• Banner textos

  • CLAUSURA DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE INDUSTRIALES DE COLOMBIA

    CLAUSURA DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE INDUSTRIALES DE COLOMBIA

    De la Crisis a la Reactivación:

    Asistimos hoy a una asamblea de la Asociación Nacional de Industriales de Colombia en un ambiente muy distinto al de hace un año. Un ambiente plagado de noticias de reactivación. Un ambiente que permite nuevamente mirar hacia el futuro. Un ambiente en el cual aún existen múltiples y difíciles retos, pero en el que ya hemos derrotado al pesimismo.

    El crecimiento de la industria en el primer semestre de este año fue del 10%, la cifra más alta desde que se hace la encuesta de la ANDI. Pero eso no es todo. La utilización de la capacidad instalada y los pedidos volvieron a los altos promedios de los años noventa, en tanto que el nivel de inventarios está en los niveles más bajos. ¡Estas son las buenas noticias de la reactivación y de la industria colombiana!

    Mi gobierno se impuso como meta sacar al país de la crisis más profunda que hemos vivido en los últimos sesenta años, ¡y lo hicimos!. Y tengan la seguridad de que continuaremos trabajando para llevar esta reactivación a puerto seguro al finalizar mi mandato.

    La dimensión de la parálisis económica que recibimos era catastrófica. Veamos: caída del Producto Interno Bruto del 5 por ciento, deterioro industrial del 18%, tasas de interés por encima del 50 por ciento, un sector financiero a punto del no retorno, huida de capitales por la crisis financiera internacional y un gigantesco déficit en cuenta corriente, preludio de una crisis cambiaria de grandes proporciones.

    Teníamos, para empeorar las cosas, un sector agropecuario arrasado por la revaluación e importando 5 millones de toneladas de comida. Un desempleo que se duplicó del 8 por ciento en 1994 al 16 por ciento en agosto de 1998. Un gasto público que, en promedio, se incrementó cada año entre 1990 y 1997 en 11 puntos por encima de la inflación y que llevó a acumular un déficit que, de no haber tomado medidas urgentes, pudo haber llegado en 1998 al 7% del Producto Interno Bruto. Consecuentemente, teníamos una deuda pública, interna y externa, que consumía, en solo pago de intereses, el 30 por ciento de nuestros ingresos fiscales. Y, para colmo, unos departamentos y municipios, excepción hecha de Bogotá y otros pocos, totalmente quebrados.

    Como diría un antioqueño, con su lenguaje gráfico y coloquial, al contemplar ese gigantesco reto que le tocó asumir a mi gobierno en agosto de 1998: ¡Báileme ese trompo en la uña!

    Cuando se evalúe a mi gobierno sólo pido que se recuerde que nosotros no causamos la crisis ni somos los responsables de sus secuelas y que, en cambio, sí sacamos al país de la crisis.

    Será la historia, y no los actuales analistas, quien se encargue de señalar a los verdaderos responsables de esa debacle económica. De señalar cuándo, cómo y dónde se gestó y se multiplicó esa crisis. Y también será la historia la que evalúe cómo mi gobierno fue capaz de reactivar la economía, enderezar los errores y trazar una ruta nueva para llevar al país a tener una economía sólida y sostenible.

    Hace un año, cuando esta asamblea reportaba las peores cifras de su historia, les pedí que le dieran un tiempo prudente a mi gobierno y que no nos dejáramos apabullar por el pesimismo. No era ni es tarea fácil pedirle paciencia a quien se queda sin empleo o a quien siente perder su empresa, fruto de años de trabajo. Esa tarea era tanto más difícil en un país en el cual más de tres generaciones no habían vivido una verdadera crisis económica ni mucho menos sabían cómo enfrentarla.

    Si les hubiera dicho entonces que durante los primeros seis meses de este año la industria crecería al 10 por ciento, ustedes no lo hubieran creído. Señores industriales: ustedes, como gerentes, saben el trabajo que significa sacar una empresa de una crisis profunda. Y por eso ustedes saben que vamos por el camino correcto.

    ¿Que falta mucho trabajo por hacer? ¡Claro que sí!

    Y no sólo a mi gobierno, en los dos años que tenemos por delante, sino a los gobiernos que vienen. Un desastre económico de esas proporciones no se arregla de un día para otro. La historia, incluso la reciente, está llena de ejemplos de países que soportaron crisis tan complejas como la colombiana y que necesitaron de tiempo, trabajo y paciencia para superarlas: México, Brasil, Argentina y Chile en la década de los ochenta; o el mismo México, Venezuela y Ecuador en la de los noventa.

    Una comparación con nuestros vecinos muestra que las políticas que aplicó mi gobierno fueron las correctas. Por eso, a pesar de que vivimos unas condiciones de orden público que ellos no tienen que enfrentar, se están viendo ya los buenos resultados, unos resultados que ahora estamos en la obligación de fortalecer y consolidar.

    ¿Y qué hemos hecho hasta ahora?

    Hemos rescatado al país de la revaluación, que hacía fácil importar y difícil producir en Colombia.

    Hemos bajado, en más de treinta puntos, unas absurdas tasas de interés que invitaban al ocio y al no pago de las deudas.

    Hemos rescatado nuestra agricultura, abandonada por ocho largos años.

    Hemos combatido el contrabando con fuerza y, con ello, aumentamos la demanda por los productos colombianos.

    Hemos evitado una crisis sistémica del sector financiero y le dimos las herramientas para que se salve y salga adelante.

    Hemos devuelto la esperanza a 800 mil deudores del UPAC que veían crecer sus deudas sin pausa, muchos de los cuales tenían perdidas sus viviendas.

    Hemos salvado a las empresas viables con la Ley de Intervención Económica.

    Hemos incrementado nuestras exportaciones y ya tenemos una balanza comercial positiva.

    Hemos revertido la tendencia creciente del gasto público, fomentada con irresponsabilidad durante muchos años.

    Y todo esto nos ha llevado a que el país, dos años después, esté creciendo nuevamente por encima del tres por ciento y la industria, ¡sus industrias!, lo hayan hecho al diez por ciento durante este primer semestre.

    El Ajuste Fiscal: Un propósito de todos

    Hoy quiero mirar hacia el futuro. Hacia lo que sigue para fortalecer y consolidar esa reactivación, pero además hacia lo que debemos hacer para dar un verdadero salto hacia adelante.

    Para fortalecer la reactivación debemos continuar con el proceso gradual de reducción del déficit público. Mucho se ha hablado sobre este tema durante demasiados años y creo que llegó el momento de generar un acuerdo que permita una solución de fondo.

    Después de diez años de discutir sobre ajuste fiscal, debería ser claro que existe un abismo conceptual entre quienes llegan al Ministerio de Hacienda y deben enfrentar la cruda realidad de las cuentas, y quienes, desde la barrera, tienen una visión parcial y a veces facilista del problema fiscal.

    Lo paradójico es que, mientras discutíamos y discutíamos sobre ajuste fiscal, el gasto público -sin contar el pago de intereses- creció 11 puntos en promedio por encima de la inflación entre 1990 y 1997 y la deuda acumulada se (triplicó????). Qué bueno poder decir que en estos dos años de mi gobierno revertimos por primera vez esa tendencia y el gasto decreció en un xxxxx por ciento.

    Sin embargo, sabemos que todavía se requieren nuevas reformas para mantener esa tendencia decreciente en los próximos años, hasta sanear nuestras finanzas públicas.

    Pero, si bien todos parecemos estar de acuerdo en la necesidad del ajuste, se han entronizado en el país algunas verdades a medias que nos llevan a que discrepemos sobre las decisiones necesarias para llevarlo a cabo. Me explico: Quienes creen que el problema es de gasto, magnifican este escenario, tachando el gasto de exorbitante sin entender las consecuencias que tendría para la educación, o para la salud, o para la seguridad, un recorte de grandes proporciones. Y por otro lado, cada sector, como es obvio, defiende su pedazo en el ponqué del gasto.

    En el tema de los ingresos del Estado los empresarios han comprado la idea errónea de que estamos ante un Estado fiscalista, lo cual no resulta cierto frente a una comparación internacional. Todos creemos en la necesidad de ampliar las bases tributarias, pero tampoco logramos ponernos de acuerdo sobre este punto.

    Por otra parte, el tema del gigantesco pasivo pensional a cargo del Estado y de cómo solucionarlo genera también grandes tensiones.

    Frente a esta Torre de Babel, el Ministro de Hacienda ha propuesto buscar un acuerdo. Yo los invito a que desarmemos nuestras prevenciones y nuestros prejuicios sobre el problema y hagamos un intento real de acercar posiciones.

    El ajuste fiscal dejó de ser un problema de un partido o de un sector para convertirse en un asunto que nos incumbe a todos. De nuestra capacidad para enfrentar y enderezar este problema estructural dependerá que podamos mantener bajas las tasas de interés y la inflación y que generemos inversión y empleo.

    Un Programa Integral contra el Desempleo

    He dicho que el tema del desempleo me quita el sueño, a mí y a muchísimos colombianos que sienten en carne propia el drama de no tener un ingreso fijo para el sustento de su familia.

    Por eso ahora, cuando logramos al fin las condiciones de una economía en plena reactivación, hemos elaborado un programa integral para enfrentar el problema del desempleo, admitiendo que dicho problema tiene dos componentes, uno de corto plazo y otro de largo plazo. El primero está asociado al ciclo económico, que en este momento se encuentra en un bajo histórico, mientras que el segundo se relaciona principalmente con desajustes entre la oferta y demanda de trabajo asociados a la calificación de los trabajadores. El programa integral de empleo contiene estrategias que atacan ambos frentes.

    Sabemos que para generar empleos estables y bien remunerados, la economía nacional debe crecer a tasas superiores al 4% anual. Ahora bien, el principal determinante del crecimiento es la inversión privada, la cual se ha reducido drásticamente en los últimos años debido al desequilibrio fiscal. Por ello, el Gobierno Nacional suscribió un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que produjo una senda creíble de reducción del déficit fiscal de aquí al año 2004. Estas proyecciones han permitido al gobierno estimar que la economía crecerá al 3% este año, 3.8% en 2001 y 5% entre 2002 y 2005, lo que posibilitará generar 2’100.000 empleos en el período.

    Adicionalmente, es indispensable que se finalice exitosamente el proceso de paz con los grupos insurgentes. En efecto, se ha encontrado que el conflicto armado disminuye sensiblemente la inversión privada, tanto doméstica como extranjera, además de desviar los recursos públicos hacia actividades improductivas, lo que le cuesta al país cerca de dos puntos de crecimiento cada año. Es decir, la culminación exitosa del proceso de paz le significa al país 720.000 empleos en el período 2002-2005, que equivalen a 2 puntos de reducción de la tasa de desempleo. Por eso este es un proceso nacional que debe contar con el apoyo y el aporte de todos los grupos de la sociedad colombiana.

    Por otra parte, como ustedes saben, dentro del Plan Colombia hemos incluido una Red de Apoyo Social, con un presupuesto total de 900 millones de dólares que ya están debidamente financiados, para atender a los sectores más vulnerables de la población, la cual consta de tres subprogramas de gran efecto social y de generación de empleo:

    El primer subprograma de la Red es el de “Manos a la obra” que brindará ocupación transitoria a los desempleados mayores de edad, que no se encuentren matriculados en programas de educación y que pertenezcan al 20% más pobre de la población, mediante la contratación de mano de obra no calificada para proyectos de infraestructura comunitaria. De esta manera se generarán más de 100.000 empleos temporales al año, durante los próximos 3 años. El costo total del programa es de 491 millones de dólares.

    El segundo subprograma es el de capacitación de jóvenes desempleados, diseñado para beneficiar al 20% más pobre de los jóvenes de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, Manizales y Cartagena, entre los 18 y 25 años de edad. Se espera capacitar unos 100.000 jóvenes. El programa incluye un subsidio de sostenimiento durante la fase de aprendizaje de 5.000 pesos diarios por joven, o 7.000 si tiene hijos. El costo total del programa es de 70 millones de dólares.

    El tercer subprograma es el de Subsidios Condicionados para familias de bajos recursos. Este proyecto otorgará subsidios en efectivo a ciertas familias pertenecientes al 20% más pobre de la población, que recibirán el equivalente a 20 dólares mensuales si tienen niños menores de seis años. Adicionalmente, se busca que los muchachos y muchachas entre los 7 y los 17 años de edad de esas familias asistan a la escuela, por lo que la madre recibirá un subsidio equivalente a 6 dólares mensuales por niño o niña que asista a la escuela primaria, y de 12 dólares por niño o niña que esté en la escuela secundaria. Este subprograma afecta en el corto plazo la tasa de desempleo al sustraer de la fuerza laboral un número importante de muchachos y muchachas, y ataca también el componente estructural del desempleo al asegurar que esos jóvenes asistan al colegio. El costo es de 339 millones de dólares.

    Y es que el problema del desempleo también debe atacarse desde el ámbito de la educación, que es la principal determinante de la empleabilidad de los colombianos que salen al mercado laboral. Basados en estas consideraciones, estamos diseñando un mecanismo que permita a los bachilleres, especialmente los de bajos ingresos, acceder a carreras universitarias intermedias o completas de buena calidad, a través de un sistema de crédito estudiantil de mediano plazo.

    Se espera favorecer a 40.000 jóvenes por año, requiriendo aportes del Gobierno, las universidades, el sistema financiero y el sector empresarial durante los próximos seis años. El mecanismo para estos aportes y para su canalización es estudiado actualmente por el Departamento Nacional de Planeación, el ICETEX, las Universidades y el sistema financiero, y consistirá en un aval que garantice el adecuado flujo de recursos intermediados por el sistema financiero. El Gobierno Nacional cubrirá el 30% del aval anual requerido, las Instituciones educativas el 30% y la banca el 30%. En el primer año se estima que el monto del aporte del Gobierno para cubrir su parte será de 10.000 millones de pesos. Y, además de los créditos, habrá subsidios directos del Gobierno para los estudiantes de más bajos recursos, que oscilarán entre el 20 y el 33% de su cuota mensual.

    La implementación de este programa duplicará la cobertura del crédito de educación superior en el primer año de funcionamiento del programa, pasando del 7% actual al 15% de la población universitaria. De igual forma, se sustraerían aproximadamente 450.000 jóvenes de la fuerza laboral en el período 2001-2006, es decir 75.000 jóvenes por año.

    Este es un plan en grande contra el desempleo, en el corto, el mediano y el largo plazo, y no simples mecanismos de choque. El objetivo, no sólo del Gobierno, sino de Colombia entera, es que el desempleo nacional se sitúe en un 10% en el 2005. Estamos trabajando sin descanso en esa dirección, y ustedes, señores industriales, serán también el motor de una nueva Colombia con más y mejores empleos.

    Sin duda, el éxito de Colombia en los próximos treinta años depende de que aprovechemos las oportunidades de crecimiento y desarrollo que nos brinda la globalización. Y ello no es tarea fácil. Para la próxima generación, algunos países habrán logrado dar un salto cualitativo en calidad de vida como lo ha hecho España en los últimos veinte años y lo está realizando hoy Méjico. Otros países apenas habrán continuado por un camino a tropezones como el que ha venido recorriendo Colombia. Y, peor aún, otros países habrán fracasado y serán cada día más inviables.

    Sigo convencido que el mayor de todos los obstáculos al crecimiento que tiene Colombia es el conflicto interno. Un conflicto que impone una pesadísima carga al desarrollo y al empleo que se ha calculado (entre el 2 y el 3)??? por ciento del PIB. ¿Pero cuánto más puede pesar ese conflicto en la nueva economía globalizada? ¿Cuántas empresas que quisieran localizarse en Colombia porque saben de la capacidad de su gente prefieren no hacerlo por seguridad? ¿Cuánta inversión y cuántos empleos estamos perdiendo por cuenta del conflicto?

    Si el conflicto ha frenado el desarrollo del país durante toda su historia, puede convertirse en el futuro en un obstáculo insalvable. El conflicto puede hacer de Colombia un país no viable. No puede caber duda que la seguridad se ha convertido ya y continuará fortaleciéndose como un ingrediente principalísimo de la competitividad de los países.

    Digo esto para que pensemos con más cuidado y pongamos mayor atención a nuestro proceso de paz. Sé mejor que nadie que la negociación es un proceso difícil especialmente en una sociedad fracturada por muchos años de conflicto y en donde el narcotráfico se encargó de dificultar el proceso normal de curar las heridas que lograron otras sociedades en otras latitudes.

    Encuentro cada vez más desconfianza de los colombianos frente a la verdadera voluntad de paz de la insurgencia. No hay duda que mientras no se den hechos de paz se abre más espacio a quienes les interesa intensificar la guerra o a quienes nunca creyeron en el proceso.

    Pero sólo la participación activa de la sociedad colombiana podrá sacar este proceso adelante si, como yo estoy convencido, la insurgencia realmente quiere la paz. Después de la construcción de confianza y de la definición de la agenda de negociación, esta nueva etapa del proceso se ha encontrado con un vital y creciente apoyo de la comunidad internacional pero requiere un renovado espaldarazo de ustedes los empresarios, los trabajadores, la iglesia, los partidos políticos y todos y cada uno de los colombianos, para que mañana tengamos la tranquilidad de conciencia de que hicimos todo lo que era posible para encontrar la reconciliación entre los colombianos.

    Consciente de la necesidad de esa participación más activa de toda la sociedad en esta nueva etapa la mesa temática ha salido de la dirección del gobierno y está liderada por Roberto Pombo, quien viene haciendo una gran labor. Pero vamos a pedirles a todos mayor compromiso y muchas horas de trabajo, vamos a redoblar esfuerzos para abrirle entre todos un camino a la paz y al desarrollo.

    Mi total compromiso con la paz me lleva al mismo tiempo a entender la importancia de que Colombia cuente con un ejército profesional, bien equipado y respetuoso de los derechos humanos. Al contrario de lo que muchos piensan, las violaciones a los derechos humanos y la degradación del conflicto surgen cuando la fuerza pública es débil y no cuenta con los recursos necesarios para defender a la población.

    La reestructuración de nuestra policía en 1993 dio excelentes resultados y basados en esa experiencia estamos reestructurando nuestras Fuerzas Armadas, entregándoles diez mil nuevos soldados profesionales cada año, entrenados

    Y equipados para responder en cada rincón de Colombia con prontitud. Este es un proceso de varios años en el cual debemos comprometernos todos y que ya está dando resultados exitosos en todo el país.

    NAFTA-EXPORTACIONES

    Quisiera referirme igualmente a la iniciativa lanzada en febrero del presente año en el sentido de que Colombia solicitará su ingreso al NAFTA. Esta iniciativa sigue vigente hoy más que nunca y está dentro de la agenda del país.

    A veces parece que nuestras circunstancias privaran a los empresarios del derecho de pensar en el bienestar de sus nietos debido a las dificultades diarias. Sin embargo y a pesar de nuestros problemas debemos reivindicar el derecho a pensar en el mediano y en el largo plazo. Como Presidente de Colombia tengo la obligación de continuar en la búsqueda de instrumentos que mejoren el bienestar de los colombianos, que propicien un escenario cierto y estable para la inversión nacional y extranjera y que teniendo como punto de partida la competitividad proyecten el verdadero desarrollo del país en el siglo XXI. Con este fin, he instruido a cada uno de mis Ministros para que sin perjuicio del trabajo cotidiano dirigido a solucionar las angustias del día, destinen sus mejores esfuerzos para trabajar en el diseño y ejecución de políticas y estrategias que garanticen la participación del país en la economía globalizada en una relación ganadora para Colombia.

    En estos dos años, mi Gobierno ha fortalecido su convicción de la importancia de los mercados de México, Canadá y Estados Unidos para nuestras exportaciones y como fuente de inversión extranjera para nuestro país. Entre enero y mayo del presente año las exportaciones colombianas al mercado NAFTA representaron el 55% del total de las ventas al mercado internacional y se incrementaron un 34% como consecuencia, también, de que son tres mercados que han tenido una tasa de crecimiento superior a la media mundial.

    Ha sido muy gratificante recibir del sector privado colombiano su interés en esta iniciativa y vemos con optimismo los esfuerzos de organización regional y gremial en torno al sector externo como desarrollo del Plan Estratégico Exportador a 10 años que diseñamos conjuntamente con el sector privado. En efecto, la participación del sector privado será fundamental para definir no solamente la estrategia negociadora de Colombia en el ALCA, sino la estrategia que seguiremos para solicitar una negociación anticipada de libre comercio con los miembros del NAFTA. En ese sentido, celebro el trabajo que vienen adelantando ANALDEX y ANDI en apoyo a los estudios del gobierno nacional. Por supuesto, no somos ajenos a las preocupaciones que esta iniciativa genera en ciertos sectores.

    Por esta razón, el ingreso al NAFTA no se ha concebido de manera aislada. El acceso preferencial a los mercados de Norteamérica no podría tener un significado importante para el sector productivo colombiano sin las políticas sectoriales que está desarrollando mi Gobierno y sin tener como pilar la estrategia de competitividad y productividad. Es así como además de la política exportadora, hemos diseñado una política agrícola e industrial , hemos implementado la Red Colombia Compite y hemos suscrito nueve Convenios de Competitividad . Todo esto con el objeto de preparar al sector productivo de bienes y servicios para que compitan en el mercado internacional y garanticen un aumento de nuestra participación en las exportaciones mundiales y con ello la generación de nuevos y mejores empleos productivos en Colombia.

    Además de las políticas sectoriales y de competitividad, el proceso de preparación para el ingreso al NAFTA contempla el fortalecimiento de la capacidad negociadora, para lo cual estamos trabajando en la conformación de un equipo negociador en que además del gobierno participen el sector privado y el sector académico.

    En los próximos meses y teniendo en cuenta que ya se ha concluido la gestión para sacar adelante el Plan Colombia, realizaremos acciones que permitan presentar la solicitud de Colombia antes los tres miembros del NAFTA. Así mismo, continuaremos en el trabajo que venimos desarrollando en las distintas áreas para lograr un sector productivo mas diversificado, mas orientado hacia el mercado internacional, menos dependiente de los commodities y cada vez mas basado en el valor agregado, en el conocimiento y en los servicios, tal como sucede en los países desarrollados.

    Petróleo Sector Minero

    Si me preguntaran cuál es la característica fundamental del mundo contemporáneo, contestaría casi sin temor a equivocarme que es la velocidad.

    Velocidad de cambio en el comportamiento del entorno, en el comportamiento de las firmas y los consumidores y en general una dinámica muy rápida de adaptación y transformación de las sociedades.

    Sin embargo, estas velocidades no pueden atropellarnos sin siquiera darnos cuenta. Necesitamos ser capaces de anticiparlas y tomar las decisiones más acertadas para el bienestar de todos los colombianos.

    La política petrolera nacional no es ajena a los cambios del entorno, por el contrario debe ser coherente y flexible con ellos.

    Es por esto y porque reconocemos, que es crucial para el país el desarrollo eficiente de su industria petrolera, que ya se han tomado medidas de política con el objetivo de recuperar la competitividad del sector a niveles y estándares internacionales.

    Los cambios los podríamos resumir en tres elementos principales. En primer lugar cambios en el régimen fiscal, que hacen referencia al nuevo método de depreciación de activos intangibles y al esquema de regalías variables para los hidrocarburos. En segundo lugar, cambios en los términos contractuales, permitiendo mayor participación al inversionista privado en la explotación de recursos, acelerando la recuperación de las inversiones realizadas en años anteriores con lo cual se incrementa sustancialmente el cubrimiento del riesgo exploratorio.

    Finalmente, hemos tomado decisiones en materia de legislación ambiental, seguridad jurídica y orden público.

    Con estos cambios y otros que se están estudiando, el sector petrolero colombiano recuperara la competitividad internacional ofreciendo inmejorables oportunidades de negocio para inversionistas nacionales e internacionales y se sientan las bases para que siga siendo una fuente importante de recursos para el país, garantizando la estabilidad macroeconómica y jalonando la reactivación de la economía en general.

    Para este año, se estima que la participación de las exportaciones del sector de hidrocarburos alcancen el 35% de las exportaciones totales con sus efectos positivos sobre el superávit de la cuenta corriente de la balanza de pagos del país, que no es otra cosa que el ahorro externo del país, y sobre el nivel de las reservas internacionales.

    Ahora, él desempeño del sector de hidrocarburos determina el resultado fiscal de Ecopetrol y de las empresas asociadas afectando los ingresos del Gobierno, con lo cual se incrementan las posibilidades de inversión social – impuestos y dividendos- y el de los entes territoriales -regalías-.

    Por concepto de dividendos e impuestos, Ecopetrol transferirá al estado este año una cifra que corresponde aproximadamente al 70% de todas las transferencias de salud y educación. Por su parte las regalías con destino a los entes territoriales ascienden a un valor cercano a los dos mil millardos de pesos.

    Pero el tema fiscal no se agota en estos aportes. El superávit fiscal del Ecopetrol en este año se estima que esté por encima de $1.300 millardos; aproximadamente 0.8% del PIB total, monto que se convierte en un excelente apalancamiento del saldo fiscal de todo el sector público.

    Si en el presente el sector de hidrocarburos es importante, inexorablemente el futuro del país está ligado a esta industria, que será determinante en el desarrollo económico y el incremento del empleo, la disminución de la pobreza y en el incremento en los niveles de educación de toda la población. Este debe ser nuestro reto y visión de futuro.

    Y no estoy hablando de ilusiones. Sólo de equiparar el esfuerzo exploratorio a nuestras realidades geológicas. Por ejemplo, mientras que en un país como Canada, con similar prospectividad petrolera que la nuestra, se perforaron 10,000 nuevos pozos, el años pasado en Colombia se perforaron únicamente 100.

    Nuestro reto ya lo hemos visualizado en un escenario de producción de crudo en el 2010 que sobrepasa el millón de barriles por año. En este escenario, los aportes fiscales acumulados de Ecopetrol serían del orden de los US$12.300 millones. Los niveles de exportación podrían alcanzar los US$ 3700 millones promedio año, lo que representaría el 27% de las exportaciones totales actuales, niveles estos que permitirían una sano equilibrio externo. Aunque Colombia no es un país petrolero, es un país que tiene petróleo. Nosotros no podemos renunciar a este recurso que para el mundo es estratégico. El petróleo no se puede dejar enterrado. Si lo hacemos no lo entenderían esta generación de colombianos ni las futuras.

    El momento exige decisiones, competitividad y gestión para aprovechar y extender en el tiempo las posibilidades que hoy tenemos.

    El sector de minas y energía es, hoy por hoy, la columna vertebral de la economía colombiana. El petróleo, el carbón y los demás minerales representan mas del 7% del PIB y el sector minero-energético consolidado genera cerca del 20% de los ingresos que financian el presupuesto nacional. La exportación de energéticos como petróleo y carbón representan el 44% de las exportaciones de Colombia, precisamente en una coyuntura en la cual nuestra economía debe volcarse hacia fuera para garantizar nuestra supervivencia. El desarrollo regional es soportado en gran medida por las regalías provenientes de estos dos minerales. Son más de un billon de pesos – un millón de millones- que se destinan a las entidades territoriales para proyectos de desarrollo social. Es difícil imaginarse cual sería nuestra suerte sin los valiosos recursos del sector minero-energético colombiano. Pero mi administración se ha preocupado desde el primer día de este gobierno porque esto no sea una cosa del pasado, o una mera radiografía del presente. Desde el primer mes de mi gestión como Presidente de los colombianos, el Ministerio de Minas y Energía se ha empeñado en que los recursos provenientes del sector sigan siendo una realidad, sigan creciendo, no sólo durante mi cuatrienio, sino para generaciones y generaciones de colombianos.

    Los resultados no se han hecho esperar. Este año es un año récord en la firma de nuevos contratos de asociación por parte de Ecopetrol. Fruto de un radical cambio en la política petrolera, son más de 20 contratos nuevos que ha firmado la Estatal petrolera en lo corrido del año. Podemos decir con orgullo que volvimos a poner a Colombia en el mapa petrolero mundial. Atajamos un decrecimiento de 5% anual en la tasa de exploración petrolera, que nos llevaba derecho a una crisis cambiaria sin precedentes. Pero no sólo se trata de que hayamos vuelto a explorar gracias a los cambios introducidos por mi Gobierno, sino que ya algo encontramos. El mes pasado inauguramos Guando, un pozo que los expertos aseguran puede tener reservas superiores a los 200 millones de barriles. Esta política petrolera, seria y de largo plazo, asegura que los colombianos puedan seguir contando con el petróleo como fuente de ingresos para inversión social durante varios años mas.

    En el sector carbonífero también podemos estar tranquilos de que hemos creado las condiciones para extraer y exportar la riqueza de nuestro subsuelo para beneficio de todos. El llamado “acuerdo de acceso a terceros” en Cerrejón Zona Norte, así como el acuerdo entre Ferrovías y Drummond, firmado por esta administración el año pasado, ya aumentó en más de 30% la exportación de carbón. En los próximos 8 años habremos duplicado las exportaciones de carbón y con ello el empleo y el desarrollo de la región Atlántica colombiana.

    Nuestro compromiso con el futuro del sector no termina allí. Además de consolidar la política en el sector carbonífero y petrolero, mi Gobierno viene trabajando de manera concienzuda para que la extracción y exportación de los demás minerales irriguen desarrollo. Por eso, presentamos al Congreso y ya se aprobó en primer debate, un Código de Minas que agiliza el sector minero y lo adecua a un nuevo siglo, introduciendo importantes medidas de carácter fiscal, que le devuelven competitividad al sector.

    La consolidación de una política de gas en Colombia, que dejaremos completamente articulada antes de terminar mi Gobierno, pretende no sólo generar un nuevo producto de exportación para nuestro país, sino asegurar el suministro de este energético, menos costoso y mas limpio, para los consumidores colombianos.

    Por último, al referirnos al sector minero y energético colombiano, debemos hablar de las privatizaciones. Estas no son sólo fruto de requerimientos de carácter fiscal, obedecen a la convicción de que el Estado debe dedicar sus escasos recursos a la inversión en donde otros no lo puedan hacer por él. La destinación de cuantiosos recursos en la producción de energéticos debe quedar atrás para que el Estado se dedique a generar excedentes que puedan destinarse a lo verdaderamente social. Además, la vinculación de capital privado a ISAGEN y a CARBOCOL, garantizan la expansión de la generación eléctrica en Colombia y la consolidación de las exportaciones de carbón. Esperamos que en el mes de septiembre podremos darle a los colombianos la feliz noticia de que se concluyeron con éxito los procesos de vinculación de capital privado a estas empresas.

    Internet información

    El mundo experimenta hoy un cambio dramático con el advenimiento de la denominada sociedad del conocimiento, que se ha originado en las oportunidades y el potencial ofrecido por las tecnologías de la información. Este cambio supera ampliamente al que sucedió con la revolución industrial del siglo XIX, no sólo por su dimensión, sino por la velocidad con la que se está realizando.

    Representa la gran oportunidad para un país como Colombia, para lograr un salto real en la evolución económica, política, social y cultural, disminuyendo activamente no sólo la brecha existente con los países desarrollados sino las diferencias entre los colombianos.

    El factor crítico para entrar en la nueva sociedad del conocimiento, habilitada por las tecnologías de la información, es la gente y tenemos aquí una fortaleza que no podemos desperdiciar, representada en nuestro capital humano, ávido siempre de lograr una mejor educación, capacitación y nuevas oportunidades de trabajo y desarrollo productivo. El 71 % de nuestra población es menor de 35 años y este segmento constituye el recurso humano ideal para formar en el uso y desarrollo de productos y servicios de tecnologías de la información.

    Por otra parte, es claro que en esta nueva economía hay un vuelco radical en los esquemas de competitividad de los países, al cambiar el modelo de agresividad en la competencia por el de la atractividad, para lograr que los ojos del mundo y la inversión extranjera se orienten hacia un país determinado. También en este aspecto estoy plenamente convencido de la hipótesis de que nuestro capital humano es el recurso más valioso con que contamos y que la gran oportunidad está en volvernos atractivos desarrollando las habilidades adecuadas en nuestros jóvenes para ser jugadores activos en el campo de las tecnologías de la información y las industrias de bienes y servicios que se están generando en el mundo a través de ellas.

    Visualizo un nuevo país haciendo uso activo de estas tecnologías, con iguales oportunidades de educación en niveles óptimos para todos los ciudadanos, sin importar el lugar donde se encuentren, ni su nivel social o su capacidad económica. Será éste además el vehículo para el desarrollo de nuevas industrias y oportunidades al rededor de las tecnologías de la información.

    Para lograrlo hemos diseñado una política de Estado, recopilada en la Agenda de Conectividad, orientada a generar un mayor bienestar a los colombianos y a lograr la inserción del país en la nueva economía, generando nuevas oportunidades de desarrollo, empleo y trabajo.

    Estoy directamente comprometido en este empeño, con su coordinación directa en la Presidencia de la República, pues es mi intención dejar al país como legado de mi gobierno, una nueva sociedad en la que en todos los niveles se haga uso intensivo y adecuado de las tecnologías de información, con un Estado que lidere el cambio como usuario modelo, para ofrecer mejores y más ágiles servicios a los ciudadanos dentro de una gestión transparente, pulcra y eficiente.

    // ]]>

    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia

    11 de agosto del 2000

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2020 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved