. Aquí estamos hablando de un proceso con las Farc, y ojalá lo logremos. ¿Por qué en ese acuerdo con las Farc tienen que estar metidos los narcopolíticos y los narcotraficantes, la parapolitica, la Farcpolítica? ¿Cómo así? ¿Borrón y cuenta nueva? ¿Que a todos esos se les perdone? Eso deja un grave sabor político. Estamos es hablando de una justicia transicional para un proceso de paz con un grupo subversivo, en este caso, las Farc.

    No puedo dejarlo ir sin que opine sobre la gravísima crisis que atraviesa la Corte Constitucional. ¿Estamos frente a una toma de la justicia?

    Esto es peor que lo del Palacio de Justicia. ¡Ahí entraron a acabar con la cortes, pero ahora entraron a tomarse las cortes! El problema es que aquí se perdieron los consensos y Colombia se volvió un país de disensos.

    El presidente Santos y su Canciller liquidaron el consenso en política internacional que había sido tradicional en Colombia, cuando acabaron con la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. No hay una política de Estado en el tema internacional. Tampoco en la lucha contra el narcotráfico, que fue una política de Estado sin importar quién estuviera en el Gobierno.

    En el pasado nos pusimos de acuerdo para perseguir a un enemigo común, el narcotráfico. Había consensos en el tema económico, donde siempre hemos tenido ministros técnicos, sin importar el partido del que vengan, así haya habido discrepancias sobre ciertos modelos.

    Esos consensos han permitido que Colombia esté donde está.

    Hoy quiero decirle al presidente Santos que, por favor, convoque a un gran acuerdo nacional sobre el tema de la justicia. El problema de fondo de este país es ese.

    ¿Gran acuerdo nacional es una constituyente?

    No. Pero tampoco es lo que están haciendo de meter unos articulitos en la reforma de equilibrio de poderes.

    Hablo de una gran convocatoria nacional hecha por el Presidente, invitando a todos, partidos políticos, sindicatos, cortes, para hacer un gran acuerdo nacional por la justicia, porque sin justicia no habrá paz.

    Sin eso, un acuerdo con las Farc durará menos de un día. El Presidente tiene que convocar a todos los colombianos porque él es el único que lo puede hacer.

    Le pido al Presidente que busque ese gran consenso nacional alrededor de cómo salvamos la justicia de este país.

    MARÍA ISABEL RUEDA
    Especial para EL TIEMPO


    Fecha

    9 de marzo del 2015

    inline_457_http://andrespastrana.org/apav2/wp-content/uploads/2015/08/CARTA-SENADOR-MEL-MARTINEZ-SEPTIEMBRE-26-2006.jpg></img></br><h2>Lugar y fecha</h2>Washington, Estados Unidos
26 de septiembre de 2006</div></p>

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