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    Discurso de posesión de Andrés Pastrana Arango como Presidente de la República

    Este no es mi día sino el de todos nosotros los colombianos. El juramento solemne que he prestado hoy ante Dios todopoderoso y ante ustedes es un sacramento de nuestra democracia. Un juramento pronunciado a lo largo de nuestra historia, pero que en este caso adquiere una mayor dimensión pues nos exige a la vez acertar en el cumplimiento de nuestras obligaciones y no repetir los errores del pasado. Orgullosos de nuestro patrimonio vamos a buscar ahora lo mejor de nuestro futuro.

    No sólo estamos hoy invistiendo a un nuevo Presidente sino inaugurando la nueva era de una Colombia, orientada hacia el camino correcto. Me comprometo conmigo mismo y ante ustedes a gobernar sin privilegios ni discriminaciones para todos los colombianos. Quienes ocupen las más altas posiciones del gobierno tendrán las más grandes obligaciones frente a la ley, y no gobernarán los que crean que el poder otorga licencia para quebrantarla. Dicho de un modo más sencillo: en mi administración no habrá espacio para la corrupción, y no será tolerada ni perdonada. Quiero -y no transijo por menos- que éste pase a la historia como el más limpio de los gobiernos.

    Dentro del inmenso margen de nuestros retos arriesguémonos a enfrentar los grandes cambios que necesitamos. Volvamos a confiar en que nuestras ciudades y nuestros campos recobrarán su seguridad y la paz. Creamos una vez más que nuestra industria y nuestra agricultura prosperarán; que nuestros hijos recibirán una buena educación, que su salud estará protegida y sus padres estarán a salvo del flagelo del desempleo.

    Realizar estas esperanzas implica serios y sostenidos esfuerzos, una causa común y el poco común coraje de recoger nuevas ideas y estar dispuestos a nunca renunciar ni darnos por vencidos.

    Porque el cambio no se realiza en una semana, en un mes o en un año. Quizás ni siquiera se haya complementado al término de esta administración. Estamos en el amanecer de una nueva era, todavía no en su esplendor. Pero el cambio comienza hoy.

    Poseemos vastos recursos naturales, pero aún más importante: un gran talento humano. Si nos preparamos a conciencia no debemos tener miedo a la globalización de la economía. Por el contrario, le daremos la bienvenida y competiremos y prosperaremos dentro de ella.

    Yo veo a una Colombia reconocida orgullosamente en nuestro hemisferio y en el mundo entero por transitar en los prodigios de la informática, y no en los paraísos artificiales de la cocaína. Yo veo a una Colombia orgullosa y con autoridad suficiente para retar a otras naciones a que controlen su demanda de drogas, porque fuimos capaces de combatir la oferta y también la demanda dentro de nuestro propio país.

    Como Presidente no entregaré ni un ápice de nuestra soberanía, pero apelaré a toda ella para hacer cumplir la ley y para construir una prosperidad que haga de Colombia, con una economía moderna, un imán para la inversión.

    No solo buscaremos la prosperidad en la industria y en las empresas, sino también en la agricultura, a la que hemos exprimido durante muchos años sin pagarle lo que le debemos. Vamos a invertir más en el campo. No olvidemos que la tierra es el alma de Colombia y que quienes la cultivan son el alma de la tierra.

    Colombianos:

    Durante mi campaña propuse los diez grandes cambios. Cada uno de ellos es igualmente importante y todos ellos serán promovidos. Debemos intentar de nuevo, y confiar una vez más en que podemos cambiar y lograr un país mejor. Les pido que me ayuden, pues son sus manos, más que las decisiones de un Presidente, las que moldearán la materia final de nuestros esfuerzos.

    Al pueblo de Colombia le debo el privilegio de ser el gobernante que ha de cerrar las puertas del siglo XX y ha de abrir las del siglo XXI hacia el vasto horizonte del tercer milenio. Se me ha encomendado la responsabilidad de continuar y mejorar lo mejorable que ha sido hecho por otros gobernantes. Pero más de seis millones de colombianos y el consenso más amplio de la Nación, me han señalado para descubrir el camino de esa tierra presentida y prometida que debe ser Colombia.

    UNA COLOMBIA EN PAZ

    El muy sabio refranero español lo dijo: “Sin paz no hay pan”. Por eso, ante todo, quiero la paz, que es paz y pan. Y es la tierra prometida que anhelamos: una Colombia en paz.

    Pero la reconciliación demanda un Gobierno capaz de organizar un liderazgo colectivo por la paz, que implica sacrificios, exige renuncias y demanda compromisos graves que han de ser estériles mientras Caín siga .matando a Abel.

    El Presidente de la República asume elliderazgo irrenunciable de construir la paz. No esperen de mí que construya una burocracia de la paz. Desde ahora convoco a todos los colombianos a seguir y trabajar dentro de la “Agenda de paz” que voy a dirigir.

    Para todos debe ser claro que recuperaré para el Estado el monopolio de la fuerza para la paz, la justicia social y la felicidad de los colombianos. Cada minuto que ahorremos en la guerra es una inversión en la vida. La cooperación internacional en nuestros procesos de paz no debe verse como la incapacidad de construirla solos, sino como una nueva manera de hacer la paz.

    El llamamiento a la paz como condición necesaria para un proyecto de país, es evidente. Pero la paz exige transformar la energía humana del rencor, propia de las guerras, en energía vital para la reconstrucción de una nueva Colombia.

    Es precisamente esa energía vital la que nos debe permitir que no se sigan repitiendo los actos de violencia como los de los últimos días, que al igual que a sus familias ya todos mis compatriotas, me han llenado de dolor. Estos actos no contribuyen al clima de entendimiento que personalmente, al igual que todo mi Gobierno, estamos dispuestos a propiciar empeñando para ellos todos nuestros esfuerzos.

    La primera cuestión es de identidad. ¿Qué es Colombia y que queremos que sea? Históricamente la Nación buscaba su identidad en la homogeneidad excluyente, que despreciaba la diversidad o la anulaba. Una Patria exigía una religión, una lengua, incluso una etnia dominante. Desde posiciones dictatoriales o desde pactos republicanos se iban imponiendo estas condiciones de identidad durante tiempo indefinido para configurar otros sistemas de poder. La evolución posterior, en particular la actual, demuestra que los excluidos de cualquier tipo, suelen reclamar con gran violencia el reconocimiento de su existencia y de su derecho a participar. La gracia es que la identidad de la nueva Colombia que encare los desafíos del siglo XXI y se ofrezca a las nuevas generaciones, tiene que ser incluyente de la diversidad colombiana, y no excluyente, como ha sido hasta hora para una parte importante de los colombianos. Mantener la unidad de la Nación tiene que estar en el origen y la finalidad de esta determinación histórica a favor de la paz.

    UN MODELO DE DESARROLLO POR LA VIDA Y LA JUSTICIA SOCIAL

    Recibo un país con sus indicadores económicos gravemente averiados, y con sus finanzas públicas destrozadas. Por esto me propongo ahora hacer un estado de cuenta y razón de las condiciones en que las he recibido. Pero también presentaremos sin tardanza, en las semanas venideras, los grandes lineamientos de las medidas que vamos a tomar para sacar a Colombia de la postración en que la encontramos.

    Pieza fundamental en este programa de recuperación será el ajuste fiscal. Nuestro país no puede seguir gastando alegremente mas allá de sus posibilidades. Si así lo hiciéramos, la ya gravísima situación de desempleo que heredamos se haría aún más agobiante. Y los desequilibrios de todo orden harían inmanejable la economía y comprometerían el desarrollo del país por mucho tiempo. Por eso nos empeñaremos con rigor desde los primeros días de la Administración, a poner en orden la casa fiscal.

    Pero no solamente nos ocuparemos de ordenar las finanzas públicas. También tenemos que reactivar el crecimiento económico equitativo. El plan de desarrollo que la administración debe presentar a consideración de las cámaras dentro de los primeros seis meses, tal como lo dispone la Constitución, será la oportunidad para trazar la carta de navegación que nos permita abrir las puertas del siglo XXI a una sociedad con un crecimiento mejor e igualitario. Dentro de este propósito la búsqueda de la paz no es sólo un anhelo colectivo sino también una estrategia inteligente de desarrollo económico. La paz es la tarea más urgente en la agenda de nuestro país y el mejor contrato social que podemos hacer hacia el futuro.

    NARCOTRÁFICO

    Debemos aprovechar el fin de siglo para hacer un corte de cuentas de los profundos daños que le ha causado a nuestra sociedad el fenómeno del narcotráfico. En lo ecológico, no queda duda de que es el principal depredador de grandes zonas del territorio colombiano, apreciado en el mundo por la diversidad de sus tesoros ambientales.

    Qué no decir del fomento de la corrupción, cuyo efecto en las instituciones se ha convertido en uno de los agresores más funestos que ha enfrentado el Estado colombiano durante toda su historia. O el fomento de la violencia, por el dinero fácil para el logro de objetivos que antes eran frutos de años y años de trabajo limpio. O el incremento del consumo.

    Si Colombia sobrevive pese a tantas desgracias es sólo por la fortaleza moral de un pueblo que ha sabido afrontarlas. Pero no le pidamos más milagros.

    “EL FONDO DE LA PAZ” CON APORTES TRIPARTITOS

    Para lograr este propósito nacional, además de las iniciativas políticas que ya estamos poniendo en marcha, la paz será el hilo conductor del próximo plan de desarrollo. Ello implicará inversiones sociales y de infraestructura de gran magnitud en las zonas de conflicto.

    Con este objetivo vamos a crear el gran “Fondo de la Paz” que será administrado en urna de cristal y cuyos programas harán parte integral del plan de desarrollo. Se nutrirá de aportes tripartitos provenientes de tres fuentes distintas. En primer lugar del propio Gobierno, el cual, como consecuencia del programa de austeridad que va a emprenderse, liberará recursos importantes que podrá destinar a inversiones estratégicas para la paz. En segundo lugar, de aportes provenientes de la comunidad internacional que ha mostrado su interés en colaborar económicamente para aclimatar la paz en Colombia. Y en tercer lugar, de dineros que habrán de aportar los colombianos prósperos, a través de un “Bono de Paz de Obligatoria Suscripción”,cuya autorización solicitaremos al Congreso Nacional, y a través del cual podrán concretarse las valiosas manifestaciones de tantos colombianos de buena voluntad.

    Tal como lo dije en la campaña, presentaremos ante el Congreso Nacional el proyecto de ley que permita realizar una disminución gradual del IVA combatiendo simultáneamente y con energía la evasión que hoy se produce. Así mismo se presentará, una vez que el programa de ajuste fiscal fructifique, se propondrá una reducción de la tarifa del impuesto a la renta para aquellas empresas que generen nuevos empleos.

    NUESTRA POLÍTICA INTERNACIONAL

    El mandato transparente y categórico que he recibido de los colombianos deberá transformar también nuestra posición internacional para adelantar una política exterior de amplio consenso, coherente y sistemática, que supere cualquier exclusivismo de grupo, de región o de partido. Nuestra diplomacia será eficaz, apta para obrar sin desventajas, respetuosa de compromisos y consciente de su irrenunciable dignidad y de sus derechos bien ganados.

    Estoy convencido de que el irreversible propósito de globabilización exige un orden internacional más equitativo. No queremos ser espectadores simples sino protagonistas diligentes de ese nuevo compromiso mundial.

    No ignoro que nuestra agenda internacional demanda un modo diferente de concebirla. No rehuimos la responsabilidad, la asumimos. Nuestra política exterior estará encaminada a fortalecer nuestro poder de negociación en torno a temas primordiales de la agenda global. Reafirmaremos con hechos y acciones efectivas nuestro compromiso con la promoción y defensa de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario.

    Como Presidente de la República ejerceré a plenitud la obligación constitucional de dirigir las relaciones exteriores, consciente de que en un régimen como el nuestro el liderazgo del Jefe del Estado es irremplazable.

    Nuestra política exterior estará guiada por la protección de los derechos esenciales de Colombia. Compartimos los grandes principios que están incorporados en la carta de las Naciones Unidas y en los instrumentos del sistema interamericano. La palabra internacional de Colombia es sagrada para nosotros.
    Somos abanderados de la santidad de los tratados y de la buena fe en las relaciones entre los Estados. Siempre hemos sustentado la solución pacífica y negociada de los conflictos. La heredad nacional es el producto del derecho, nunca de la fuerza o de la imposición arbitraria. Creemos en la vigencia del multilateralismo, en la acción colectiva organizada para enfrentar los problemas y prevenir y resolver las divergencias y conflictos.

    Venezuela es el país con el cual Colombia ha avanzado más en materia de integración económica. Los estrechos vínculos históricos y culturales que nos unen nos permitirán impulsar el entendimiento en todos los campos a fin de continuar avanzando en el proceso de integración binacional y en la consolidación de la Comunidad Andina de Naciones para proyectarla al continente.

    Estados Unidos, en su condición de potencia hemisférica y por ser la economía más grande y avanzada del mundo, es un país fundamental para las relaciones internacionales de Colombia. Comenzamos también con ellos una nueva era de entendimiento y de confianza que nos ha de permitir la diversificación de la agenda de nuestras relaciones, para avanzar por la senda de una verdadera cooperación, más de hermanos que de buenos vecinos.

    En lo que hace relación con Europa y los países de la Cuenca del Pacífico, continuaremos estrechando nuestras relaciones económicas y culturales, así como los vínculos entre los distintos bloques de integración que hoy existen. Para este efecto otorgaremos particular importancia a la Cumbre Unión Europea – América Latina y el Caribe que se realizará el año entrante como fruto del diálogo entre la Unión Europea y el Grupo de Río.

    Colombia sale hoya la búsqueda de la comunidad internacional para reasumir el liderazgo que le corresponde en el diseño del “Nuevo Mundo”.

    JUSTICIA SOCIAL

    Es claro: tampoco la paz es posible sin justicia social. Colombia es una sociedad desgarrada por las distancias sociales. Urge por lo tanto a través de la  educación, de la salud y el empleo mejorar la redistribución de la riqueza material, cohesionar la sociedad y conducirla hacia la paz.

    El mundo está cambiando a pasos agigantados. La sociedad ha descubierto que su gran fuente de riqueza ya no es mineral sino humana. Invertir tanto en ella como en nuestros recursos naturales es el cambio que nos hará fuertes. Y esto a su vez nos obliga a reflexionar sobre el significado de seguir peleando por unos recursos materiales escasos, en lugar de fortalecer la democracia y desarrollar nuestra industria y nuestro comercio con base en el recurso humano, en la educación la tecnología y la ciencia.

    Por eso es hora de romper con la historia y cambiar nuestro curso. Y por eso el modelo de desarrollo que les propongo no está supeditado a las negociaciones de paz sino que él mismo• sienta las bases para que esa paz sea diáfana, fértil y duradera.

    LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO

    El esfuerzo macroeconómico estará dirigido a la urgente generación de empleo.Generar empleo -buen empleo- es indispensable si queremos tener futuro real. El empleo no es solo el nuevo nombre de la paz sino también nuestra expresión primera de solidaridad.

    Para lograr estas metas de mejoramiento colectivo es preciso construir la economía fuerte y solidaria que hoy no tenemos. Corregir los desequilibrios y encauzar de nuevo la economía hacia el desarrollo y el pleno empleo, demandará inicialmente la adopción de medidas severas pero indispensables.

    La economía y la educación deben ir de la mano para cimentar el progreso. El Tercer Milenio que se avecina necesita de un nuevo aprendizaje. Vamos a cambiar la educación en Colombia, para que sea una puerta abierta en donde no se pregunte cuánto dinero tiene la familia sino cuánto talento tiene el estudiante. Despertar a los jóvenes al conocimiento es la única manera de encarar con éxito el futuro.

    LA OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

    Mi Gobierno hace y reitera la opción preferencial por los pobres. No queremos una Colombia de excluidos. Nuestra tarea desde el Gobierno es impulsar y cimentar un crecimiento económico que disminuya injusticias de la pobreza y muestre, con sus resultados, que vale la pena ser justos.

    Para mi Gobierno, los pobres son un compromiso moral, un compromiso político, un compromiso económico, un compromiso cultural y no tan solo un índice estadístico. Un Plan para la superación de la pobreza convoca, encauza y abre nuevas dimensiones a la cooperación internacional y debe evitar que la pobreza sea el peligroso aliado de quienes intentan con el narcotráfico socavar los fundamentos de la Nación y de la comunidad internacional.

    Ser solidario con Colombia consiste en ayudar a generar empleo, en invertir para generar empleo, en comprar a precio justo para generar y cimentar la calidad del empleo. Cuando pienso en la globalización, pienso en la faceta más urgente de ella que es la globalización de la solidaridad.

    RECUPERAR LOS VALORES

    Es por ello que quiero con Gustavo Bell convocarlos a todos a recuperar los valores. Este país tiene que organizarse y fortalecerse contra la corrupción. no podemos seguir tolerando el robo sistemático de los bienes que pertenecen a la comunidad. Es preciso acabar con la corrupción y ya el pueblo dio el primer paso con su voto. El presidente y cada uno de sus funcionarios deben ser un modelo para los demás, sus palabras deben ser veraces y su ejemplo debe ser claro. No hay corrupción ni mentira mayor que un buen consejo cuando es seguido de una mal ejemplo.

    Que nadie se equivoque. Este Gobierno perseguirá a los corruptos, los pondrá en evidencia pública y rescatará las instituciones de las garras de los corruptos.

    LA NECESIDAD DE LA REFORMA POLÍTICA

    Por todo ello hay que emprender una reforma política a fondo: “No se puede echar vino nuevo en vasijas viejas”. La recuperación de la política para el bien común, para la justicia social, para la solidaridad, para el desarrollo requiere crear nuevas formas de gobernar, de controlar, de competir por el poder, de diseñar leyes, de crear el futuro.

    Agradezco a Dios por el privilegio de la presencia de mi madre y de mi familia, agradezco a la Providencia el don de la compañía y el liderazgo de Nohora y el desafiante futuro de Santiago, Laura y Valentina.

    y agradezco al Señor haberme dado en Misael Pastrana un ejemplo viviente de valores, de lealtad a la vida, de amor a la Patria, ese patriota que ante el destino y los interrogantes de Colombia afirmaba y advertía que estaba “comprometida la tierra prometida”. Es preciso que el “nuevo amanecer” nos traiga el optimismo, la fe, la verdad, la solidaridad y el compromiso que requerimos para cambiar la historia porque nadie hará por nosotros lo que nosotros mismos.

    Queridos amigos: Comienza ahora “Un Nuevo Amanecer”. Hoy no solamente se posesiona un Presidente sino que se abre una nueva era para la Nación. Con Gustavo Bell haremos verdad real todo aquello que a nombre de “La Gran Alianza por El Cambio” soñamos para Colombia.

    La gloria del gobernante consiste en establecer la paz, procurar el bienestar y aumentar la felicidad de los ciudadanos. Lograr esto será la única recompensa a la que aspire a llegar al final de mi mandato. No es hora de vacilaciones ni de dudas. Es el momento de las decisiones y del coraje. Largo y difícil es el camino que conduce a la Colombia que anhelamos. !Empecemos ya! Mañana será otro día.

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    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    7 de agosto de 1998

    INAUGURACIÓN DEL PARQUE “JAIRO CEPEDA SARABIA”

    En el día de hoy siento una profunda emoción al visitar la querida ciudad de Barranquilla, que tantos afectos reúne en mi corazón. Y se hace aún más grande este sentimiento, cuando se trata de rendir un homenaje a la memoria de un servidor público por excelencia y un gran colombiano, como lo fue Jairo Cepeda Sarabia.

    Cuando pensamos en Jairo Cepeda recordamos a un hombre que fue cultivado en los más altos valores de la academia y, sobre todo, en el seno de una dignísima familia de Barranquilla que se ha caracterizado por promover y defender como ninguna la ética en el mundo de los negocios y las relaciones sociales.

    Don Efraín, doña Sarita, Efraín, Alfonso, Fernando, Alberto, Alvaro, señoras e hijos: ustedes son un magnífico ejemplo de lo que representa para la sociedad colombiana la unidad familiar, la solidaridad de grupo y el respeto por las ideas, así como la tradición de las buenas costumbres y la moral en su más elevado concepto.

    En efecto, la familia Cepeda Sarabia es una familia que tiene su origen en la provincia del Departamento del Atlántico, hecha a pulso en Barranquilla con la fe que se encarna sólo en aquellos corazones que confían en el trabajo legal y honesto como fuente natural de toda riqueza. Generación tras generación ha ido madurando un sentimiento de optimismo y esperanza, a pesar de los momentos oscuros y dolorosos con que a veces la vida nos pone como prueba.

    Quiero con este homenaje dejar a un lado por un momento los naturales sentimientos de tristeza y ausencia, para que juntos, desde estas tierras donde se besan el Mar Caribe y el Río Magdalena, recordemos con el mayor aprecio y cariño a Jairo Cepeda Sarabia, un excelente hijo y hermano, un destacado abogado javeriano, cuya carrera profesional es un ejemplo y un símbolo para todos nosotros.

    Desde muy joven, brillaron en Jairo sus cualidades como líder y su inmensa vocación de servicio a la comunidad. Como Gobernador encargado del Atlántico, Director Regional de la Superintendencia de Sociedades, Director de Fenalco y Gerente de la Empresa Municipal de Teléfonos, mostró su indeclinable e inquebrantable voluntad de servir a las mejores causas y de contribuir al progreso de su región y Departamento natal.

    Exaltamos en Jairo Cepeda la figura del compatriota al que le apasionaba crear empresas y fomentar la industria y el empleo. Era una persona perseverante que tenía grandes sueños, especialmente el sueño de ver a un país sin niños analfabetos porque para él la educación significaba el compromiso más sagrado de un Estado y de un Gobierno con sus habitantes.

    Jairo llegó al poder local con la fuerza de la juventud creadora, transformadora y dinámica. Saltó a la esfera pública y privada como hombre de recta intención y sólidos principios morales. Pero muy temprano habría de experimentar en carne propia la virulencia de cierta clase política extraviada y corrupta.

    Prevalecían, en aquel entonces, los vicios de la política clientelista y acostumbrada a saquear el erario público, robando, como sanguijuelas, el dinero que debía estar destinado a la vivienda, la educación y la salud de los más pobres.

    A Jairo lo hicieron víctima de ese infierno, pero al mismo tiempo lo convirtieron en emblema de lo que debe ser la lucha contra la corrupción, aún a costa de la propia vida. Él prefirió sacrificar la suya, antes que doblegar sus principios. Interpretando lo que alguna vez dijo Graham Greene respecto a que “ser humano es también un deber”, Jairo entendía la solidaridad y la benevolencia hacia los demás. Servir era un deber, y, por ello, ser cómplice de la inmoralidad era algo que iba más allá de sus fuerzas y principios.

    Es mucho el daño que la corrupción le ha hecho a nuestro país. Nos ha arrebatado a nuestros mejores hombres, ha dilatado y retrasado muchas posibilidades de desarrollo, ha impedido la adecuada satisfacción de necesidades básicas del pueblo colombiano y ha socavado lo más hondo de nuestra fortaleza moral.

    Hoy volvemos a recoger la bandera que Jairo y otros colombianos pulcros, como él, nos dejaron, para trabajar incansablemente por un país libre de corrupción.

    En este orden de ideas, el Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, bajo la orientación de ese insigne barranquillero que es el Vicepresidente, doctor Gustavo Bell Lemus, busca desarrollar valores y conductas éticas deseables dentro del servicio público, por medio de procesos pedagógicos que estimulen el conocimiento, la reflexión e interiorización de tales valores y conductas.

    Los colombianos de bien hemos tomado la decisión de intensificar la cruzada nacional contra la corrupción y desde la Presidencia de la República, la Vicepresidencia, la Fiscalía General de la Nación, la Procuraduría, la Contraloría, las instancias de participación ciudadana y las veedurías cívicas, estamos librando la batalla más importante de la última década para acabar con el flagelo de la corrupción.

    Estamos luchando incansablemente para que ningún colombiano deje de denunciar actos de corrupción cuando haya tenido conocimiento de ellos, porque sabemos que “en un país de mudos, el corrupto es rey”. Por eso, desde la misma Presidencia estamos impulsando las investigaciones y sanciones más severas en múltiples casos de gran connotación nacional.

    Y como parte de una gran estrategia contra la corrupción, hemos diseñado un programa de Descentralización Transparente y Eficiente, para que todos los alcaldes y gobernadores que resulten elegidos en los próximos comicios del mes de octubre se comprometan personalmente a manejar la hacienda pública con prudencia, no gastando más de lo necesario, y con cumplimiento, pagando a sus contratistas a tiempo y en orden cronológico; a contratar siguiendo fielmente los postulados de la Ley 80, sin amiguismos ni favoritismos, y, por supuesto, sin prebendas o comisiones de ninguna clase; a evaluar el personal únicamente con criterios de capacidad e idoneidad, y a pagarle oportunamente, y a rendir cuentas estrictas ante los mismos ciudadanos y ante los organismos de control, estableciendo sistemas de evaluación permanente de su gestión y presentando, además, informes de gestión cada tres meses.

    A los nuevos mandatarios regionales que, en su posesión, se comprometan con su conciencia y con su pueblo a seguir fielmente estos postulados, el Gobierno Nacional les brindará todo el apoyo que requieran, en cumplimiento del principio de premiar la transparencia y la eficiencia en el sector público.

    Y en el nivel nacional, es muy satisfactorio resaltar que 167 entidades públicas, bajo el liderazgo del Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, están implementando estrategias de transformación institucional, para que la eficiencia y la transparencia se conviertan, mediante un proceso pedagógico y de concientización, en la forma natural de ser y de obrar de todo servidor público. Mediante la adopción de las Guías de Formación de Valores y de la Guía para realizar Escrutinios de Eficiencia, y con compromisos firmados por los funcionarios, encaminados al cumplimiento de estos valores, estamos generando una verdadera revolución en el sector público.

    Desde el Presidente, el Vicepresidente y los Ministros hasta el último funcionario oficial, estamos asumiendo un compromiso cierto y concreto contra la corrupción. Y, asimismo, el compromiso en las regiones tiene que ser claro e inequívoco.

    ¡La corrupción no tiene cabida en la nueva Colombia! Y los corruptos, ¡que paguen en la cárcel y con su patrimonio los actos que cometen contra el pueblo colombiano!

    Hoy quiero hacer propicio este sencillo homenaje y la inauguración del Parque Jairo Cepeda Sarabia, para invitar a todos mis compatriotas a que sigamos generando actos de fe en nuestro país y el futuro de la Nación. Seremos perseverantes para lograr obtener bienestar y progreso equitativo para todos los colombianos. Vamos a seguir comprometidos con el tema de la paz porque sabemos que sin ella será muy difícil el desarrollo, y continuaremos recobrando la confianza internacional porque de la mano de nuestros vecinos podremos hacer más fácil el camino.

    Y aprovechando mi visita a Barranquilla, hoy quiero también compartir con ustedes una buena noticia que es producida alrededor de la familia Cepeda Sarabia, ya que corresponde a las realizaciones del Instituto Nacional de Adecuación de Tierras –Inat-, hoy bajo la dinámica dirección de Fernando Cepeda Sarabia.

    Cumpliendo con uno de las promesas de mi campaña, quiero comunicarles a las 600 familias usuarias del Distrito de Riego Santo Tomás – El Uvito, que éste puede considerarse ya como una realidad. Dicho proyecto, que generará 1.700 empleos de carácter permanente y 370.000 jornales no más en el primer año de ejecución del proyecto, beneficiará 4.300 hectáreas aledañas a la carretera oriental del Departamento del Atlántico y tiene garantizada su financiación con recursos del BID. Para abrir la licitación previa a su construcción sólo resta que los usuarios expresen su voluntad de construir el proyecto a través del acta de la Asamblea que deberán celebrar el próximo 20 de agosto.

    El objetivo es que antes de finalizar el año se inicien las obras de este Distrito, cumpliendo así nuestro compromiso con el Atlántico a través de una inversión que llega a los sectores más necesitados.

    Queridos amigos:

    Jairo Cepeda Sarabia es la más fiel encarnación y representación de la defensa del bien común por encima de los intereses particulares. A él y a su memoria rendimos nuestro permanente tributo de admiración y respeto. Y si hoy lo recordamos en su “ausencia presente”, es porque su memoria nos inspira y nos estimula a seguir adelante. Como decía el General Charles De Gaulle, “lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida”.

    A la familia Cepeda Sarabia, don Efraín y doña Sarita, mi más sentido abrazo y mis sinceros reconocimientos por lo que estoicamente han sabido soportar y por lo que con grandeza han sabido edificar para bien de esta región y nuestro país.

    Formulo votos para que el legado que nos ha dejado Jairo sea motivo de reflexión en todas nuestras acciones, para que nuestras conciencias nos guíen por el camino del bien y de la justicia, y para que este hermoso parque que hoy inauguramos como homenaje y símbolo de la vida de un hombre ejemplar, logre ofrecer a muchas familias y niños de esta bella Barranquilla, momentos de diversión, esparcimiento, unión familiar, solidaridad y vida en paz. ¡Estoy seguro de que así lo hubiera deseado nuestro querido Jairo!

    Muchas Gracias.


    Lugar y fecha

    Barranquilla, Colombia
    11 de agosto del 2000

    1- Presidente, al cumplir dos años, la mitad de su gobierno, se impone un balance. ¿Por qué no nos ayuda con una evaluación suya de lo bueno, lo malo y lo feo de los primeros 24 meses?

    R/ En pocas palabras: Lo bueno ha sido, ante todo, que, a pesar del enorme costo político y la impopularidad que implicaban algunas decisiones en materia económica, el gobierno se “dio la pela” para poner la casa en orden y hoy tenemos al fin una economía en franca recuperación. Además, y esto es muy importante, hemos recuperado la credibilidad internacional del país y hoy las relaciones exteriores de Colombia están en el mejor momento de su historia. Y no hay que olvidar que hemos puesto en marcha un proceso de paz que estaba completamente estancado.

    Lo malo ha sido que, a pesar de los pasos dados hacia la reactivación, el empleo reacciona con mayor lentitud, razón por la cual el desempleo sigue estando en niveles demasiado altos. Por eso toda la estrategia económica en adelante estará dirigida a combatir el desempleo.

    Y lo feo, claro está, es la violencia. Son las masacres, los asesinatos y los secuestros que siguen cometiendo la guerrilla, los autodefensas y la delincuencia común, a pesar de la voluntad de diálogo del gobierno. Pero es una violencia que también estamos combatiendo con decisión.

    2- En general, existe la impresión de que hay cosas en las que el gobierno improvisa, de que no actúa en desarrollo de una estrategia coherente y planificada, sino de impulso emotivo, de momento. Sin duda, el caso del referendo fortalece esa impresión.

    R/ Mire, si algo ha habido en este gobierno es una estrategia y un plan, que hemos venido siguiendo fielmente, aunque, claro, las circunstancias también obligan a realizar modificaciones sobre la marcha.

    Pero si ustedes leen las 10 propuestas que yo hice al país en mi campaña y las contrastan con las políticas que hemos llevado a cabo durante estos dos años de gobierno, se van a dar cuenta de la gran coherencia que hay entre unas y otras. Propuestas como la rebaja de impuestos a las empresas que generen empleo, la disminución gradual del IVA, la necesidad de bajar las tasas de interés y de alcanzar una inflación de un solo dígito, el estímulo a las exportaciones, el control de la revaluación del peso, los subsidios directos de vivienda, los desayunos escolares y el mismo proceso de paz, entre muchas otras, las estamos cumpliendo tal y como las presentamos a los colombianos.

    Y lo del referendo tampoco fue una respuesta emotiva o una improvisación. Todos recuerdan que una propuesta de campaña mía fue, claramente, la de realizar una reforma política y electoral. La presentamos al Congreso y no pasó. Y por eso insistimos en llevarla a cabo a través de un referendo que consultara la voluntad del pueblo. Pero la propuesta ya estaba, no nos la inventamos de repente.

    3- ¿Se arrepiente usted de haber propuesto con el referendo la revocatoria del mandato del Congreso? ¿Siente que se equivocó por no haber calculado la contraofensiva del Congreso y el deterioro de las expectativas económicas por cuenta de la crisis de gobernabilidad que se generó?

    R/ Cuando propuse al país la convocatoria de un referendo contra la corrupción y para sanear las costumbres políticas, que implicaba la reducción del Congreso y un cambio en su forma de elección y funcionamiento, me di cuenta de que era ilógico proponer una reforma tan grande y decir que sólo entraría a regir más de dos años después. Eso la gente no lo hubiera entendido. Por eso propusimos que fuera el mismo pueblo el que decidiera si quería que la reforma entrara a regir inmediatamente, mediante la elección de un nuevo congreso, o si prefería esperar a las elecciones del año 2002. Esa pregunta había que hacerla.

    Y por supuesto que sabía que iba a pisar muchos callos, a herir muchas susceptibilidades y a incomodar a muchos intereses políticos, pero mi decisión estaba tomada pensando en la gente y no en los políticos. Lo que sí excedió mis expectativas es que algunos congresistas, en lugar de acoger la voluntad popular que les exigía un cambio de actitud, le pusieran el freno a las reformas económicas que necesitábamos con urgencia. Yo sí esperaba una actitud más patriótica de su parte.

    4 y 5- ¿Qué suerte le espera al referendo? ¿Cree que aún es viable? ¿Habrá
    finalmente una reforma política de fondo durante su gobierno?

    R/ Yo creo que sí. Con el retiro de los temas de la revocatoria del Congreso y de la eliminación de las Asambleas y la reducción de los Concejos, entre otros puntos, el meollo del referendo, que es la lucha contra la corrupción y la construcción de un sistema democrático y electoral más transparente y representativo, sigue vivo, y hay un gran consenso sobre el mismo. Ésta es una gran oportunidad para que el Congreso recupere la confianza de sus electores y pruebe que sí tiene la capacidad y la voluntad para reformarse a sí mismo y para tomar medidas que permitan al pueblo decidir sobre la democracia que quiere tener.

    6- De forma directa o indirecta, algunos altos funcionarios de su administración han salido de sus cargos después de enfrentar debates en el Congreso o en los medios de comunicación. ¿En qué medida eso ha sido el resultado de un problema de corrupción y en qué medida de la intensidad del debate político?

    R/ Los funcionarios de mi gobierno que han sido cuestionados en cualquier sentido han respondido por sus acciones ante las autoridades competentes, cuando ha sido el caso, sin prevalerse de su cargo para ello, y hemos sido muy cuidadosos en eso. Pero tampoco podemos obrar con la irresponsabilidad de prescindir de una persona valiosa de su cargo por las solas acusaciones o investigaciones, de las cuales puede ser objeto cualquier ciudadano colombiano, sea culpable o inocente.

    Ciertamente, los medios de comunicación y el duro debate político a menudo pueden enrarecer el ambiente para la labor de un funcionario, lo cual es muchas veces injusto, pero siempre que he tomado las decisiones de vincular o de desvincular a alguien, lo hago únicamente pensando en Colombia y pensando en que pueda realizar eficazmente su trabajo.

    7- ¿Se imaginaba que el potro de la Presidencia era tan bravo?

    R/ La verdad, sí. No se le olvide que yo ya viví a través de mi padre la experiencia de lo que puede ser presidir un país, aunque a él le tocó un entorno menos difícil que el que tenemos ahora. Y también aspiré en dos oportunidades a la Presidencia, y si uno se mete a este trabajo es porque, primero, sabe la dimensión del reto al que se le va a medir, y, segundo, tiene la convicción de contar con las capacidades y con la voluntad suficientes para domarlo. ¡Pero es un potro bravo, no le quepa duda!

    8- ¿Cuál cree que ha sido su mayor equivocación en estos dos años?

    R/ Hace poco lo dije a los colombianos y a los congresistas. Dije que he cometido equivocaciones y que, seguramente, las seguiré cometiendo, pero que espero que ojalá algún día se celebren mis aciertos con el mismo entusiasmo que utilizan algunos para criticar mis errores. Pero no puedo quejarme. La vida de gobernante es decidir, jugarse su popularidad y tomar riesgos calculados, y yo prefiero pecar por acción que por omisión. Ahora bien, si vamos a hablar de una equivocación, tal vez yo sí me equivoqué cuando creí que, a pesar del tema del referendo, el Congreso iba a tener la vocación patriótica para seguir adelante con los proyectos de ley que se necesitaban con más urgencia para la reactivación de la economía. No fue así y perdimos un tiempo precioso, que, gracias a Dios, ya se está recuperando.

    9- ¿Y cuál es su mayor acierto?

    R/ Ciertamente, no debería ser yo el llamado a calificar mis aciertos, pero hoy estoy convencido de que el mayor acierto, no sólo mío, sino de cualquier gobernante, es asumir el desafío de gobernar con la gente y para la gente, pasando por encima de las maquinarias políticas. Yo quiero que mi gobierno se recuerde en la historia como un gobierno social, y mi acierto será toda decisión y toda acción que le sirva a los más necesitados del país.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2000

    I. INTRODUCCIÓN

    Es un gran honor para mi dirigirme hoy ante ustedes señores empresarios, sobre todo en un momento tan especial para Chile y para Colombia:

    Por eso he venido hoy a contarles qué estamos haciendo y, sobre todo, porqué representa muy buenas oportunidades de negocios para ustedes.

    II. LA ECONOMÍA COLOMBIANA HOY

    A. Nuestra estrategia:
    Déjenme comenzar entonces por contarles muy brevemente en donde nos encontramos en materia económica y hacia donde nos dirigimos. Si algo ha caracterizado a la economía colombiana durante este siglo es su estabilidad y su solidez: crecimiento positivo, desempleo moderado, política fiscal sana y nunca una hiperinflación. Sin embargo en 1999, por primera vez en 70 años, tuvimos que pagar con una recesión los errores de política económica que cometimos en los 90’s.

    Así, cuando comenzó mi administración teníamos una economía en caída dando los primeros síntomas de recesión, con un déficit fiscal por encima del 5%, tasas de interés superiores al 40%, desempleo creciente, inestabilidad cambiaria y un deterioro acelerado de la cartera del sistema financiero. Ante esta situación, lo primero que hice fue diseñar un programa económico de dos etapas orientado primero a detener la caída y luego a impulsar la recuperación. Como parte de esa primera etapa implementamos un programa de reducción del gasto público que nos dio el espacio y la credibilidad necesarios para bajar las tasas de interés, liberar la tasa de cambio y mantener la inflación bajo control.

    Gracias a estas medidas tenemos hoy una tasa de cambio estable y competitiva, logramos bajar la tasa de interés a 10% y tenemos por primera vez en décadas una inflación de 1 dígito. Sin embargo, lo más importante de estas medidas es que han preparado el terreno para la recuperación. En el último trimestre del año pasado el desempleo bajó dos puntos y el crecimiento cambió la tendencia negativa por primera vez desde finales de 1998.  Para este año las perspectivas son muy buenas. Además del efecto que van a tener la tasa de cambio y la tasa de interés, los buenos precios del café y del petróleo, y el dinamismo de la economía de Estados Unidos –nuestro principal socio comercial- nos permiten esperar un crecimiento de 3%. [Cifra que no es espectacular, pero si muy buena frente al 5% negativo del año pasado].

    B. De Aquí en Adelante:
    Para asegurar que la recuperación económica se consolide y sea perdurable, hemos concentrado nuestras acciones se han concentrado en tres áreas:

    Este último es punto muy importante porque es la única manera que tenemos de asegurar un crecimiento sólido y sostenible en el largo plazo. De todas las acciones que hemos tomado en este frente quiero referirme a una que es de particular interés para ustedes. El año pasado reformamos nuestra constitución para eliminar para siempre la posibilidad de expropiación sin indemnización a la inversión extranjera.  Gracias a esta reforma firmamos a finales de enero de este año un tratado bilateral de inversión con ustedes que garantiza, entre otras cosas, el trato de nación más favorecida, el trato nacional, mecanismos imparciales de solución de diferencias y garantías plenas sobre su capital.  Estoy convencido que es un tratado muy atractivo que puede tener un impacto muy grande sobre nuestras inversiones. Por eso le pusimos mensaje de urgencia en el Congreso, y confiamos en que sea ratificado muy pronto.

    Con este tratado ustedes van a tener todas las garantías para explotar las oportunidades que ofrece Colombia y duplicar nuestro comercio a US$ 600 millones. No se les olvide que:

    III. PLAN COLOMBIA
    Se que para empresarios y potenciales inversionistas como ustedes el tema de la seguridad en Colombia es un tema muy importante. Por eso déjenme ahora referirme brevemente a la estrategia de paz.

    A. Narcotráfico:
    La principal raíz de la violencia en Colombia es el narcotráfico: financia a los paramilitares, financia a la guerrilla y ha corrompido a buena parte de la clase política y de las instituciones del Estado. Por eso cualquier estrategia que pretenda acabar con la violencia en Colombia debe ocuparse del narcotráfico. Pero debe además hacerlo de manera integral y apoyado muy específicamente en el principio de corresponsabilidad. Esto quiere decir que los países consumidores son tan responsables como nosotros, ya que además del consumo ponen los precursores químicos, las armas y facilitan el lavado de activos. En otras palabras, la financiación y las responsabilidades en la guerra contra el narcotráfico son tan nuestras como de ellos; de lo contrario la estrategia no tendrá ni credibilidad ni posibilidades de éxito.

    Bajo estas líneas hemos diseñado el llamado Plan Colombia que es un plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado. El Plan tiene un objetivo fundamental: devolverle las condiciones económicas, políticas y sociales a Colombia que permitan una paz duradera. Para ello las acciones se concentran en cuatro frentes:

    Todos los proyectos y programas del plan se han construido sobre la base de la corresponsabilidad, al punto que esperamos que de cada peso que requiere el Plan la comunidad internacional ponga  46 centavos. En este momento el Plan cuenta con los recursos de nuestro presupuesto nacional, y se discute en el Congreso de EU la solicitud de apoyo presentada por el presidente Clinton de US$1.6 billones. De la misma manera, ya en España va a conformarse a mitad de año una “mesa de donantes” para canalizar la ayuda de Europa.

    B. El Proceso de Paz:
    Dentro de todas estas estrategias quisiera terminar refiriéndome brevemente a la más ambiciosa estrategia que nos hemos trazado: el proceso de paz.  Desde mi posesión como Presidente de Colombia, mi Gobierno ha venido trabajando con gran esfuerzo y perseverancia en la construcción de una paz firme y duradera, aun a pesar de los obstáculos y las dificultades. La política de paz que hemos puesto en marcha con los grupos insurgentes tiene por finalidad acabar el enfrentamiento armado por la vía política, a través de un proceso de diálogo y negociación.

    Para el cumplimiento de estos propósitos avanzamos, en primer lugar, en el proceso de diálogo con las FARC –el más grande grupo guerrillero operando en Colombia. Esto nos permitió definir una agenda clara de los temas sustantivos para entrar a la etapa de negociación, que hoy está en plena marcha. Acordamos con las FARC que el primer tema en la agenda sería el relativo a la estructura económica y social, en el que hemos comenzado a avanzar. Entre otros aspectos, hemos coincidido con la insurgencia en la importancia de la ampliación de los mercados internos y externos; el estímulo a la producción a través de la pequeña y gran empresa privada; y el estímulo a la inversión extranjera que beneficie a la Nación. Es decir, dejamos atrás aquellas viejas concepciones enemigas de la propiedad privada. Así mismo coincidimos en la necesidad de buscar un modelo de desarrollo económico al estilo colombiano, que tenga en cuenta el contexto de un mundo globalizado y deje de lado los modelos radicales.

    Dentro del esfuerzo de avanzar en el primer tema, una delegación compuesta por representantes del Estado colombiano y las FARC-EP realizó una gira por Europa, que incluyó a Suecia, Noruega, Italia, El Vaticano, Suiza, España y Francia con el objetivo de conocer de cerca los diversos modelos económicos y sociales de desarrollo. Este viaje abrió una nueva visión y aumentó la confianza y respeto entre las partes. En segundo lugar, hemos dado también pasos importantes en el proceso de paz con el ELN, y actualmente avanzamos en los temas de procedimiento para iniciar el diálogo y la negociación. Por todo lo anterior soy optimista en creer que pronto llegaremos a un acuerdo sobre estos aspectos que permitirán avanzar en la búsqueda de una salida negociada.

    Muchas Gracias


    Lugar y fecha

    Santiago de Chile, Chile
    9 de marzo del 2000

    MENSAJE POR MOTIVO DE LA CENA OFRECIDA EN LA CÁMARA DE COMERCIO COLOMBO AMERICANA EN SUS 45 AÑOS DE EXISTENCIA

    Preparé estas palabras confiando en poder compartirlas personalmente con ustedes, en un momento tan propicio como lo es la celebración de los 45 años de existencia de la Cámara Colombo Americana, con la presencia de la señora embajadora de los Estados Unidos, de amigos Representantes a la Cámara de este país y de los dinámicos empresarios que conforman dicha querida institución.

    Infortunadamente, obligaciones ineludibles me privaron en esta oportunidad de acompañarlos, pero estoy seguro de que el señor Vicepresidente de la República sabrá hacerles llegar este mensaje con la misma eficacia y emotividad que pretendí imprimirle.

    Hoy no quiero mencionarles ninguna cifra. Y no porque en el intercambio comercial entre Colombia y los Estados Unidos no se estén dando buenos resultados. Todo lo contrario: son excelentes tiempos. Si no lo hago es porque, en ocasiones, debemos dejar en el escritorio los informes y las estadísticas y, más bien, mirar con la sabiduría del corazón las buenas noticias.

    El momento lo amerita. Mi país y los Estados Unidos han sabido fraguar, durante estos dos últimos años, una amistad de bronce. No sólo en el terreno económico sino en el político, hemos abandonado los percances que en el pasado se atravesaron en nuestra fraterna relación. Ya casi no podemos siquiera recordarlos. Tal ha sido la contundencia de nuestras alegrías presentes que esos tiempos han sido lanzados a las zonas más recónditas del olvido. Ahora, cuando hemos sorteado las más difíciles barreras,  de lo que queremos hablar es de cooperación, de progreso, de comercio.

    La Cámara de Comercio Colombo Americana, en su tarea de lograr un mejor intercambio comercial entre nuestros países y de impulsar, a través del estímulo a la libre empresa, una mutuamente benéfica relación de las dos partes en el gran juego de la globalización, sabe muy bien a que me refiero. Sabe que el comercio binacional está galopando; sabe que, con el Plan Colombia, hemos recibido un generoso espaldarazo a nuestras propias iniciativas; sabe que, con la venida del Presidente Clinton y de importantes congresistas de ambos partidos, una de las más grandes naciones del planeta nos dio su voto de confianza. Y lo mejor, creo yo, es que todo esto, como si fuera poco, es sólo el preludio de mayores éxitos.

    Aunque no podría asegurarlo, considero que, al menos en los 45 años de la Cámara, nunca se había vivido un momento tan maravilloso en las relaciones binacionales ¡Cómo no ceder entonces a la efusividad!

    Cómo no hacerlo cuando nuestras flores sabaneras y nuestros vestidos, diseñados y confeccionados en Medellín o en Manizales, brillan por las calles de New York o de Boston. Cómo no hacerlo cuando, en el campo de las telecomunicaciones o en el de la informática, recibimos los más sofisticados conocimientos y tecnologías. Cómo no hacerlo cuando en las calles de Cartagena vimos al presidente Clinton bailando cumbia y a una de las mujeres más decisivas de la política mundial, la normalmente adusta secretaria de Estado Madeleine Albright, comiendo patacones, saludando a Juan Valdés y posando con un sombreo “vueltiao”.

    Con hechos así, es tiempo de que no sólo yo, sino el país entero, nos dejemos emocionar.

    Ustedes, como un organismo privado que ha contribuido ampliamente a incentivar, incrementar y mejorar las relaciones entre los gobiernos de Colombia y de los Estados Unidos, pueden más que nadie compartir esa satisfacción. Ya quisiera yo, si otros compromisos no me lo impidieran, poder brindar por nuestro común éxito y, en medio de risas y abrazos, celebrar nuestro luminoso porvenir.

    Al Presidente Clinton, a los congresistas estadounidenses y a toda clase de foros en dicho país he repetido con convicción: Colombia, más que ayuda, necesita comercio, un comercio justo y equilibrado que nos permita desarrollar nuestra economía legal y mejorar las condiciones de vida de nuestra gente.

    Hemos hablado, por eso, de extender las preferencias arancelarias de la iniciativa del Caribe a nuestros textiles y confecciones, de incluir a los mismos en la ampliación del ATPA, e, incluso, de llegar a un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos o a una inclusión dentro del NAFTA. Son objetivos ambiciosos, pero apegados a nuestra realidad y a nuestro potencial exportador. Si tenemos comercio legal, si tenemos desarrollo y empleo, estamos dando un paso firme hacia la paz y la derrota del narcotráfico.

    Apreciados amigos:

    La Cámara de Comercio Colombo Americana cumple 45 años y esto no es un logro cualquiera. Son 45 años apoyando el comercio, la inversión y la libre empresa entre nuestros países, con tesón e imaginación. A Joseph Finnin, Director Ejecutivo de la Cámara; a Ramiro Escobar, Presidente de su Junta Directiva; a los demás directores y funcionarios, y a todas las empresas que hacen parte de la misma, extiendo hoy el reconocimiento agradecido de la nación colombiana.

    Y quiero hacer llegar también mi calurosa felicitación a mi buen amigo, el doctor Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI; al doctor Daniel Haime, presidente de Tubos del Caribe, y a la señora Clara Rey de Ruiz, representante de la Fundación Portal, por la “Orden al Mérito del Progreso” que hoy les entrega la Cámara Colombo Americana, como justo reconocimiento a su labor empresarial y social.

    No me queda sino recordarles mi afecto y, claro está, esperar, como revancha, una próxima invitación.

    Con todo mi agradecimiento y con algo de nostalgia,

    ANDRÉS PASTRANA ARANGO


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    20 de octubre del 2000

    ACTO DE CELEBRACIÓN DEL 55º. ANIVERSARIO DE LAS NACIONES UNIDAS

    Desde cuando nos reunimos hace cerca de un año para conmemorar un aniversario más de las Naciones Unidas, se produjo un hecho de gran trascendencia para la comunidad internacional: la celebración de la Cumbre del Milenio. Ella constituyó un evento sin precedentes y de dimensiones verdaderamente históricas.

    En dicha oportunidad, los Jefes de Estado y de Gobierno abordamos temas de particular importancia para la agenda internacional del nuevo siglo. Por mi parte, tuve la responsabilidad, como Secretario Pro Témpore del Grupo de Río, de presentar al mundo la posición unificada de América Latina y del Caribe sobre los diversos puntos de la agenda, tal como se acordó en la Declaración de Cartagena: “Un Compromiso para el Milenio”.

    Con los resultados de la Cumbre, no me cabe duda, las Naciones Unidas salieron fortalecidas, como un foro único para el debate global y un instrumento indispensable para la paz, la seguridad y el progreso de las naciones del orbe. Desde luego, la sola realización de la Cumbre no significó cambiar el mundo. Pero sí ofreció una oportunidad única para reafirmar el compromiso de los líderes en favor de la paz, la democracia y el desarrollo.

    La Declaración del Milenio definió seis valores esenciales que habrán de presidir las relaciones entre los Estados Miembros en los próximos años: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, el respeto por la naturaleza y la responsabilidad compartida. Colombia suscribe firmemente estos valores, como base para construir un mundo más justo y democrático para todos los pueblos del mundo.

    Es también un sólido compromiso de Colombia contribuir a la realización de las metas acordadas en la Cumbre y a la adaptación de las Naciones Unidas para que cumpla sus exigentes responsabilidades en el nuevo siglo.  Ha quedado claro, en ese sentido, que los Estados no actuaremos aislados para alcanzar los objetivos trazados. Promoveremos nuevas asociaciones con la sociedad civil y el sector privado, especialmente en los temas relacionados con la movilización de recursos requeridos para lograr esas metas.

    Gracias a la Cumbre, las Naciones Unidas han logrado un nuevo “momemtum”. La materialización de los compromisos asumidos es ahora una responsabilidad colectiva a la que debemos contribuir con nuestras tareas diarias, así como a través de la Asamblea General de la Organización. En ella podremos evaluar si el espíritu del Milenio y la voluntad de los Estados que quedaron consagrados en la Declaración se traducen efectivamente en realizaciones concretas.

    Hoy, en los 55 años de las Naciones Unidas, Colombia reafirma una vez más su compromiso indeclinable con los postulados que presidieron su creación y que rigen su existencia.

    Para mi país, este período de transición al nuevo milenio es también un período de transición hacia una nueva sociedad. Colombia está en el cruce de caminos de los temas prioritarios de la agenda internacional y es por ello un escenario ideal para movilizar la comunidad internacional en la búsqueda de soluciones a problemas que son comunes a otros pueblos.

    Quiero destacar, en este sentido, el importante papel del sistema de Naciones Unidas en Colombia. A través de sus 16 agencias especializadas, el sistema ha mostrado ventajas claras en la conjugación de esfuerzos para contribuir a la construcción de una sociedad de convivencia y crecimiento, de equidad y de bienestar colectivo.

    Debo también agradecer el compromiso del sistema de Naciones Unidas con el proceso de reconciliación en Colombia, así como la dimensión que esta tarea ha adquirido en las áreas de trabajo de las agencias del sistema. La gestión de todas ellas, así como del Asesor Especial del Secretario General, el señor Jan Egeland, son muestra de la voluntad existente para una cooperación amplia y decidida en este campo.

    La paz y el desarrollo han adquirido un nuevo significado para las actividades de Naciones Unidas en Colombia. El Gobierno asigna gran importancia al trabajo de las agencias del sistema en áreas como la promoción de los derechos humanos, la atención a las personas desplazadas, el desarrollo alternativo, y los procesos de convivencia y desarrollo en el ámbito local y regional.

    Esas nuevas prioridades y las diferentes iniciativas de fortalecimiento institucional, desarrollo económico y social, preservación del medio ambiente y asistencia humanitaria han llevado a que en los últimos años se haya incrementado en Colombia la demanda de cooperación externa.

    Continuaremos, por ello, trabajando estrechamente con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual, bajo la acertada orientación del señor Francesco Vincenti, ha contribuido con compromiso y seriedad a la construcción de una Colombia más justa y solidaria, así como con las demás agencias del sistema de Naciones Unidas, a fin de promover un aumento en la oferta de cooperación y de contribuir de esta manera a cubrir las expectativas de las instituciones colombianas en los distintos sectores y programas.

    Apreciados representantes de las Naciones Unidas y de los pueblos del mundo:

    Hoy quiero destacar, en este nuevo aniversario de la ONU, el gran honor que implica para Colombia su reciente designación –por sexta vez en la historia de la Organización- como Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el periodo 2001-2002.

    Somos conscientes de la dignidad internacional que ello significa dentro de la comunidad de naciones. Representa no el privilegio sino la gran responsabilidad de participar e incidir en las decisiones referentes al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

    Desde el Consejo estamos decididos a participar en la consolidación de la paz en el mundo, de conformidad con los principios y propósitos de la Carta. Apoyaremos todos los esfuerzos encaminados a  respetar la igualdad soberana de los Estados, su integridad territorial y su independencia política, y a impulsar la solución pacífica de los conflictos y la actuación continua en concordancia con los principios de la justicia y el derecho internacional. Reafirmaremos también nuestro compromiso y confianza en el multilateralismo, como el instrumento ideal para garantizar la paz y el progreso de las naciones del mundo.

    Por otra parte, Colombia promoverá un mejor sistema de información  y de consulta del Consejo con los Estados que no forman parte de este órgano, en especial  con  la región latinoamericana, y propiciará una relación más permanente y estrecha del Consejo con la Asamblea General, como órgano supremo de la Organización.

    La  reforma del Consejo de Seguridad es una de las principales expectativas de ajuste del sistema de las Naciones Unidas. Nuestro país considera que deben explorarse fórmulas para  asegurar una mayor participación de los países en desarrollo en el Consejo. En este sentido, una representación regional más amplia, la aplicación de restricciones al uso del veto y una mayor transparencia en el proceso de toma de decisiones podrían ir acercando al Consejo de Seguridad a las nuevas realidades del tercer milenio.

    Estimados amigos:

    Hace 55 años entró en vigor la Carta de las Naciones Unidas, acordada cuatro meses antes por los representantes de los pueblos del mundo, incluido Colombia, en la ciudad de San Francisco.

    Allí nos comprometimos “a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos; a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales; a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos”.

    Hemos avanzado mucho desde entonces, cuando el mundo salía consternado de la más grande guerra de la historia de la humanidad. Nuestro deber hoy, como líderes, es seguir reafirmando, en el pensamiento y en los hechos, estos postulados de hermandad universal.

    Las Naciones Unidas son el estandarte de la paz mundial y se han comprometido con el desarrollo de quienes sufren las mayores carencias. ¡Que su misión siga siendo exitosa por muchos años y, ojalá, por muchos siglos más!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    24 de octubre del 2000

    IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL EMBAJADOR DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA EN COLOMBIA, CURTIS W. KAMMAN

    Querido Embajador Kamman:

    De los 40 años que lleva usted dedicado al servicio público exterior de su país, en lugares tan interesantes y tan disímiles como Rusia, México, Kenia, Hong Kong, Cuba, Bolivia y Chile, los últimos dos años y medio los ha vivido en nuestra nación, en uno de los momentos más interesantes y fructíferos de las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos de América y Colombia.

    Ciertamente, Embajador Kamman, éste no ha sido un periodo de descanso para usted, sino, todo lo contrario, un tiempo de continuo trabajo y de intensas actividades. Pero los oriundos de Chicago si hay algo a lo que no le temen es al trabajo duro. ¡Y usted es la mejor prueba de ello!

    Durante su representación ha tenido que atender más de 50 visitas de funcionarios de alto rango de su país, que han venido a dialogar con nosotros y a interesarse por nuestro futuro. Comenzando por la Secretaria de Estado, Madeleine Albright, y la Procuradora General, Janet Reno; por los Secretarios William Cohen, Bill Richardson y Louis Caldera; por el General Barry McCaffrey; por los Subsecretarios Thomas Pickering, Peter Romero, Rand Beers, Frank Loy y Linda Eddleman, y por los Generales Henry Shelton y Charles Wilhelm, nuestro país ha sido visitado por innumerables congresistas y funcionarios, con cuyo contacto personal se han incrementado aún más nuestros lazos y el conocimiento entre nuestras naciones.

    ¡La lista es larga, señor Embajador, como ha sido largo y fructífero su compromiso con nuestro país!

    Y puede usted tener la satisfacción, Embajador Kamman, de que deja las relaciones entre nuestros Estados en el mejor momento de su historia, comprometidos hombro a hombro en la resolución del problema mundial de las drogas, que es la más grave amenaza que se cierne sobre las nuevas generaciones de la humanidad.

    Pero nuestra alianza va mucho más allá del tema del narcotráfico. Hoy con los Estados Unidos tenemos múltiples campos de acción conjunta en materias de ampliación del comercio y de adquisición de tecnología, y en la visión integral de que sólo mediante el adecuado desarrollo social se puede evitar la proliferación del delito y del conflicto armado. Y compartimos una postura inequívoca de defensa de la democracia y de los derechos humanos.

    Yo recuerdo de una manera especial las estimulantes palabras que pronunció el Presidente Clinton en mi visita oficial a los Estados Unidos en octubre de 1998. Unas palabras que hoy quiero recordar, como un homenaje a él y a la amistad de nuestras naciones:

    “Trabajaremos juntos y con nuestros amigos en las Américas para elevar los derechos humanos, erradicar la corrupción, luchar contra el crimen, avanzar en educación y salud, vencer la pobreza y proteger nuestro medio ambiente común. Trabajaremos juntos para combatir las drogas ilegales. Hemos trabajado juntos, pero debemos hacer más. Porque ambos pueblos han sufrido enormemente a causa del comercio de las drogas ilícitas y su brutalidad. La batalla contra las drogas es una batalla común; debe unir a nuestros pueblos, no dividirlos”.

    Hoy nuestros dos países, querido Embajador Kamman, -en muy buena parte por su acertada labor y por haber querido conocer usted la verdadera realidad de Colombia, la que existe por encima de los prejuicios y los estereotipos-, son dos grandes aliados por el desarrollo, por la paz y por la unidad de los países de América.

    Se lleva usted, Embajador, en su valija diplomática, el afecto sincero de muchos amigos colombianos y el recuerdo grato de una tierra que lo acogió como suyo, en Bogotá, en Cali, en Medellín, en Cartagena, en Neiva (donde estuvimos hoy) y en tantos otros sitios cálidos y hermosos de nuestra geografía.

    Se lleva usted en su memoria y en su corazón el sentir mismo de un pueblo que sueña con la paz, que vibra con la cumbia y los vallenatos, que hace de un gol un día de fiesta, que alcanza en su arte el más alto vuelo de la imaginación, y que es alegre y perseverante, amistoso y emprendedor, como ninguno.

    Se lleva usted para siempre, Embajador, el aroma inconfundible de nuestro café y la suave luminosidad de nuestras flores. Y en su pecho, fulgurante, la máxima condecoración de la patria colombiana, que ostenta el nombre sagrado de Boyacá.

    Y nosotros vamos a contar con usted esté donde esté, tal como contamos con su apoyo y su trabajo para la aprobación del trascendental Plan Colombia, que cambiará para bien la vida de nuestra nación y sobre todo la de los más necesitados.

    Reciba, Embajador Kamman, el homenaje sincero de mi país, que lo recordará con agradecimiento y afecto. ¡Y ojalá que en sus próximos 40 años de servicio le quede siempre tiempo para regresar y acompañarnos a disfrutar un buen ajiaco en las tierras florecientes de Colombia!

    Muchas gracias

    Lugar y fecha

    Bogotá Colombia
    1 de agosto del 2000

    Ojalá pocos niños corrieran el triste destino de Oliver Twist.  No queremos otros niños que, como éste entrañable personaje de Charles Dickens,  crezcan en medio de paredes mohosas  y que duerman en medio de ataúdes de olmo. No queremos, definitivamente, niños alimentados a fuerza de panes secos y de la leche agria  que es el maltrato y el desamor. La literatura, en este caso como en tantos otros, nos enseña a no olvidar a quienes han sido hijos de la desgracia.

    Como Presidente de la República no deseo que los niños descritos por Dickens en sus novelas recorran nuestras calles. Ya desde mi discurso de posesión yo señalaba la importancia de un Estado comprometido con la justicia social y, por eso mismo, furiosamente opuesto a la miseria y a la exclusión.

    Para tal fin he incluido, como parte esencial de los planes del gobierno, la atención y la protección a los menores de edad. Bien vale recordar, entonces, algunos de los  esfuerzos de la Presidencia de la República, en coordinación con entidades tan importantes como el Instituto Colombiano de Bienestar familiar o las Cajas de Compensación familiar, para lograr un país de verdaderos niños y no, bajo el agobio de la miseria y de la violencia, de ancianos de ocho o diez años.

    Como parte del Plan Nacional de Desarrollo figura, por ejemplo, el programa “Haz Paz”. Con el objetivo de prevenir la utilización de la violencia como medio para resolver los conflictos familiares, este proyecto en marcha prevendrá los terribles destrozos sociales que causa el maltrato infantil y, en el lamentable caso en que ya el mal haya sembrado su semilla, atenderá oportunamente a las víctimas.  Mediante campañas pedagógicas, detección y seguimiento de casos -en coordinación con la Fiscalía y la Policía Nacional- e investigación científica, se está colaborando así para que las manos, en la familia, sirvan para celebrar la paz de los abrazos y no para  desplegar la ira de los puños.

    De igual manera, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, con el “Programa de desayuno y almuerzos escolares”, demuestra el innegable interés del gobierno en la niñez.  A diferencia de Oliver Twist, quien, en el mejor de los casos, debía resignarse a una lánguida sopa de harina, nuestros muchachos recibirán desayunos y almuerzos balanceados durante su jornada escolar. Más de 1.700.000 en las mañanas y 700.000 en las tardes se están viendo beneficiados por esta iniciativa. De este modo ampliamos, de paso, el Plan Nacional de Alimentación y Nutrición, gracias al cual se les está  otorgando a 3 millones de niños un suplemento alimentario y se han entregado más de 1.000 toneladas de fríjol de soya como suplemento de alto poder nutritivo.

    Es bueno saber, por otra parte, que Colombia es un país considerado como pionero mundial en el campo de la vacunación de nuestros niños. Pese a las severas restricciones financieras, mi gobierno ha garantizado para este año los recursos necesarios para intensificar el Programa Ampliado de Inmunizaciones, con el objetivo de lograr a corto plazo una cobertura de por lo menos el 90% de toda la población infantil.

    También, a través del Despacho de la Primera Dama, se ha impulsado el programa de “Ludotecas”. Consciente de cómo el aprendizaje no es más que otra forma de jugar, Nohra ha contribuido a la implementación de 13 de estos centros, donde en medio de computadores, bibliotecas y teatrinos con títeres parlanchines, los niños desarrollan sus talentos. Bien ha señalado nuestro Nóbel, Gabriel García Márquez, cómo ellos portan un poder casi mágico de soñar que, gracias al peso de las rutinas escolares y, en ocasiones, de la incomprensión de los mismos padres , se suele perder. Con la colaboración de la empresa privada esperamos construir en el país por lo menos 35 de estos fértiles cultivos de imaginación.

    Asimismo, en ese decidido gesto de compromiso nacional y de apoyo internacional que es el “Plan Colombia”, se contempla la financiación de un programa de subsidios destinados a las familias más pobres.  Orientado principalmente a las mujeres jefes de hogar, el plan atacará problemas críticos como la deserción escolar, a través de la concesión de becas educativas, o la desnutrición materno infantil, por medio de ayudas para mejorar la calidad de la alimentación. Con mínimas condiciones para hacerse beneficiario, tales como la certificación de asistencia a las clases y la aprobación del año escolar o, para el segundo proyecto, el cumplimiento del esquema básico de vacunación y la asistencia a periódicos exámenes médicos, más de 90.000 hogares mejorarán sin duda su nivel de vida cada año.

    ¡Estas, definitivamente, no son políticas pobres para pobres sino acciones en grande para colombianos dignos de los mayores beneficios¡

    Queridos amigos:

    Para mí es muy satisfactorio acompañar hoy al Alcalde Mayor de Santa Fe de Bogotá, Doctor Enrique Peñalosa,  en la inauguración de la Red de Jardines Sociales del Distrito, la cual es otra de las obras destinadas al cuidado de los colombianos más vulnerables. Unos 200 jardines infantiles serán inaugurados en la ciudad con un costo de 50.000 millones de pesos y con el respaldo institucional de entidades de tanta tradición en el tema social como lo son Cafam, Colsubsidio, Comfenalco, Afidro y Compensar. Sin duda alguna, ésta es una muestra de cómo es posible mediante una organizada concertación -en este caso realizada entre las instituciones mencionadas y entidades estatales como la Alcaldía, la Consejería Presidencial para la Política Social y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar-  llegar a acuerdos no sólo bien estructurados sino, a la vez, garantes del bien común.

    De este modo, evitaremos que vuelvan a ocurrir sucesos tan lamentables como los acontecidos, hace sólo algunas semanas, en el barrio Eduardo Santos. No podemos permitir que los niños sean objetos de la violencia física o de esa otra violencia espiritual, pero no menos terrible, que es la discriminación. Por eso mi gobierno ha incluido la financiación de este programa, con el objeto de garantizar su permanencia y ampliación, en la actual reforma tributaria que cursa en el Congreso. Los legisladores, muy seguramente, comprenderán también que la protección de los niños, antes que cualquier carretera, que cualquier puerto, que cualquier arma, es una prioridad inapelable.

    El filósofo Platón alguna vez dijo que los hombres tenían hijos para poder sentirse inmortales. La única forma, decía él, de vencer la muerte y la caducidad de la vida humana, era alimentar el ciclo infinito de las generaciones. Si ya tomamos la decisión de perpetuarnos, si ya hemos decidido que el futuro sepa de nuestra existencia, debemos asumir la responsabilidad de tener una inmortalidad digna y mejor que nuestro presente.

    Dejar más Oliver Twist en el mundo no sería un buen legado para la eternidad.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    4 de agosto del 2000
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