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  • COLOMBIA INSISTE EN AUMENTAR INTERCAMBIO COMERCIAL CON EE.UU.

    National Press Club Address

    Gracias por su invitación -y por su generosa bienvenida-.

    Para mí, venir al Club Nacional de Prensa tiene un significado especial – y no solamente porque fui periodista-o En mi país, como en el suyo, tenemos el orgullo de contar con una prensa libre. En Colombia, con mucha frecuencia el precio de esta libertad ha sido alto, y los periodistas han pagado por ello. Muchos valientes reporteros que han rehusado comprometer su integridad se convirtieron en víctimas de la violencia y de las organizaciones criminales. Pienso en hombres y mujeres como Sylvia Duzán, una brillante reportera de investigación; Guillermo Cano, el editor de El Espectador; y Diana Turbay, periodista e hija de un Presidente que fue asesinada por el Cartel de Medellín.

    Sé que esto es inusitado, pero quisiera empezar hoy solicitando a los periodistas aquí presentes que se unan a mí en unos minutos de silencio en tributo a su memoria.

    Espero y creo que esta visita oficial marque el inicio de una nueva era en las relaciones entre su Nación y la nuestra, la cual, en el proceso normal de los acontecimientos, no sólo ha elegido una nueva Administración, sino que, en una reunión récord, votó por una nueva generación de liderazgo y cambio.

    He venido aquí para reunirme con el Presidente Clinton y con los funcionarios de su gobierno. Pero también vengo, y regresaré nuevamente, para reunirme con todos los líderes comunitarios y de negocios, miembros del Congreso, y con el mayor número de personas que pueda de este país, y con los miembros de la prensa. Necesitamos más que solo negociaciones entre nuestros gobiernos. Deseo que ustedes, como periodistas y ciudadanos vean a Colombia de una manera más clara, que vean todos nuestros problemas y todo nuestro empeño y compromiso, -y no sólo nos vean con los lentes de la crisis y de los estereotipos pasados-.

    Tenemos mucho en común, y compartimos una distinción determinante de la que podemos estar orgullosos. En nuestros dos países fue donde nació la libertad hemisférica. Colombia tiene la tradición democrática más fuerte y antigua de toda América del Sur -casi tan antigua como la de ustedes-o Existen lazos irrompibles de historia y de esperanza entre los Estados Unidos de George Washington y de Thomas Jefferson – y la Colombia donde, en 1819, Simón Bolívar fue el primer Presidente de una Nación libre e independiente de América Latina. Estos lazos fueron renovados por Franklin Roosevelt, John Kennedy, Ronald Reagan y George Bush -quienes viajaron a Colombia motivados por la causa de la buena vecindad, la Alianza para el Progreso y una cruzada común contra las drogas y para un nuevo orden mundial-. Estoy comprometido en la construcción de una nueva esperanza en instauración de esta larga historia. Pero tan sólo deseándolo o diciéndolo no es posible hacerlo. Las condiciones están maduras; el momento correcto, pero la nueva era de la cual hablo depende de una comprensión más amplia y una confianza más profunda entre nuestras naciones.

    Seré franco con ustedes sobre las condiciones en mi país y el nuevo curso que hemos escogido. Ningún pueblo ha pagado en una forma más terrible por la maldición del tráfico de drogas. Y ninguna Nación está más comprometida en terminar con esta maldición y con la violencia que ella acarrea. En asociación con los Estados Unidos, intensificaremos y expandiremos la cruzada contra las drogas. Pero también sabemos que la relación con los Estados Unidos es más compleja, potencialmente mucho más positiva y llena de oportunidades -tanto en la mutua búsqueda de la paz como en las ventajas mutuas de un mayor comercio e inversión-.

    En mis conversaciones con el presidente Clinton, hemos hecho considerables progresos en todas las áreas.  Pero como lo dije antes, deseamos hablar con el pueblo americano también. Con este espíritu, permítanme revisar con ustedes cada una de nuestras principales prioridades, porque yo creo que los Estados Unidos tienen un papel importante en todas ellas.

    La primera prioridad es la paz. Hemos enfrentado el conflicto de la guerrilla desde 1950. Pero la forma como tratamos el problema ya no es solo competencia del gobierno o de los militares. Toda nuestra sociedad civil ha entrado en el proceso y le ha impartido energía. En octubre pasado, un referendo nacional reveló una votación récord de diez millones de votos a favor del proceso de paz. Luego en junio, el récord fue superado cuando doce millones de colombianos fueron a las urnas electorales para escoger su nuevo Presidente.

    Hice campaña por la paz -y tan solo unas semanas después de la votación, viajé casi totalmente solo al centro de la selva colombiana para reunirme con los jefes de la guerrilla. Ellos rehusaron públicamente negociar con el gobierno anterior. Sin embargo, ahora aceptaron negociar con nosotros. Ellos saben -y ustedes deben saberlo- que nuestra política es tanto generosa como obstinada.

    No daremos tregua, ni aceptaremos la paz a ningún precio ni tampoco aceptaremos ninguna división de facto o balcanización del país. No fui elegido Jefe de Estado de Colombia para presidir su disolución. Las guerrillas me informaron que están preparadas, como parte de un acuerdo de paz, para unirse a nuestros esfuerzos para erradicar el cultivo de la hoja de coca y proporcionar actividades alternativas a los agricultores. Mantendré este compromiso, pero la comunidad mundial debe unirse a nosotros en este esfuerzo, proporcionándonos sus recursos, su asistencia técnica y sus mercados abiertos.

    Fortaleceremos nuestro Ejército – por lo tanto no hay bases para que duden de nuestra resolución -y una base segura para hacer cumplir cualquier acuerdo. Los helicópteros que por más de US$160 millones nos entregará los Estados Unidos, serán una importante adición a nuestro poder -el poder de alcanzar y preservar la paz- y el poder de luchar y finalmente derrotar a la droga. Pero insistiré en que ese Ejército debe operar con un total respeto por los derechos humanos. Cualquier violación a los derechos humanos es una violación a la democracia.

    No podemos y no toleraremos una condición permanente de Fuerzas Armadas fuera del control gubernamental; una fuerza armada debe ser prerrogativa del gobierno. Aquí también necesitamos la ayuda de los Estados Unidos. Muy frecuentemente, las guerrillas y los paramilitares que aterrorizan a los civiles y brutalizan los derechos humanos, y los capos de la droga y los carteles, consiguen sus arsenales de armas sencillamente comprándolas en la Florida e ingresándolos en forma de contrabando a Colombia. Ellos no consiguen esas armas con algún gobierno, sino con los traficantes de armas en almacenes donde sólo les preguntan: ¿cuánto pueden pagar? Debemos terminar con este libre comercio de armas de fuego letales.

    Sabemos que los temas del proceso de paz son difíciles -que cualquier acuerdo debe ser ganado con dificultad y mantenido con dificultad. Pero así como Colombia ha cambiado, el mundo también ha cambiado- y todo lo que hemos atestiguado en el exterior nos fortalece y alienta en nuestro país. Hemos visto llegar la paz a América Central, y luego extraordinarios progresos en los largos conflictos en el Oriente Medio y en Irlanda –un proceso en el cual su Nación y sus Presidentes han desempeñado un papel indispensable e histórico-o En Colombia, estamos apenas iniciando negociaciones; mi gobierno y nuestra iniciativa tienen menos de tres meses. Necesitamos el apoyo mundial y la paciencia mundial para realizar el largo y difícil trabajo de la paz. Porque el estar librando una guerra interminable es en realidad el mayor peligro para la unidad del país y para la seguridad de la región.

    La paz nos pide algo más, algo que también es esencial para luchar contra las drogas. La nueva oportunidad de paz depende de las nuevas oportunidades económicas.

    Por mucho tiempo, los gobiernos en Bogotá ignoraron las necesidades de las provincias rurales del sur. Estamos cambiando ese criterio. Ya estamos dirigiendo una mayor asistencia a las áreas más afectadas por la insurgencia de la guerrilla -asistencia que será incrementada con una nueva garantía de las Naciones Unidas y con recursos de los Estados Unidos para programas de sustitución de cultivos-.

    El pueblo de Colombia también se está asociando a un Fondo de Inversiones para la Paz. El Fondo totalizará US$3.500 millones -con negocios y con personas; con los ricos y los pobres por igual, dando una contribución- cada colombiano aportando, por lo menos 1.000 de pesos. El dinero será invertido en desarrollo económico en áreas destrozadas por la guerra -y será devuelto con intereses a las personas que lo colocaron en el Fondo en primer lugar-o Ningún límite de tiempo ha sido establecido todavía; los ciudadanos aportarán lo que puedan o lo que quieran, dando así su parte, aunque pequeña, en la gran empresa de construir la paz.

    Debemos reconocer y responder a una realidad fundamental. La causa básica de la presente crisis de Colombia no es la violencia – ni siquiera las drogas. Es la pobreza que abastece el reclutamiento de la guerrilla y el comercio de la droga. La solución clave es un ataque extremo y frontal a esa pobreza, no sólo sustituyendo los cultivos, sino trayendo inversiones al país, con multinacionales que instalen más plantas y fábricas. Debemos traer el mundo a Colombia y llevar a Colombia al mundo. Debemos modernizar y globalizar nuestra propia economía.

    Al final, naturalmente, todos los temas están entrelazados; todos los desafíos están correlacionados. El capital privado no será invertido en una zona de guerra. Los agricultores podrán ganar su vida sin tener que confiar en un cultivo mortal. En resumen, nuestra primera prioridad de paz depende de nuestra segunda y tercera prioridades – luchar contra la droga y hacer crecer la economía. Cada propósito es igualmente importante; todos dependen el uno del otro; ellos deben ser perseguidos simultáneamente. Utilizando nuestros recursos, su asistencia y la de otros países, necesitamos nuestro propio Plan Marshall de inversión social y económica. Un hemisferio libre de la droga debe ser finalmente, un hemisferio sin pobreza.

    Así, atento a las conexiones inevitables, discutiré detalladamente el tema de la droga y luego el de la economía.

    Sobre la cuestión y contaminación de las drogas, durante tanto tiempo el centro de nuestras relaciones con los Estados Unidos, mi propio compromiso es claro y firme. Para mí, la lucha contra las drogas no es tan sólo un tema de política; es una parte de toda la estructura de mi vida.

    Como dije al principio, empecé mi vida como periodista. Debo admitir que en mi actual posición, no siempre me gusta todo lo que leo. Pero considero el trabajo de ustedes como el más importante que el de cualquier presidencia para la preservación de una sociedad libre y de un mundo libre. Como un joven reportero, escribí, produje y dirigí un programa nocturno de noticias, así como un amplio documental de televisión, que seguía las huellas de la cocaína desde haciendas remotas en los valles andinos hasta las calles de sus ciudades. Poco después, cuando me postularon para Alcalde, fui secuestrado por el cartel de Medellín. Después de mi rescate, como Alcalde, lancé un programa masivo de educación contra la droga en Bogotá y me reuní con el Alcalde Ed Koch para formar una Coalición Internacional de Alcaldes Contra las Drogas.

    En la campaña presidencial de 1994, mi posición con relación a las drogas me mereció la resuelta oposición de los carteles de la droga. Esto volvió a ocurrir en 1998.

    Como muchos Colombianos, muchísimos que no sobrevivieron, yo estuve en las líneas del frente de esta lucha. Estoy decidido a vencerla –y estoy seguro que sé cuales procedimientos darán resultados y cuales fallarán-. Esto no puede hacerse únicamente con programas antidrogas, sino poniendo en marcha un avance real y mensurable en la creación de alternativas económicas. El único procedimiento viable es traer nuevamente a los agricultores privados de sus derechos, de regreso a la economía legal, ofreciéndoles nuevos productos y mercados – desde el aceite de palma hasta la ganadería. Y esto requerirá mayores y mejores análisis e investigación económica y mayores esfuerzos de desarrollo. También demandará tiempo. Estamos comprometidos en este esfuerzo diplomático por la paz, en asociación con las Naciones Unidas, los Estados Unidos y otras naciones. Hago un llamado a todas las democracias para que se unan a Colombia en esta cruzada.

    No obstante, no existe un sustituto para fuertes medidas anticriminales. A la primera señal de un laboratorio de procesamiento de cocaína, mi gobierno enviará la policía a quemarlo totalmente. Colombia y los Estados Unidos, deben imponer nuevos y mejores controles a los precursores químicos utilizados en este procesamiento, los cuales son exportados a nuestro país desde aquí y desde Europa Oriental.

    Nos hemos también empeñado en trabajar estrechamente con la Guardia Costera de los Estados Unidos y otras agencias, para interceptar embarques de drogas; laArmada Colombiana ya demostró este empeño, con un aumento dramático de capturas en el mar y este compromiso será intensificado.

    Estamos listos para identificar, atrapar y arrestar nuevos y futuros criminales de la droga, y buscaremos ayuda de la inteligencia de Estados Unidos para hacerla.

    uestra Policía acional es la única, la más importante y exitosa agencia de lucha contra el narcotráfico en el mundo. Nuestro Ejército está en las fronteras luchando, y miles de jóvenes colombianos murieron o resultaron heridos en la guerra contra las drogas. Ellos necesitan las herramientas para realizar su trabajo y poder defenderse, porque realmente, están protegiendo a los niños del mundo.

    También estamos decididos a luchar contra la corrupción y el lavado de dinero que florecen conjuntamente con el comercio de cocaína. Hoy en día, los carteles lavan el dinero de sus ganancias comprando y contrabandeando, usualmente desde las islas del Caribe, grandes cantidades de cigarrillos, licores y electrodomésticos y vendiéndolos luego al por mayor sin pagar impuesto alguno de consumo.

    Los carteles no sacan provecho de las transacciones; no lo necesitan. Necesitan, simplemente, limpiar el dinero de la droga en esta forma, haciendo casi imposible su rastreo. Nuestro gobierno pierde ingresos, y otro costo adicional es el daño causado a la salud pública. El problema es tan sencillo como un paquete de cigarrillos vendido en la calle en Cali las advertencias de peligros a la salud están en Inglés. Para luchar contra este dinero el lavado requiere un esfuerzo conjunto por parte de nuestro gobierno y por  las compañías que fabrican los productos pues deberían saber también que muchas personas en una pequeña isla del Caribe no pueden consumir esas cantidades de cigarrillos o de alcohol.

    Por nuestra parte, haremos todo lo posible para implementar y hacer cumplir los cambios más importantes que prometí en la campaña, medidas enérgicas, consistentes e incansables contra la corrupción y el cáncer del dinero de la droga que envenena nuestra sociedad, soborna funcionarios y destruye la confianza en las reglas legales. La corrupción de cualquier tipo será enjuiciada hasta la máxima consecuencia de la ley – y nadie, nadie estará por encima de la ley.

    Esto se aplica a aquellos que trafican con los carteles de la droga, así como los que violan los derechos humanos. Estamos reformando el Ejército para combatir estas violaciones contra los derechos humanos.

    Estamos expandiendo y reforzando el poder judicial, porque cada caso debe ser escuchado y ningún caso debe ser desechado porque no tenemos suficientes jueces para juzgarlo.

    Esperé intencionalmente hasta este punto para tratar la cuestión del consumo de drogas, porque la demanda puede ser una razón, pero no una excusa, para suministrarla en ninguna parte. Esta es la primera Administración de Estados Unidos, en muchos años, que enfatiza en la reducción de la demanda. Pero es indudable que debemos hacer mucho más en ambas  naciones para reducir el uso de la droga. Realizaremos enérgicamente nuevos programas educativos sobre las drogas en nuestras escuelas. Debemos hacer esto con los jóvenes en ambos países, desde los primeros años de estudios. Porque sabemos que los países productores de drogas se convertirán finalmente en países consumidores de droga, y todos nuestros niños estarán dentro de ese riesgo.

    Ninguna medida es suficiente; debemos hacer todo esto y más. Y todo esto es parte de un empeño con el cual estoy comprometido de corazón, pensamiento, cabeza y alma. En este viaje, el presidente Clinton y yo firmamos una nueva Alianza Contra Estupefacientes que ordena pasos específicos en cada área de esta lucha. Celebramos esta alianza con una total determinación. Y también sabemos que en tanto que el trabajo empieza con nosotros, debe también llegar más allá del hemisferio y de los océanos e involucrar a Europa, Asia, África y las Naciones Unidas.

    En los meses y años venideros, debemos trabajar conjuntamente y jamás renunciar, disculpar o indisponernos los unos contra los otros en lugar de luchar contra la droga.

    La tercera prioridad indispensable relacionada con las drogas, con la paz, con nuestra prosperidad y con la de ustedes, es el progreso económico. Tenemos, como ya lo mencioné, nuestras necesidades especiales, un Plan Marshall que va desde la sustitución de cultivos hasta la inversión de multinacionales.

    La actual inestabilidad internacional hace que el proyecto sea difícil y más urgente. Acogeremos, buscaremos, negociaremos y apoyaremos nuevas estructuras para la estabilidad global. Nuestro compromiso aquí es tan claro como nuestro récord histórico: Colombia es la única Nación en Latinoamérica que nunca falló en el pago de un préstamo o en el pago de una deuda a nadie. Somos una Nación que ha demostrado un real crecimiento económico a través de las últimas décadas.  No hemos buscado o atraído el “dinero caliente” los tipos de fondos de inversión que huyen con la primera señal de problemas.

    Apoyaremos los nuevos esfuerzos para estabilizar la economía global. Al mismo tiempo, debemos tratar y trataremos con aspectos específicos de Estados Unidos, las relaciones económicas colombianas. Estamos avanzando en un Tratado de Inversión Bilateral, para que las compañías puedan invertir con mayor confianza en Colombia. Solicitamos y continuaremos presionando a nuestro Congreso para enmendar elArtículo 58 de la Constitución Colombiana, el cual otorga al gobierno el derecho de expropiar la propiedad extranjera sin indemnización. También estamos solicitando y trabajando por otra enmienda constitucional para proteger la propiedad intelectual extranjera.

    Seguiremos fomentando los avances hacia una Área de Libre Comercio para la Américas, porque creemos que será indispensable para que el hemisferio logre el nivel de integración que requiere la economía globalizada de nuestra época. Y Colombia, como actual presidente de la Comunidad Andina de Naciones, hará lo necesario para prorrogar los privilegios del ATPA más allá del año 2001. La justificación de esta prórroga es evidente, ya que si los mecanismos del ALCA no nacerán sino en el año 2005, nosotros como hemisferio no podemos darnos el lujo de permitir que entre esas dos fechas se anulen los cambios hacia la integración tanto bilateral como regional. La Comunidad Andina de naciones ha demostrado que es una organización económica muy exitosa las exportaciones dentro de la región en este año han sido más altas que nunca, alcanzando unos US$ 7 billones. Solamente en los últimos siete años el total de dichas exportaciones ha aumentado en más del 500%. Igualmente, la inversión extranjera – especialmente desde los Estados Unidos- sigue alcanzando aumentos impresionantes. Por ejemplo, el total de las inversiones directas fue de US$l billón en 1990, mientras que en 1997 alcanzó a casi US$10 billones, un aumento del más del 800%.

    Pero los cambios en nuestras relaciones económicas deben ser verdaderamente bilaterales. Colombia se clasifica en el cuarto lugar y está creciendo como un mercado para exportaciones de Estados Unidos a América Latina. Estamos manteniendo un persistente déficit comercial con ustedes, el cual aspiramos rectificar. Nuestro propósito no es el proteccionismo, sino lo opuesto, ninguna nueva barrera comercial de nuestra parte, sino un acceso justo y abierto al mercado de Estados Unidos.

    Finalmente, para reforzar nuestra propia economía y hacerla más atractiva para los inversionistas, estamos tomando medidas decisivas para terminar con nuestro déficit fiscal. Aumentaremos la eficiencia del recaudo de impuestos y estamos recortando los gastos inútiles, especialmente los gastos ostentosos y derrochadores de los empleadores gubernamentales, concedidos como favores políticos.

    Como ustedes saben, por su propio y largo esfuerzo en el control del déficit de los Estados Unidos, la tarea no siempre es popular ni fácil. Pero existe un apoyo notable para el cambio en Colombia, para un gobierno honesto y responsable que construye el verdadero progreso paso a paso, en lugar de ofrecer promesas vacías y momentáneas.

    El pueblo colombiano ha votado por el cambio; nos sacrificaremos por el cambio; alcanzaremos el cambio.

    Pero es un cambio fundamentado en valores y aspiraciones perdurables, sobre elevados ideales y profundos anhelos que con mucha frecuencia parecían perdidos en el desierto de los años recientes. Pienso en las palabras de mi antecesor, Alberto Lleras Camargo, uno de los fundadores de la Alianza para el Progreso, en su visita oficial aquí como Presidente de Colombia hace 37 años. En ese momento dijo: “Espero que a medida que entendamos mejor nuestros problemas recíprocos, por virtud de nuestra fe en nuestro sistema democrático y en el poder creativo de la libertad …. deberemos  continuar formando en esta parte del mundo un mejor hábitat para el hombre”.

    En 1998, debemos anhelar también esa esperanza. He intentado describirlo aquí hoy. He luchado por el cambio en mi propio país. Ya es el momento para una nueva era en las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos y una nueva era de paz, de progreso y del imperio de la ley. Y vine aquí a Washington para decir: Comencemos.


    Fecha

    30 de octubre de 1998

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