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  • COLOMBIA BUSCA SOLIDIFICAR SU ESTABILIDAD SOCIAL Y ECONÓMICA

    Sesión inaugural del Banco Interamericano de Desarrollo BID

    Mi visita a Washington tiene lugar en un momento decisivo para Colombia y en un punto crítico para el mundo globalizado. Vengo dispuesto a enfocarme en el potencial, en los problemas y en los propósitos de mi país. Hoy en día no existe una inquietud nacional limitada; la economía nacional y la economía internacional son inseparables. Tanto en los buenos tiempos como en los difíciles, la visión de los creadores del BIDse ha vuelto una realidad. Cada día somos más un solo hemisferio gracias, en no poca parte a su distinguido presidente Enrique Iglesias, uno de los grandes arquitectos del nuevo hemisferio, un hemisferio de mercados abiertos y de libre comercio. La visión de los fundadores del Banco Mundial es una realidad. Somos un solo mundo.

    De manera que aquí me encuentro para analizar dos temas que se encuentran inevitablemente entrelazados: el futuro económico de la Nación de la cual soy Presidente, y la condición económica del mercado mundial del que Colombia forma parte.

    Sin duda alguna, atravesamos por tiempos difíciles. Desde Tokio, Seul y Jakarta, desde Moscú, Sao Paulo y Santiago, las noticias son perturbadoras. Aún aquí en los Estados Unidos, el dínamo de la solidez financiera a nivel mundial, existe un sentido de incertidumbre. En la portada de un número reciente de la revista Newsweek se hacía esta pregunta, ¿El colapso de 19997?  Estamos siendo testigos de la primera crisis financiera del mundo globalizado. Muchas economías que hasta hace poco tiempo parecían fuertes y vibrantes acuden ahora al BID, al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial en busca de ayuda.

    En estas condiciones es común enfocarse solo en los gigantes. Pero no podemos hacerla exclusivamente en las economías más grandes, en buenos  iempos o en malos. Es posible que a escala global, Colombia no signifique una presencia mayor o una fuerza motriz. Sin embargo, recordemos que la nuestra es la tercera economía más grande en Latinoamérica. No somos solo otro dominó. De cualquier forma, entre menos economías se vean seriamente afectadas por el cambio desfavorable de la coyuntura, mejor, y hasta ahora, los mercados colombianos continúan relativamente sólidos. Lo que se requiere aquí es prudencia y previsión.

    Enfrentamos graves desafíos. Y si bien, desde que amanece hasta que anochece, creo firmemente en ello, los colombianos somos responsables por poner nuestra casa en orden, existe una necesidad real de ayuda a corto plazo y de una mayor cooperación.

    Ante todo está la crisis del crédito. A pesar de nuestro enfoque disciplinado frente al nuevo presupuesto nacional, nuestra resistencia a ajustes y presiones a corto plazo, nos enfrentamos ahora a la peor crisis financiera de nuestra historia reciente. Antes de pedir ayuda tomamos medidas severas de autodisciplina. Hemos impuesto políticas de austeridad comenzando con grandes cortes en el gasto público, encaminadas no solo a reducir nuestro déficit sino también a combatir la corrupción. Al mismo tiempo y con el fin de obtener fondos necesarios para el desarrollo y la paz nacionales, mi gobierno ha ampliado el impuesto al valor agregado a artículos que antes estaban exentos.

    Acabo de ser elegido, y supongo que cualquier Presidente quiere ser popular. Sin embargo, esa no puede ser mi primera prioridad. En Colombia, en ese momento crítico, buscar resultados a corto plazo en las encuestas solo nos desviaría de hacer lo que es necesario y correcto. Las encuestas fluctúan de mes a mes, con un amplio margen de error. Tenemos otra norma más fuerte que debemos cumplir -la prueba de la responsabilidad y de la historia. Lo que importa no es el aplauso cuando llegamos al cargo, sino el juicio que queda cuando salimos. Tal como lo manifesté en una reciente entrevista, espero que cuando mi Administración termine en cuatro años, las encuestas sean generosas no porque hayamos optado tomar el camino fácil, sino porque hayamos escogido la difícil y el pueblo comprenda que el sacrificio valió la pena, que al hacer los ajustes donde teníamos que hacerlos, al apretarnos el cinturón, el resultado fue una economía más sana y más sólida que pueda prosperar y progresar al siglo venidero.

    Más allá de restablecer la solidez y la estabilidad de nuestra economía y la solvencia a largo plazo de nuestro gobierno, existe otro aspecto que afectará a los demás y todo nuestro futuro. Obviamente, me refiero a la posibilidad ya la búsqueda de la paz. Más que cualquier otro problema que debamos enfrentar, la paz es una tarea complicada y esencial. El tema de la economía y el tema de la paz dependen el uno del otro. Tanto mis ministros como yo sabemos que una condición vital para un arreglo es estimular el crecimiento económico, que la raíz de la causa de la guerra y del malestar es la pobreza. Esta es otra razón por la que trabajamos 24 horas al día en búsqueda de nuevos caminos que atraigan la inversión extranjera y revitalicen nuestras exportaciones.

    Las regiones en Colombia más afectadas por la violencia de la guerrilla son también áreas rurales donde desde hace bastante tiempo, el gobierno descuidó las necesidades urgentes y toleró un alarmante subdesarrollo. Nosotros debemos romper el CÍrculo vicioso de la privación y del desorden: Es muy difícil llevar un desarrollo útil donde existe conflicto, como también es difícil llevar paz donde no existen esperanzas económicas.

    Con nuestro programa del Fondo para la Paz esperamos comenzar a romper el ciclo. Este programa encarna un compromiso popular fundamental: alcanzar la paz es mucho más que una promesa que hice durante mi campaña; es el reclamo de nuestro pueblo, la necesidad de nuestra Nación y la condición de todo nuestro futuro. Para construir la paz debemos ser comprensivos, tener paciencia y obtener ayuda fuera de Colombia. Pero al mismo tiempo, nosotros debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance. El Fondo para la Paz invita a todos los colombianos, urbanos y rurales, ricos y pobres a que contribuyan. Nuestro propósito es obtener US$800 millones. Le mostraremos al mundo que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros y le demostraremos a los colombianos que ellos pueden hacer la diferencia, que pueden pedir y dar más de sí mismos

    También estamos centrados en programas de cultivos alternativos para las áreas más afectadas por el cultivo de coca. Los agricultores pobres cuyas voces nunca antes se han escuchado en Bogotá asumen que deben hacer cualquier cosa para ganar su miserable sustento. Ahora en Bogotá debemos y le demostraremos a estos agricultores que ellos si nos interesan; que hemos sopesado bastante y durante mucho tiempo su situación; que contamos con alternativas viables y duraderas.

    y cuando me refiero a alternativas no quiero decir cambiar coca por maíz. Este tipo de cosechas, al igual que el trigo y la soya, no representan una respuesta viable. ¿En una economía globalizada de libre comercio, cómo puede competir el agricultor colombiano contra el agricultor estadounidense en cultivos como el trigo? Debemos invitarlos a que consideren cultivos como frutas y aceite de palma, y productos como caucho y madera. Allí, debido a nuestro clima único y tropical, podemos competir con el resto del mundo.

    Los árboles también requieren de atención continua; necesitan estabilidad y compromiso. Al igual que el ganado. Buscando alternativas como estas podemos ayudar a que nuestros agricultores dejen los cultivos de la coca y al mismo tiempo sean abastecedores de productos para los cuales existe una demanda a nivel mundial.

    El Banco Mundial, bajo la dirección de James Wolfenson, recientemente nos prestó ayuda a regiones en dificultades con su Fondo Posconflicto. Lo que vengo a solicitarles hoyes que piensen en términos de un derrotero para la paz que llegue a los países atrapados en medio de la violencia pero que estén determinados a acabarla. En resumen, las instituciones como el Banco Mundial pueden ser más que una fuerza económica; ustedes deben ser otra forma de fuerza de paz.

    En el curso de la campaña y después de ella, convoqué a un Plan Marshall de inversión social. Lo que Winston  Churchill llamó “el acto menos egoísta en la historia” se ha convertido en el punto de referencia de todos nuestros programas de reconstrucción. Todos conocemos el estado en que Europa quedó al término de la Segunda Guerra Mundial: ruina total y muy pocos recursos. Desde Londres hasta Moscú, el continente quedó postrado. El General Marshall comprendió la amenaza inherente de pasar por alto esta situación.

    Entendía que solos en la faz de la tierra, los Estados Unidos tenían la capacidad y la responsabilidad, la responsabilidad moral, económica y política, para actuar de una manera decisiva. El resto, como dicen, es historia, la historia que sus organizaciones han sostenido en el movimiento hacia la  globalización y cada vez más, hacia nuevas estructuras que puedan concebir y alcanzar la estabilidad a nivel mundial.

    El pasado mes de abril hace 50 años, el General Marshall visitó a Bogotá como jefe de la delegación estadounidense a la Conferencia Panamericana. Para ese entonces, casi un “superrnán”, la presencia del “Organizador de la Victoria” se debió principalmente a advertir a los líderes latinoamericanos acerca de los peligros del comunismo; buscábamos por un pedazo por pequeño que fuera, de la torta del Plan Marshall. No sucedió pero la Conferencia hizo historia, buena y mala. Marcó el nacimiento de las Organización de los Estados Americanos, la realidad y no solo el ideal de la unidad hemisférica. El segundo evento que tuvo lugar durante la conferencia fue uno muy difícil y uno que ha lacerado a mi Nación desde entonces. Me refiero al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el jefe del Partido Liberal que parecía destinado a convertirse en Presidente. La reacción que siguió al asesinato sigue siendo conocida por los colombianos como el Bogotazo, olas de intensos motines que estremecieron la ciudad. Este asesinato es nuestro día infame, el día que cimentó las divisiones sociales que hoy nos abruman. En medio del caos, el peor en la historia de Colombia, el General Marshall abandonó la seguridad de la casa donde estaba hospedado y junto con su intérprete, Vernon Walters, anduvo por las peligrosas calles repartiendo consejos y conteniendo la crisis. Sin embargo, lo sucedido ya estaba fuera de control, aún de la de aquel personaje.

    Hoy en día nos encontramos en el umbral de una nueva era. En este momento en Colombia existe una oportunidad real, no solo de contener la crisis sino de resolverla. Ello requiere de liderazgo real, y en ocasiones, de un riesgo muy real. He tomado las acciones iniciales para confrontar una crisis fiscal enraizada desde muchos años en abandono político y social. He llegado hasta los líderes de la guerrilla y he viajado casi solo al centro de la selva con el fin de probar su disposición para hacer la paz. Y lo que es más importante, he pedido a mis compatriotas que hagan todo lo posible por ayudar, de soportar estos tiempos difíciles de la economía y de rebosar nuestro Fondo para la Paz.

    Estamos poniendo en su lugar las piedras angulares de una Colombia renovada. Así es que apelo al liderazgo del BID y del Banco Mundial para solicitar sus reflexiones sobre lo que ya estamos haciendo, las grandes tareas que estamos acometiendo y las propuestas que hemos puesto sobre la mesa. Necesitamos que ustedes se unan a nuestra causa. Hemos escogido un camino diferente que el anterior. Y con su ayuda, el resultado podrá ser diferente, no solo para nosotros sino para el futuro del hemisferio.


    Lugar y fecha

    Washington, Estados Unidos
    29 de octubre de 1998

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