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  • COLOMBIA UN SOLO EQUIPO, UNA SOLA CAMISETA

    Cuando entregué el pabellón nacional a los nueve alpinistas colombianos que salían a conquistar el Everest, cargados de sueños y expectativas, les cité una frase de Franklin Delano Roosevelt que siempre me ha gustado: “En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentando nada”.

    Hoy podemos decir, con orgullo, que cuatro de estos colombianos han puesto, gracias a su tesón y su esfuerzo, la bandera de nuestro país sobre la cima más alta del mundo. ¡Ellos lo intentaron y, gracias a ello, lo lograron!

    Los colombianos somos alma, somos corazón, somos coraje y ganas de vivir, y, así como nuestros alpinistas, también podemos asumir los más altos desafíos para bien de nuestra Colombia, la patria de nuestros padres y de nuestro futuro.

    Por eso estoy aquí, en este acto simbólico en el que se presenta la nueva camiseta de la Selección Colombia de fútbol: porque creo en Colombia y en su gente, porque creo en el deporte colombiano y en su vocación de triunfo, porque creo en nuestras posibilidades y, sobre todo, porque estoy seguro de que unos pocos criminales cobardes no pueden acabar con la ilusión de todo un pueblo que sólo quiere vivir y trabajar en paz y con alegría.

    Las bombas y petardos que han estallado este mes en algunas ciudades de Colombia pueden causar destrozos y muertes, que lamentamos desde el fondo del corazón, pero no pueden acabar con el gran espíritu de los colombianos. Por otra parte, no existe indicio alguno de que estén dirigidas a torpedear la próxima realización de la Copa América de Fútbol en nuestro suelo.

    Ante las dificultades tenemos que unirnos todos por el país, querer más al país y colaborar con las autoridades. ¡No podemos escondernos llenos de miedo, porque ese sería el máximo triunfo de los terroristas!

    Desde mucho antes de ser Presidente he venido trabajando para que nuestro país, amante del fútbol, del deporte y la alegría, fuera escogido como sede del certamen de fútbol más importante del continente y el segundo más importante del planeta: la Copa América.

    Ahora que hemos obtenido el privilegio de ser los anfitriones de este evento, concedido por la Confederación Sudamericana de Fútbol y sus países miembros, ¡vamos a realizarlo entre todos y vamos a convertirlo en la Copa de la Paz!

    ¡Vamos a decirle al mundo y a nuestros hermanos de América que Colombia no es sólo las noticias de sangre y atentados que les presentan los noticieros! ¡Vamos a demostrarles que somos un pueblo pujante y progresista de 40 millones de seres humanos que creen en la vida y que se niegan a dejarse vencer por el miedo!

    En este evento especial del fútbol colombiano, cuando se presenta la camiseta que lucirán nuestros mejores deportistas en las canchas del mundo y se realiza el Primer Acuerdo Nacional de No Violencia en los Estadios, quiero reafirmar ante ustedes una verdad de la que estoy convencido: ¡Colombia puede todo lo que se propone si los colombianos obramos unidos!

    ¡Los colombianos, sin ninguna duda, somos más grandes que nuestros problemas!

    Hoy las alcaldías de las ciudades que serán sede de la Copa América y las barras del país están realizando, como un ejemplo de convivencia ante el mundo entero, un convenio de paz para que los estadios nunca sean lugares de odio sino, todo lo contrario, espacios de sano esparcimiento y alegría. ¡Todas las barras se vestirán de amarillo y no habrá diferencias entre ellas, para que el mundo sepa que Colombia está unida y de frente contra la violencia!

    Desde ya nos estamos preparando para recibir con los brazos abiertos, con los pañuelos blancos ondeando al aire en los estadios colmados y con una taza de café aromático y cordial, a todos nuestros amigos del continente y de los países invitados.

    Y lo haremos con entusiasmo y con fe, con la alegría de sabernos una patria llena de gente excepcional, plena de arte y de cultura, con los mejores recursos naturales del mundo y con talento y hospitalidad como pocos pueblos tienen.

    ¡Vamos a cambiar las bombas por goles! ¡Vamos a cambiar los gritos de angustia por aplausos fervorosos desde las graderías! ¡Vamos a cambiar el temblor de nuestras manos por manos unidas en un aplauso al deporte y a la vida!

    ¡Para que el mundo conozca la verdadera Colombia!

    ¡No nos neguemos esta oportunidad! No seamos nosotros mismos los principales profetas del desastre ni los que más mal hablamos de nuestro querido país.

    ¡La tarea es de todos! Muy especialmente de los medios de comunicación, cuyos micrófonos y periódicos deberían ser los primeros en estar haciendo fuerza positiva por nuestro país y en contra del derrotismo y el miedo.

    ¡La tarea es de todos! De los dirigentes, de los gremios, del sector turístico, de los deportistas, de todos y cada uno de nosotros. ¡Vamos a demostrarle al mundo que Colombia puede organizar y disfrutar con la primera Copa América de Fútbol del siglo XXI!

    ¡Depende de nosotros! Ahora que lanzamos la nueva camiseta de la Selección Colombia se los digo con el corazón: ¡Pongámonos la camiseta de Colombia! ¡Arropemos nuestro miedo con los colores de nuestra esperanza!

    ¡Vamos a hacer la Copa América! ¡Vamos a conquistar las más altas cumbres al igual que nuestros escaladores! ¡Vamos a meterle entre todos un gol definitivo a la violencia!

    ¡La Copa América será, si todos ayudamos, la Copa de la Paz!

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    30 de mayo del 2001

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