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  • CHILE Y COLOMBIA SE ENCUENTRAN EN UN NIVEL EXCEPCIONAL DE COOPERACIÓN BILATERAL Y MULTILATERAL

    REUNIÓN CON EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CHILE, RICARDO LAGOS ESCOBAR

    “¡Oh Chile… Ay cuándo y cuándo! ¡Ay cuándo me encontraré contigo!, enrollarás tu cinta de espuma blanca y negra en mi cintura (…) ¡Ay cuándo me sacará del sueño un trueno verde de tu manto marino! (…) ¡Ay cuándo y cuándo despertaré en tus brazos, empapado de mar y de rocío!”.

    Ese “cuándo” llegó para Pablo Neruda el día en que regresó a su Chile amado, a su Chile salino y mineral, a su Chile de vino y poesía, hace más de tres décadas, y ha llegado para mí el día de hoy, porque de nuevo piso la tierra hermana de la república austral y siento, conmovido, la misma emoción del poeta, al encontrarme en medio de amigos entrañables, recibiendo la calurosa hospitalidad del Presidente Ricardo Lagos y de su digna esposa, doña María Estela León de Lagos.

    Hoy, queridos amigos, en este Palacio de la Moneda confluyen  los sueños libertarios de San Martín y Bolívar, de O’Higgins y Santander, de Chacabuco y el Pantano de Vargas, de Maipú y Boyacá, como las dos caras de una misma historia.

    Nuestras relaciones vienen de muy atrás, y se remontan al período que antecedió a la emancipación de España. En esos años, el patriota chileno, don José Cortés Madariaga, formuló en Caracas la iniciativa de una alianza americana  de apoyo a la  independencia, idea que tuvo resonancia en la Nueva Granada. La fecunda amistad que establecieron en Londres Francisco de Miranda y  Bernardo de O’Higgins fue  el marco para que el  ilustre general chileno planteara, en 1818, la idea de la integración política entre las naciones recién nacidas a la libertad. Como sabemos, parte fundamental del pensamiento continental del Libertador Simón Bolívar se  estructuró también alrededor de la unión política de nuestros pueblos. Y, si bien estos planteamientos no alcanzaron a concretarse, reconocieron desde entonces la necesidad de la unidad y la solidaridad regional.

    La figura de don Andrés Bello, tal vez la más sobresaliente del pensamiento latinoamericano de la época, y la labor que desempeñó en Chile, son igualmente un factor de estrecha  unidad intelectual en aquellos primeros años de nuestra historia como repúblicas independientes. En el campo de las relaciones diplomáticas formales, recordemos que el primer intercambio de plenipotenciarios se llevó a cabo en 1821.

    Entonces, Bolívar, como Presidente de la República de Colombia, envió esta carta al General O’Higgins, Director Supremo del Estado de Chile, al tiempo que le anunciaba la designación de Joaquín Mosquera y Arboleda como nuestro primer embajador en la república del sur:

    “La nueva actitud con que nuestros pueblos comparecen ya en el mundo político, sus intereses recíprocos, y cuantas relaciones pueden unir estrechamente a dos naciones hermanas, nos imponen la necesidad de darnos las más distinguidas pruebas de amistad y mutuo servicio”.

    Y así ha sido desde entonces. El proceso de integración entre Chile y Colombia no ha terminado. Nos unen mucha historia y muchos propósitos comunes. De los primeros años del Grupo Andino –hoy Comunidad Andina-, que contó con el impulso decisivo de nuestros dos países, hemos trascendido a otras instancias de integración, como la ALADI, el Grupo de Río y las Cumbres de las Américas, y hoy caminamos juntos hacia un futuro de equidad y cooperación.

    Señor Presidente Lagos y estimados amigos de Chile:

    Su país fue por muchos años un ejemplo de estabilidad e institucionalidad democrática como no hubo otro en América Latina. Gracias a la labor organizadora de Diego Portales y al espíritu pacífico y progresista del pueblo chileno, mientras en otros Estados de la región nos debatíamos en rencillas y guerras civiles, en Chile sólo hubo 10 periodos presidenciales entre 1831 y 1924, casi uno por década, signados por un ambiente de civilidad y legalidad.

    No por nada, Bolívar lo había pronosticado en su Carta de Jamaica, cuando escribió: “(…) Chile está llamado por la naturaleza de su situación, por las costumbres inocentes y virtuosas de sus moradores, por el ejemplo de sus vecinos, los fieros republicanos del Arauco, a gozar de las bendiciones que derraman las justas y dulces leyes de una república. Si alguna permanece largo tiempo en América, me inclino a pensar que será la chilena. Jamás se ha extinguido allí el espíritu de libertad (…)”

    Por eso me congratulo, y así lo hace todo el pueblo colombiano, por el proceso de restablecimiento democrático que ha vivido Chile en la última década, recobrando una tradición de la que el pueblo chileno puede estar orgulloso.

    Usted, Presidente Lagos, consolidará el trabajo responsable realizado por sus predecesores, Patricio Aylwin y Eduardo Frei, y pasará a la historia, no tengo duda, como el hombre que completó la transición de Chile a la democracia.

    ¡Qué mayor honor para alguien que, como usted, ha consagrado su vida a su defensa, a la lucha por los derechos civiles de sus compatriotas y a la educación de su pueblo!

    Colombia sólo desea lo mejor para Chile y por eso todas sus buenas noticias son alivios en nuestro corazón. La recuperación de su economía, cuyo brillante desempeño fue un faro de luz en América, es un hecho del cual no se podía dudar. Un país que creció a una tasa promedio superior al 7% durante la última década; que desarrolló un comercio equilibrado con los Estados Unidos, con la Unión Europea y con los países de la Cuenca del Pacífico; que ha sido líder en competitividad y ejemplo en materia de seguridad social y educación, tiene todas las herramientas para seguir avanzando en su labor de pionero.

    Usted, señor Presidente Lagos, ha propuesto crear un Chile más igualitario, y está dando los pasos para ello. Nosotros, en Colombia, estamos también empeñados en generar un crecimiento con equidad social, porque somos conscientes de que nada vale una economía próspera si no está acompañada de una justa distribución de la riqueza y de un mejor desarrollo humano. Nuestra gente, sobre todo aquellos que han sido excluidos de los frutos del progreso, tiene derecho a la esperanza y nosotros tenemos el deber de devolvérsela.

    Apreciado señor Presidente Lagos:

    Chile y Colombia se encuentran hoy en un nivel excepcional de cooperación, tanto en el campo multilateral como bilateral.

    Trabajamos en coordinación en las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos y somos forjadores de consenso en el Grupo de Río, cuyo desarrollo e importancia ha impulsado Colombia durante todo este año, como estoy seguro de que lo seguirá haciendo Chile cuando asuma la Secretaría Pro Témpore en el 2001.

    El liderazgo que ha asumido su país en el tema de la relación política y económica con los países de la Cuenca del Pacífico y del Asia del Este es fundamental y enriquecerá la posición del Grupo en el contexto internacional. Nuestro trabajo coordinado en la llamada “troika” del Grupo de Río ha sido y seguirá siendo una garantía de éxito y crecimiento para el mismo.

    Por otra parte, son también interesantes los acercamientos logrados a través del Foro América Latina -Asia del Este (Falae) que ha promovido su país con tanta decisión. Colombia, como coordinadora adjunta para América Latina, está comprometida con el buen desarrollo de esta nueva instancia de diálogo y cooperación.

    También formamos parte, Chile y Colombia, de la Comisión Permanente del Pacífico Sur, dentro de la cual firmamos el Acuerdo de Galápagos para la conservación de recursos vivos en el océano Pacífico, al cual debemos darle toda la prioridad para su aprobación y aplicación.

    Lo mismo debo decir del “Protocolo del Tratado Antártico sobre Protección al Medio Ambiente”, que protege no sólo la ecología de la zona antártica, sino el futuro de la humanidad entera. Mi gobierno hará todo lo necesario para su pronta ratificación.

    Y mención especial quiero hacer de las Cumbres de las Américas, donde Chile y Colombia han tenido importantes posiciones coincidentes y un buen trabajo conjunto. Mi país celebra los avances logrados en la Segunda Cumbre, celebrada en Santiago en 1998, particularmente en el aspecto social, donde se incorporó el tema de la educación como la llave maestra del progreso.

    También en Santiago generamos un mandato para la creación del Mecanismo de Evaluación Multilateral en la lucha contra las drogas y hoy vemos, con satisfacción, cómo hace un año la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas asumió, con la ayuda de expertos de nuestros países, el diseño y puesta en marcha de este mecanismo que debe constituirse en una herramienta idónea y eficiente para adelantar nuestra lucha desde un enfoque multilateral.

    En definitiva, la comunidad mundial ha entendido –y así lo ha expresado en varias instancias- que el fenómeno del narcotráfico es un problema mundial y que su solución depende de todos, bajo el principio de responsabilidad compartida.

    Sobre este punto, sobre la agenda social del continente y sobre la zona de libre comercio hemisférica para el año 2005 seguiremos avanzando de la mano, señor Presidente, para garantizar el éxito de la Tercera Cumbre de las Américas que se celebrará en Quebec el año que viene.

    Colombia a su vez, desde el puesto que ocupará en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a partir del próximo enero, seguirá promoviendo los valores que nos identifican con Chile, como son el respeto al Derecho Internacional, la defensa del multilateralismo, la solución pacífica de los conflictos y la no intervención internacional por fuera de la legalidad de las Naciones Unidas.

    Señor Presidente Lagos:

    ¡Qué bueno que hoy nuestros países se apoyen mutuamente dentro del marco de la cooperación horizontal! Una prueba de ello es el memorando de entendimiento que estamos firmando en esta visita para la cooperación en materia de desarrollo alternativo. Yo estoy seguro de que la experiencia chilena en el campo agropecuario y agroindustrial, y en el tecnológico, será un aporte invaluable para lograr el éxito en los procesos de sustitución de cultivos ilícitos en mi país.

    Y sea esta la oportunidad, señor Presidente, para agradecer muy especialmente a usted y al querido pueblo chileno el respaldo continuo y desinteresado que han manifestado al proceso de paz que vengo liderando en Colombia y a los planes de desarrollo social, económico y de fortalecimiento institucional que estamos llevando a cabo.

    La voz siempre solidaria y amiga de Chile –a la que se unieron los demás Presidentes de América del Sur en la reciente Cumbre de Brasilia- es un estímulo para seguir trabajando en la solución de los problemas de conflicto y pobreza en mi país.

    Yo concuerdo con usted, señor Presidente, en el concepto de “seguridad cooperativa”, según el cual la paz y la seguridad regionales se incrementarán en la medida en que se promuevan relaciones de cooperación, amistad e integración entre nuestros países y se profundice la confianza mutua.

    Parte de esa cooperación está dando ya buenos resultados en el éxito de la aplicación del convenio entre la Policía de Colombia y los Carabineros de Chile, que firmamos el año pasado, y de otros mecanismos de cooperación en la lucha contra las drogas.

    En el campo económico, -como ya lo manifesté hoy en la Cámara Nacional de Comercio de Chile-, es bueno constatar la tendencia positiva de nuestro comercio, los buenos resultados del acuerdo de complementación económica, el interés mutuo por negociar un tratado de libre comercio y el buen momento de nuestras inversiones, que serán potenciadas por el Acuerdo de Protección y Promoción de Inversiones que suscribimos a inicios del presente año.

    Con Chile sólo tenemos motivos de unión y de celebración, y por eso estamos hoy reunidos, para afianzarlos e incrementarlos.

    Y así como Neruda dijo: “Nada puede separarme de Colombia. Mi integración es la del honor y del amor”, yo también digo hoy: ¡Nada puede separarnos de Chile!

    Señor Presidente Lagos:

    Hay dos momentos excepcionales en las relaciones de amistad y cooperación entre Chile y Colombia: uno es éste que estamos viviendo, y que nos deja la satisfacción de avanzar juntos en el camino del progreso y la integración. Y el otro se dio hace 30 años, cuando los gobiernos de Salvador Allende y de mi padre Misael Pastrana Borrero se encontraron en la coincidencia de ser ambos abanderados de un cambio social en sus países y en América Latina.

    Por esa época fuimos Chile y Colombia los únicos promotores en el seno de la Organización de Estados Americanos de los postulados del pluralismo político, una reforma que finalmente fue incorporada en Cartagena, en 1985.

    Como dijo a principios de la década del setenta el canciller colombiano, Alfredo Vásquez Carrizosa, en un homenaje a su homólogo de Chile, “en América hay campo anchuroso para las ideologías y es bien posible admitir un sistema interamericano pluralista en cuyo seno ya tienen cabida gobiernos de diferente tipo social”.

    Y recuerdo también, apreciados amigos, con emoción, la impactante visita que realizó el Presidente Allende a mi país en agosto de 1971.

    En dicha oportunidad, Allende dijo:

    “Latinoamérica es una realidad dinámica sólo en la medida en que el esfuerzo y el progreso de sus pueblos y sus dirigentes se adentren por el camino de su libertad social, económica y política. Iremos haciendo concreto lo que la historia y el presente nos ordenan. (…) Me asiste la más firme convicción de que tanto el pueblo de Colombia como el de Chile persiguen, con tesón, esta misma meta común y solidaria. La angustia, el sufrimiento, el anhelo del hombre latinoamericano, así lo piden y reclaman”.

    Y mi padre dijo a Allende:

    “Pareciera que la distancia interpuesta por la geografía entre nuestras naciones estuviera compensada por nuestra aproximación en el culto de unos ideales que han inspirado el discurrir republicano de nuestras gentes y, como colombiano, me complace intuir que serán más vigorosos, sinceros y profundos”.

    ¡Qué bueno decir hoy, en memoria de estos dos líderes que tanto significan a nuestros corazones, que los ideales comunes nos siguen uniendo ahora más que nunca!

    Por eso quiero, señor Presidente Lagos, para terminar, brindar a la salud de su país: de ese “Chile atrevido, con nuevas ideas, con más proyectos que recuerdos y sin miedo a la libertad” que usted quiere construir.

    Brindo por que en Santiago y en toda la nación austral se abran las alamedas por donde pase un pueblo próspero y democrático, un pueblo valiente y digno, al cual hoy rindo el homenaje sincero de la amistad.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Santiago de Chile, Chile

    10 de octubre del 2000

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