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  • ¡COLOMBIA¡ COMPROMISO DEL EJÉRCITO NACIONAL

    Hoy es un día solemne para Colombia. Porque hoy varios de sus mejores hijos recibirán con orgullo y sobriedad el premio merecido a sus esfuerzos y a su abnegada entrega al servicio de los más caros ideales de la Patria.

    Hoy vengo a este querido campo de paradas, en mi calidad de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Colombia, para compartir con los hombres y mujeres de nuestro ejército este momento memorable de sus carreras militares.

    Hoy me dirijo a ustedes, como Presidente de la nación, para manifestarles, con la representación popular de que he sido investido, que sus compatriotas, los colombianos de bien, los que trabajan, los que estudian, los que construyen, los que sueñan un país justo y en paz, todos ellos están agradecidos y orgullosos del ejército que los acompaña y defiende.

    Nuestras voces y nuestros corazones repiten hoy con emoción el lema que ha hecho famoso el Ejército Nacional: ¡Nuestro compromiso es Colombia!

    Y es que ese es nuestro compromiso. Un compromiso alto y soberano que no puede amilanarse frente a las dificultades y los obstáculos. Un compromiso con las tradiciones que nos legaron los mayores y con el porvenir que queremos dejar a nuestros niños. Un compromiso con nuestro suelo, con nuestras familias, con nuestra cultura y con nuestra nacionalidad. Un compromiso –hoy más que nunca- con la paz y la convivencia.

    El Ejército colombiano está también comprometido con la Constitución Nacional, que le manda defender la soberanía, la independencia y la integridad del territorio nacional, así como el mismo orden constitucional.

    Hace una semana, en la Escuela Superior de Guerra, tuve oportunidad de referirme a las operaciones exitosas que han adelantado las Fuerzas Militares, obrando en completa armonía y coordinación, y con el apoyo de la Policía Nacional.

    Actuaciones efectivas como la de Puerto Inírida o la Operación Independencia en el Meta y Caquetá, entre muchas otras, confirman el resultado palpable de un proceso de modernización, tecnificación y profesionalización del Ejército que ha surtido excelentes resultados, para tranquilidad y bienestar de todos los colombianos.

    Hoy el Ejército cuenta con una inteligencia especializada, de alto rendimiento, que apoya con información precisa y oportuna a las tropas operativas. También se ha avanzado en movilidad y capacidad de reacción con la Estrategia de Despliegue Rápido de las Brigadas Móviles Antiguerrilla. Y se ha ganado en contundencia, con la Estrategia de Comando que unifica y conjuga el accionar de todas las fuerzas.

    ¡Con este ejército tenemos el mayor respaldo para defender a la población de la acción de los violentos, y también la mejor garantía para consolidar la paz que todos deseamos!

    Para mi gobierno la paz es el más serio de los temas y sé que ustedes me acompañan en esta convicción. Hace poco más de dos años, diez millones de colombianos votamos entusiasmados por el Mandato Ciudadano por la Paz, que ordenaba la búsqueda de una solución negociada al conflicto armado. Veinticinco meses después, puedo afirmar con satisfacción que estoy dando cabal cumplimiento a ese mandato expreso del pueblo colombiano.

    Hoy negociamos porque entendemos que la paz no es una opción, sino un imperativo, y que sólo con medios pacíficos y civilizados se construye un futuro pacífico y civilizado.

    El Estado colombiano, sin renunciar a su integridad territorial y a sus instituciones democráticas, sin renunciar al ejercicio de la autoridad ni al imperio de la ley y el orden sobre todo el territorio nacional, tiene que fortalecerse ante el desafío de la paz y demostrar que su vocación inequívoca es el progreso, la libertad y la justicia social.

    En ese camino vamos avanzando. Mañana se realizará desde San Vicente del Caguán una teleconferencia que explicará los mecanismos de las audiencias públicas, con las cuales se busca que todos los colombianos, los gremios, las comunidades, las ONG, tengan oportunidad de participar abiertamente y de aportar sus luces al desarrollo de la agenda temática que se está discutiendo con las FARC.

    Al tiempo, hemos venido adelantando los contactos con el ELN, con miras a preparar el camino de una Convención Nacional que nos permita también encontrarnos en un entorno de amplia participación y de diálogo.

    Por la paz no hay esfuerzo pequeño, porque la meta es demasiado importante. Como dijera San Agustín: “La paz es tal bien que no se puede desear otro mejor, ni poseer otro más útil”.

    Ojalá que las fuerzas al margen de la ley entiendan este clamor del pueblo colombiano: Ojalá que respeten por fin el Derecho Internacional Humanitario, que sólo busca proteger a la población civil y humanizar la de por sí inhumana guerra. ¡Ojalá que escuchen las voces de millones de compatriotas que queremos hacer el tránsito al año 2.000 en un entorno de paz y no de violencia!

    Señor General Jorge Enrique Mora Rangel:

    Hoy la Fuerza que usted dirige lo condecora en homenaje a sus 35 años de servicio. Desde cuando usted inició sus estudios en esta misma Escuela hasta este momento ha transcurrido media vida, que hoy recrea ante sus ojos, viendo a estos jóvenes nuevos oficiales que empiezan una carrera que usted ha seguido hasta la cumbre.

    No puedo dejar de traer la memoria una anécdota que nos recuerda el amor a la Patria de este gran General. Hace cerca de tres años cuando en compañía del General Adrada volaban a 10.000 pies de altura, la aeronave en que viajaban se vino a pique. En ese instante, el General Mora miró firmemente al General Adrada y le dijo: “Ha sido un gusto trabajar con usted y servir a mi patria”. ¡Por fortuna de todos no ocurrió una catástrofe!

    Si el Ejército Nacional es hoy una Fuerza moderna, técnica, valiente y efectiva lo debe en gran parte a su impecable dirección y a su compromiso sincero con el país. Oficiales como usted enaltecen el uniforme y son firme respaldo de las instituciones democráticas.

    Señores Mayores Generales y Brigadieres Generales ascendidos:

    Así como el General Mora, ustedes han cumplido con éxito el camino de trabajo y abnegación que lleva hasta los más altos grados del Ejército Nacional. En ustedes recae ahora el honor más grande y también las más exigentes responsabilidades. La Patria que los formó espera confiada los frutos de su obra, reflejados en su acertado liderazgo y en su noble actuación.

    Los nuevos oficiales miran hoy hacia ustedes como el ejemplo de vida y profesionalismo que quieren seguir. Por ello, tienen que ser dignos de emulación: buenos y sabios con sus hombres, valientes y humanitarios con los adversarios, justos y transparentes con el país.

    ¡El nuevo sol que hoy reposa sobre sus hombros debe servir también para iluminar la senda de la paz de Colombia!

    Señores Generales y Expresidentes de la República Gabriel París Gordillo y Deogracias Fonseca Espinosa, y señores Generales Manuel Agudelo Gómez, César Augusto Cuéllar Velandia y Julio Londoño Paredes:

    Hoy se cumple un acto de justicia con cinco de los oficiales más eximios y representativos de la historia del Ejército. Hasta la cima de su buen retiro llegan hoy las voces y aplausos emocionados de sus compañeros de armas que quieren hoy elevarlos a las dignidades que les corresponden por derecho.

    Con gran alegría imponemos hoy el tercer sol a los generales París y Fonseca, quienes cuentan con el agradecimiento imperecedero de la nación, porque ellos supieron, como miembros de la llamada Junta Militar, devolver a Colombia con responsabilidad y sin traumatismos al cauce de la democracia, que hoy nos preciamos de representar y continuar.

    Asimismo, ascendemos al grado de brigadieres generales a los hasta hoy coroneles Agudelo, Cuéllar y Londoño, quienes sirvieron a la nación con desinterés y patriotismo.

    El General Manuel Agudelo y el General César Augusto Cuéllar cumplieron todos los hitos de la vida militar hasta culminar sus carreras como Ministro de Comunicaciones y como Gobernador del Tolima, respectivamente. En cuanto al General Julio Londoño, quien hoy cumple una diligente labor como embajador en La Habana, recordamos todos su valioso aporte al crucial tema de las fronteras nacionales y su destacado desempeño como Canciller de la República.

    ¡El tiempo no hace mella en la memoria cuando las obras son perdurables!

    Señores Subtenientes de la Promoción “Brigadier General Rafael Morales Gómez”:

    Hemos hablado hoy de altos oficiales, que con sus vidas honraron el uniforme del Ejército Nacional, entregándose al servicio y la defensa de sus compatriotas. Ahí tienen el ejemplo y la brújula para su orientación.

    En sus ojos vivaces y en sus rostros alegres y decididos descubro los mejores valores de la nacionalidad. Harán honor a la memoria del General Morales Gómez, quien los recibió en esta Escuela con la firme decisión de hacer de ustedes seres humanos íntegros y profesionales de bien. Por eso desde el cielo debe estar muy orgulloso al contemplar la graduación de la última promoción que pudo conocer. La presencia hoy de su señora esposa, doña Marta Ossa de Morales, hace aún más emotivo este justo homenaje.

    ¡Nuestro compromiso es Colombia! Señores nuevos oficiales: Con el pabellón nacional que les he entregado, los hago partícipes de este compromiso. Sean buenos, sean justos, sean estudiosos, sean honestos y sean leales con Dios y con la Patria. ¡Mayores designios no puedo desearles!

    Mi felicitación muy calurosa a todos ustedes, de quienes el país espera lo mejor. Al subteniente William Bernal Carrasco, acreedor a la medalla Francisco José de Caldas, quiero saludarlo muy especialmente y augurarle los mayores éxitos en su carrera militar, para bien de Colombia.

    Yo quiero terminar estas palabras que las siento de corazón, porque así siento mi orgullo y mi admiración por el Ejército Nacional, haciendo mías las emocionadas frases que dirigió el General Francisco de Paula Santander a la Guarnición de la Plaza de Bogotá en 1.832:

    “Os mando como Magistrado de la Nación, os encargo como vuestro General y os ruego como vuestro camarada, que continuéis siendo lo que habéis sido, soldados de la Patria; obedeciendo a vuestros superiores, prestando vuestros servicios en la conservación de las instituciones (…) y del honor nacional y manteniendo la disciplina, que os ha hecho acreedores a la estimación pública.

    “¡Viva la libertad (…)! ¡Viva la Constitución! ¡Viva el ejército nacional!”

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    3 de diciembre de 1999

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