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    Discurso de posesión de Andrés Pastrana Arango como Presidente de la República

    Este no es mi día sino el de todos nosotros los colombianos. El juramento solemne que he prestado hoy ante Dios todopoderoso y ante ustedes es un sacramento de nuestra democracia. Un juramento pronunciado a lo largo de nuestra historia, pero que en este caso adquiere una mayor dimensión pues nos exige a la vez acertar en el cumplimiento de nuestras obligaciones y no repetir los errores del pasado. Orgullosos de nuestro patrimonio vamos a buscar ahora lo mejor de nuestro futuro.

    No sólo estamos hoy invistiendo a un nuevo Presidente sino inaugurando la nueva era de una Colombia, orientada hacia el camino correcto. Me comprometo conmigo mismo y ante ustedes a gobernar sin privilegios ni discriminaciones para todos los colombianos. Quienes ocupen las más altas posiciones del gobierno tendrán las más grandes obligaciones frente a la ley, y no gobernarán los que crean que el poder otorga licencia para quebrantarla. Dicho de un modo más sencillo: en mi administración no habrá espacio para la corrupción, y no será tolerada ni perdonada. Quiero -y no transijo por menos- que éste pase a la historia como el más limpio de los gobiernos.

    Dentro del inmenso margen de nuestros retos arriesguémonos a enfrentar los grandes cambios que necesitamos. Volvamos a confiar en que nuestras ciudades y nuestros campos recobrarán su seguridad y la paz. Creamos una vez más que nuestra industria y nuestra agricultura prosperarán; que nuestros hijos recibirán una buena educación, que su salud estará protegida y sus padres estarán a salvo del flagelo del desempleo.

    Realizar estas esperanzas implica serios y sostenidos esfuerzos, una causa común y el poco común coraje de recoger nuevas ideas y estar dispuestos a nunca renunciar ni darnos por vencidos.

    Porque el cambio no se realiza en una semana, en un mes o en un año. Quizás ni siquiera se haya complementado al término de esta administración. Estamos en el amanecer de una nueva era, todavía no en su esplendor. Pero el cambio comienza hoy.

    Poseemos vastos recursos naturales, pero aún más importante: un gran talento humano. Si nos preparamos a conciencia no debemos tener miedo a la globalización de la economía. Por el contrario, le daremos la bienvenida y competiremos y prosperaremos dentro de ella.

    Yo veo a una Colombia reconocida orgullosamente en nuestro hemisferio y en el mundo entero por transitar en los prodigios de la informática, y no en los paraísos artificiales de la cocaína. Yo veo a una Colombia orgullosa y con autoridad suficiente para retar a otras naciones a que controlen su demanda de drogas, porque fuimos capaces de combatir la oferta y también la demanda dentro de nuestro propio país.

    Como Presidente no entregaré ni un ápice de nuestra soberanía, pero apelaré a toda ella para hacer cumplir la ley y para construir una prosperidad que haga de Colombia, con una economía moderna, un imán para la inversión.

    No solo buscaremos la prosperidad en la industria y en las empresas, sino también en la agricultura, a la que hemos exprimido durante muchos años sin pagarle lo que le debemos. Vamos a invertir más en el campo. No olvidemos que la tierra es el alma de Colombia y que quienes la cultivan son el alma de la tierra.

    Colombianos:

    Durante mi campaña propuse los diez grandes cambios. Cada uno de ellos es igualmente importante y todos ellos serán promovidos. Debemos intentar de nuevo, y confiar una vez más en que podemos cambiar y lograr un país mejor. Les pido que me ayuden, pues son sus manos, más que las decisiones de un Presidente, las que moldearán la materia final de nuestros esfuerzos.

    Al pueblo de Colombia le debo el privilegio de ser el gobernante que ha de cerrar las puertas del siglo XX y ha de abrir las del siglo XXI hacia el vasto horizonte del tercer milenio. Se me ha encomendado la responsabilidad de continuar y mejorar lo mejorable que ha sido hecho por otros gobernantes. Pero más de seis millones de colombianos y el consenso más amplio de la Nación, me han señalado para descubrir el camino de esa tierra presentida y prometida que debe ser Colombia.

    UNA COLOMBIA EN PAZ

    El muy sabio refranero español lo dijo: “Sin paz no hay pan”. Por eso, ante todo, quiero la paz, que es paz y pan. Y es la tierra prometida que anhelamos: una Colombia en paz.

    Pero la reconciliación demanda un Gobierno capaz de organizar un liderazgo colectivo por la paz, que implica sacrificios, exige renuncias y demanda compromisos graves que han de ser estériles mientras Caín siga .matando a Abel.

    El Presidente de la República asume elliderazgo irrenunciable de construir la paz. No esperen de mí que construya una burocracia de la paz. Desde ahora convoco a todos los colombianos a seguir y trabajar dentro de la “Agenda de paz” que voy a dirigir.

    Para todos debe ser claro que recuperaré para el Estado el monopolio de la fuerza para la paz, la justicia social y la felicidad de los colombianos. Cada minuto que ahorremos en la guerra es una inversión en la vida. La cooperación internacional en nuestros procesos de paz no debe verse como la incapacidad de construirla solos, sino como una nueva manera de hacer la paz.

    El llamamiento a la paz como condición necesaria para un proyecto de país, es evidente. Pero la paz exige transformar la energía humana del rencor, propia de las guerras, en energía vital para la reconstrucción de una nueva Colombia.

    Es precisamente esa energía vital la que nos debe permitir que no se sigan repitiendo los actos de violencia como los de los últimos días, que al igual que a sus familias ya todos mis compatriotas, me han llenado de dolor. Estos actos no contribuyen al clima de entendimiento que personalmente, al igual que todo mi Gobierno, estamos dispuestos a propiciar empeñando para ellos todos nuestros esfuerzos.

    La primera cuestión es de identidad. ¿Qué es Colombia y que queremos que sea? Históricamente la Nación buscaba su identidad en la homogeneidad excluyente, que despreciaba la diversidad o la anulaba. Una Patria exigía una religión, una lengua, incluso una etnia dominante. Desde posiciones dictatoriales o desde pactos republicanos se iban imponiendo estas condiciones de identidad durante tiempo indefinido para configurar otros sistemas de poder. La evolución posterior, en particular la actual, demuestra que los excluidos de cualquier tipo, suelen reclamar con gran violencia el reconocimiento de su existencia y de su derecho a participar. La gracia es que la identidad de la nueva Colombia que encare los desafíos del siglo XXI y se ofrezca a las nuevas generaciones, tiene que ser incluyente de la diversidad colombiana, y no excluyente, como ha sido hasta hora para una parte importante de los colombianos. Mantener la unidad de la Nación tiene que estar en el origen y la finalidad de esta determinación histórica a favor de la paz.

    UN MODELO DE DESARROLLO POR LA VIDA Y LA JUSTICIA SOCIAL

    Recibo un país con sus indicadores económicos gravemente averiados, y con sus finanzas públicas destrozadas. Por esto me propongo ahora hacer un estado de cuenta y razón de las condiciones en que las he recibido. Pero también presentaremos sin tardanza, en las semanas venideras, los grandes lineamientos de las medidas que vamos a tomar para sacar a Colombia de la postración en que la encontramos.

    Pieza fundamental en este programa de recuperación será el ajuste fiscal. Nuestro país no puede seguir gastando alegremente mas allá de sus posibilidades. Si así lo hiciéramos, la ya gravísima situación de desempleo que heredamos se haría aún más agobiante. Y los desequilibrios de todo orden harían inmanejable la economía y comprometerían el desarrollo del país por mucho tiempo. Por eso nos empeñaremos con rigor desde los primeros días de la Administración, a poner en orden la casa fiscal.

    Pero no solamente nos ocuparemos de ordenar las finanzas públicas. También tenemos que reactivar el crecimiento económico equitativo. El plan de desarrollo que la administración debe presentar a consideración de las cámaras dentro de los primeros seis meses, tal como lo dispone la Constitución, será la oportunidad para trazar la carta de navegación que nos permita abrir las puertas del siglo XXI a una sociedad con un crecimiento mejor e igualitario. Dentro de este propósito la búsqueda de la paz no es sólo un anhelo colectivo sino también una estrategia inteligente de desarrollo económico. La paz es la tarea más urgente en la agenda de nuestro país y el mejor contrato social que podemos hacer hacia el futuro.

    NARCOTRÁFICO

    Debemos aprovechar el fin de siglo para hacer un corte de cuentas de los profundos daños que le ha causado a nuestra sociedad el fenómeno del narcotráfico. En lo ecológico, no queda duda de que es el principal depredador de grandes zonas del territorio colombiano, apreciado en el mundo por la diversidad de sus tesoros ambientales.

    Qué no decir del fomento de la corrupción, cuyo efecto en las instituciones se ha convertido en uno de los agresores más funestos que ha enfrentado el Estado colombiano durante toda su historia. O el fomento de la violencia, por el dinero fácil para el logro de objetivos que antes eran frutos de años y años de trabajo limpio. O el incremento del consumo.

    Si Colombia sobrevive pese a tantas desgracias es sólo por la fortaleza moral de un pueblo que ha sabido afrontarlas. Pero no le pidamos más milagros.

    “EL FONDO DE LA PAZ” CON APORTES TRIPARTITOS

    Para lograr este propósito nacional, además de las iniciativas políticas que ya estamos poniendo en marcha, la paz será el hilo conductor del próximo plan de desarrollo. Ello implicará inversiones sociales y de infraestructura de gran magnitud en las zonas de conflicto.

    Con este objetivo vamos a crear el gran “Fondo de la Paz” que será administrado en urna de cristal y cuyos programas harán parte integral del plan de desarrollo. Se nutrirá de aportes tripartitos provenientes de tres fuentes distintas. En primer lugar del propio Gobierno, el cual, como consecuencia del programa de austeridad que va a emprenderse, liberará recursos importantes que podrá destinar a inversiones estratégicas para la paz. En segundo lugar, de aportes provenientes de la comunidad internacional que ha mostrado su interés en colaborar económicamente para aclimatar la paz en Colombia. Y en tercer lugar, de dineros que habrán de aportar los colombianos prósperos, a través de un “Bono de Paz de Obligatoria Suscripción”,cuya autorización solicitaremos al Congreso Nacional, y a través del cual podrán concretarse las valiosas manifestaciones de tantos colombianos de buena voluntad.

    Tal como lo dije en la campaña, presentaremos ante el Congreso Nacional el proyecto de ley que permita realizar una disminución gradual del IVA combatiendo simultáneamente y con energía la evasión que hoy se produce. Así mismo se presentará, una vez que el programa de ajuste fiscal fructifique, se propondrá una reducción de la tarifa del impuesto a la renta para aquellas empresas que generen nuevos empleos.

    NUESTRA POLÍTICA INTERNACIONAL

    El mandato transparente y categórico que he recibido de los colombianos deberá transformar también nuestra posición internacional para adelantar una política exterior de amplio consenso, coherente y sistemática, que supere cualquier exclusivismo de grupo, de región o de partido. Nuestra diplomacia será eficaz, apta para obrar sin desventajas, respetuosa de compromisos y consciente de su irrenunciable dignidad y de sus derechos bien ganados.

    Estoy convencido de que el irreversible propósito de globabilización exige un orden internacional más equitativo. No queremos ser espectadores simples sino protagonistas diligentes de ese nuevo compromiso mundial.

    No ignoro que nuestra agenda internacional demanda un modo diferente de concebirla. No rehuimos la responsabilidad, la asumimos. Nuestra política exterior estará encaminada a fortalecer nuestro poder de negociación en torno a temas primordiales de la agenda global. Reafirmaremos con hechos y acciones efectivas nuestro compromiso con la promoción y defensa de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

    Como Presidente de la República ejerceré a plenitud la obligación constitucional de dirigir las relaciones exteriores, consciente de que en un régimen como el nuestro el liderazgo del Jefe del Estado es irremplazable.

    Nuestra política exterior estará guiada por la protección de los derechos esenciales de Colombia. Compartimos los grandes principios que están incorporados en la carta de las Naciones Unidas y en los instrumentos del sistema interamericano. La palabra internacional de Colombia es sagrada para nosotros.
    Somos abanderados de la santidad de los tratados y de la buena fe en las relaciones entre los Estados. Siempre hemos sustentado la solución pacífica y negociada de los conflictos. La heredad nacional es el producto del derecho, nunca de la fuerza o de la imposición arbitraria. Creemos en la vigencia del multilateralismo, en la acción colectiva organizada para enfrentar los problemas y prevenir y resolver las divergencias y conflictos.

    Venezuela es el país con el cual Colombia ha avanzado más en materia de integración económica. Los estrechos vínculos históricos y culturales que nos unen nos permitirán impulsar el entendimiento en todos los campos a fin de continuar avanzando en el proceso de integración binacional y en la consolidación de la Comunidad Andina de Naciones para proyectarla al continente.

    Estados Unidos, en su condición de potencia hemisférica y por ser la economía más grande y avanzada del mundo, es un país fundamental para las relaciones internacionales de Colombia. Comenzamos también con ellos una nueva era de entendimiento y de confianza que nos ha de permitir la diversificación de la agenda de nuestras relaciones, para avanzar por la senda de una verdadera cooperación, más de hermanos que de buenos vecinos.

    En lo que hace relación con Europa y los países de la Cuenca del Pacífico, continuaremos estrechando nuestras relaciones económicas y culturales, así como los vínculos entre los distintos bloques de integración que hoy existen. Para este efecto otorgaremos particular importancia a la Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe que se realizará el año entrante como fruto del diálogo entre la Unión Europea y el Grupo de Río.

    Colombia sale hoya la búsqueda de la comunidad internacional para reasumir el liderazgo que le corresponde en el diseño del “Nuevo Mundo”.

    JUSTICIA SOCIAL

    Es claro: tampoco la paz es posible sin justicia social. Colombia es una sociedad desgarrada por las distancias sociales. Urge por lo tanto a través de la  educación, de la salud y el empleo mejorar la redistribución de la riqueza material, cohesionar la sociedad y conducirla hacia la paz.

    El mundo está cambiando a pasos agigantados. La sociedad ha descubierto que su gran fuente de riqueza ya no es mineral sino humana. Invertir tanto en ella como en nuestros recursos naturales es el cambio que nos hará fuertes. Y esto a su vez nos obliga a reflexionar sobre el significado de seguir peleando por unos recursos materiales escasos, en lugar de fortalecer la democracia y desarrollar nuestra industria y nuestro comercio con base en el recurso humano, en la educación la tecnología y la ciencia.

    Por eso es hora de romper con la historia y cambiar nuestro curso. Y por eso el modelo de desarrollo que les propongo no está supeditado a las negociaciones de paz sino que él mismo• sienta las bases para que esa paz sea diáfana, fértil y duradera.

    LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO

    El esfuerzo macroeconómico estará dirigido a la urgente generación de empleo.Generar empleo -buen empleo- es indispensable si queremos tener futuro real. El empleo no es solo el nuevo nombre de la paz sino también nuestra expresión primera de solidaridad.

    Para lograr estas metas de mejoramiento colectivo es preciso construir la economía fuerte y solidaria que hoy no tenemos. Corregir los desequilibrios y encauzar de nuevo la economía hacia el desarrollo y el pleno empleo, demandará inicialmente la adopción de medidas severas pero indispensables.

    La economía y la educación deben ir de la mano para cimentar el progreso. El Tercer Milenio que se avecina necesita de un nuevo aprendizaje. Vamos a cambiar la educación en Colombia, para que sea una puerta abierta en donde no se pregunte cuánto dinero tiene la familia sino cuánto talento tiene el estudiante. Despertar a los jóvenes al conocimiento es la única manera de encarar con éxito el futuro.

    LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

    Mi Gobierno hace y reitera la opción preferencial por los pobres. No queremos una Colombia de excluidos. Nuestra tarea desde el Gobierno es impulsar y cimentar un crecimiento económico que disminuya injusticias de la pobreza y muestre, con sus resultados, que vale la pena ser justos.

    Para mi Gobierno, los pobres son un compromiso moral, un compromiso político, un compromiso económico, un compromiso cultural y no tan solo un índice estadístico. Un Plan para la superación de la pobreza convoca, encauza y abre nuevas dimensiones a la cooperación internacional y debe evitar que la pobreza sea el peligroso aliado de quienes intentan con el narcotráfico socavar los fundamentos de la Nación y de la comunidad internacional.

    Ser solidario con Colombia consiste en ayudar a generar empleo, en invertir para generar empleo, en comprar a precio justo para generar y cimentar la calidad del empleo. Cuando pienso en la globalización, pienso en la faceta más urgente de ella que es la globalización de la solidaridad.

    RECUPERAR LOS VALORES

    Es por ello que quiero con Gustavo Bell convocarlos a todos a recuperar los valores. Este país tiene que organizarse y fortalecerse contra la corrupción. no podemos seguir tolerando el robo sistemático de los bienes que pertenecen a la comunidad. Es preciso acabar con la corrupción y ya el pueblo dio el primer paso con su voto. El presidente y cada uno de sus funcionarios deben ser un modelo para los demás, sus palabras deben ser veraces y su ejemplo debe ser claro. No hay corrupción ni mentira mayor que un buen consejo cuando es seguido de una mal ejemplo.

    Que nadie se equivoque. Este Gobierno perseguirá a los corruptos, los pondrá en evidencia pública y rescatará las instituciones de las garras de los corruptos.

    LA NECESIDAD DE LA REFORMA POLÍTICA

    Por todo ello hay que emprender una reforma política a fondo: “No se puede echar vino nuevo en vasijas viejas”. La recuperación de la política para el bien común, para la justicia social, para la solidaridad, para el desarrollo requiere crear nuevas formas de gobernar, de controlar, de competir por el poder, de diseñar leyes, de crear el futuro.

    Agradezco a Dios por el privilegio de la presencia de mi madre y de mi familia, agradezco a la Providencia el don de la compañía y el liderazgo de Nohora y el desafiante futuro de Santiago, Laura y Valentina.

    y agradezco al Señor haberme dado en Misael Pastrana un ejemplo viviente de valores, de lealtad a la vida, de amor a la Patria, ese patriota que ante el destino y los interrogantes de Colombia afirmaba y advertía que estaba “comprometida la tierra prometida”. Es preciso que el “nuevo amanecer” nos traiga el optimismo, la fe, la verdad, la solidaridad y el compromiso que requerimos para cambiar la historia porque nadie hará por nosotros lo que nosotros mismos.

    Queridos amigos: Comienza ahora “Un Nuevo Amanecer”. Hoy no solamente se posesiona un Presidente sino que se abre una nueva era para la Nación. Con Gustavo Bell haremos verdad real todo aquello que a nombre de “La Gran Alianza por El Cambio” soñamos para Colombia.

    La gloria del gobernante consiste en establecer la paz, procurar el bienestar y aumentar la felicidad de los ciudadanos. Lograr esto será la única recompensa a la que aspire a llegar al final de mi mandato. No es hora de vacilaciones ni de dudas. Es el momento de las decisiones y del coraje. Largo y difícil es el camino que conduce a la Colombia que anhelamos. !Empecemos ya! Mañana será otro día.

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    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de agosto de 1998

    INAUGURACIÓN DE LA INTERSECCIÓN VIAL DE RIONEGRO

    “Un camino atroz, imposible. Camino de las montañas antioqueñas en invierno. Fangales hondos, blandos, sin orillas, como de purgante. Espinazos estrechísimos: un abismo a la izquierda, otro a la derecha… y las bestias trababan las patas y estiraban los pescuezos, y los jinetes, conteniendo el resuello, vacilando y llenos de angustia, se fruncían”.

    Así describía el poeta Efe Gómez los senderos de Antioquia por los que viajó con dificultad, senderos que han desaparecido para dar lugar a vías más amplias y veloces que conectan eficazmente al departamento con toda la nación. Fieles a la tradición arriera, los paisas continúan abriendo rutas y llevando progreso por todo el territorio colombiano.

    El intercambiador de Rionegro que hoy entregamos en pleno funcionamiento es una de las obras con las cuales fortalecemos las antiguas costumbres de la arriería para forjar una región y un país más modernos. El intercambiador tiene una extensión de más de 1.300 metros y 6 enlaces entre las rutas entre Medellín, Rionegro, Galicia, Marinilla y Guarne, a los que se suman dos retornos hacia estos últimos municipios.

    Construido en uno de los tramos de mayor accidentalidad del oriente antioqueño, el intercambiador es una alternativa más segura para el transporte de carga y pasajeros en toda la región. Esta obra, realizada con una inversión de 3.400 millones de pesos, generó durante la etapa de construcción cerca de 1.000 empleos y actualmente opera con 200 personas haciendo mantenimiento.

    Junto con el intercambiador vial, también construimos la doble calzada Acevedo- T del Aeropuerto, cuya longitud total es de 28 kilómetros. Esta vía, en la que invertimos casi 94 mil millones de pesos, cuenta con cinco retornos bien estructurados y un intercambiador a desnivel. Con este nuevo tramo estamos garantizando una reducción en los tiempos de viaje y costos de operación, así como más confort y seguridad en los desplazamientos entre la Capital de la Montaña y el Aeropuerto José María Córdova.

    El alto volumen de tráfico proyectado para la doble calzada Acevedo- T de Aeropuerto, así como la topografía del terreno, hicieron necesaria la construcción del túnel paralelo de Guarne para hacer más transitable la carretera, el cual implicó una inversión de 11 mil millones de pesos.

    Todos sabemos que las absurdas actuaciones de los violentos interrumpieron el funcionamiento del antiguo túnel desde el pasado 27 de abril, cuando atentaron contra su estructura y sus sistemas de iluminación. La reparación de los daños ocasionados por los terroristas asciende a 200 millones de pesos y ya se está trabajando en ella.

    Es paradójico que, mientras día tras día el Gobierno entrega a los colombianos, como lo hacemos hoy, obras para su beneficio, los grupos al margen de la ley atentan de manera sistemática contra el progreso de los colombianos. Con dolor constatamos que, a lo largo de los cinco primeros meses del presente año, se han producido 54 atentados contra los puentes de la red vial nacional en 16 de los 32 departamentos del país.

    El costo de arreglar los más de 520 metros totalmente colapsados por culpa de los violentos supera los 11 mil millones de pesos, es decir, es como volver a construir otro túnel paralelo de Guarne. Son recursos que podríamos estar invirtiendo en más vías para comunicar entre sí a los pueblos colombianos y que tendremos que destinar a reparar la destrucción que causan los que no creen en la paz.

    Pero continuamos cumpliendo con nuestro compromiso de asegurarle a la nación una infraestructura vial amplia y sólida, aún a costa de tener que reparar una y otra vez las arterias por donde corren los vehículos del progreso. ¡Y seguiremos adelante abriendo caminos para que los violentos no se salgan con la suya!

    Una muestra de ello es que con el programa “Vías para la Paz” del Plan Colombia estamos invirtiendo más de 1.1 billones de pesos en la pavimentación y mejoramiento de más de 2 mil kilómetros de carreteras en las zonas más críticas del conflicto, así como en el mejoramiento de las rutas fluviales. Ésta es una cifra sin precedentes en el país que superará -óigase bien- ¡en sólo tres años, el total de inversiones en esta clase de vías durante los últimos 20 años!

    Apreciados amigos:

    La construcción del Intercambiador de Rionegro, de la doble calzada Acevedo- T del Aeropuerto y del túnel paralelo de Guarne hacen parte del proyecto de Desarrollo Vial del Oriente de Medellín, realizado con una inversión superior a los 224 mil millones de pesos, que representa otro avance más de esta tradición de viajeros y negociantes. ¡Ahora sí que hay carreteras atravesando los cuatro puntos cardinales del poncho del arriero!

    En cumplimiento de este Desarrollo Vial, además de 28 kilómetros de vías nuevas construidas en el trayecto entre Medellín- Guarne- T del Aeropuerto y de los 24 Kilómetros que se construirán en Marinilla y Santuario, ya tenemos 168 kilómetros rehabilitados y cerca de 350 kilómetros en mantenimiento. Este Desarrollo cuenta además con peajes en los sectores de Guarne, Puerto Triunfo, Las Palmas y Cocorná, con los cuales también se financia la concesión.

    Pero el desarrollo de las vías de comunicación en Antioquia no se detiene aquí. El Ministerio de Transporte y el Plan Colombia, en conjunto con otras entidades gubernamentales del nivel local, también están realizando y mejorando más obras viales para la región.

    De un lado, durante mi mandato hemos ejecutado, con inversiones que superan los 350 mil millones de pesos, las obras de rehabilitación, mantenimiento y conservación de los puentes y vías del departamento. Al mismo tiempo, estamos cumpliendo los cronogramas para la construcción y pavimentación de la vía Puerto Berrío-San José del Nus-Cisneros y de los accesos al Túnel en el trayecto Medellín- Santafé de Antioquia.

    Adicionalmente, por medio del programa de Rehabilitación y Conservación de Vías a través de Microempresas, este año generamos más de 260 empleos no calificados.

    Por otro lado, tenemos el proyecto de comunicación vial entre el Valle de Aburrá y el Valle del río Cauca a través del Túnel Fernando Gómez Martínez. Esta obra, compuesta por 4.6 kilómetros de túnel y 34.8 kilómetros de vías anexas, es fruto de un convenio entre Invías, la Gobernación de Antioquia, el área Metropolitana y el Municipio de Medellín. Su costo total es de 280 mil millones de pesos, de los cuales la nación, a través del Invías, aporta 130 mil millones de pesos.

    Nuestro compromiso con el desarrollo integral de la región antioqueña también se cumple con las obras del Plan Colombia. Por medio del programa “Vías para la Paz”, hemos invertido a lo largo de mi mandato más de 96 mil millones de pesos para el diseño y construcción de diferentes obras en Antioquia en tramos como Puerto Berrío-Caucasia, Abriaquí-Manglares, Puente de Occidente-Liborina, Turbo-Necoclí-Arboletes, Yarumal-Angosturas y Sonsón-Nariño. Así mismo, con el mantenimiento de la red terciaria del departamento, generamos cerca de 9 mil jornales en los municipios de Caracolí y Maceo.

    Ya no hay que ser tan tercos como don Pedro, el arriero de dura cerviz del cuento de Efe Gómez, quien se empeñó en no bajarse de su mula para superar uno de estas trochas hoy desaparecidas. Hoy tenemos vías modernas y veloces, preparadas para que los modernos arrieros antioqueños continúen siendo embajadores de la prosperidad.

    Hoy puede decirles a los antioqueños, con la frente en alto, que le cumplí a este departamento y que mi Gobierno le está dejando obras fundamentales para su progreso. Ahora sí podemos darnos el gusto de renovar un antiguo refrán arriero para decir que “sí hay progreso porque sí hay caminos, y sí hay caminos porque sí hay progreso”

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Antioquia, Colombia
    29 de mayo del 2002

    INSTALACIÓN DEL SEMINARIO INTERNACIONAL “LA DEFENSA NACIONAL: UN BIEN PÚBLICO” 

    El viernes pasado estuve en Leticia y recordé uno de los sucesos más interesantes de nuestra historia, cuando, a comienzos de la década de los treinta, Colombia vivió su único conflicto internacional desde los tiempos de la independencia: la llamada “Guerra con el Perú”.

    La acción detonante de esta guerra fue la toma de Leticia por parte de un grupo de aventureros peruanos, la cual habría de desembocar en un lamentable enfrentamiento entre dos naciones vecinas.

    Situémonos en esa época, hace prácticamente 70 años, en esa Colombia adormilada que comenzaba apenas a ingresar en la modernidad, y pensemos en qué podía significar Leticia para los colombianos: Las comunicaciones eran rudimentarias, las vías casi inexistentes, el servicio aéreo estaba en sus inicios, en fin, Leticia no era más que el eco lejano de una inmensa región colombiana, rescatada del olvido hacía menos de una década por la pluma magistral de José Eustasio Rivera. Pero nada más.

    Sin embargo, ante el anuncio de la confrontación y la conciencia del riesgo de perder a Leticia y amplias zonas del territorio amazónico, los colombianos de los años treintas, tal vez nuestros abuelos, se volcaron a apoyar la causa de Colombia. Los jóvenes se alistaron en el Ejército, los empresarios pagaron tributos especiales y las mujeres, en todo el país, en un histórico gesto de desprendimiento, entregaron sus joyas y hasta sus anillos de matrimonio para apoyar a los valientes soldados que luchaban en esa lejana y desconocida frontera.

    Todas fueron manifestaciones de la conciencia de una nación sobre la urgencia de responder unida, acudiendo incluso al sacrificio de sus vidas y sus bienes, para defender la integridad de su territorio y la soberanía nacional.

    Ejemplos conmovedores como éstos los encontramos en la historia de todas las naciones, cada vez que su libertad y su forma de vida libremente elegida se ven amenazadas o atacadas.

    Recordemos el caso del pueblo de Inglaterra, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando soportó noche tras noche la furia destructora de los bombardeos nazis y cada mañana se levantaba, con más entusiasmo todavía, para recoger los escombros, enterrar a los caídos y seguir resistiendo, en medio de inmensos sacrificios, unido en torno a la decisión de salvar a su país del invasor.

    En esas circunstancias no hay forma de pensar de manera egoísta ni se puede ser indiferente frente a lo que pasa. Cuando un país está siendo atacado, la labor de defensa nacional no radica únicamente en su Fuerza Pública sino que exige el concurso decidido y patriótico de toda la ciudadanía.

    Pues bien, volviendo al recuerdo de la Guerra del Perú: si Colombia reaccionó de manera tan solidaria y con tal disposición de sacrificio frente a esas lejanas escaramuzas que se presentaban en una región selvática y prácticamente desconocida, ¿qué deberíamos esperar hoy de los colombianos, cuando el ataque de los terroristas contra la población civil, contra la infraestructura nacional y contra las autoridades, se ha diseminado por todo el país y golpea las puertas de nuestras casas?

    No hay duda de la respuesta: Cuando la sociedad civil, la libertad y la vida de los colombianos, están siendo atacadas desde todos los flancos por los terroristas la única solución es unirse y presentar un frente compacto, dispuesto a apoyar con recursos y con acciones concretas a la Fuerza Pública, que es la fuerza protectora de las vidas de todos los colombianos, de nuestras instituciones y de nuestra democracia.

    Aristóteles en la “Política”, describía el papel del ciudadano frente a la seguridad nacional, comparando a los miembros de una comunidad con los marineros que trabajan en un barco, en un texto que hoy se aplica muy bien al tema de este seminario. Él decía lo siguiente:

    “De los marineros uno es remero, otro piloto, otro vigía, otro tiene una designación especial y, consiguientemente, como es claro, la más exacta definición de su respectiva excelencia será la de cada oficio. Con todo, hay una noción común que se aplicará a todos, como quiera que la seguridad de la navegación es la obra de todos, y a este fin tiende cada uno de los marineros. Del mismo modo, y no obstante lo desiguales que pueden ser, es obra de todos los ciudadanos la salvaguarda de la comunidad”.

    Esto lo escribía Aristóteles en el siglo cuarto antes de Cristo, y todavía hoy –mucho más en situaciones como las que enfrenta Colombia- guarda total actualidad.

    En efecto: cuando nuestra sociedad es cobardemente atacada, cruelmente atacada, por la acción del terrorismo, representada en secuestros, masacres, bombas y amenazas, no cabe duda de que cada uno de los ciudadanos –cada cual desde su campo de acción- debe comprometerse con la tarea de la defensa nacional, así como cada marinero se compromete con la tarea de mantener la seguridad de la navegación. Como bien lo expresa el filósofo griego: La salvaguarda de la comunidad nos corresponde a todos.

    Lo he dicho varias veces, y creo que hoy es la ocasión propicia para volver sobre esta idea: Las Fuerzas Armadas no son un actor más del conflicto armado interno. ¡Ellas son las representantes de todo un pueblo, de una sociedad, que está siendo atacada por agentes violentos!

    Las Fuerzas Armadas son parte del cuerpo del Estado y el Estado somos todos. Lo que les pase a ellas nos pasa a todos los colombianos al mismo tiempo. Su éxito es nuestro éxito y su derrota sería nuestra derrota.

    Yo pregunto, cuando leo o escucho opiniones de algunos que dicen: “la guerra no me concierne, sino que es algo que ocurre entre los militares y las fuerzas ilegales”, ¿cómo puede alguien que viaja en un barco, así no sea su piloto o miembro de su tripulación, decir que no le importa si el barco es atacado o si cae en una tormenta o si comienza a hacer agua?

    Es insólito ver cómo algunos líderes o analistas, bajo el pretexto de un malentendido pacifismo, piden que los actores del conflicto -y en ellos incluyen, equivocadamente, a las Fuerzas Armadas- se aparten de la sociedad civil, y se declaran, -como si ello fuera posible-, neutrales frente a la confrontación.

    Pero parten de un presupuesto erróneo. Las Fuerzas Armadas no exponen su vida cada día en el conflicto interno, no se enfrentan a terroristas y delincuentes, por iniciativa propia y a su propio riesgo. Si ellas hacen esto es para defender a todos sus compatriotas, a los que no están armados, a los que están siendo atacados por acciones terroristas, masacres, secuestros y desplazamiento, para que recuperen su derecho a una vida tranquila.

    ¡Qué injusto sería que todos aquellos que recibimos los beneficios de la acción de nuestros valientes militares y policías nos declaráramos neutrales frente a su batalla, que es una batalla por nuestra libertad y nuestra vida!

    ¿Cómo puede alguien, un hijo de Colombia, declararse neutral en un conflicto en el que unos pocos violentos le han declarado una guerra sucia y sin cuartel a todo el país? ¿Cómo puede alguien ser neutral cuando esos mismos violentos asesinan a los humildes, roban y extorsionan, secuestran y destruyen con sus explosivos las vías, los puentes, las torres de energía, los tramos de oleoducto, las escuelas, los centros de salud, las casas de cultura, que con tanto esfuerzo hemos levantado?

    ¿Cómo puede alguien no sentirse bien representado por las Fuerzas Armadas cuando ellas, con su acción profesional y su entrega abnegada, han desactivado en este solo año cerca de 700 atentados terroristas que estaban destinados a causar muerte y dolor en el pueblo colombiano?

    La defensa nacional es un bien público, y por eso mismo exige nuestro compromiso total y sin ambages, nuestra disposición al sacrificio, como única vía para lograr el éxito, no de las Fuerzas Armadas, no del Gobierno, sino el de toda una nación contra un puñado de violentos que quieren imponerse con la fuerza porque no se sienten capaces de convencer con las ideas.

    En este conflicto sólo hay dos partes: por un lado, la sociedad que componemos todos y, por otro, los actores armados al margen de la ley que la están atacando. En estas circunstancias, resulta imperioso que los civiles nos pongamos del único lado posible: ¡el de Colombia!

    Esto se aplica a todos y cada uno de nosotros, y, por supuesto, también a la prensa y los medios de comunicación.

    Nunca antes, como hoy, la prensa en nuestro país se ha visto frente a un reto tan grande, un reto que exige responsabilidad, criterio y patriotismo. Hay que conciliar el deber y el derecho de informar con el deber moral de periodistas y de colombianos de defender también -desde la tribuna de la prensa- la democracia y la libertad que hoy están siendo atacadas.

    Lo digo no sólo como Presidente, sino también como periodista: La imparcialidad del comunicador tiene perfecta aplicación en tiempos de paz, cuando se discuten posiciones entre dos tendencias políticas, o entre el Gobierno y un gremio o asociación, o de cualquier otra índole. Pero cuando la nación misma se encuentra atacada por diversos frentes de violencia, en desarrollo de una arremetida terrorista, no es posible que los medios pretendan comportarse con supuesta imparcialidad entre las dos partes, pues no son dos partes equiparables ni ambas están enmarcadas por la legalidad.

    Se trata del terrorismo, por un lado, y de la nación colombiana por el otro. Se trata de una guerra declarada por unos pocos intolerantes contra la sociedad civil, y en esta guerra sí que es imperioso que los medios tomen partido: el de la libertad, el de la democracia, el de la legalidad, el de la vida… En suma, como decía antes: ¡el de Colombia!

    ¿Y cómo hacerlo? No dejándose convertir en altavoces de los terroristas, no dándoles el gusto de propagar sus amenazas, y difundiendo, en cambio, las noticias de la Colombia positiva, de la Colombia que trabaja, y los actos valientes de todos aquellos que resisten pacífica, pero firmemente, contra la violencia.

    Así unidos: el Gobierno, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación y toda la población civil podemos conformar un frente invencible para derrotar definitivamente a los terroristas que nos quieren imponer a sangre y fuego su régimen de terror y totalitarismo.

    Apreciados amigos:

    Los últimos tres días tuve la grata oportunidad de visitar varios departamentos del sur del país: Casanare, Amazonas, Putumayo y Caquetá. En ellos encontré la fuerza y vitalidad de una nación que resiste, de un país que se niega a entregar su territorio a unos pocos delincuentes, de un país que está dispuesto –desde la Guajira hasta Leticia- a defender a sus alcaldes, a sus concejales, a sus diputados, que fueron elegidos por el mismo pueblo.

    Allí me encontré con alcaldes valientes, que se mantienen firmes frente a sus encargos democráticos, y les expresé personalmente mi respaldo y admiración, así como les reiteré las medidas que por decreto hemos expedido para incrementar su seguridad, tales como la utilización de los Fondos Locales de Seguridad para su protección y la de sus familias, la creación de un Programa Especial de Protección para alcaldes y otros funcionarios municipales y departamentales en el Ministerio del Interior, la facilitación de mejores sistemas de comunicación para avisar sobre cualquier riesgo y la posibilidad, en casos extremos, de que despachen desde las capitales departamentales.

    Los estamos apoyando con toda la decisión desde el Gobierno Nacional, y estamos conociendo directamente de su situación, comenzando por el mismo Presidente y sus Ministros que nos estamos desplazando por todo el territorio nacional.

    Pero más allá de estas medidas, más allá de las cuantiosas recompensas que están vigentes y que serán entregadas a quienes den información eficaz que conduzca a la captura de los principales líderes de las FARC, la mejor protección, nuestra mejor arma, es la cooperación con la defensa nacional por parte de toda la población. Es decir, como se analiza en este Seminario, la apropiación del concepto de defensa nacional como un bien público.

    El pueblo está saliendo a manifestarse pacíficamente contra las amenazas de los violentos. El pueblo está protegiendo a sus autoridades de quienes pretenden hacerles daño. Realmente emocionan los actos de valor civil que se han visto en El Molino, en la Guajira; en Cajibío, Totoró, Silvia, Jambaló y Toribío, en el Cauca; en Firavitova y Mongua, en Boyacá; en Matanza, Suratá y Charta, en Santander; en Granada, en Meta; en Pereira y La Virginia, en Risaralda, y en tantos y tantos municipios donde la población ha salido a las calles o ha izado su bandera para decirle a los violentos: ¡NO PASARÁN!

    Ojalá este buen ejemplo siga cundiendo por toda Colombia, porque, sin ninguna duda, cuando todos y cada uno de los colombianos nos hayamos hecho copartícipes de nuestra defensa como nación, no habrá ningún grupo violento o terrorista que se atreva a enfrentarnos.

    Contra la fuerza de un pueblo unido, contra la fuerza de un pueblo decidido a defender sus instituciones y su libertad, ¡ningún terrorismo puede triunfar!

    A un país apersonado de su defensa, ¡nada ni nadie puede doblegarlo!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    8 de julio del 2002

    La presencia efectiva del Estado implica necesariamente la cumplida aplicación de la justicia, una justicia que sea para todos y que llegue a todos por igual.

    Pero la justicia no es sólo sanciones, cárcel y represión. La verdadera justicia es, sobre todo, la prevención de las diferencias y la búsqueda de los mejores arreglos entre las partes en conflicto.

    Por eso mi Gobierno ha venido promoviendo los mecanismos alternativos de resolución de conflictos, como es el caso de la conciliación.

    Con este objetivo, y también para acercar la justicia a todos los ciudadanos, hemos dado continuidad al Programa de Casas de Justicia.

    ¿Y qué es una Casa de Justicia, como la que hoy tenemos el gusto de visitar?

    Es un lugar donde todos los ciudadanos tienen la oportunidad de encontrar respuesta a sus necesidades de justicia.

    La idea es que los colombianos encuentren en un solo sitio, sin tener que rodar de despacho en despacho, a las diferentes autoridades que les pueden ayudar a resolver sus conflictos.

    Por ejemplo, en esta Casa de Justicia de Popayán están presentes las siguientes entidades:

    La Fiscalía; el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; la  Inspección de Policía; la Defensoría Pública; la Personería Municipal, y Medicina Legal.

    Además cuenta con un Consultorio Jurídico y otro de Psicología , con un Centro de Recepción e Información y un Centro de Cómputo.

    Esta es, además, una Casa especialmente organizada, que genera un boletín periódico y tiene su propia página web.

    Lo que queremos es una justicia para todos y un primer paso es acercarla al ciudadano común, a los indígenas de nuestra tierra, y eso es lo que estamos haciendo acá en Popayán.

    ¡Acercamos la justicia a la comunidad y la comunidad a la justicia!

    Con esta Casa de Justicia de Popayán, cuya creación requirió recursos por más de 150 millones de pesos, tenemos ya 18 Casas de Justicia operando por todo el país.

    Este año esperamos entregar otras 12 Casas de Justicia, comenzando por las de Villavicencio, Manizales y Puerto Asís, y siguiendo por Leticia, Barrancabermeja, Cúcuta, Dosquebradas, Girardot, Tunja, Puerto Tejada, Armenia y Quibdó.

    Nuestro objetivo es llegar a tener 30 Casas operando antes de terminar el año, avanzando hacia la meta final de cuando menos 40 Casas de Justicia en todo el territorio nacional.

    Un especial agradecimiento quiero hacer a la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos de América -USAID-, que ha sido la gran promotora y patrocinadora de este proyecto que ha implicado recursos por cerca de 2 millones de dólares.

    En total el Programa de Justicia que viene ejecutando la AID con recursos que hacen parte del Plan Colombia ejecutará inversiones por 21 millones de dólares entre el 2001 y el 2005, todas destinadas a fortalecer, modernizar y mejorar nuestro sistema de justicia.

    La Casa de Justicia que hoy vemos tiene un gran efecto para reducir violencia intrafamiliar y entre vecinos

    ¡Qué bueno poder decir que esta Casa de Justicia de Popayán atiende un  promedio de 70 casos diarios y que seguirá aumentando su campo de acción!

    Lo que vemos hoy en esta Casa es una solución de justicia pronta, cercana y efectiva para el barrio Villa del Norte y sus zonas aledañas, beneficiando a más de 15 mil personas, la mayoría de escasos recursos.

    Además, con el proyecto de Casa Móvil, que funciona desde octubre, la Casa está extendiendo sus servicios a otros sectores de la ciudad.

    Invito a los habitantes de Popayán a que la aprovechen al máximo, para que la justicia y la resolución pacífica de los conflictos sean la constante de esta querida ciudad.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Popayán, Colombia
    23 de enero del 2002

    PRIMER ENCUENTRO DE EMRESAS EXPOPYME

    Hay un momento para sembrar, así como hay un momento para cosechar, dice un hermoso pasaje de la Biblia.

    Hoy, por fortuna, es uno de esos días en que la vida nos complace y nos invita a recoger los frutos de lo que hemos sembrado con dedicación y entusiasmo.

    Por eso me siento muy feliz al estar hoy con ustedes y clausurar este Primer Encuentro Nacional de Empresas Expopyme porque estoy presenciando los resultados de un trabajo realizado por cuatro años desde mi Gobierno para crear una cultura exportadora en Colombia.

    Al reunirnos con las empresas Expopyme hacemos también un justo reconocimiento a los pequeños y medianos empresarios que respondieron a nuestra invitación, que han tenido la visión y han realizado el esfuerzo de insertar sus empresas en los mercados internacionales.

    Ustedes son un ejemplo para Colombia, pues estuvieron dispuestos a apostarle al largo plazo en un país tradicionalmente cortoplacista. Invirtieron en capacitación en un momento de dificultades económicas y de restricción de la demanda interna. De esta manera, trascendieron la coyuntura y entendieron que un verdadero proceso de internacionalización requiere de una estrategia integral cuya fase inicial es la educación.

    Expopyme, como programa bandera de Proexport, surgió en desarrollo del Plan Estratégico Exportador elaborado por mi Gobierno en 1999 con la coordinaciòn del Ministerio de Comercio Exterior como respuesta a la exigencia de la globalización y como contribución al desarrollo empresarial del país.

    Este Plan, que diseñamos con y para los empresarios de Colombia, se ha convertido en la carta de navegación del sector de comercio exterior, no sólo durante mi administración, sino para los próximos 10 años. No por nada, su estrategia ha sido conocida, aplicada y elogiada por su visión integral y su énfasis en la productividad y la competitividad como factores esenciales para dinamizar la oferta exportable de nuestro país.

    Pero este Plan no podía partir únicamente de la promoción de exportaciones de aquellos grandes exportadores que hace muchos años incursionaron en los mercados internacionales, que saben como vender y cómo moverse en ellos. Teníamos que ir tras ese otro sector de la vida empresarial, que genera empleo y diversifica la economía, para invitarlo a formar parte de ese gran proyecto exportador, y así lo hicimos.

    Hoy vemos reflejado en este encuentro el afortunado resultado de esta convocatoria que realizamos a las pequeñas y medianas empresas del país, que sólo son pequeñas en su denominación porque son, sin duda, un inmenso motor de la economía nacional y del progreso social.

    En Colombia y en el mundo entero las Pymes contribuyen fuertemente al desarrollo económico y a las exportaciones de los  países debido a su participación en todos los sectores de la producción.

    Veamos algunas cifras: Las Pymes representan el 9.5% del comercio mundial y el 3.5% de la producción internacional; realizan el 20% del comercio de servicios a nivel internacional con una proyección de abarcar el 50% comercio mundial para el 2020. Además, realizan el 73,3% del comercio de mayor valor agregado y  participan en el 3.3% del Producto Interno Bruto mundial en Negocios por Internet.

    Pero el papel fundamental de las Pymes en la economía es aún más evidente a nivel nacional. En Colombia representan el 73.5% de los establecimientos del país, generan el 50% del empleo industrial y participan con el 40.7% de la producción nacional.

    Sin embargo, -y esto fue lo que identificamos-, a pesar de la importancia que tienen las Pymes en el desarrollo de la economía, tanto mundial como colombiana, éstas no habían logrado niveles de desarrollo competitivos, adecuados y estables en el país que les permitieran una exitosa inserción en los mercados internacionales.

    Pensando en esto, durante estos cuatro años implementamos una dinámica política de promoción de exportaciones dirigida a las pequeñas y medianas empresas con el fin de mejorar sus estrategias empresariales y propiciar su entrada en los mercados internacionales, al tiempo que maximizamos la capacidad gerencial de sus  recursos económicos y  humanos.

    El programa Expopyme, que comenzó tímidamente hace cuatro años con una meta inicial de atender 500 empresas, capacitándolas, apoyándolas y promoviendo el posicionamiento de sus productos en el exterior, ha excedido, por fortuna, todos los presupuestos y hoy cuenta con la participación de 1.680 empresas del territorio nacional.

    Óigase bien: ¡son 1.680 empresas colombianas que se han graduado del programa Expopyme y que cuentan con un Plan Exportador que les permitirá conquistar los mercados internacionales!

    Hoy están acá, en representación de este esfuerzo mancomunado, empresarios de Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga, Ibagué, Cúcuta, Cartagena, Manizales, Pereira, Montería, Sincelejo, Armenia, Pasto, Santa Marta, Boyacá, San Andrés y Neiva, colombianos con visión, constructores de futuro, quienes merecen, sin ninguna duda, el mayor reconocimiento de sus compatriotas y de mi Gobierno por su constancia y fe en sus empresas y en nuestro país. El aplauso, amigos empresarios, ¡es para ustedes!

    Su tenacidad, su capacidad de enfrentar nuevos retos, y principalmente su cambio hacia una mentalidad exportadora, les ha abierto un nuevo horizonte en el que han podido identificar el verdadero potencial de sus empresas e implementar  estrategias de penetración de mercados para posicionarse de manera exitosa en el exterior.

    Pero este reconocimiento de hoy no sería completo si no incluyéramos al sector académico, que es el tercer sustento del trípode que soporta el programa Expopyme. Por eso quiero felicitar, en nombre del Gobierno Nacional a las universidades del Rosario, de los Andes, del Norte, Javeriana, Sergio Arboleda, Sabana, CESA, ICESI y EAFIT. Todas ellas, con verdadera visión de futuro, supieron entender y asumir el papel que tenían en este importante programa.

    Éste es un claro ejemplo de lo que se puede lograr cuando el Gobierno, el sector privado y la academia unen sus esfuerzos como verdaderos aliados.

    Los resultados de Expopyme hablan por si solos: las exportaciones de las empresas vinculadas al programa pasaron de 67 millones de dólares en el 2000 a 110 millones de dólares en el 2001, lo que representa un incremento del 65% en las exportaciones no tradicionales realizadas por estas empresas, ¡en tan sólo un año!

    Productos como las prendas de vestir, camisetas, ropa interior,  baldosas, dulces y calzado son, entre otros, los que están jalonando este ejemplar proceso exportador de las Expopyme.

    Dentro de este proceso es particularmente resaltable el esfuerzo de las Empresas Expopyme por conquistar mercados diferentes a los tradicionales, logrando ingresar con éxito a países con altas exigencias comerciales como los Estados Unidos, México y Canadá. Muchos decían que las Pymes colombianas no podían ser competitivas en estos importantes mercados, pero su escepticismo se estrelló con el talento y el empuje de quienes no se dejan derrotar antes de librar la batalla. Hoy los empresarios Expopyme han demostrado que, con calidad y cumplimiento, se puede ser competitivo en cualquier lugar del mundo.

    Queridos empresarios:

    Cuando se busca la excelencia, los frutos nunca vienen solos. Por eso esta tarde me siento doblemente feliz, pues a las buenas noticias derivadas del programa Expopyme y del promisorio desempeño de las Pymes colombianas que han incursionado en el mercado exportador, hoy se suma un reconocimiento que nos enaltece como Gobierno y que debe ser motivo de orgullo también para todos los exportadores de nuestro país.

    Se trata de la entrega por parte de Icontec del certificado ISO 9.000 versión 2000 a los servicios de Misión de Compradores, Zeiky y  Expopyme de PROEXPORT, como un reconocimiento a su compromiso con la excelencia y a que entendió que no podía promover el reto de la calidad en las empresas exportadoras si no asumía ella misma esa meta, como entidad

    Éste es el resultado de cerca de dos años de trabajo dedicados a lograr un objetivo claro: la satisfacción y el buen servicio al exportador colombiano. Sirva, entonces, esta oportunidad para expresar a Proexport, en cabeza de quien fuera su Presidenta y hoy es nuestra Ministra de Comercio Exterior, la doctora Ángela María Orozco; de su actual Presidenta, la doctora Claudia Turbay, y de todos sus entusiastas funcionarios en Colombia y en el exterior, la más efusiva felicitación por su buen trabajo en su papel de apoyar a los exportadores e impulsar las ventas de bienes y servicios colombianos en los mercados internacionales. También un reconocimiento especial quiero hacer al doctor Orlando Sardi, el primer Presidente de Proexport durante mi mandato, quien fue el gestor de esta maravillosa idea de Expopyme que nos enorgullece.

    Hoy Proexport, con el certificado ISO 9.000, se consolida como una entidad modelo en su género, altamente productiva, con un calificado recurso humano y con un amplio reconocimiento público.

    Pero la labor de Proexport en el tema de la calidad no se ha limitado a lograr su propia certificación. Por el contrario, sus mejores esfuerzo han estado centrados en promover y apoyar a cientos de empresas colombianas para que entiendan la importancia de la calidad como una herramienta estratégica indispensable para ser competitivas en los mercados internacionales.

    En este caso también los resultados hablan por si solos.

    Durante mi gobierno asumimos el compromiso de apoyar 500 empresas exportadoras o potencialmente exportadoras en programas de aseguramiento de calidad. A la fecha hemos vinculado más de 600 empresas a estos programas, de las cuales 250 ya los han culminado exitosamente con la obtención de la certificación internacional de Gestión de la Calidad.

    Recientemente aseguramos recursos adicionales por cerca de 4.200 millones de pesos para adelantar programas con otras 500 empresas nuevas, duplicando de esta manera la meta que nos habíamos propuesto al inicio de mi gobierno.

    Estas sí son buenas noticias: en total son cerca de 10 mil millones de pesos para más de 1.100 empresas exportadoras con calidad y futuro en los mercados internacionales.

    Estimados amigos empresarios de Expopyme:

    Ustedes han demostrado que soñar es posible. Ustedes han demostrado que la perseverancia da frutos. Ustedes han demostrado que trabajar de la mano con el Gobierno Nacional no es sólo posible sino deseable.

    Ahora que ya se consolidan en su actividad exportadora los invito a que se vinculen decididamente a los nuevos retos por delante, como lo es el Área de Libre Comercio de las Américas.

    Lo decía en la última reunión de competitividad y productividad en Santa Marta: el ALCA, que comenzará a operar en el año 2005, ¡se nos vino encima!

    Hablar del ALCA es lo mismo que hablar de la globalización de nuestro comercio y nuestra economía, ya que más de un 75 por ciento de nuestro comercio se realiza con los países que conformarán el ALCA.

    El Gobierno lo ha entendido así desde un comienzo y por eso ha puesto un empeño muy grande en involucrar al sector privado y académico en el equipo negociador. Porque introducir a Colombia en el ALCA no es una labor del Gobierno. Es una labor de Estado en la que el sector privado debe estar presente en forma particularmente activa.

    Ahora es el momento, señores empresarios, para poner en práctica, con creatividad y decisión, todas las estrategias que aprendieron en el programa Expopyme y prepararse para un mercado abierto y competitivo donde primarán los mejores, los más especializados, los que ofrezcan mejor calidad a mejor precio.
    a los seis Encuentros de Colombia Compite que ha realizado el Gobierno. Creo que uno  de los logros más importantes de estos encuentros ha sido la toma de conciencia por parte de los empresarios de que hoy el papel de las naciones en el mundo depende en gran parte de ellos, incluso aún más que de los gobernantes.

    La batalla de los mercados se gana en el terreno microeconómico, a través de la inversión, la innovación, la diferenciación, y todos esos otros factores que abarca la competitividad. Y recuerden, la competitividad no tiene un límite: no somos competitivos en términos absolutos, sino en términos relativos, con relación a nuestra competencia.  Esto exige un ejercicio permanente de benchmarking con nuestros principales competidores, lo que implica investigación y desarrollo continuos.  Ser competitivos es una carrera permanente; una carrera en la cual el programa Expopyme es sólo la primera etapa. Por ello los invito a continuar participando en las siguientes fases.

    Ustedes, empresarios del programa Expopyme, tienen hoy una oportunidad única que, si saben aprovecharla, manteniéndose a la vanguardia en la carrera por la competitividad, podrá multiplicar sus exportaciones y hacer de sus empresas exitosos polos generadores de desarrollo y de empleo para el país. Se trata de aprovechar la información comercial y estratégica que Proexport tiene a su disposición, de conformar misiones comerciales y conocer el estado de los mercados en todo el continente americano, de invertir en tecnología y en calidad, para que, a partir del año 2002, sean los productos colombianos, ¡sus productos!, los que se vendan en todo el continente, incluyendo Norteamérica.

    Lo hemos aprendido en este programa de Expopyme; ¡Nada es imposible para los visionarios! ¡Nada es difícil para quienes estén dispuestos a apostarle a la excelencia!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    10 de julio del 2002

    Hoy me siento muy honrado al dirigirme a un Congreso valiente y patriótico que ha puesto su fe en los valores democráticos. Éste es un Congreso que pasará a la historia del Perú y de América por haber logrado el retorno del país a una democracia plena, respetando siempre la Constitución y las leyes, por encima de las adversas circunstancias.

    Este Congreso de la República del Perú hoy hace honor a la voluntad popular, adelantando con coraje investigaciones sobre asuntos de gran trascendencia para la consolidación de la democracia.

    Este es un Congreso que asumió con vocación patriótica los acuerdos logrados en la Mesa de Diálogo promovida por la Organización de Estados Americanos, gracias a la cual se allanaron los cambios que hoy posibilitan que el Perú viva un proceso democrático abierto y transparente del cual estamos pendientes todos los países de América.

    Me siento orgulloso, de verdad, por estar hoy en el máximo órgano legislativo de una república que se levanta con dignidad de un momento difícil. Lo hace con el apoyo de los países amigos, como Colombia, y con la conciencia de que la democracia es el norte que nunca se puede perder.

    Para Colombia, el Perú es una nación admirada y querida que nos evoca la más grande cultura indígena de América del Sur, como lo fue el Imperio Inca, y el aporte de inteligencia y arte que realizaron intelectuales de gran peso en América como Ricardo Palma, Manuel González Prada, César Vallejo, Ciro Alegría y José María Arguedas, sin mencionar a tantos que en los tiempos actuales siguen recreando el imaginario cultural de nuestras naciones.

    Las relaciones entre nuestros pueblos hoy están llamadas a profundizarse más que nunca en el nuevo entorno político del Perú. Y bien podemos hacerlo, con vocación de amistad y cooperación, no sólo bilateralmente, sino también en el marco subregional que nos es propio: la Comunidad Andina.

    Esta Comunidad, a la que pertenecemos con orgullo, es la suma natural de nuestras posibilidades en un conjunto con peso en el horizonte internacional. Por eso me congratulo por sus avances; por los compromisos asumidos en Guayaquil, Cartagena y Lima, y por la riqueza de su institucionalidad. Por eso los invito a ustedes, señores congresistas peruanos, a acompañarla y a defenderla con decisión.

    Queremos integración, pero una integración vital y progresiva. Una integración seria que implique para sus miembros una sujeción estricta a sus normas y a las disposiciones de sus órganos. Una integración que presente ante el mundo el mapa de una región unida en la democracia y en el respeto a los derechos humanos, con reglas claras y ciertas que se cumplan por encima de los intereses sectoriales.

    Sabemos que la consolidación de la Comunidad Andina es el primer paso para una integración latinoamericana y hemisférica de más largo alcance, como la que hemos planteado en el Grupo de Río, en la Cumbre de Presidentes Suramericanos de Brasilia y en la Cumbre de las Américas. Sólo unidos en el concurso de nuestros intereses, con el firme piso de una tradición y una cultura compartidas, podremos alcanzar el lugar que nos corresponde en el nuevo orden internacional.

    La integración entre nuestros pueblos es un legado del pasado y un desafío de la historia. ¡Que no seamos nosotros jamás sus verdugos, sino, todo lo contrario, sus mayores impulsores!

    Honorables Congresistas:

    El Perú y Colombia, históricamente, se han apoyado en medio de las múltiples dificultades que cada país ha tenido que sortear, con la íntima convicción de que nuestro progreso es interdependiente y de que el bienestar del uno es también el mejor porvenir del otro.

    Desde el norte, desde el final ramificado de nuestra común cordillera andina, 40 millones de colombianos observamos con interés y los mejores deseos el devenir político y económico del Perú. No han sido tiempos sencillos para nuestros amigos peruanos, pero hemos visto, con satisfacción, que, después de todo, la democracia ha dicho la última palabra y ha sostenido su vigencia.

    Quiero decirlo hoy ante ustedes, señores congresistas, con voz alta y sincera: Colombia está con el Perú, sufre sus dolores y comparte con inmensa alegría sus triunfos. No hay nada, ¡ni tiene por qué haber nunca nada!, que nos separe. Somos vecinos, somos hermanos, somos hijos de unos mismos ideales, de una misma historia y de un mismo Libertador.

    El futuro, por ello, será nuestro si lo construimos juntos, con solidaridad y con respeto.

    Y, con la misma sinceridad con que se habla en la casa del hermano, hoy quiero compartir con ustedes, dignos representantes del pueblo peruano,  lo que pasa en mi país, de lo que estamos haciendo en Colombia para labrar un futuro de paz, de progreso y de justicia social, que no sea sólo nuestro, sino que irradie también a nuestros vecinos.

    Cuarenta años hemos estado sufriendo los estragos de un conflicto armado desatado por una minoría que no alcanza siquiera al 0.1% de nuestra población, pero que ha insistido, tristemente, en buscar a través de la violencia lo que sólo puede alcanzarse en un contexto democrático.

    Desde que asumí la Presidencia me propuse buscar una solución pacífica y negociada a este problema, siguiendo el mandato que el pueblo colombiano expresó en las urnas, y no he cejado ni un minuto en ese esfuerzo. Lo primero que hice, como Presidente electo, fue reunirme personalmente con el máximo líder de las FARC, la guerrilla más grande y más antigua de Colombia, y sentar las bases del proceso de diálogo que hoy tenemos.

    A partir de ese momento revivieron las esperanzas de alcanzar una paz negociada y hemos avanzado en ese propósito, por encima de las múltiples y obvias dificultades que implica un proceso de esta naturaleza.

    Falta mucho camino, seguramente, pero hoy podemos contar con orgullo a la comunidad internacional que el proceso está vivo, que está operando una Mesa de Diálogo, que tenemos una Agenda definida, que hemos recibido propuestas de todos los rincones de Colombia y que la negociación continúa por encima de los obstáculos, porque estamos convencidos de que una paz sólida sólo se construye sobre cimientos de convivencia y jamás sobre las armas de la destrucción. Sabemos, como decía Víctor Hugo, que “la verdadera gloria no está en vencer, sino en convencer”.

    Pero la paz no se alcanza sin desarrollo. La paz no se alcanza sin igualdad de oportunidades. La paz no se alcanza en tanto subsista la nefasta economía del delito y el narcotráfico, que financia el caos, porque vive del caos.

    Por eso mi Gobierno diseñó una estrategia integral que abarca la complejidad de la situación colombiana y busca, mediante la operación en varios frentes, fortalecer la presencia del Estado y su institucionalidad.

    Esa estrategia es el Plan Colombia, un Plan que incluye mecanismos y programas para reactivar la economía, impulsar las negociaciones de paz, fortalecer la justicia y promover los derechos humanos, aumentar la inversión social –con énfasis en las zonas de conflicto o con cultivos ilícitos-,  realizar procesos de sustitución y desarrollo alternativo integral, y luchar contra el narcotráfico.

    Es importante precisar que el Plan Colombia es un plan netamente colombiano que goza de respaldo internacional y que consta de un programa que se desarrollará en 3 años por un valor de 7.500 millones de dólares, en el cual Colombia, un país que hasta ahora ha asumido la mayor carga en lo que a la lucha contra el narcotráfico se refiere, aportará 4.000 millones.

    Yo sé que en muchos casos se ha interpretado  el Plan dando  un desmesurado énfasis al componente militar. Por ello, es bueno aclarar que éste contiene mucho más que unos helicópteros y  que un programa de fumigación. Cerca del 80% del Plan Colombia se refiere a aspectos sociales y políticos, y no militares. Es un Plan de paz, para la paz y para el fortalecimiento del Estado.

    Sería un gran error considerar que el Plan Colombia es un plan de guerra. Es cierto que nuestros esfuerzos son contra el narcotráfico, pero al mismo tiempo son esfuerzos a favor de la paz. Son, sobre todo, esfuerzos en pro de nuestros pobres, de nuestros campesinos y del porvenir de nuestros niños.

    La comunidad internacional, cada vez más consciente de la responsabilidad compartida que existe en el manejo del problema mundial de las drogas ilícitas, está apoyando esta estrategia, porque comprende que no es sólo para el beneficio de un país, sino también para el mejor futuro de la humanidad.

    ¿Y qué pueden esperar nuestros vecinos, como el Perú, que miran con justificable interés lo que ocurre en nuestro país? Lo que pueden esperar es que la mayor presencia del Estado colombiano en las regiones cercanas a sus fronteras derive también en mayor seguridad y mejor comercio para ellos.

    Hoy, por fortuna, los peruanos están conscientes que no tienen nada que temer y sí mucho que ganar con la adecuada implementación del Plan Colombia.

    La pregunta correcta es: ¿Cuál sería el destino de las zonas fronterizas si no se hace algo a tiempo y se dejan  abandonadas al imperio del narcotráfico? ¡Ahí sí que habría motivos para temer, ante una verdadera amenaza regional! Pero traer seguridad, inversión social y presencia estatal son objetivos que consultan nuestros intereses comunes y que se cumplirán mejor aún si contamos con la cooperación y comprensión peruana.

    Juntos, el Perú y Colombia, tenemos mucho que compartir en nuestro camino hacia el progreso y la justicia social. Si obramos coordinadamente, si hacemos del desarrollo fronterizo un proyecto binacional, tendremos el futuro en nuestras manos.

    Ustedes y nosotros lo sabemos: Las armas solamente jamás podrán desterrar el narcotráfico o a la guerrilla del panorama colombiano o latinoamericano. La seguridad sin desarrollo es un espejismo inalcanzable. Por eso, es fundamental que avancemos juntos en el diseño y la implementación de planes de desarrollo social  como afortunadamente ya venimos avanzando en el Plan de Desarrollo Integral de la Cuenca del Putumayo. Es mejorando la calidad de vida de las comunidades asentadas en nuestras zonas fronterizas como podemos convertirlas en fuentes de progreso y de mayor unión entre nuestros pueblos. Trabajemos juntos con entusiasmo para alcanzar ese propósito.

    Amigos congresistas de esta querida República del Perú:

    Nada ensombrece la larga y profunda amistad entre nuestras naciones. Nada debe entorpecer nuestro camino promisorio de integración. Sólo tenemos motivos para ayudarnos mutuamente, para respaldarnos y para cooperar en las diversas instancias políticas, económicas, culturales y sociales.

    Hoy, en esta “casa de la democracia peruana”, ante los representantes de esta nación que no se doblega ante la adversidad, vengo a traerles el testimonio de amistad de mi pueblo colombiano.

    Reciban nuestro sentido homenaje a esta tierra de historia y tradición que guarda lo más hondo de la herencia americana y del legado hispánico.

    Reciban mi cariño y el cariño de mi gente, a la patria de Túpac Amaru y de José Gabriel Condorcanqui, a la guardiana de los Andes, de Machu Picchu y de Cuzco, a la tierra que dio gloria a Bolívar, a Sucre y a San Martín, a la orgullosa heredera del legado del Imperio del Sol.

    Colombia, por mi intermedio, su hermana de sangre, su hermana en la democracia, deposita en este Congreso Nacional un voto simbólico por la felicidad, la prosperidad y la paz perenne del Perú.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Lima, Perú
    7 de mayo del 2001

    Todos hemos planteado que el mundo no será el mismo después de los sucesos del 11 de septiembre, y eso es cierto. Estamos reunidos, en este máximo foro de la Comunidad Iberoamericana, para reflexionar sobre el nuevo escenario internacional que se está perfilando, así como sobre las acciones que debemos emprender conjuntamente para hacerle frente a las complejas amenazas que inciden en el acontecer mundial.

    El sistema internacional empieza a redefinirse y con él se presentan nuevos desafíos que cambian las prioridades de la agenda de nuestros países. El terrorismo atenta contra los principios y valores democráticos y el desarrollo de nuestros pueblos y constituye un reto a la seguridad misma de los Estados y de la comunidad internacional en su conjunto. Así mismo, afecta la forma en que se interrelacionan las culturas. Su irrupción hace imperativa la cooperación y la solidaridad entre nuestras naciones.

    El principal desafío en este nuevo contexto internacional es asegurar la convivencia pacífica de los pueblos. El objetivo central debe ser, entonces, el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales sin que se pongan en peligro las libertades individuales y los derechos fundamentales. Debemos preservar, en esta lucha, los valores en que se fundamentan nuestras instituciones democráticas.

    En la lucha contra el terrorismo, no podemos perder de vista otro tipo de actividades delictivas que se vinculan con éste y que lo potencian, como son el problema mundial de las drogas ilícitas, el tráfico de armas pequeñas y ligeras, el crimen transnacional y el lavado de activos.

    En este sentido, al plantear el tema de la seguridad internacional, es obligatorio mencionar los perturbadores fenómenos que forman parte de las redes globales del crimen. Estos circuitos se aprovechan de la mundialización para crear multinacionales del delito, acceder a las tecnologías más modernas, permear las fronteras nacionales, aparecer en cualquier lugar del mundo y sembrar el terror y la impotencia.

    Por ello, en la lucha contra estos flagelos es fundamental desmantelar sus fuentes de financiación. Seamos sinceros: tal como lo afirmé en días recientes en las Naciones Unidas, “las utilidades del narcotráfico circulan campantes por el torrente financiero internacional, donde financistas y hombres de negocios de apariencia respetable prosperan en medio de la tolerancia del mundo entero”. Con la laxitud en el control de las entidades financieras, con la existencia de paraísos fiscales y bancarios, le estamos entregando una patente de corso a los criminales, que  acumulan fondos y ganancias para financiar la muerte y el terror en cualquier latitud del planeta.

    Sin duda, el terrorismo y el crimen internacional organizado atentan contra el individuo en su integridad, contra la humanidad, contra el progreso de los pueblos y contra la institucionalidad democrática de nuestros Estados. El terrorismo no discrimina por regiones o niveles de desarrollo. Es por eso que las nuevas problemáticas requieren ser abordadas de manera colectiva, ya que, por su naturaleza y características, no existen soluciones únicas o aisladas que puedan hacerle frente.

    Desde la perspectiva económica, el principal reto que trae consigo la nueva coyuntura es la agudización del deterioro de la economía global, en lo que podría ser el inicio de una recesión generalizada. Si bien, desde antes del 11 de septiembre, existían algunos signos de desaceleración en las principales economías del mundo, los ataques contra los Estados Unidos han incrementado estas tendencias.

    Cabe recordar que los primeros síntomas de desaceleración se comenzaron a sentir en la economía norteamericana a partir del segundo semestre del año 2000. Incluso, a mediados de 2001, los pronósticos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial tuvieron que ser ajustados ante la baja de sus previsiones de crecimiento de la economía global.

    Esta misma tendencia se reflejó en los países latinoamericanos. La situación respondía a las sucesivas crisis externas que conllevaron el endurecimiento y encarecimiento del crédito, la disminución en la inversión extranjera, que, sumada al deterioro de los precios de algunos productos básicos como el café, afectaron negativamente a la región.

    Sin embargo, después de los atentados del 11 de septiembre, la crisis se profundizó. En primer lugar, por las repercusiones directas que los atentados tuvieron en la industria mundial de seguros, de la aeronáutica y del turismo, las cuales están estrechamente vinculadas y son sectores centrales para algunas de nuestras economías.

    En segundo término, porque se presenta el riesgo de que haya un retroceso en los procesos de liberalización del comercio, en los programas de ajuste estructural, así como en los propósitos de integración regional.

    La situación descrita es particularmente crítica para las economías de América Latina y el Caribe. Regiones como el Caribe y Centroamérica están experimentando fuertes presiones en tres frentes: el descenso de los flujos turísticos, la disminución en las remesas de los migrantes  y el derrumbe histórico de los precios de productos básicos.

    A su vez, los países de la región que dependen de inversiones extranjeras y de flujos de capital para financiar su balanza de pagos deben enfrentarse con fuertes aumentos en los costos del capital y una reducción de sus volúmenes.

    Finalmente, es importante subrayar que, pese a la coyuntura, existen otros desafíos de gran importancia que amenazan directamente la estabilidad social de nuestros países  y el bienestar humano, y que no podemos perder de vista. La lucha contra la pobreza, el fortalecimiento de las libertades individuales, el combate a las pandemias, la conservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible, son retos en los que debemos continuar trabajando conjuntamente.

    LINEAMIENTOS DE ACCIÓN IBEROAMERICANA

    Frente al nuevo escenario internacional, y ante los desafíos y problemas comunes que enfrentan nuestros países, la Cumbre Iberoamericana se constituye en un foro idóneo para la concertación política y la profundización de la cooperación.

    El compartir una misma cultura, tener unos valores y principios democráticos comunes, y haber consolidado la cooperación iberoamericana como principal característica de este mecanismo,  permiten a la Cumbre Iberoamericana ser un escenario privilegiado para el diálogo de países que tienen  retos similares y objetivos comunes.

    En este sentido, la acción iberoamericana en la coyuntura presente debe estar enfocada, ante todo, al respeto por la vida y la dignidad del ser humano, a la preservación de la convivencia pacífica y de la seguridad, al diálogo de las culturas y a la promoción de una cooperación solidaria.

    Lo anterior demanda de nuestros países una profunda reflexión, pero ante todo acciones concretas y eficaces, que lleguen a cada uno de los ciudadanos iberoamericanos.

    En este orden de ideas, Iberoamérica, como un todo, debe comprometerse de forma decisiva e indeclinable a prevenir, combatir y eliminar el flagelo del terrorismo y las demás actividades de las cuales se nutre y que también constituyen una amenaza a la estabilidad de nuestras naciones y del mundo.

    Para hacer frente a este reto es necesario actuar dentro  del marco del respeto del Estado de Derecho, de las normas del Derecho Internacional, de los derechos humanos y bajo los principios que han guiado nuestro foro.

    Las naciones Iberoamericanas entendemos que la lucha contra el terrorismo no es la lucha contra un pueblo, ni es una manifestación de un choque de civilizaciones. Como lo expresé en la pasada Asamblea General de las Naciones Unidas, “el único choque que se ha puesto al descubierto es el de una minoría violenta, fanática, en contra de cualquier civilización”.

    Donde quiera que se atente contra la dignidad humana o se ataque a la población civil, sin importar quien sea el actor, o cuáles sus supuestos argumentos, allí habrá terrorismo y nuestra tolerancia será cero.

    Es indispensable que la Comunidad Iberoamericana  enfrente el terrorismo desde una aproximación multidimensional y equilibrada. Los pilares de nuestras acciones deben ser la responsabilidad compartida, el enfoque integral, la acción solidaria y la cooperación.

    Mi país, que ha padecido los efectos adversos de este flagelo, continuará tomando y aplicando todas las medidas a su alcance para cortar de raíz el terrorismo, de conformidad con las normas del derecho internacional y las iniciativas de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y los organismos subregionales.

    Creemos que Iberoamérica debe prestar su apoyo a las decisiones adoptadas por la Comunidad Internacional, en especial a la implementación de la Resolución 1373 de las Naciones Unidas, que traza los parámetros globales, preventivos y vinculantes en la lucha contra el terrorismo.

    Debemos comprometernos en la suscripción y ratificación de los instrumentos internacionales de lucha contra el terrorismo y, de manera especial, de la Convención de las Naciones Unidas para la Represión a la Financiación del Terrorismo.

    Colombia ha insistido en la necesidad de crear un Frente Financiero Común contra el terrorismo. La cooperación entre los gobiernos, la banca, las organizaciones internacionales, la empresa privada y las diferentes asociaciones financieras, es  una de las herramientas más eficaces que podemos utilizar contra esta amenaza global.

    Se hace necesario entonces, profundizar la concertación política, fortalecer la cooperación judicial y el intercambio de información, mejorar la capacidad institucional de nuestros Estados en materia de análisis e investigación financiera.

    Nuestra respuesta debe ser fuerte y decidida. Sin miedos ni temores. Que nadie destruya los avances alcanzados en materia de promoción y protección de nuestros derechos individuales y colectivos, la consolidación de los lazos comerciales de nuestras economías y la integración de nuestros pueblos. Tenemos que seguir trabajando con empeño y visión de futuro para conquistar nuestros objetivos de democracia, paz, seguridad y desarrollo humano.

    En la situación en que estamos inmersos, Iberoamérica debe estar más unida. No podemos dejarnos seducir por voces de sirena que abogan por el proteccionismo o el aislacionismo y mucho menos retroceder en los logros económicos, sociales y políticos que hemos alcanzado hasta ahora.

    Es así como debemos avanzar en la Ronda Qatar de la Organización Mundial del Comercio, con el fin de que ésta sea la “Ronda del desarrollo” y una oportunidad excepcional para que obremos coordinadamente en la defensa del libre comercio, con un trato especial y diferenciado para los países en desarrollo.

    Igualmente, debemos profundizar, desde una perspectiva social, en los procesos de estabilización macro económica y reforma estructural que hemos venido adelantando y adaptarlos a la nueva situación, con lo cual podremos hacer frente a la recesión, al desempleo y a la pobreza.

    Se hace necesario establecer una nueva alianza mundial en torno al financiamiento para el desarrollo, que apoye  la movilización de los recursos internos e internacionales, de crédito  y de ayuda externa con el propósito de impulsar el desarrollo y alcanzar metas específicas de reducción de la pobreza y de cubrimiento de las necesidades sociales básicas. Para ello acudiremos a la Conferencia de Monterrey para presentar posiciones coordinadas en estas materias.

    No olvidemos que nuestros países deben propender por la interrelación de las culturas, por el conocimiento y enriquecimiento mutuo de los pueblos, por la tolerancia y la construcción de un sentido de humanidad, para así, conjuntamente, hacer frente a los desafíos de esta crucial etapa de la historia mundial.

    Si lo hacemos juntos podemos dejar un legado de unidad y de responsabilidad de parte de la comunidad iberoamericana al mundo entero.

    Muchas gracias.


    Fecha

    2001

    REUNIÓN CON LAS MADRES BENEFICIARIAS DEL PROGRAMA “FAMILIAS EN ACCIÓN”

    14 de Febrero de 2002

    Dice un autor anónimo que “la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos son raíces y alas” Yo añadiría que no podemos dejarles cualquier raíz, sino el orgullo de pertenecer a su tierra, a la tierra cordobesa del sombrero “vueltiao”, el porro, la puya y la cumbia. Los niños que hacen parte de las familias que hoy nos acompañan podrán volar, en el futuro, gracias a las raíces de bienestar que hoy estamos sembrando.

    Estoy seguro de que todos los padres y madres del mundo, como yo, quisiéramos dejarles a nuestros hijos un camino abierto para que ellos transiten, aprendiendo a vivir con sabiduría. Para hacer realidad un sueño como éste debemos darles la oportunidad de crecer saludablemente, de educarse, de vivir el mundo y de experimentar la alegría del conocimiento.

    Porque creo en la importancia de la niñez y de la juventud para hacer una Colombia mejor; porque creo en ustedes, queridas madres de familia, mujeres trabajadoras de Córdoba; porque creo en sus familias, en el porvenir de sus hogares, estamos entregando por toda la geografía nacional los subsidios que harán posible estos sueños de tener unos hijos bien alimentados y con buena educación, listos para afrontar la vida y entregar lo mejor de sí a la Patria.

    Hoy estamos viendo los frutos, aquí en Cereté, del programa “Familias en Acción”, que es uno de los programas bandera del Plan Colombia, que no es otra cosa que el Plan Social más importante que jamás se haya emprendido en la historia del país.

    Ustedes, las beneficiarias, saben bien de qué se trata este programa, pero déjenme resumirlo una vez más para que conozcan a fondo sus ventajas, esas ventajas de las que ya comienzan a disfrutar:

    “Familias en Acción” es una iniciativa de mi Gobierno gracias a la cual estamos entregando subsidios directos en dinero a las familias que estén inscritas en el nivel 1 del SISBEN, es decir, a las familias más pobres de los pequeños municipios de Colombia.

    En primer lugar, entregamos un subsidio nutricional para los niños menores de 7 años, para complementar su alimentación durante la etapa más importante de su crecimiento. Hoy les tengo la buena noticia, madres y padres de “Familias en Acción”, que este subsidio, que era de 40.000 pesos por familia el año pasado, ¡este año va a incrementarse a 46.500 pesos por familia!

    En segundo lugar, a los niños entre los 7 y los 18 años que estén yendo al colegio les estábamos entregando un subsidio escolar de 12.000 pesos mensuales para los que estén estudiando entre 2º. y 5º. de primaria, y de 24.000 pesos mensuales para los que están estudiando bachillerato, durante 10 meses al año. Pero ¡mucha atención!, porque estos subsidios también vamos a incrementarlos este año, de forma que los subsidios por cada hijo matriculado en primaria quedarán en 14.000 pesos mensuales y por cada hijo matriculado en secundaria quedarán en 28.000 pesos mensuales.

    Para ganar estos subsidios lo único que se requiere es que ustedes, las madres y padres de familia, nos comprueben que llevan a los más pequeños a su control de salud y que los más grandecitos están asistiendo a sus clases. ¡Nada más!

    Nuestro objetivo es llegar con estos subsidios a las familias más pobres de más de 600 municipios del país, con una inversión de 510 mil millones de pesos

    De esta manera, vamos a beneficiar con este programa a un millón de niños y a 330 mil familias en toda Colombia. De hecho, ya estamos llegando con subsidios -al igual que aquí en Cereté- a casi 100 mil familias de 300 municipios de todo el país. ¡Así estamos sembrando futuro por toda Colombia a través de nuestros niños!

    Aquí en Córdoba iniciamos el programa el año pasado en 8 municipios y se han beneficiado 10.462 familias. ¡Son 10.462 familias que han recibido hasta ahora 1.594 millones de pesos! Para el 2002 el programa tiene previsto iniciar sus acciones en otros 15 municipios donde realizaremos las inscripciones de las familias entre el 18 de febrero y el 5 de marzo, de tal manera que tendremos una cobertura total de 23 municipios en el departamento. Para cumplir con estas metas se ha proyectado una  inversión de aproximadamente 15 mil millones de pesos, que beneficiará a 23.000 familias cordobesas de bajos recursos.

    Y dentro de tantos beneficiados en Córdoba, ¡qué bueno estar hoy con ustedes que forman parte de las 2.540 familias con subsidios de nutrición y educación en Cereté! ¡Qué bueno ver cómo mejoran las condiciones de vida de los niños pertenecientes a las familias más necesitadas de este querido municipio!

    Ya les hemos entregado el año pasado 350 millones de pesos a 1.981 familias para sus hijos, y este año les entregaremos a todas las familias que acrediten los requisitos otros 1.350 millones de pesos en total, para cumplir así con las familias beneficiarias,  para que ustedes sean las mejores madres, y tengan las mejores familias, ¡familias en acción para la vida! ¡Familias de Cereté listas para el progreso!

    Quiero recordarles que a las madres que se les entregó un papel verde es porque cumplieron  con todos los requisitos del programa; por lo tanto, son beneficiarias y han recibido el pago. Las madres a las que se les entregó un papel rosado,  quedaron inscritas en el programa pero, para poder recibir su pago, requieren la certificación del Comité municipal y demostrar que  pertenecían al nivel 1 del SISBEN  antes del 31 de diciembre de 1999.

    Si hay madres que todavía no han recibido el subsidio, pero cumplen con todos los requisitos, hoy les puedo asegurar que van a recibir el pago del programa y que se les va a pagar en forma retroactiva desde el mismo momento en que hayan acreditado sus requisitos, porque tienen todo el derecho a recibir los beneficios.

    Y quiero también decirles que madre que no cumpla con todo los requisitos establecidos no podrá ser beneficiaria;  ¡por eso  hay que cumplirlos!

    Me siento, de verdad, muy contento, al saber que hoy sus hijos asisten a la escuela, bien alimentados y con la capacidad de ejercitar sus alas para hacer del sueño de la educación, una realidad.

    Felicitaciones, queridas madres de Cereté, que hoy se reúnen en su primera gran Asamblea de Madres Beneficiarias Ustedes son la garantía del éxito de este Programa. Los subsidios que han venido recibiendo y seguirán recibiendo del Gobierno úsenlos bien, para sus hijos y por sus hijos, ¡para que crezcan sanos, fuertes y con toda la educación que se merecen!

    Hoy se han convocado las madres beneficiarias del programa “Familias en Acción” para que abran el espacio más importante de este municipio, que se constituirá en  un punto vital de encuentro donde ustedes podrán compartir, concertar y discutir todo lo que se considere de importancia para  los niños y para las madres, y poder así conjuntamente, ustedes y el Estado, construir redes de solidaridad y pactos de confianza que garanticen el éxito y la transparencia en el manejo de recursos y la eficacia de nuestras acciones.

    ¡Hoy declaramos instalada esta Asamblea de Madres   Beneficiarias y ustedes pueden proceder a elegir las madres lideres para que las representen en el Comité que hace parte de esta Asamblea!

    Queridas madres de Cereté:

    El programa “Familias en Acción “ que hace parte del Plan ColombiaAcción“ del que ustedes son beneficiarias es uno de los ejes fundamentales del desarrollo social por el cual estamos trabajando ¡pero hay más! pues hemos concebidotrabajando, pero el Plan Colombia incluye mucho más. El Plan Colombia está concebido de una manera integral que comprende, entre otras:otros objetivos, la generación de empleo, la ayuda a las familias más necesitadas, y la construcción y el mejoramiento de las vías.

    Somos conscientes de que sin empleo el progreso de nuestro país sería una simple quimera y que la grave situación de desempleo requiere de atención especial. Por ello, creamos el programa “Empleo en Acción”del Plan Colombia que consiste en generar empleo transitorio e ingresos, para mano de obra no calificada y hombres y mujeres desempleados perteneciente a los niveles 1 y 2 del Sisben. A través de proyectoscalificada, mediante la construcción de pequeñas obras de infraestructura ejecutados en localidades y barrios de situación de pobreza. que benefician a las mismas comunidades que las construyen.

    Mediante él,este programa  hemos invertido aquí en Cereté 6773.842 millones de pesos generando 4.004 nuevos millones de pesos, generando más de 640 empleos a través de la realización de 12 proyectos productivos. Igualmente en este departamentoEn Córdoba hemos invertido cerca de 6 mil millones de pesos, generando 3.50016.381 nuevos empleos a través de la realización de 75 proyectos. YHasta ahora en todo el país hemos invertido en este campoprograma cerca de 210 mil millones de pesos creando 154.597pesos, creando 153.416 nuevos empleos a través de 3.416 proyectos productivos.

    También aquí en Córdoba, dentro del Plan Colombia, hemos adelantado tres proyectos productivos para la población desplazada, beneficiando a 544 familias, con una inversión de 329 millones de pesos. Y con el programa “Gestión Comunitaria” estamos también financiando un proyecto en Puerto Libertador por 500 millones de pesos.

    Como se puede ver, el Plan Colombia ha generado incontables obras de paz y de progreso, sobre todo para la población más vulnerable y más necesitada del país. Su presencia en Córdoba ha sido y seguirá siendo grande, porque queremos seguir teniendo un pueblo cordobés haciendo Patria y construyendo Paz.

    Apreciadas amigas de Cereté y de Córdoba:

    Me siento muy feliz, más que feliz, al estar hoy con ustedes y presenciar los buenos resultados del Programa Familias en Acción. Ver sus caras de alegría, constatar que están recibiendo adecuadamente sus subsidios, que sus hijos crecen con salud y educación, es mi mayor satisfacción como gobernante.

    ¡Sigan trabajando por sus hijos y por sus familias! ¡Construyan la unión familiar dentro de sus hogares! ¡Así es como todos contribuimos a la paz y el futuro de nuestra querida Colombia!

    Que Dios las bendiga siempre.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Córdoba, Colombia
    14 de febrero del 2002
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