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    Discurso de posesión de Andrés Pastrana Arango como Presidente de la República

    Este no es mi día sino el de todos nosotros los colombianos. El juramento solemne que he prestado hoy ante Dios todopoderoso y ante ustedes es un sacramento de nuestra democracia. Un juramento pronunciado a lo largo de nuestra historia, pero que en este caso adquiere una mayor dimensión pues nos exige a la vez acertar en el cumplimiento de nuestras obligaciones y no repetir los errores del pasado. Orgullosos de nuestro patrimonio vamos a buscar ahora lo mejor de nuestro futuro.

    No sólo estamos hoy invistiendo a un nuevo Presidente sino inaugurando la nueva era de una Colombia, orientada hacia el camino correcto. Me comprometo conmigo mismo y ante ustedes a gobernar sin privilegios ni discriminaciones para todos los colombianos. Quienes ocupen las más altas posiciones del gobierno tendrán las más grandes obligaciones frente a la ley, y no gobernarán los que crean que el poder otorga licencia para quebrantarla. Dicho de un modo más sencillo: en mi administración no habrá espacio para la corrupción, y no será tolerada ni perdonada. Quiero -y no transijo por menos- que éste pase a la historia como el más limpio de los gobiernos.

    Dentro del inmenso margen de nuestros retos arriesguémonos a enfrentar los grandes cambios que necesitamos. Volvamos a confiar en que nuestras ciudades y nuestros campos recobrarán su seguridad y la paz. Creamos una vez más que nuestra industria y nuestra agricultura prosperarán; que nuestros hijos recibirán una buena educación, que su salud estará protegida y sus padres estarán a salvo del flagelo del desempleo.

    Realizar estas esperanzas implica serios y sostenidos esfuerzos, una causa común y el poco común coraje de recoger nuevas ideas y estar dispuestos a nunca renunciar ni darnos por vencidos.

    Porque el cambio no se realiza en una semana, en un mes o en un año. Quizás ni siquiera se haya complementado al término de esta administración. Estamos en el amanecer de una nueva era, todavía no en su esplendor. Pero el cambio comienza hoy.

    Poseemos vastos recursos naturales, pero aún más importante: un gran talento humano. Si nos preparamos a conciencia no debemos tener miedo a la globalización de la economía. Por el contrario, le daremos la bienvenida y competiremos y prosperaremos dentro de ella.

    Yo veo a una Colombia reconocida orgullosamente en nuestro hemisferio y en el mundo entero por transitar en los prodigios de la informática, y no en los paraísos artificiales de la cocaína. Yo veo a una Colombia orgullosa y con autoridad suficiente para retar a otras naciones a que controlen su demanda de drogas, porque fuimos capaces de combatir la oferta y también la demanda dentro de nuestro propio país.

    Como Presidente no entregaré ni un ápice de nuestra soberanía, pero apelaré a toda ella para hacer cumplir la ley y para construir una prosperidad que haga de Colombia, con una economía moderna, un imán para la inversión.

    No solo buscaremos la prosperidad en la industria y en las empresas, sino también en la agricultura, a la que hemos exprimido durante muchos años sin pagarle lo que le debemos. Vamos a invertir más en el campo. No olvidemos que la tierra es el alma de Colombia y que quienes la cultivan son el alma de la tierra.

    Colombianos:

    Durante mi campaña propuse los diez grandes cambios. Cada uno de ellos es igualmente importante y todos ellos serán promovidos. Debemos intentar de nuevo, y confiar una vez más en que podemos cambiar y lograr un país mejor. Les pido que me ayuden, pues son sus manos, más que las decisiones de un Presidente, las que moldearán la materia final de nuestros esfuerzos.

    Al pueblo de Colombia le debo el privilegio de ser el gobernante que ha de cerrar las puertas del siglo XX y ha de abrir las del siglo XXI hacia el vasto horizonte del tercer milenio. Se me ha encomendado la responsabilidad de continuar y mejorar lo mejorable que ha sido hecho por otros gobernantes. Pero más de seis millones de colombianos y el consenso más amplio de la Nación, me han señalado para descubrir el camino de esa tierra presentida y prometida que debe ser Colombia.

    UNA COLOMBIA EN PAZ

    El muy sabio refranero español lo dijo: “Sin paz no hay pan”. Por eso, ante todo, quiero la paz, que es paz y pan. Y es la tierra prometida que anhelamos: una Colombia en paz.

    Pero la reconciliación demanda un Gobierno capaz de organizar un liderazgo colectivo por la paz, que implica sacrificios, exige renuncias y demanda compromisos graves que han de ser estériles mientras Caín siga .matando a Abel.

    El Presidente de la República asume elliderazgo irrenunciable de construir la paz. No esperen de mí que construya una burocracia de la paz. Desde ahora convoco a todos los colombianos a seguir y trabajar dentro de la “Agenda de paz” que voy a dirigir.

    Para todos debe ser claro que recuperaré para el Estado el monopolio de la fuerza para la paz, la justicia social y la felicidad de los colombianos. Cada minuto que ahorremos en la guerra es una inversión en la vida. La cooperación internacional en nuestros procesos de paz no debe verse como la incapacidad de construirla solos, sino como una nueva manera de hacer la paz.

    El llamamiento a la paz como condición necesaria para un proyecto de país, es evidente. Pero la paz exige transformar la energía humana del rencor, propia de las guerras, en energía vital para la reconstrucción de una nueva Colombia.

    Es precisamente esa energía vital la que nos debe permitir que no se sigan repitiendo los actos de violencia como los de los últimos días, que al igual que a sus familias ya todos mis compatriotas, me han llenado de dolor. Estos actos no contribuyen al clima de entendimiento que personalmente, al igual que todo mi Gobierno, estamos dispuestos a propiciar empeñando para ellos todos nuestros esfuerzos.

    La primera cuestión es de identidad. ¿Qué es Colombia y que queremos que sea? Históricamente la Nación buscaba su identidad en la homogeneidad excluyente, que despreciaba la diversidad o la anulaba. Una Patria exigía una religión, una lengua, incluso una etnia dominante. Desde posiciones dictatoriales o desde pactos republicanos se iban imponiendo estas condiciones de identidad durante tiempo indefinido para configurar otros sistemas de poder. La evolución posterior, en particular la actual, demuestra que los excluidos de cualquier tipo, suelen reclamar con gran violencia el reconocimiento de su existencia y de su derecho a participar. La gracia es que la identidad de la nueva Colombia que encare los desafíos del siglo XXI y se ofrezca a las nuevas generaciones, tiene que ser incluyente de la diversidad colombiana, y no excluyente, como ha sido hasta hora para una parte importante de los colombianos. Mantener la unidad de la Nación tiene que estar en el origen y la finalidad de esta determinación histórica a favor de la paz.

    UN MODELO DE DESARROLLO POR LA VIDA Y LA JUSTICIA SOCIAL

    Recibo un país con sus indicadores económicos gravemente averiados, y con sus finanzas públicas destrozadas. Por esto me propongo ahora hacer un estado de cuenta y razón de las condiciones en que las he recibido. Pero también presentaremos sin tardanza, en las semanas venideras, los grandes lineamientos de las medidas que vamos a tomar para sacar a Colombia de la postración en que la encontramos.

    Pieza fundamental en este programa de recuperación será el ajuste fiscal. Nuestro país no puede seguir gastando alegremente mas allá de sus posibilidades. Si así lo hiciéramos, la ya gravísima situación de desempleo que heredamos se haría aún más agobiante. Y los desequilibrios de todo orden harían inmanejable la economía y comprometerían el desarrollo del país por mucho tiempo. Por eso nos empeñaremos con rigor desde los primeros días de la Administración, a poner en orden la casa fiscal.

    Pero no solamente nos ocuparemos de ordenar las finanzas públicas. También tenemos que reactivar el crecimiento económico equitativo. El plan de desarrollo que la administración debe presentar a consideración de las cámaras dentro de los primeros seis meses, tal como lo dispone la Constitución, será la oportunidad para trazar la carta de navegación que nos permita abrir las puertas del siglo XXI a una sociedad con un crecimiento mejor e igualitario. Dentro de este propósito la búsqueda de la paz no es sólo un anhelo colectivo sino también una estrategia inteligente de desarrollo económico. La paz es la tarea más urgente en la agenda de nuestro país y el mejor contrato social que podemos hacer hacia el futuro.

    NARCOTRÁFICO

    Debemos aprovechar el fin de siglo para hacer un corte de cuentas de los profundos daños que le ha causado a nuestra sociedad el fenómeno del narcotráfico. En lo ecológico, no queda duda de que es el principal depredador de grandes zonas del territorio colombiano, apreciado en el mundo por la diversidad de sus tesoros ambientales.

    Qué no decir del fomento de la corrupción, cuyo efecto en las instituciones se ha convertido en uno de los agresores más funestos que ha enfrentado el Estado colombiano durante toda su historia. O el fomento de la violencia, por el dinero fácil para el logro de objetivos que antes eran frutos de años y años de trabajo limpio. O el incremento del consumo.

    Si Colombia sobrevive pese a tantas desgracias es sólo por la fortaleza moral de un pueblo que ha sabido afrontarlas. Pero no le pidamos más milagros.

    “EL FONDO DE LA PAZ” CON APORTES TRIPARTITOS

    Para lograr este propósito nacional, además de las iniciativas políticas que ya estamos poniendo en marcha, la paz será el hilo conductor del próximo plan de desarrollo. Ello implicará inversiones sociales y de infraestructura de gran magnitud en las zonas de conflicto.

    Con este objetivo vamos a crear el gran “Fondo de la Paz” que será administrado en urna de cristal y cuyos programas harán parte integral del plan de desarrollo. Se nutrirá de aportes tripartitos provenientes de tres fuentes distintas. En primer lugar del propio Gobierno, el cual, como consecuencia del programa de austeridad que va a emprenderse, liberará recursos importantes que podrá destinar a inversiones estratégicas para la paz. En segundo lugar, de aportes provenientes de la comunidad internacional que ha mostrado su interés en colaborar económicamente para aclimatar la paz en Colombia. Y en tercer lugar, de dineros que habrán de aportar los colombianos prósperos, a través de un “Bono de Paz de Obligatoria Suscripción”,cuya autorización solicitaremos al Congreso Nacional, y a través del cual podrán concretarse las valiosas manifestaciones de tantos colombianos de buena voluntad.

    Tal como lo dije en la campaña, presentaremos ante el Congreso Nacional el proyecto de ley que permita realizar una disminución gradual del IVA combatiendo simultáneamente y con energía la evasión que hoy se produce. Así mismo se presentará, una vez que el programa de ajuste fiscal fructifique, se propondrá una reducción de la tarifa del impuesto a la renta para aquellas empresas que generen nuevos empleos.

    NUESTRA POLÍTICA INTERNACIONAL

    El mandato transparente y categórico que he recibido de los colombianos deberá transformar también nuestra posición internacional para adelantar una política exterior de amplio consenso, coherente y sistemática, que supere cualquier exclusivismo de grupo, de región o de partido. Nuestra diplomacia será eficaz, apta para obrar sin desventajas, respetuosa de compromisos y consciente de su irrenunciable dignidad y de sus derechos bien ganados.

    Estoy convencido de que el irreversible propósito de globabilización exige un orden internacional más equitativo. No queremos ser espectadores simples sino protagonistas diligentes de ese nuevo compromiso mundial.

    No ignoro que nuestra agenda internacional demanda un modo diferente de concebirla. No rehuimos la responsabilidad, la asumimos. Nuestra política exterior estará encaminada a fortalecer nuestro poder de negociación en torno a temas primordiales de la agenda global. Reafirmaremos con hechos y acciones efectivas nuestro compromiso con la promoción y defensa de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

    Como Presidente de la República ejerceré a plenitud la obligación constitucional de dirigir las relaciones exteriores, consciente de que en un régimen como el nuestro el liderazgo del Jefe del Estado es irremplazable.

    Nuestra política exterior estará guiada por la protección de los derechos esenciales de Colombia. Compartimos los grandes principios que están incorporados en la carta de las Naciones Unidas y en los instrumentos del sistema interamericano. La palabra internacional de Colombia es sagrada para nosotros.
    Somos abanderados de la santidad de los tratados y de la buena fe en las relaciones entre los Estados. Siempre hemos sustentado la solución pacífica y negociada de los conflictos. La heredad nacional es el producto del derecho, nunca de la fuerza o de la imposición arbitraria. Creemos en la vigencia del multilateralismo, en la acción colectiva organizada para enfrentar los problemas y prevenir y resolver las divergencias y conflictos.

    Venezuela es el país con el cual Colombia ha avanzado más en materia de integración económica. Los estrechos vínculos históricos y culturales que nos unen nos permitirán impulsar el entendimiento en todos los campos a fin de continuar avanzando en el proceso de integración binacional y en la consolidación de la Comunidad Andina de Naciones para proyectarla al continente.

    Estados Unidos, en su condición de potencia hemisférica y por ser la economía más grande y avanzada del mundo, es un país fundamental para las relaciones internacionales de Colombia. Comenzamos también con ellos una nueva era de entendimiento y de confianza que nos ha de permitir la diversificación de la agenda de nuestras relaciones, para avanzar por la senda de una verdadera cooperación, más de hermanos que de buenos vecinos.

    En lo que hace relación con Europa y los países de la Cuenca del Pacífico, continuaremos estrechando nuestras relaciones económicas y culturales, así como los vínculos entre los distintos bloques de integración que hoy existen. Para este efecto otorgaremos particular importancia a la Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe que se realizará el año entrante como fruto del diálogo entre la Unión Europea y el Grupo de Río.

    Colombia sale hoya la búsqueda de la comunidad internacional para reasumir el liderazgo que le corresponde en el diseño del “Nuevo Mundo”.

    JUSTICIA SOCIAL

    Es claro: tampoco la paz es posible sin justicia social. Colombia es una sociedad desgarrada por las distancias sociales. Urge por lo tanto a través de la  educación, de la salud y el empleo mejorar la redistribución de la riqueza material, cohesionar la sociedad y conducirla hacia la paz.

    El mundo está cambiando a pasos agigantados. La sociedad ha descubierto que su gran fuente de riqueza ya no es mineral sino humana. Invertir tanto en ella como en nuestros recursos naturales es el cambio que nos hará fuertes. Y esto a su vez nos obliga a reflexionar sobre el significado de seguir peleando por unos recursos materiales escasos, en lugar de fortalecer la democracia y desarrollar nuestra industria y nuestro comercio con base en el recurso humano, en la educación la tecnología y la ciencia.

    Por eso es hora de romper con la historia y cambiar nuestro curso. Y por eso el modelo de desarrollo que les propongo no está supeditado a las negociaciones de paz sino que él mismo• sienta las bases para que esa paz sea diáfana, fértil y duradera.

    LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO

    El esfuerzo macroeconómico estará dirigido a la urgente generación de empleo.Generar empleo -buen empleo- es indispensable si queremos tener futuro real. El empleo no es solo el nuevo nombre de la paz sino también nuestra expresión primera de solidaridad.

    Para lograr estas metas de mejoramiento colectivo es preciso construir la economía fuerte y solidaria que hoy no tenemos. Corregir los desequilibrios y encauzar de nuevo la economía hacia el desarrollo y el pleno empleo, demandará inicialmente la adopción de medidas severas pero indispensables.

    La economía y la educación deben ir de la mano para cimentar el progreso. El Tercer Milenio que se avecina necesita de un nuevo aprendizaje. Vamos a cambiar la educación en Colombia, para que sea una puerta abierta en donde no se pregunte cuánto dinero tiene la familia sino cuánto talento tiene el estudiante. Despertar a los jóvenes al conocimiento es la única manera de encarar con éxito el futuro.

    LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

    Mi Gobierno hace y reitera la opción preferencial por los pobres. No queremos una Colombia de excluidos. Nuestra tarea desde el Gobierno es impulsar y cimentar un crecimiento económico que disminuya injusticias de la pobreza y muestre, con sus resultados, que vale la pena ser justos.

    Para mi Gobierno, los pobres son un compromiso moral, un compromiso político, un compromiso económico, un compromiso cultural y no tan solo un índice estadístico. Un Plan para la superación de la pobreza convoca, encauza y abre nuevas dimensiones a la cooperación internacional y debe evitar que la pobreza sea el peligroso aliado de quienes intentan con el narcotráfico socavar los fundamentos de la Nación y de la comunidad internacional.

    Ser solidario con Colombia consiste en ayudar a generar empleo, en invertir para generar empleo, en comprar a precio justo para generar y cimentar la calidad del empleo. Cuando pienso en la globalización, pienso en la faceta más urgente de ella que es la globalización de la solidaridad.

    RECUPERAR LOS VALORES

    Es por ello que quiero con Gustavo Bell convocarlos a todos a recuperar los valores. Este país tiene que organizarse y fortalecerse contra la corrupción. no podemos seguir tolerando el robo sistemático de los bienes que pertenecen a la comunidad. Es preciso acabar con la corrupción y ya el pueblo dio el primer paso con su voto. El presidente y cada uno de sus funcionarios deben ser un modelo para los demás, sus palabras deben ser veraces y su ejemplo debe ser claro. No hay corrupción ni mentira mayor que un buen consejo cuando es seguido de una mal ejemplo.

    Que nadie se equivoque. Este Gobierno perseguirá a los corruptos, los pondrá en evidencia pública y rescatará las instituciones de las garras de los corruptos.

    LA NECESIDAD DE LA REFORMA POLÍTICA

    Por todo ello hay que emprender una reforma política a fondo: “No se puede echar vino nuevo en vasijas viejas”. La recuperación de la política para el bien común, para la justicia social, para la solidaridad, para el desarrollo requiere crear nuevas formas de gobernar, de controlar, de competir por el poder, de diseñar leyes, de crear el futuro.

    Agradezco a Dios por el privilegio de la presencia de mi madre y de mi familia, agradezco a la Providencia el don de la compañía y el liderazgo de Nohora y el desafiante futuro de Santiago, Laura y Valentina.

    y agradezco al Señor haberme dado en Misael Pastrana un ejemplo viviente de valores, de lealtad a la vida, de amor a la Patria, ese patriota que ante el destino y los interrogantes de Colombia afirmaba y advertía que estaba “comprometida la tierra prometida”. Es preciso que el “nuevo amanecer” nos traiga el optimismo, la fe, la verdad, la solidaridad y el compromiso que requerimos para cambiar la historia porque nadie hará por nosotros lo que nosotros mismos.

    Queridos amigos: Comienza ahora “Un Nuevo Amanecer”. Hoy no solamente se posesiona un Presidente sino que se abre una nueva era para la Nación. Con Gustavo Bell haremos verdad real todo aquello que a nombre de “La Gran Alianza por El Cambio” soñamos para Colombia.

    La gloria del gobernante consiste en establecer la paz, procurar el bienestar y aumentar la felicidad de los ciudadanos. Lograr esto será la única recompensa a la que aspire a llegar al final de mi mandato. No es hora de vacilaciones ni de dudas. Es el momento de las decisiones y del coraje. Largo y difícil es el camino que conduce a la Colombia que anhelamos. !Empecemos ya! Mañana será otro día.

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    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de agosto de 1998

    COLOMBIANOS:

    El viernes pasado, el Congreso de los Estados Unidos en pleno, y como resultado de la gestión del gobierno colombiano para promover la tesis de la responsabilidad compartida frente al problema mundial de las drogas, aprobó una partida de más de 900 millones de dólares para entregarle a Colombia, con el fin de apoyarnos en varios frentes de trabajo orientados fundamentalmente a la lucha antidrogas y a crear las condiciones necesarias para estimular en nuestro país, dentro de un marco de justicia y equidad social, el desarrollo, la paz y la convivencia.

    ¡Esta es una noticia sin precedentes, pues se trata, sin lugar a dudas, de la mayor asistencia económica que haya recibido Colombia en toda su historia!

    Este primer aporte de dinero que llegará al Plan Colombia marca un punto muy alto en la tarea de reconstrucción de la imagen de nuestro país en el exterior, y es una muestra excepcional de la confianza y el apoyo con que hoy contamos en el mundo.

    Este dinero será el primer paso en firme para la erradicación definitiva de la droga y el comienzo de la batalla final contra el narcotráfico en nuestro país; dinamizará la economía, contribuirá al fortalecimiento del Estado y sus instituciones democráticas, y nos traerá empleo, progreso y un nuevo desarrollo con justicia social.

    Estos más de 900 millones de dólares son equivalentes a cerca de 2 billones de pesos colombianos, oígase bien, ¡dos millones de millones de pesos que no tendremos que pagar!, que llegarán a nuestro país en los próximos días y que destinaremos, entre otras cosas, a lo siguiente:

    Una parte se asignará a la compra de 60 helicópteros que reforzarán los equipos de nuestras Fuerzas Militares y de Policía, permitiéndoles una mayor eficacia en la lucha contra el narcotráfico, mayor rapidez de movimientos y respuesta en caso de ataques y, sin duda, un mejor cubrimiento y protección desde el aire en todas las zonas de siembra.

    La Policía Nacional recibirá, además de 14 de los helicópteros ya mencionados, 150.000 millones de pesos para su fortalecimiento, que no es otra cosa que más dinero destinado a acabar para siempre el cruel negocio del narcotráfico en nuestro país.

    Para operaciones antinarcóticos y para la formación de un ejército especializado, tecnificado y altamente entrenado en la lucha contra este grave problema de las drogas y su erradicación definitiva, emplearemos  más de 500.000 millones de pesos y dispondremos para ello de los mejores hombres de nuestras fuerzas armadas, capacitados y probados en el tema de los derechos humanos.

    Pero lo más importante es esto: Todos estos programas de lucha contra el cáncer del narcotráfico se complementarán con programas sociales de gran alcance, para proteger y darle oportunidades a la población afectada por este fenómeno, desde los campesinos cultivadores hasta la población desplazada por la violencia, y con programas para la protección de los derechos humanos y el fortalecimiento de la justicia.

    En total serán cerca de 500.000 millones de pesos que destinaremos a estos programas, lo cual constituye, hasta ahora, la más grande asistencia social que haya recibido Colombia en toda su historia. Nuestro país será otro –no les quepa duda- después del Plan Colombia: más justo y más humano.

    Es así como destinaremos 150.000 millones de pesos a programas especiales de sustitución de cultivos y nuevos desarrollos, en las regiones de más alta siembra de plantas de coca y amapola, para beneficiar y generar nuevas oportunidades de trabajo lícito a los campesinos que voluntariamente se acojan a los programas de erradicación, y 80.000 millones de pesos irán a ayudar a los desplazados por la violencia en las diferentes regiones del país, a quienes trataremos de devolver poco a poco a sus tierras, en mejores condiciones de las que dejaron cuando salieron y sin los peligros que los obligaron a abandonarlas .

    Y finalmente, de este primer dinero que llega al Plan Colombia, destinaremos 260.000 millones de pesos para el fortalecimiento de la justicia y para el desarrollo de programas especiales de defensa y protección de derechos humanos en las regiones más afectadas por la siembra, la producción y el tráfico de drogas.

    Colombianos:

    Nuestro país ha sido un desafortunado protagonista mundial del negocio de la droga. Miles, tal vez millones de personas en el mundo entero se han visto gravemente lesionadas: familias destrozadas por el consumo y la adicción de alguno de sus miembros. Cuántos inocentes muertos, cuántos niños abandonados por tener a sus padres en las cárceles, cuánta corrupción sembrada y cuánto dinero desperdiciado en gustos extravagantes y la compra de conciencias que, en medio de la ambición o el miedo, caen en la tentación del soborno y se dejan comprar o pagan con su vida.

    Este proyecto de reconstrucción social y de lucha frontal contra el narcotráfico, que desde los inicios de mi gobierno he liderado ante la comunidad internacional, es el primer paso que entre todos daremos en la lucha contra la erradicación de este mal que afecta al mundo entero.

    Mañana, en Madrid, se reunirán los 15 países de la Unión Europea, Suiza, Noruega, Japón, Canadá, algunos países hermanos de América Latina y las principales entidades financieras internacionales, que también han escuchado y valorado nuestros argumentos y nuestra lucha. De ellos esperamos, con confianza, una asistencia por un monto similar a la norteamericana, que irá dirigida en su totalidad a programas sociales, de desarrollo alternativo, de fortalecimiento de la justicia, de ayuda a los desplazados y de derechos humanos.

    El Plan Colombia es un plan contra el narcotráfico pero también es, fundamentalmente, un plan social para nuestro país, y no podemos dejarnos engañar al respecto.

    En total, el Plan contempla más de 2.000 millones de dólares para programas de sustitución de cultivos, con apoyo social; de atención a los desplazados, y de derechos humanos. Y además incluye un Fondo de Emergencia Social por más de 900 millones de dólares que se destinará a tres programas esenciales: “Manos a la Obra”, para realizar obras de interés social para las comunidades, generando al tiempo más de 250.000 empleos; “Subsidios a las familias más pobres”, que entregará recursos a cerca de 90.000 familias por año, siempre y cuando cuiden de la salud y la educación de sus hijos, y “Capacitación a los Jóvenes Desempleados”, con el que esperamos capacitar y generar oportunidades de trabajo a cerca de 100.000 jóvenes de bajos recursos.

    ¡Si esto no es un Plan social, no sé qué puede serlo!

    Queridos compatriotas:

    El mundo nos apoya, como jamás había ocurrido en toda nuestra historia. Los recursos empiezan a llegar y serán gastados con transparencia, ante los ojos de todos, con la participación de organizaciones comunitarias y no gubernamentales, como lo estamos haciendo en el Eje Cafetero, donde los resultados se ven y nadie roba un peso a sus hermanos necesitados.

    Este es un momento histórico de nuestra vida como nación, que marcará un giro fundamental para dejar de ser un país señalado por el narcotráfico y convertirnos en un país próspero, con desarrollo y con mayor justicia social.

    Hagámonos eco de esta buena noticia, y empecemos desde ahora a construir ese mejor futuro para todos.

    Que Dios los bendiga. Y que Dios me bendiga.

    Buenas noches.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    6 de junio del 2000

    “Es un hecho evidente que la mitad de los niños que nacen, mueren antes de cumplir cinco años (…) Esta enorme mortalidad se hace todavía más espantosa si se considera que las enfermedades de que mueren son muchas de ellas evitables con poco esfuerzo”.

    Estas fueron las palabras del Profesor José Ignacio Barberi, uno de los pioneros en el área de clínica infantil en el país, respecto al panorama pediátrico de principios del siglo XX. Hoy, gracias a los esfuerzos y al rigor investigativo de nuestros científicos, tenemos la certeza de que los niños de América pueden ser los adultos del futuro.

    Bajo este propósito humanitario, desde hace ocho años, Colsubsidio promueve la formulación y el desarrollo de trabajos de investigación con una clara proyección social en el área de la salud infantil.

    En este contexto, el premio Colsubsidio de Investigación en Pediatría es una muestra de credibilidad en los sectores públicos y privados de la salud, en todas las redes de atención infantil y en las personas calificadas que han puesto lo mejor de sí para que esta misión de vida  tenga un efecto tangible en la sonrisa de los niños que padecen las consecuencias del ambiente, el subdesarrollo y la marginalidad.

    Para satisfacción de Colsubsidio, como entidad convocadora; y como motivo de esperanza para los millones de niños que merecen un futuro más saludable, en esta quinta versión del Premio se recibieron 92 trabajos de 10 países diferentes, productos de la dedicación y estudio de cerca de 300 investigadores del continente americano, lo cual demuestra el afán de los especialistas por persistir en su vocación científica y creadora para lograr que la felicidad, la salud y la vida estén al alcance de la población infantil.

    El progreso de las ciencias es obra del tiempo y de la osadía del espíritu. Por ello hago un especial reconocimiento al Dr. Carlos Bernal Parra, a su equipo de colaboradores del Hospital San Vicente de Paul y a la Universidad de Antioquia, quienes se merecieron el primer premio. Igualmente, aplaudo la labor del Dr. Homero Martínez y de sus colaboradores del Instituto Mexicano del Seguro Social y del Centro Médico Nacional Siglo XXI; del Dr. Jorge Eduardo Rincón, del instituto Karolinska de Suecia y la Universidad Nacional de Colombia, y del Dr. Laútaro Vargas del Hospital San Juan de Dios de Santiago de Chile, quienes resultaron finalistas en esta convocatoria. A todos ustedes expresamos nuestra admiración y las más sinceras felicitaciones.

    Sus trabajos –estoy seguro- tendrán un alto impacto social, de acuerdo con las necesidades más sentidas de nuestras comunidades.

    Para los investigadores aquí reunidos y para nuestros gobiernos, los gobiernos de los pueblos de América, la salud es, a la vez, medio y fin de toda actividad humana; es un derecho humano esencial y de ella depende el futuro de todas las regiones del mundo y de sus habitantes. Resulta evidente que el objetivo central de una mejor calidad de vida involucra de manera fundamental la gestión en salud.

    Por ello, en nombre del Gobierno Nacional y del país entero, quiero también hacer un sincero reconocimiento a Colsubsidio, entidad que patrocina este evento y que se destaca como una de las instituciones líderes en el sector de la seguridad social.  Gracias a su compleja gestión social destinada a buscar al bienestar de los colombianos mediante el desarrollo práctico y eficaz de un pensamiento solidario, esta entidad ha contribuido a generar hechos de paz en procura de una sociedad más justa y equitativa.

    Con el desarrollo de las investigaciones y de las políticas sociales,  ustedes han entendido  la salud como un bien y  una necesidad ineludible para la estabilidad democrática de nuestras naciones. Esa salud que contribuye al desarrollo social y que se nutre del mismo desarrollo.

    Hoy, gracias a los significativos aportes a la pediatría americana, que se hicieron por intermedio de esta convocatoria,  es posible creer en los proyectos que ponen en primer lugar la salud y la vida de las personas, especialmente de los niños, mediante conocimientos nuevos, experiencias interesantes y acciones innovadoras que ayudan a potenciar las capacidades físicas y espirituales de la población más vulnerable del mundo.

    Con esta clase de aportes estamos construyendo el futuro de nuestras naciones y generando las condiciones necesarias para que la vida no muera y siga perpetuándose en nuestras generaciones más pequeñas y en las venideras. De hecho, en este importante escenario de la medicina, el lente de los científicos de la medicina infantil se ha enfocado en los modelos de atención de salud en América, en la formación de especialistas en pediatría, en la humanización de la atención del cáncer infantil y en el impacto de la violencia en los niños.

    Sabemos que en la medida  en que se tomen  acciones más efectivas, tanto asistenciales como de salud pública, se podrán reducir los índices de mortalidad y morbilidad infantil, lo cual incrementará aún más la expectativa y la calidad de vida de América. En este sentido, los gobiernos latinoamericanos con los limitados recursos que generan nuestras economías se han empeñado en introducir los principios de solidaridad, equidad y eficiencia para hacer posible que las metas de cobertura universal puedan ser una realidad en nuestro continente.

    Un buen ejemplo del éxito de estos esfuerzos lo hemos vivido en Colombia, donde se ha logrado bajar, en una tarea conjunta del gobierno y de las entidades y los profesionales de la salud, el más diciente indicador de los resultados del sistema social y del sistema de salud: la tasa de mortalidad infantil. Este porcentaje, que había disminuido lentamente al final de los ochenta, aceleró sustancialmente su descenso en los últimos seis años y hoy es de 21,5 por mil nacidos vivos, encontrándose por debajo del promedio de América Latina, que es del 33 por mil.

    El descenso de la mortalidad infantil –esa que espantaba, con tanta razón, al Profesor Barberi- sobrepasó todas las expectativas, teniendo en cuenta que nuestro país se había comprometido en la Cumbre Mundial de la Infancia en 1990 a reducirla en una tercera parte y la disminución resultó casi del 50%. ¡Con este rápido progreso podemos decir que el país evitó la muerte de 60.000 niños en la última década!

    Aunados a estos esfuerzos,  Colombia y el resto de los países de América están experimentando una superposición de patrones epidemiológicos que nos han obligado a redireccionar las estrategias de salud pública y el rol de nuestros gobiernos centrales y regionales. Hoy enfrentamos enfermedades que aparecen y reaparecen, tales como el cólera, la malaria, la tuberculosis, y que se suman a las enfermedades no transmisibles y degenerativas, tales como las cardiovasculares, los cánceres y aquellas derivadas de la situación del  conflicto armado.

    Infortunadamente, los comportamientos demográficos y las pautas disfuncionales de estructuración familiar suelen acompañar a otros fenómenos sociales como la pobreza, los cuales van conformando un verdadero síndrome de desventaja social hasta consolidar un círculo que tiende a reproducir, de generación en generación, las condiciones de vida desmedradas. Esta conjunción de factores es un verdadero reto para las políticas sociales que procuran reducir las desigualdades sociales y para todos aquellos que desean dignificar a nuestros pueblos, especialmente a la niñez, a través de la salud.

    Por ello, hoy más que nunca tenemos la convicción de que los logros y los avances obtenidos en la investigación médica, hasta ahora, permitirán a nuestros países cumplir con las aspiraciones de la agenda social, lo cual nos obliga a continuar con el debate amplio y pluralista de todos los actores de la salud.

    Hoy, a través de la investigación científica y médica, estamos asistiendo a un profundo despertar de la humanización del hombre.

    Con sus aportes a la investigación en Pediatría, científicos de América, sentimos la presencia de una arcana y verdadera sabiduría: la sabiduría propia de un continente inexplorado y aún por descubrir que, desde siempre, ha tenido una inmensa vocación por la vida.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    1 de diciembre del 2000

    Estamos adelantando políticas de alto contenido social orientadasa garantizar el acceso de los más pobres a la vivienda y a los servicios de agua potable y alcantarillado, mediante programas que promuevan la construcción de vivienda e infraestructura con la participación activa de sector privado. Así avanzamos en la reducción de la pobreza, el mejoramiento de las condiciones de desarrollo, en la generación de empleo y alcanzamos una mayor justicia social.

    Para la reactivación en el corto plazo del sector de la construcción y la vivienda de interés social, con el fin de promover el empleo, se han tomado las medidas que nos permiten ver los primeros avances..

    Como ya lo hemos anunciado, el Gobierno Nacional ha destinado $100 mil millones de pesos este año para subsidios de vivienda de interés social. Estos recursos, complementados con los provenientes de las Cajas de Compensación, créditos del Fondo Nacional del Ahorro y de las Corporaciones de Ahorro y Vivienda, y en especial, el ahorro de las familias, permitirán la construcción de ochenta mil viviendas de interés social.

    La Política Nacional de Vivienda, ha buscado establecer reglas de juego, de manera que la asignación de recursos se efectúe con total transparencia, evitando cualquier manipulación que los desvíe de sus naturales beneficiarios, es decir, de los colombianos que hoy no tiene vivienda.

    El panorama no es fácil, pero ha servido para imponernos el reto de conseguir que cada colombiano tenga oportunidades para acceder a una casa digna donde vivir. Hemos sido creativos en la formulación de soluciones, y hemos trabajado para conseguir un mercado más libre y mejor informado en el que los diversos sectores en el que las entidades responsables de proponer su solución, como los usuarios y compradores de la vivienda, puedan tener mejores condiciones para encontrar la oferta adecuada a sus necesidades.

    Logramos construcción de reglas y procedimientos compartidos a partir de la discusión y de consensos, y abierto el paso a las Cajas de Compensación para que participen de manera activa en la política de interés social.

    Queremos ser reiterativos en que la eficacia de las acciones del Gobierno Nacional, está en lograr con celeridad y economía de recursos, los objetivos que nos proponemos concentrando nuestra acción en los sectores de menores ingresos. Así lo hemos plasmado en la Política Nacional de Vivienda del Cambio para construir la Paz.

    A través del Plan Nacional de Desarrollo y como parte de la política de vivienda, se amplió la cobertura de los Fondos de Subsidio Familiar de Vivienda de Interés Social de las Cajas de Compensación, haciendo que estos se restablezcan en todas ellas permitiendo así que en las diferentes regiones del país se cuenten con nuevos recursos para la asignación de subsidios para la vivienda y regiones para resolver sus propios problemas de vivienda.

    Dentro del mayor espíritu de concertación, el Ministerio de Desarrollo lideró un ajuste a las normas con el propósito de agilizarlos procedimientos y condiciones para una efectiva ejecución de la política de vivienda.

    El resultado sirve de ejemplo al país, pues hemos logrado acuerdos y concertado soluciones prácticas que permitan una efectiva reactivación de la economía, del empleo y que posibilitan la verdadera justicia social. Esa es la meta de los colombianos.

    En lo que va corrido del año se han otorgaron un total de 23.532 subsidios por un valor de 130.734 millones de pesos y que han significado la generación de cerca de 35 mil empleos en la industria de la construcción.

    Asimismo, a través del Fondo Nacional del Ahorro se han aprobado un total de 5.242 créditos por un valor de $107 mil millones de pesos y las corporaciones de ahorro y vivienda han desembolsado más de $60 mil millones de pesos de crédito a los constructores mediante más de 4.000 préstamos. Estos proyectos de vivienda han generado cerca de 50.000 empleos.

    Esta es una clara y concreta demostración, de que se ha iniciado el proceso de reactivación del sector de la vivienda.

    Como si esto fuera poco, en tan sólo tres meses y medio, a travésdel mecanismo de las cuentas de ahorro programado se han abierto un total de 65.300 cuentas, en donde se han depositado cerca de $25 mil millones de pesos. Este es un claro indicador del éxito de la nueva política de vivienda.

    Esa cifra confirma que los colombianos saben ahorrar y que están aprovechando este mecanismo de compra de vivienda. Mediante este sistema, son las mismas familias las que ahorran la cuota inicial de sus viviendas y luego se benefician de los créditos que otorga el gobierno. Con la ayuda de las Cajas, vamos a llegar oportunamente a los colombianos que más lo necesitan.

    El interés mostrado mediante la apertura de estas cuentas nos asegura un importante número de beneficiarios de programas de vivienda en Colombia.

    Con el acuerdo que hoy se suscribe, las Cajas de Compensación se comprometen con el país a una asignación y entrega eficiente y expedita de los subsidios familiares de vivienda.

    Este acuerdo significa que las Cajas de Compensación a través de los Fondos de Vivienda de Interés Social, asignarán y entregarán en lo que resta del presente año un total de 66.670 millones de pesos, con los cuales se espera que 11.300 familias colombianas puedan contar con un subsidio para la vivienda que complementan las asignaciones que realiza el gobierno nacional a través del INURBE.

    Es urgente que la Política Nacional de Vivienda tenga mayor dinámica posible, pues es para todos conocido el efecto multiplicador que sobre el empleo y la economía en general tiene el sector constructor. Por eso el gobierno ha invitado a las Cajas de Compensación, para que con su larga trayectoria en ese campo aporte a la solución de vivienda, hoy cuando los colombianos más lo necesitan.

    ! Techo y empleo van de la mano en Colombia!

    El mismo principio de complementar recursos para lograr una política de gran alcance se aplicará también en el sector de agua potable y alcantarillado. De lo que se trata es de crear un esquema financiero apuntalado en los aportes del presupuesto nacional para acelerar la iniciación de proyectos integrales como los que hemos puesto en marcha en Barranquilla y que se replican en otras ciudades como Cartagena, Pereira, Montería, Riohacha, Buenaventura, Poyapán, Ipiales y Soacha.

    Paralelamente a la puesta en marcha de estos programas, se han comenzado a adelantar megaproyectos de saneamiento básico, en Bogotá y Medellín, mediante créditos otorgados por Findeter.

    Con el nuevo entorno de tasas de interés y el decidido apoyo del Gobierno Nacional, estas ciudades y sus empresas de servicios públicos podrán iniciar obras inmediatamente y desarrollar inversiones superiores a uno y medio billones de pesos en tres años.

    Hoy la invitación es a que las Cajas de Compensación Familiar le den un gran impulso a los proyectos de vivienda de interés social, y naturalmente a los programas de Atención a la infancia que han sido diseñados de común acuerdo y que hacen parte de la Agenda Social de Colombia.

    Que sea esta la oportunidad para que agradezcamos el apoyo de CAMACOL a esta nueva iniciativa que contribuye a solucionar el problema de vivienda de los colombianos más pobres.

    Estoy convencido que con la unión de voluntades y el compromiso de todos, el sector de la construcción y la economía en su conjunto podrán mejorar su desempeño, haciendo que en el horizonte se dibuje promisorio, un nuevo país.

    Estamos construyendo un país con techo para cada colombiano, con barrios planificados, a los que llegan todos los servicios públicos, y en los campos veredas y municipios que acogen a sus comunidades bien organizadas. Es nuestro deber trabajar sin descanso por conseguir este propósito.

    “Muchas gracias”


    Lugar y fecha

    Santander, Colombia
    9 de febrero del 2000

    Colombia es tierra de amistad y de esperanza; es futuro y es promesa, como tuve oportunidad de manifestarlo a los representantes de todos los países del mundo en la reciente Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas.

    Por eso, cuando pienso en nuestro querido y sufrido país, tan lleno de riquezas, de color, de alegría, de talento, me resisto a creer que algunos pocos lo quieran convertir en un escenario de guerra.

    Cuando hablo ante los Presidentes del mundo, ante los empresarios extranjeros, ante los periodistas de todo el orbe, siento al mismo tiempo el orgullo de representar una tierra de flores, de café, de música, de arte, de bellas playas y majestuosos paisajes, y la tristeza de saber que todavía los intolerantes derraman sangre hermana sobre nuestro suelo.

    Pero las dificultades nunca nos han vencido, y no van a hacerlo hoy. Mucho menos ahora cuando la economía ha salido al fin de un duro ciclo recesivo, cuando la comunidad internacional nos acompaña y nos apoya entusiasta, y cuando estamos adelantando un proceso de paz de largo alcance.

    Un ejemplo de nuestro tesón, del coraje y la fortaleza de los colombianos, es esta 46ª. Asamblea Nacional de Hoteleros Cotelco 2000, cuyas deliberaciones entiendo como de la mayor importancia para el futuro del turismo nacional y, por tanto, para el mejor desarrollo de nuestra economía.

    Ustedes, los empresarios del Turismo y la Hotelería Nacional, vienen hoy a Cali a hablar de guerra, turismo y paz, porque entienden, como lo hace mi gobierno, que, a pesar del conflicto, y en tanto llega la paz por la que estamos trabajando, no podemos dejar de crecer, no podemos dejar de innovar, ni de mejorar, ni de vender nuestros servicios. Por el contrario, entre mayores sean las dificultades, con más empeño debemos esforzarnos por lograr la excelencia dentro de la competencia global.

    Aquí han venido expositores de Israel, Yugoslavia, Costa Rica, España y Cuba para compartir sus experiencias de turismo en medio de largos conflictos y también en medio de situaciones de paz consolidada. Colombia es consciente de sus dificultades, pero no por ello vamos a parar. Tenemos el reto de estimular el turismo en este país donde el 99.9% de sus habitantes le estamos apostando a la convivencia y al trabajo.

    Mi gobierno entiende que el turismo es un sector dinámico que tiene mucho que aportar a la economía nacional y que tiene mucho que ofrecer al mercado extranjero.

    Por ello, es especialmente satisfactorio que en este mismo Congreso podamos presentar, a través del señor Ministro de Desarrollo Económico, una importante Política Pública de Turismo, que ustedes y el país entero estaban reclamando.

    En el marco de esta nueva política vamos a implementar los centros de desarrollo tecnológico, a definir acuerdos de competitividad –que han sido tan exitosos en otras áreas-, y a incentivar la formación del talento humano y la vinculación de la universidad a la industria turística, entre otras varias medidas que ustedes podrán conocer en detalle, destinadas a un sector que tiene vocación de progreso y que ha sido muy afectado por la recesión y por el conflicto.

    Los invito, señores hoteleros y miembros de la industria turística, a hacer uso óptimo de esta nueva política, a exigirnos y a exigirse el mayor compromiso con su sector, y a trabajar sin descanso por el descanso de los que trabajan.

    Les auguro los mayores éxitos.


    Lugar y fecha

    Cali, Colombia
    13 de septiembre del 2000

    HONORES MILITARES DE BIENVENIDA AL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR, DOCTOR GUSTAVO NOBOA BEJARANO

    Hoy sentimos la enorme satisfacción de tener entre nosotros al representante de una nación vecina y hermana con la que compartimos una historia común, unas tradiciones seculares y la visión de una Latinoamérica progresista y democrática.

    Señor Presidente Gustavo Noboa, señora María Isabel Baquerizo de Noboa e ilustres miembros de la comitiva ecuatoriana: Sean bienvenidos a esta patria fraterna que los recibe con los brazos abiertos y con el espíritu alegre y conmovido, en medio de la familiaridad y el afecto con que se reúnen dos hermanos que viven en casas vecinas y que a menudo se encuentran para tratar de sus problemas y de sus anhelos comunes.

    Ecuador y Colombia hemos formado durante mucho tiempo un solo cuerpo, desde cuando la Real Audiencia de Quito hacía parte del Virreinato de la Nueva Granada hasta cuando fuimos una sola nación bajo la tutela protectora de Bolívar y el nombre glorioso de la Gran Colombia.

    Y hemos tenido siempre, como buenos andinos, un espíritu aferrado a las cumbres de la cultura y el intelecto, inmerso en las hondas reflexiones del saber. En los tiempos de la colonia y de la independencia no sólo nos unía una misma entidad política, sino también un amor a los libros y a las ideas, como pocos pueblos en el mundo.

    Eugenio de Santa Cruz y Espejo, en Ecuador, y Antonio Nariño, en Colombia, tuvieron y sufrieron vidas paralelas y pagaron con su libertad el precio por expandir entre los suyos las justas ideas de los revolucionarios franceses plasmadas en los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

    Aquí no más, detrás de nosotros, se encuentra el primer Observatorio Astronómico Nacional, donde el sabio Francisco José de Caldas adelantó sus elevados estudios sobre los astros y la naturaleza. Él le escribió alguna vez a Alejandro de Humboldt, las siguientes palabras, después de un viaje por la Provincia de Quito, que lo asombró con su cultura:

    “Yo no acabo de admirar cómo ha podido venir tanto libro a esta ciudad: apenas hay particular que no los tenga, y libros que no los pude ver en Santa Fe los he hallado aquí”.

    Y es que hemos crecido juntos, en saber, en democracia y en progreso, y estamos siempre listos, Ecuador y Colombia, para apoyarnos y darnos la mano, y para forjar con nuestra cooperación y nuestra amistad un futuro mejor para los pueblos andinos y para América Latina.

    No son momentos fáciles, señor Presidente Noboa, los que ha tenido usted que afrontar desde cuando asumió el primer cargo de su país para preservar las instituciones democráticas y consolidar las reformas económicas que reclama su pueblo.

    Y tampoco han sido tiempos de rosas los que vivimos en Colombia, donde hemos enfrentado y superado la peor recesión de las últimas siete décadas y donde estoy liderando, con convicción y firmeza, un proceso de paz que busca poner fin a un absurdo conflicto armado que nos desangra desde hace muchos años.

    Pero es en las dificultades cuando se reconoce a los amigos, y por eso está usted hoy acá, señor Presidente, para dejar testimonio expreso de las magníficas relaciones que sostienen nuestras naciones y para que tratemos, con la cordialidad y respeto de siempre, sobre los múltiples temas que nos vinculan, comerciales, políticos y de integración.

    Ecuador, la tierra privilegiada que marca la latitud cero del planeta, es alma y carne de Colombia. Somos arte, somos cultura, somos la expresión unísona de dos pueblos con un mismo corazón.

    Aquí, en nuestro Ipiales, vivió por varios años Juan Montalvo, el más insigne prosista ecuatoriano del siglo XIX. Aquí sentimos cercano ese clásico de la denuncia y de la novela indigenista, que es el “Huasipungo” de Jorge Icaza. Aquí se cantan a coro las inolvidables canciones de Julio Jaramillo y se disfruta de la romántica voz de Patricia González. Aquí sentimos nuestras las victorias deportivas del joven Nicolás Lapenti, que acompaña a nuestra Fabiola Zuluaga en los puestos de excelencia del tenis internacional. Aquí admiramos, señor Presidente, como en todo el mundo, la obra pictórica del Maestro Oswaldo Guayasamín, cuyas figuras escuálidas, angulosas y de grandes ojos doloridos hacen justo contrapeso en la plástica contemporánea a las rotundas y voluminosas creaciones de nuestro Fernando Botero.

    Esta es la Colombia hermana, señor Presidente Noboa, que hoy los estrecha en un abrazo solidario, andino y bolivariano y que desea lo mejor al pueblo ecuatoriano.

    ¡Sean bienvenidos a ésta, su casa!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    23 de agosto del 2000

    INAUGURACIÓN DE LA DONACIÓN BOTERO A BOGOTÁ

    Ayer fue “Noche de Brujas”, hoy es “Día de Todos los Santos”, y mañana será “Día de Difuntos”. No resulta extraño, entonces, que en este cruce de caminos tan especial, en esta noche mágica, me tome la licencia, con su amable complicidad, de no hacer una intervención tradicional, sino de contarles una bella historia, una historia fantástica que ocurre, que está ocurriendo, que pudiera ocurrir en las ensoñadoras calles de la Candelaria… Los invito muy cordialmente a que la recreemos juntos.

    UNA NOCHE EN LA CANDELARIA
    (Divertimento Fantástico a propósito de la Donación Botero a Bogotá)

    Es medianoche en la bella Bogotá y, si la catedral tuviera un reloj que funcionara, el reloj de la catedral sonaría con doce profundas y conmovedoras campanadas, anunciando el despertar de los espíritus de antaño.

    En el Palacio de San Carlos una pareja conocida abre los ojos:

    – ¡Simón! –dice ella-. Algo pasa afuera. Oigo ruidos
    – No ha de ser nada, Manuelita –bosteza él, desperezándose.
    – Sí, hay gente que habla.
    – Ya sé –dijo el Libertador-. Debe ser Miguel Antonio Caro que está otra vez recitando “Patria, te adoro en mi silencio mudo, y temo profanar…”
    – No, no es él.
    – Entonces será Pombo, dale que dale con su “Rin Rin Renacuajo”.
    – No, no es Pombo.
    – ¡Ah, ya sé! Debe ser la loca Margarita con su corte de admiradores.
    – No, Simón, no. Son muchas voces, como de extranjeros. Y hay otras como de vascos o gente de Antioquia, no sé… es como si hablaran “francés en español”.
    – ¡Eso sí habrá que verlo! –dijo el Libertador, y se calzó las botas, se colocó las charreteras sobre el camisón, y saltó por la ventana al empedrado de la Calle del Coliseo, una vieja maña que se le había quedado desde la noche septembrina.

    Manuelita también saltó y ambos quedaron estupefactos ante el espectáculo de visitantes que caminaban calle abajo, frente al Teatro Colón y el Hotel de la Ópera.

    Hombres, mujeres y animales, de los más diversos colores y hablando toda clase de lenguas, iban y venían en un coloquio de luz y de alegría, como si apenas descubrieran la vida. Todos, muy formales, se quitaban los gorros, hacían venias o daban pasos de baile o de arlequines ante el caraqueño y la quiteña.

    Estos, sin musitar palabra, -de asombrados que estaban-, pero respondiendo corteses a tanto saludo de los extranjeros, bajaron por la calle que está al frente del templo de San Ignacio, donde algunos forasteros charlaban con los personajes bíblicos de los cuadros de Santiago Páramo, hasta la esquina del Colegio de San Bartolomé, y desde allí divisaron la gran Plaza:

    – ¿Pero quiénes son los que están junto a mi estatua? –preguntó Bolívar.

    Rápidamente se acercaron y encontraron un divertido corrillo de esculturas. Junto al héroe pensativo yacía reclinada una mujer de pequeña cabeza y grandes pechos, de Henry Moore. Allí estaba también la Doble Espada de Sophia Vari, la cómplice afortunada del causante de todo este barullo. Pero la más alta de todas, “La Más Bella”, afirmaba ella, era la esbelta silueta construida por Max Ernst, que nunca se separaba de un Gran Genio de bronce.

    En sesión de chismes se encontraban, un poco aparte de los otros, el Busto Retrospectivo de Mujer, de Dalí, con una huidiza dama de Edgar Degas.

    – ¡Sigamos! –dijo Bolívar, dejando a las esculturas en lo suyo-. Vamos a hablar con Nariño. ¿Será que está en su casa?
    – Claro que está –respondió Manuelita-. A esta hora reza el rosario con la Madre Superiora.
    – ¿La Madre Superiora?
    – Sí, la de Botero. Esa que era la consentida de Belisario…
    – ¡Y de Pastrana!
    – Claro, también de él. ¿Recuerda lo feliz que se puso la monja cuando el Maestro vino a verla hace unos dos años?
    – ¡Y lo contento que se puso Botero, que hasta cayó de rodillas y se santiguó!

    Camino a la Casa de Nariño les llamó la atención un brillo de luces en el cielo, acompañado de un sonido de violín. Miraron hacia arriba y divisaron “El Payaso Volador” de Marc Chagall. Y ambos se echaron a reír.

    Cuando llegaron a la Plaza de Armas, esa que separa la Presidencia del Capitolio, el espectáculo alcanzó dimensiones fantásticas. Cientos de hombres, mujeres, niños, arcángeles, obispos, militares, todos robustos y rotundos, llenos de una infantil vitalidad, alumbrados por su propio color, rodeaban a la Madre Superiora, a la que le decían cariñosamente “Sor Palacio”, y armaban una fiesta y un estruendo de inmensas proporciones.

    – ¡Amigos! ¡Amigos! –exclamó Bolívar, acercándose a ellos, en medio de sus carnes lozanas y rosadas-. ¿De dónde vienen? ¿Quiénes son?
    – ¡Ave María, bella pareja! –respondió un Arcángel, que llevaba un gran sombrero alón adornado con plumas de colores, capa negra y calzón verde-. Todos venimos de “Botería” y somos obras del genial Fernando Botero.
    – ¿Así que él los creó tal y como son? ¿Tan… voluminosos? – preguntó Bolívar.
    – Sí, mi General –intervino un respetuoso Capitán, dando un paso al frente-. El primer día de la creación Botero dijo: “¡Hágase el volumen!”. Y el volumen se hizo.

    Los personajes rieron y aplaudieron con regocijo.

    – ¿Y quiénes fueron los primeros creados? –insistió el Libertador.
    – ¡Nosotros! – Se adelantaron, desnudos y hermosos, Adán y Eva.
    – Bueno… –corrigió rápidamente Sor Palacio-. Para ser más exactos, fue una mandolina.

    Manuelita y Bolívar no daban crédito a tanto color y tanta vida. Pero pronto surgió el ímpetu político del General.

    – ¿Y dónde están el Presidente y la Primera Dama? ¿Acaso no viven acá, con Nariño?
    – ¡Aquí estamos! -saltaron unas figuras de sacoleva y traje largo, aunque había otro, también con banda presidencial, que dormía plácido sobre una cama.
    – ¡No! ¡No! ¡No ustedes! ¡Me refiero a Andrés y doña Nohra!
    – ¡Ah… ellos! –dijo Sor Palacio-. Están en la Casa Privada, durmiendo como todos los mortales.
    – Bueno, bueno –dijo Bolívar- Ahí los dejamos, amigos. Vamos a seguir viendo qué más encontramos en esta noche de locos.

    Y volviéndose a Manuelita le comentó al oído:

    – Más tarde buscamos a Nariño. Con todo este alboroto, debe estar refugiado con el sabio Caldas en el Observatorio.

    Así que continuaron su camino de nuevo hacia los cerros, voltearon al norte por la Calle del Carmen y llegaron a la Calle de las Culebras, donde no tardaron mucho en toparse con más prodigios. Justo al frente de la iglesia del Camarín del Carmen escucharon vociferar a un hombre de alta alcurnia sobre su caballo. Era el Virrey Solís, un viejo conocido.

    – ¿Pero qué es esto? –clamaba el buen virrey-. ¿Qué pasó con los ladrillos del Camarín?

    Se aproximaron Simón y Manuelita y pronto se dieron cuenta de la razón del disgusto del español. La fachada de la iglesia estaba toda llena de trazos y colores, de rayos de luz y de grises de sombra, con varias firmas estampadas. Se acercaron a ver lo que decían y leyeron nombres como el de Serge Poliakoff, Joan Miró, Jean Dubuffet, Roberto Matta, Willem De Kooning, Joaquín Torres García, Miguel Barceló y Antoni Tàpies, entre otros. También estaba pintado un desafiante Tótem de Wilfredo Lam.

    – No entiendo mucho –le dijo Bolívar al Virrey-. Pero deja el enojo, que estoy seguro de que mañana en la mañana volverán a su lugar tus queridos ladrillos de siempre. A mí, la verdad, todo esto me parece un poco… “abstracto”.

    Y siguieron su marcha sin reparar en la respuesta de Solís, porque una cuadra hacia el este, subiendo por la Calle del Camarín, les llamó la atención un jolgorio de luz y de notas musicales que salía desde una taberna, extrañamente abierta a esas horas de la noche.

    El espectáculo era alucinante. Adentro había un verdadero festín de licor, música y humo, con muchos invitados y bellas bailarinas de can-can, subiendo animadas faldas y piernas. Nuestra pareja se acercó a la mesa más concurrida y encontraron un grupo de hombres, la mayoría de barba, que hablaban animados en francés, una lengua que dominaban también los criollos ilustres.

    Pronto se presentaron. Ellos eran Claude Monet, Auguste Renoir, Camille Corot, Henri Toulouse-Lautrec, Eugene Boudin, Gustave Caillebotte, Alfred Sisley, Edouard Vuillard y Camille Pissarro.

    – ¡Esto es más bello que Montmartre! – exclamó Monet. – ¡Y lo mejor es que estamos juntos de nuevo todos los amigos!
    – ¡Es como una Mañana Brumosa del Louvre! –agregó Pissarro.
    – ¡O como un Paisaje de la Isla de Francia! –dijo Renoir.
    – ¡O como el Puerto de Trouville! –dijo Boudin.
    – ¡O como la Llanura de…! –iba a seguir Caillebotte, pero se interrumpió cuando Corot se levantó y comenzó a bailar flamenco con una Gitana con Pandereta. Entre tanto, Toulouse-Lautrec le sirvió un poco más de absenta a una mujer solitaria y melancólica que bebía en un rincón.

    Manuelita la vio un poco triste y se acercó a hablar con ella.

    – ¿Qué te pasa? –le dijo.
    – Es que hace poco me encontré con una de las últimas obras del maestro Botero. Una que se llama “Masacre de Mejor Esquina”, y no he podido dejar de llorar, porque no puedo creer que tanta violencia pueda interrumpir el curso festivo de la vida.
    – ¡Deja mujer! –le dijo Bolívar, que había escuchado desde la otra mesa- Que hoy es noche de magia y de arte, y algún día los violentos tendrán que comprender que más vale la vida que la muerte. Te lo digo yo, que tuve que ver tanta sangre para lograr la libertad de este querido país.

    En una mesa cercana, tres hombres brindaban en español, y el Libertador preguntó por ellos.

    – ¡Ah! –dijo Sisley-. Ellos son los del Banco de la República, los que han hecho posible nuestro viaje.
    – ¿Y quiénes son? –inquirió Bolívar.
    – El más canoso y equilibrado es Miguel Urrutia, que es el Gerente. El otro es Darío Jaramillo, el Subgerente Cultural y autor de libros tan gratos como “las Memorias de un Hombre Feliz”. Y aquel, que está tan contento que parece el protagonista del libro de Darío, es Jorge Orlando Melo, el director de la Biblioteca Luis Angel Arango. ¡No se imagina cuánto han trabajado para que esto tenga éxito!
    – ¡Bien por ellos! –dijo Bolívar. Y todos levantaron sus copas y brindaron en francés.

    Diciendo esto, dejaron al grupo de bohemios en su taberna. Y debo mencionar que, de este encuentro, Manuelita y Simón quedaron, -cómo decirlo-, bastante… “impresionados”.

    Siguieron su camino hacia el norte, se cruzaron con un colorido Matrimonio, de Rufino Tamayo, y sintieron entonces un ruido en las tejas de las casas de la Candelaria: era un ladrón robusto, de bigotico y de gorro negro, que pertenecía sin duda a “Botería”. Decidieron dejarlo pasar y se entretuvieron mirando por una pequeña claraboya de luz hacia el interior de una antigua casa de fachada rosa. Allí había una joven desnuda, con una pierna recostada en una silla.

    – ¡Mujer, mujer! ¿Tú quién eres?

    Ella volteó a mirar, sin pudor y sin asombro, y les respondió en melódico francés:

    – Soy el Desnudo con Silla de Pierre Bonnard. Estuve siempre en la casa de mi autor hasta cuando murió y luego en la de Botero en Nueva York. No me olvido que acostumbraba leer el periódico frente a mí.
    – ¿Y esa mujer que yace con la falda recogida más arriba del ombligo?
    – Es el Estudio para la Lección de Guitarra, de Balthus. Botero lo compró a la viuda del poeta Paul Eluard.
    – ¿Y esa otra más allá, esa que acuna y amamanta al niño?
    – ¡Ah, ella! Es “La Maternidad” de Max Beckmann.

    Pero no estaban solas estas damas. Sentadas frente a una mesa adornada por un Jarro y un Velador, de Braque, estaban conversando en suave murmullo Vera Sergine Renoir, cuyo cabello estaba adornado por una flor granate; la señora Wittgenstein, de Klimt; una mujer de Sombrero Déco, de Valdés; otra, apenas delineada, de Henri Mattise, y Madame La Fontaine, de Vuillard, que no cesaba de alardear, diciendo que Botero la tuvo colgada frente a su cama. Al fondo, entre los trastes de la cocina, envuelta en el vapor del chocolate caliente, destacaba el color azul del vestido de La Cocinera, de Soutine.

    – ¡Bellas, todas muy bellas! –musitó Bolívar, ante la mirada celosa de Manuelita, no sin antes dar un vistazo a una Mujer en el Baño, de Degas.

    Pero había que seguir y llegaron así hasta la esquina superior de la Luis Angel Arango, en la intersección de La Rosa con La Moneda, donde una plazoleta alberga la figura imponente de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Allí, un hombre calvo de mirada penetrante daba brazadas en el aire, como pintando un monstruo invisible, sin hacer caso de nuestro artista colonial.

    – ¡No me pregunte quién soy! ¡Yo soy Pablo Picasso, y eso es todo!
    – ¿Pero usted ya estuvo acá, no es cierto? –preguntó Manuelita.
    – Sí, yo vine en mayo con varias de mis obras, y hasta el Presidente de la República me escribió una carta. Pero ya ven: hoy he venido a quedarme, gracias a Botero.
    – ¿Y ese Hombre sentado con Pipa que está allá? –dijo Bolívar, señalando a un señor de barba café.
    – ¡Es mío! ¡Es mío! –respondió Picasso, con justo orgullo.
    – ¿Y ese otro Niño? –dijo la quiteña
    – ¡Ah! Ese es de Francis Bacon.
    – ¿Y cuánto se quedarán? –preguntó curiosa.
    – ¿Qué cuánto nos quedaremos? –dijo Picasso, con ojos brillantes de emoción. – ¡Para siempre! ¡Para siempre en Bogotá! Esa fue la instrucción de Botero.

    De pronto se sintió un barullo creciente y el galope de multitud de pasos que casi aplastan a la pareja de libertadores (no olvidemos que Manuelita era “la libertadora del libertador”).

    – ¡Ya casi es de día! –dijo Picasso-. Debemos regresar. Muy pronto se abrirán las puertas y vendrán los niños, y vendrán los novios, y vendrán los ancianos, y vendrán todos, todos, de Bogotá y del mundo, a contemplarnos.

    Simón y Manuelita se quedaron mirando extasiados cómo la corte multicolor de artistas y personajes cruzaban el umbral de la casona de la Candelaria, donde eran recibidos por una gigantesca Mano de bronce, de Botero, por supuesto.

    Cuando todos entraron, ellos mismos corrieron hacia el Palacio de San Carlos porque tampoco les estaba permitido habitar en el día. Treparon como niños por la ventana “septembrina”, y se abrazaron antes de desaparecer.

    – ¿Sabes, Manuelita? –Fue lo último que dijo Bolívar-. Bogotá, a partir de hoy, será otra: más bella, más culta y más universal. El maestro Botero ha hecho por nosotros más que un batallón de legionarios. ¡Esos son los colombianos que me enorgullecen y esa es la Colombia de mis sueños! De verdad te digo que Botero merece todo el reconocimiento del país. Y digo más: Si todavía fuera Presidente, no dudaría en concederle la Orden de Boyacá en su máximo grado, esa condecoración que yo mismo creé para exaltar a quienes mejor sirven a la patria.
    – Yo estoy segura de que Andrés se la va a entregar –afirmó Manuelita, casi en un susurro, mientras se desvanecía en el aire, como una blanca pompa de jabón.

    Sobre Monserrate se anunció el primer rayo de sol. Los bogotanos comenzaron sus faenas diarias y en la Candelaria se apagaron, una vez más, los ecos del pasado.

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    1 de noviembre del 2000

    COLOMBIANOS:

    Con la misma sinceridad con la que siempre les he hablado quiero decirles que las advertencias que hice durante mi campaña sobre el deterioro de la economía nacional se quedaron cortas, porque la realidad que encontramos al profundizar en el estudio de la situación del país, nos demuestra que hemos recibido una economía postrada.

    Los colombianos, y sobretodo los más pobres, se encuentran agobiados por altos intereses, desempleo y múltiples dificultades, y las finanzas oficiales están gravemente deterioradas. Solo un esfuerzo conjunto y decidido nos permitirá recuperar rápidamente a Colombia.

    Mi compromiso es con el futuro. Pero ese compromiso me exige hablarles a ustedes con toda franqueza, para que trabajemos juntos con empeño y optimismo en la solución de los graves problemas que enfrentamos

    En los últimos tres años se estancó el desarrollo del país. En ese período, el crecimiento de la economía estuvo por debajo del 3% anual, una tasa con la cual no podemos aspirar a mejorar el nivel de vida de los que tienen la fortuna de estar empleados y tampoco podremos crear nuevos puestos de trabajo.

    Hoy, de cada 100 colombianos en disposición de trabajar, 16 no han podido conseguir empleo.

    Esta es una situación dramática. Solamente en las siete principales ciudades del país hay más de un millón de compatriotas desempleados. Y con realismo, debo advertirles que en el mes de septiembre, cuando se  conozcan las últimas estadísticas del DANE, seguramente ellas registrarán un aumento del desempleo, como consecuencia de las altísimas tasas de interés y de las restricciones al crédito durante los meses de mayo y junio.

    Cada vez que una fábrica, que un almacén, que un taller, o un restaurante, por modestos que sean, se ve condenado a desaparecer, hay toda una cadena de proveedores que se afecta con ese cierre, con ineludibles repercusiones sobre el empleo. Solamente en los meses transcurridos de 1998 más de 200 grandes empresas han llegado a una situación financiera grave que las tiene al borde de su cierre.

    La situación del sector agropecuario, vital para aclimatar la paz, es francamente deplorable. Y las entidades del importante ministerio que debe velar por este sector. EL INAT Y el Incora las hemos encontrado en un alto estado de deterioro.

    Por otra parte, para mencionarles algunos otros casos de esa lamentable condición en que están las entidades del Estado, quiero contarles que, por ejemplo, Telecom, que en el pasado fuera una empresa que producía utilidades, perdió el año pasado sesenta y tres mil millones de pesos. Cajanal, por su parte, pierde, mensualmente, tres mil millones de pesos, en el SENA encontramos una nómina paralela que agotó los recursos de la entidad. Prosocial entró en estado de cesación de pagos. Y ello sin mencionar otros casos, suficientemente conocidos por la opinión pública, como los de Foncolpuertos y Caprecom.

    Le he pedido a los ministros que los indicios de corrupción y de indelicadezas administrativas que encuentren, sean puestas en conocimiento de la Procuraduría, tal como lo hicimos con el caso de Ferrovías.

    ¿Qué vamos a hacer, entonces, para empezar a poner la casa en orden y sacar al país de este atolladero?

    A nadie le cabe duda que la recuperación del país y de nuestra economía requiere de una baja permanente en las tasas de interés. Es absolutamente imposible esperar que se pueda crecer y generar empleo con esos altísimos intereses. Y en esto, gran parte de la responsabilidad recae sobre el enorme déficit fiscal que encontramos.

    El déficit fiscal, es decir, el faltante que existe entre los dineros que el Estado recibe por concepto de impuestos y lo que gasta en funcionamiento y en inversión, ha venido creciendo aceleradamente en los últimos años. Hoy ese hueco en las finanzas del Gobierno central es aproximadamente de cinco billones de pesos o de cinco millones de millones de pesos, una cifra tan grande que es difícil de entender de cualquiera de las dos maneras que uno la llame. Para cubrir este faltante, el país ha estado acudiendo al endeudamiento. Como cada vez el Estado debe pedir más créditos al sector financiero, cada vez los intereses suben más para todos los colombianos y hay menos recursos disponibles para quienes quieren comprar su propia vivienda o hacer empresa.

    Por eso, lo más urgente, es enfrentar este déficit fiscal. Con este objetivo, la primera reunión del Consejo de Ministros aprobó un recorte de gastos hasta por un billón de pesos para este año. A estas alturas, este es un esfuerzo enorme para el Estado, pero lo vamos a hacer. Y lo vamos a hacer porque solo así se logrará que el Gobierno pida menos plata prestada, logrando que las cuotas de las deudas hipotecarias bajen y que los empresarios se endeuden a menores tasas.

    En el presupuesto de 1999, también haremos un esfuerzo similar. Con esto consolidaremos tasas de interés bajas y aliviaremos a todos aquellos que tienen deudas asfixiantes. trabajaremos conjuntamente con el Banco de la República para que esto sea así.

    Para lograr estas metas, también hemos adoptado inmediatamente medidas de austeridad en el gasto, como la supresión de celulares, de carros, de viajes, de avisos y cuñas publicitarias que no sean realmente necesarias.

    Controlaremos rigurosamente las llamadas “nóminas paralelas”, a través de las cuales se ha creado una verdadera fronda burocrática que no aparece en las estadísticas de los servidores públicos, pero que constituye un auténtico desangre en las finanzas del Estado.

    Revisaremos los Fondos de Cofinanciación que han venido reemplazando alos auxilios parlamentarios, y  le pediremos al Congreso la reorientación de los recursos del Fondo de Regalías, para que se dirijan hacia el mantenimiento y construcción de carreteras del orden departamental que tanto necesitan los colombianos y especialmente los campesinos.

    También para que el fisco nacional no se desangre, combatiré de frente la corrupción. Tal y como lo dije en mi discurso de posesión, en mi administración no habrá espacio para la corrupción, y no será tolerada ni perdonada. Si entre todos luchamos contra los corruptos, mucho será el dinero que lograremos ahorrar. Si no hay robos y desfalcos en las entidades públicas, podremos  invertir más dinero en salud, educación y vías.

    Además, buscaremos aumentar los ingresos del Estado, sin aumentar los impuestos, mejorando el recaudo de los existentes. En muchos países del mundo donde se han bajado los impuestos, los ciudadanos reconociendo la justicia de la medida, han reducido la evasión y aumentado su contribución.  En Colombia ocurrirá lo mismo.

    Con esta certeza, cumpliremos la promesa de reducir gradualmente el IVA. El año entrante bajaremos un punto, y en los años siguientes lo seguiremos rebajando paulatinamente, dejando por supuesto exentos a los artículos de primera necesidad de la canasta familiar, pero simultáneamente combatiremos sin cuartel su evasión.

    Con este fin, llevaremos al Congreso un proyecto de ley para definir con más claridad y precisar los delitos de retención indebida del IVA y de contrabando, para meter a la cárcel a quienes se están quedando con la plata del IVA, que son recursos de todos los colombianos.

    La baja en este impuesto la realizaremos de la mano con el aumento en los recaudos por una mejor fiscalización y por un ajuste en el gasto del Estado.

    En todo el proceso de ajuste, hay que profundizar y mejorar la descentralización. Propondremos al Congreso que las transferencias sirvan como un estímulo a la eficiencia y para ir atendiendo el inmenso pasivo pensional que gravita sobre departamentos y municipios. Y propondremos que la distribución de las transferencias no continúen propagando las inequidades que hoy existen entre las regiones. También llevaremos al Congreso medidas para fortalecer y modernizar las finanzas de los entes territoriales. Pero la descentralización debe estar acompañada por una mayor responsabilidad de los departamentos y municipios. No podemos aceptar mas nombramientos y despilfarros  con la intención de cargarlos al presupuesto de la Nación.

    Todas estas reformas nos permitirán crear un clima propicio para que las tasas de interés bajen, para que quienes adquirieron su hogar mediante créditos no lo pierdan, y para que las actividades generadoras de empleo, especialmente las de exportación, vuelvan a producir desarrollo y prosperidad en Colombia.

    No tengo duda de que el ajuste debe preservar el gasto social, especialmente en salud y educación. Esas son las instrucciones que he dado a los ministros. De esta manera la reactivación de la economía estará  compañada por el apoyo que requieren las personas mas necesitadas. Solo con una Colombia que respete estos principios podremos lograr la justicia social en un país lleno de oportunidades para todos.

    Amigos colombianos:

    Para lograr esto, debemos tomar medidas llenas de coraje y fe. Este esfuerzo por ordenar la descuadernada economía que recibimos, tendremos que poner todos los colombianos nuestra cuota de sacrificio. Estos primeros meses seguramente serán muy duros. Pero el esfuerzo valdrá la pena, porque nos permitirá despejar el horizonte y empezar a construir la Colombia grande y próspera que alimenta nuestras ilusiones. No les estoy pidiendo aplausos por mis buenas intenciones, les estoy pidiendo que me acompañen con optimismo en este camino. Luego, llegarán los aplausos para todos los colombianos.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de agosto de 1998
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