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  • CLAUSURA DEL PRIMER CONGRESO MUNDIAL BASC Y PROGRAMAS DE COOPERACIÓN DE ASOCIACIONES EMPRESARIALES

    Hace un poco más de año y medio, en octubre de 1999, con ocasión de la IX Conferencia Internacional Anticorrupción celebrada en Durban (Suráfrica), expresé las siguientes ideas sobre el papel de la empresa privada en la cruzada contra la corrupción.

    “Hemos instado a los empresarios para que asuman su papel no sólo como líderes del crecimiento económico y la generación de empleo, sino también como paradigmas de honestidad y de compromiso con la creación de una racionalidad de lo público”.

    Pues bien: en este marco ideal del Primer Congreso Mundial BASC que hoy culmina en nuestra querida y hermosa Cartagena de Indias, la perla histórica del Caribe colombiano al que me honro en pertenecer, he vuelto a pensar en ese compromiso que entonces pedía a los empresarios y, por fortuna, lo he hecho con optimismo.

    En efecto, los empresarios que hoy se reúnen, miembros y representantes BASC de Estados Unidos, de México, de Costa Rica, de Panamá, de Venezuela, de Perú, de Ecuador y de Colombia, constituyen el mejor ejemplo de ese empresariado responsable, honesto y comprometido al que me refería en la reunión de Durban.

    Como representante del Gobierno colombiano no puedo menos que congratularme por la existencia desde hace ya un lustro de esta Coalición Empresarial Anticontrabando que hoy culmina su Primer Congreso Mundial y que ha puesto todo su empeño en rescatar el comercio legal de la amenaza contaminante de la ilegalidad.

    Ciertamente, el hecho de que empresarios privados con una limpia trayectoria en el comercio mundial hayan decidido reunir sus esfuerzos para colaborar entre sí y con las autoridades aduaneras del continente y del mundo con el fin de protegerse de las organizaciones al margen de la ley y de fomentar sus mercados lícitos es una iniciativa digna del más alto elogio.

    Ustedes han entendido que la ética es el mejor negocio y que sólo obrando bajo el amparo de la ley y de las instituciones podemos garantizar un mercado realmente libre y productivo para nuestras empresas y para nuestras naciones.

    Para un historiador como yo resulta por lo menos apasionante comprobar este esfuerzo colectivo e internacional de la empresa privada por preservar el ámbito de la legalidad. Es un cambio fundamental en la mentalidad de los particulares, que siempre delegaban la función de contener el delito en sus autoridades y que pocas veces se comprometen directamente en la lucha contra las actividades ilícitas.

    Verlos a ustedes aquí reunidos, sinceramente preocupados por la incidencia y los engaños del contrabando de mercancías, del tráfico de narcóticos, del desvío de sustancias químicas utilizadas para su fabricación y, en general, de las violaciones a las leyes aduaneras, es ver al fin a la sociedad civil asumiendo con responsabilidad y conciencia el papel que le corresponde, que no es otro que el de tomar las riendas de las soluciones a los problemas que le atañen.

    Colombia, más que ninguna otra nación en el mundo, ha puesto de presente ante la comunidad internacional que fenómenos como el problema mundial de las drogas o los conflictos armados internos o internacionales no surgen por generación espontánea ni son causados por una sola nación o grupo de naciones.

    En el tema de las drogas ilícitas, por ejemplo, defendemos el principio de la responsabilidad compartida. Estamos diciendo al mundo que el problema no reside únicamente en el país que produce las plantas o la droga, sino también en aquellos que la consumen y que con su demanda alimentan el negocio, en aquellos que venden sin controles los insumos químicos para su producción, en aquellos por donde ésta pasa en su viaje de muerte, en aquellos donde se lavan los cuantiosos dineros que produce su comercio.

    Este es un problema cuyo epicentro está en todas y cada una de nuestros países, que hacen parte, de una u otra forma, de esta cadena de muerte y de dolor.

    El mal está adentro de nuestras sociedades: arraigado en nuestros jóvenes que sucumben a la adicción; patente en los pequeños y grandes traficantes de drogas que circulan por nuestras calles y nuestras fronteras; agazapado en las industrias que venden sin controles rigurosos los insumos químicos para la producción de estos venenos; detrás de los fabricantes y traficantes de las armas que entran ilegalmente a nuestros países; sentado en los lujosos escritorios de los banqueros y empresarios que se prestan al negocio del lavado de activos.

    De ahí la importancia de la actitud decidida de los miembros BASC de impedir a toda costa caer en el juego del blanqueo de dólares o del desvío de insumos químicos para las drogas. Parecen delitos limpios, pero son tan funestos como cualquier otro porque llevan dentro de sí el germen de la destrucción, de la enfermedad y de la miseria.

    Otro tanto podemos decir de conflictos armados internos como el que sufre Colombia. En nuestro caso el conflicto se ha agravado particularmente por la nefasta influencia de los dineros del narcotráfico y por el tráfico ilegal de armas que permea nuestras fronteras.

    La violencia y el narcotráfico no son problemas cualquiera. Son los factores que están poniendo en juego nuestra viabilidad como nación.

    Por su parte, el contrabando se ha convertido en un grave enemigo del comercio y de la economía de nuestros países. Su actividad tiene malas consecuencias en diversos campos: compite deslealmente con el comercio legal al vender a precios más bajos gracias a su ingreso fraudulento; mina, por consiguiente, las ventas de las empresas y se convierte en un generador de desempleo; disminuye los ingresos del Estado, ingresos que serían utilizados en áreas de beneficio social como la salud y la educación, y, no menos grave, fomenta la cultura de la trampa y de la ilegalidad que tanto mal hace a nuestras sociedades.

    En Colombia, el gobierno le declaró la guerra al contrabando y hemos obtenido importantes resultados en este campo. No sólo en cuanto a la aprehensión de mercancías, que en los últimos dos años ascendió a más de 257 mil millones de pesos, o en acciones de control o en denuncias penales. Lo que me parece resaltable es que hemos logrado que la sociedad en general tome conciencia de que cuando compra un producto de contrabando le está quitando el empleo a otros compatriotas que pueden derivar su sustento de la economía legal. Hoy por hoy los colombianos somos mucho más concientes de que comprando contrabando podemos ahorrar unos pesos pero causamos muchos más dolores de cabeza.

    Frente a los problemas que conllevan el tráfico de narcóticos, el tráfico de armas, el tráfico de insumos químicos para la droga y el contrabando, la labor entusiasta de la Coalisión Empresarial Anticontrabando representa la otra cara de la moneda.

    BASC es sinónimo de legalidad, es sinónimo de solidaridad social, es sinónimo de transparencia y de fe en el binomio empresa privada-autoridades.

    Por lo mismo, es especialmente satisfactorio que, como uno de los principales resultados de este Primer Congreso, se esté firmando hoy un Acuerdo Voluntario entre el Sector Empresarial participante en el Programa BASC y los Programas de Asociaciones Empresariales, por una parte, con los Servicios de Aduanas y Organizaciones Internacionales, por la otra.

    Este Acuerdo demuestra más que nada el firme compromiso de seguir avanzando en el propósito de defender y preservar el comercio y la economía legal frente a la amenaza de la ilegalidad.

    No podemos permitir que los delincuentes sigan utilizando el comercio legal para encubrir o facilitar sus siniestros procedimientos. La alianza que hoy se formaliza entre las empresas privadas BASC, las autoridades aduaneras y otras organizaciones internacionales es la piedra angular de una nueva visión de la sociedad civil: una sociedad participante, valiente y decidida a defender la institucionalidad que ampara su mejor funcionamiento.

    Felicito, con todo el entusiasmo, a la Coalisión Empresarial Anticontrabando por este Primer Congreso y por este importante Acuerdo. Sus directivos, sus miembros y sus asociados son el mejor ejemplo de que podemos tomar el destino con nuestras manos y jamás abandonarnos a los designios de quienes sólo prosperan en la ilegalidad.

    ¡La ética, repito, es el mejor negocio! ¡La legalidad es el mejor negocio! Hoy, en Cartagena de Indias, con el mismo coraje de quienes defendieron esta plaza de los ataques de los corsarios, las empresas de Colombia y del continente están diciendo “basta” a los delincuentes.

    Estoy seguro de que esta Coalición resistirá los embates de la ilegalidad con la fortaleza con que entonces lo hicieron las murallas que nos rodean. Tal como ocurrió hace varios siglos, esta vez serán los empresarios quienes les dirán a los piratas, a los lavadores de dinero, a los traficantes de armas, a los productores y comerciantes de insumos químicos para la droga, y a los contrabandistas: ¡No pasarán!

    Mientras estemos nosotros… ¡No pasarán!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    17 de mayo del 2001

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