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  • COLOMBIA FORTALECE ALIANZA ESTRATÉGICA CON ESPAÑA

    Visita oficial del jefe del gobierno español José María Aznar

    Este es un gran día para Colombia y para este Gobierno que presido, porque en usted excelentísimo señor Presidente de España y en su dignísima esposa se configura un símbolo propicio para nuestras relaciones internacionales próximas a responder a los desafíos del nuevo milenio. Símbolo porque es vieja sabiduría Cervantina que lo que tiene buen comienzo merece tener buen final. En efecto -amigos todos- la visita del Presidente Aznar es la primera de un jefe de Gobierno bajo mi mandato y no puedo dejar de celebrar que a la amistad de nuestras naciones corresponda la amistad personal de sus gobernantes.

    Un probado pensamiento diplomático afirma que las naciones como las personas se relacionan por valores, por solidaridad y por intereses y bien se dice que la amistad ideal se cumple cuando esos tres elementos están presentes en cada momento. Este encuentro es demostración fehaciente de esa verdad.

    “Mirar a las naciones de Iberoamérica como socios de igual a igual, con los que comparte valores, proyectos e intereses” es absolutamente necesario; “La comunidad iberoamericana de naciones, esa vieja aspiración que felizmente ya es una realidad, tiene un gran futuro”. “Pienso que por la importancia de sus relaciones con Europa, por el espectacular crecimiento de sus mercados y por el desarrollo democrático en el continente, los países de Iberoamérica merecen una atención prioritaria en la política exterior comunitaria y a España le corresponde ser su principal valedor”

    Este párrafo es suyo, señor Presidente, y hace parte de unos apuntes de ocasión extractado s de su libro: “España, la segunda transición” que me acompañó en buenas horas de viaje y me entregó el privilegio de construir pensamientos de cara a los pensamientos. De un amigo.

    NUESTROS VALORES COMUNES

    En efecto son nuestros valores aquello que más nos une. En esas raíces de indigenismo, de hispanidad, de huella africana que conforman a ese gran mestizo que se levanta a este lado del Atlántico, predominan esos valores que se comunicaron en el “Encuentro de Dos Mundos” y que hoy han sido consagrados como el cauce moral del ascenso del ser humano y están contenidos en la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

    Qué bueno es percibir que “Humanidad” es hoy día un cercano sinónimo de “Hispanidad”. Compartimos, señor Presidente, el amor a la verdad, o diciéndolo de una manera más clara la concepción de que la verdad debe convertirse en el lugar común de la política; sin verdad política no es posible construir ideales democráticos; sin ideales democráticos no es dable reclamar lealtades ciudadanas ni obtener triunfos ciertos sobre la corrupción.

    Quien observa su arte de gobernar descubre de inmediato estos pilares de la nueva política; quiero decirle que nosotros profesamos idénticos valores a cuya integridad hemos tenido que hacer múltiples sacrificios y serán muchos más los que hemos de aportar.

    Colombia atraviesa un momento decisivo; es el momento de la gran bifurcación, o elegimos el abismo o nos dedicamos a colocar los cimientos de la supervivencia Mi compromiso es con la paz. Pero esa paz requiere pan, productividad y progreso; esa paz demanda poner en evidencia el esplendor de la verdad; esa paz exige solidaridad y tolerancia; esa paz reclama sacrificios personales, comunitarios en múltiples órdenes; esa paz reclama disponibilidad e iniciativa, aquellas que nos permitan ver que se da, que se aporta, que se tributa con alegría y no se está a la espera de tener que entregar con tristeza. Esa paz necesita del apoyo decidido de una comunidad internacional; un apoyo que se manifieste en el desarrollo de la capacidad de comprender lo que sucede y las razones que motivan esos sucesos; un respaldo que se exprese en consejo para avizorar nuevos caminos, experiencias e iniciativas; una expresión de confianza solidaria que permita invertir para mejorar la vida de otros al tiempo que se logran resultados; una contribución que permita sustituir los costos de la guerra para poder solventar los que ocasiona la paz.

    Nunca han sido la guerra y la paz indiferentes al mundo, pero desde 1998 eliminar la una y lograr la otra son tarea que a todos pertenece: En efecto, lograr la paz, superar el tráfico de drogas, preservar nuestras economías para construir justicia social comprometen a la Comunidad de Naciones.

    Pero la paz no es un valor estático; ella demanda corregir el curso de la democracia. Karl Popper afirmaba que la única obligación de los demócratas era la de mejorar constantemente la democracia; por ello nos hemos hecho a la tarea de profundizar la democracia con una adecuada reforma política, con un plan de desarrollo vinculado al destino de los ciudadanos; una plataforma productiva que satisfaga aquella verdad de que el bienestar de los individuos y la prosperidad de la Nación demandan recursos; una reforma fiscal – y permítame recordar aquí a Don José María Aznar Inspector de Hacienda- una reforma fiscal caracterizada por la justicia, la suficiencia y la coherencia que conduzca a tener recursos para profundizar la inversión social al tiempo que se disminuye el gasto público para corresponder al esfuerzo del ciudadano con el esfuerzo del Estado.

    La paz no es estática; no es tanto solo dejar de matar sino darle posibilidades ciertas a la vida.

    NUESTRAS SOLIDARIDADES

    Nadie puede negar que es un error el creer en la globalización, en la aldea global, en un solo sistema económico, si previamente no nos empeñamos en “globalizar la solidaridad”.

    Leyendo al Maestro Germán Arciniegas se comprende el valor decisivo de la presencia de este continente para Europa. Para que Copérnico pudiera comprobar su sistema era necesaria América: “Con América empieza el mundo moderno y el progreso de la ciencia; por América -nuestra América-, Europa alcanza su nueva dimensión, sale de las tinieblas”.

    Esta idea es cierta: la presencia del otro es la posibilidad de la historia; la’necesidad de los otros es el campo de los compromisos personales y de las naciones. Una nueva época para la solidaridad se inaugura ahora bajo el distintivo de la solidaridad para la paz que debe traducirse en la profundización de las relaciones culturales en especial en aquellos que se expresan en la formación científica, en la capacitación tecnológica y en la recreación espiritual a través del arte.

    De igual manera ha de expresarse esa solidaridad en términos de creación de riqueza y de empleo mediante la inversión que permita gozar del bienestar de la ganancia justa teniendo la evidencia de haber producido desarrollo social y empleo.

    Y, además, señor Presidente, solidaridad para acompañar nuestra voz en los organismos internacionales, para vincular a un destino común esta palabra que siendo igual en su origen reafirma esa unidad enriqueciéndola de diferencias

    Hay quienes dicen que todavía en estas tierras “las gentes de bien” deben escribir con sus vidas y testimonios los capítulos que faltaron a “nuestro señor Don Quijote”; al menos yo aspiro contribuir en aquel del “Buen Gobierno”.

    NUESTROS INTERESES 

    Debo agradecer que también en este campo venga creciendo esa cercanía entre nuestros países. Es España en efecto el primer inversionista directo Europeo. Estamos viajando de una inversión en 1992 de US$84 millones a US$360 millones en 1996 y ella se ha ubicado en los sectores financiero, eléctrico, de telecomunicaciones, del ambiente, del gas, de la construcción, de la generación de plantas industriales.

    Y me gusta decirlo y reconocerlo porque a menudo se habla del mundo económico como de un mundo carente de espíritu, sin expresión alguna que lo comunique con los demás; quien invierte dice que tiene confianza, que cree en la seriedad y en la responsabilidad del manejo económico, que cree en las instituciones, que justiprecia las fuerzas del trabajo y la calidad de nuestros trabajadores.

    Permítame saludar esta noche a través suyo -señor Presidente- a los empresarios Españoles porque en términos de nuestra realidad son también artífices de nuestra paz al ser protagonistas de nuestro desarrollo. Es preciso reconocer que la conjunción del empresario Hispano y del Colombiano ha creado un positivo aumento de nuestra oferta exportable, ha contribuido a impulsar diversificación y nos ha permitido ingresar, aprovechando la experiencia Española, en los urgentes procesos de reconversión que prepararán a Colombia al ingreso en’ una economía orientada hacia la globalización, honrando con eficiencia la firma del “Tratado general de Cooperación y Amistad entre el Reino de España y la República de Colombia” suscrito en 1992 con motivo de la conmemoración del V Centenario del “Encuentro de Dos Mundos”.

    Profundizar la cooperación es una consecuencia lógica de valores, solidaridades e intereses comunes y ello debe cumplirse en todos los campos, en especial en aquellos vinculados a los créditos FAD y OCDE que desarrollan opciones en los ámbitos de la salud, la energía y las telecomunicaciones.

    Permítame, señor Presidente, en esta descripción de nuestros intereses agradecer el apoyo cultural, científico y técnico; resaltar la cooperación de las  ONG españolas y sobre todo la participación en proyectos de desarrollo de las comunidades autónomas y de las entidades locales. El “Encuentro de Cineastas”, el “Seminario sobre el Libro, la Edición y la Propiedad Intelectual Colombia-España”, las inolvidables visitas de Gaya y de Miró que sacuden la fibra cultural de los colombianos son testimonios ciertos de nuestra buena compañía.

    Valores, solidaridad e intereses nos han unido en el ayer, nos unen en el hoy y nos mantendrán unidos en el porvenir.

    Excelentísimo señor Presidente del Gobierno Español, dignísima

    Señora de Aznar:

    Es preciso mirar con optimismo el futuro; el éxito de esta primera visita de un jefe de Gobierno en nuestro ámbito, los promisorios resultados del “Encuentro Empresarial”, la verdad de unas culturas que salen al encuentro en la expresión y la mirada del arte son razones para agradecer su presencia en la tierra colombiana.

    Es por ello que al imponerle a usted oficialmente el “Gran Collar de la Orden de San Carlos” máxima distinción que ofrece el Gobierno de Colombia a los jefes de Gobierno, le agradezco a nombre de todos los ciudadanos sus compromisos con nuestro destino y con nuestro provenir; y quiero unir a este honor un sentido homenaje de admiración a Doña Ana Botella de Aznar que ha hecho de la sensibilidad y del compromiso social una especial forma e inteligencia que ha beneficiado a muchos de nuestros ciudadanos.

    En unión con Nohra, con cada uno de los colombianos, los invito a levantar la copa y brindar por el Rey Don Juan Carlos y agradecer de antemano un porvenir promisorio en nuestras relaciones.

    Un día de 1982 al recibir el Premio Nobel de Literatura dijo Gabriel García Márquez al terminar su discurso:

    “… este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad”…

    Permítame asimismo, señor Presidente, brindar por esta visita que reduce evidentemente esa soledad y nos conduce a hablar del maravilloso tamaño de “esta presencia”.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    14 de septiembre de 1998

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