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  • COLOMBIA UNIDA FRENTE A LA TRAGEDIA

    Alocución televisada del presidente Andrés Pastrana Arango, tras el terremoto en la zona cafetera.

    Santafé́ de Bogotá́, 26 de enero de 1999.

    Colombianos:

    Hoy más que nunca Colombia demuestra su grandeza para enfrentar la adversidad. La naturaleza ha causado una herida grande a nuestra zona cafetera pero la solidaridad y la fortaleza de nuestro pueblo la están sanando.

    Ante todo, junto con Nohra y mis hijos, quiero expresarles mis condolencia s a los familiares de quienes perdieron la vida y mi solidaridad a todos los sobrevivientes.

    Tenía programado un importante viaje a Europa con el fin de conseguir los recursos necesarios para nuestro desarrollo, y para exponer nuestra política económica y de paz. La conferencia del Banco Mundial, mi encuentro con las organizaciones promotoras del Derecho Internacional Humanitario, el Foro Económico Mundial, y la audiencia con el Santo Padre son eventos vitales de nuestra Diplomacia para la Paz.

    He delegado en el Vicepresidente y en el Ministro de Hacienda mi representación en algunas reuniones de esta gira convencido de que llevarán con orgullo la vocería de Colombia.

    Los resultados no se han hecho esperar; tan solo hace unas horas terminó en Munich la reunión con el Banco Mundial. El Ministro de Hacienda me ha informado que esa entidad nos ha otorgado un crédito blando para atender la tragedia. Así mismo, el Banco Interamericano de Desarrollo, nos ha confirmado la entrega de recursos del Fondo de Operaciones especiales hasta por 10 millones de dólares. A estos recursos se sumarán 90 millones más que estamos solicitando a esta entidad.

    Es mi obligación liderar todas las acciones en la solución a la tragedia de la zona cafetera.

    Entre la tarde de ayer y la mañana de hoy, tuve la oportunidad de visitar las ciudades de Armenia y Pereira así como los municipios de Obando, Caicedonia, La Tebaida y Calarcá. Quise estar allí para comprobar personalmente las necesidades más urgentes de nues- tros compatriotas afectados y tomar las decisiones correctas.

    Tengo dolor de colombiano: la pérdida de vidas humanas y los daños materiales de esta tragedia son descomunales. He visto a mu- chas personas angustiadas por no saber el paradero de sus seres queridos, y por el desconcierto generado por la pérdida de sus hogares.

    Pude constatar en las zonas más golpeadas por el terremoto la devastación de barrios y el daño en los colegios, hospitales y centros administrativos. Tuve la oportunidad de hablar con sus habitantes y con el personal que está atendiendo la emergencia.

    Me encontré con una mujer soldado que con lágrimas en los ojos me contó cómo su familia había perdido su casa y gran parte de sus bienes, pero ella estaba allí, incansable, removiendo escombros y ayudando a otros.

    Recorriendo las calles de la Tebaida encontré un hombre que sentado sobre las ruinas de su casa me contaba cómo habían muerto allí su esposa y uno de sus hijos. Así como ellos, son muchos los com- patriotas que hoy están sumidos en la tristeza que causan la muerte y la tragedia. Pero ellos no están solos.

    Asistí a la zona del desastre acompañado de algunos de los Ministros y de un equipo de funcionarios que trabaja en las soluciones para su reconstrucción. A partir de este momento ésta es una de nuestras tareas primordiales.

    Quiero expresarles a todos los damnificados mi voz de aliento en este difícil momento, y en nombre del Gobierno Nacional manifestarles el firme compromiso de utilizar todos los medios posibles para atender esta tragedia.

    Quiero contarles las medidas que ya hemos tomado:

    En primer lugar se dispuso, en coordinación con los alcaldes y gobernadores de la zona, un Plan de Acción Específico con el cual quedaron instalados los comités locales y regionales de emergencia.

    He expedido un decreto en el cual se declara la situación de desastre para toda la zona, con lo cual se agiliza la contratación, los traslados presupuestales, la apropiación de recursos, y se dispone de todos los instrumentos adecuados para atender ágilmente a los damnificados.

    Desde el comienzo de esta situación se activaron todas las accio- nes de las entidades operativas como la Defensa Civil, la Cruz Roja, los Bomberos, las Fuerzas Militares y la Policía.

    Invito también a los habitantes de las ciudades afectadas, a que colaboren con su civismo a facilitar las acciones de rescate.

    En segundo lugar, se puso en marcha un Plan de Acción para atender las situaciones más urgentes bajo la coordinación de la Oficina para la Prevención y Atención de Desastres de la Presidencia de la República, con el apoyo de la Red de Solidaridad, los Ministerios del Interior, de Salud, de Transporte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y otras entidades del Estado.

    La evacuación y atención de heridos, la búsqueda y rescate de personas atrapadas entre los escombros, la identificación de las víctimas y el control de epidemias son la prioridad inicial de las autoridades.

    Para acoger y brindar atención a las familias que perdieron su techo, hemos habilitado escuelas, centros de salud y algunas instalaciones deportivas y públicas como albergues temporales. Hemos dispuesto el envío inmediato de alimentos, medicina y agua potable.

    El Ejército y la Policía Nacional han establecido un plan especial para garantizar la seguridad en la zona.

    Las telecomunicaciones están siendo restablecidas y desde ya están operando sistemas de emergencia en varias poblaciones. El sector de las telecomunicaciones se ha movilizado para permitir que los afectados puedan contactar a sus familias.

    La tercera acción de nuestro Plan de Emergencia es pensar en el futu- ro. Reconstruiremos la infraestructura de servicios públicos y vivienda. He encargado a un grupo de funcionarios del gobierno encabezados por la Viceministra de Vivienda y Desarrollo Urbano para que se encargue de la elaboración y la ejecución rápida de un plan de vivienda para quienes todo lo perdieron.

    La reconstrucción será posible si contamos con el apoyo y el trabajo de los habitantes de las zonas afectadas. Esta es una responsabilidad conjunta, y sólo con el concurso de todos lograremos la meta que nos hemos propuesto.

    Los nuevos proyectos se construirán sobre los mismos terrenos o áreas que no impliquen futuros riesgos. Hemos convocado a las Cajas de Compensación para que se vinculen a la ejecución de proyectos y programas de vivienda.

    Para que las familias reconstruyan sus hogares ofreceremos alter- nativas económicas por medio de subsidios en la financiación. Hemos asignado más de 20.000 millones de pesos, para atender es- tas acciones inmediatas.

    También vamos a adelantar un plan general para generar empleo para las personas de las zonas afectadas.

    Como presidente de los colombianos invito al sector privado y a la ciudadanía en general para que nos acompañe en esta tarea de ayuda y reconstrucción.

    Desde el día de ayer, Nohra ha estado trabajando incansablemente en la consecución de los recursos adecuados y en la canalización eficiente de donaciones de entidades privadas, nacionales y de la comunidad internacional. Para garantizar la transparencia de este proceso hemos solicitado la auditoría de compañías privadas que darán cuen- ta del uso de estos recursos.

    Quiero agradecer la generosidad de los países amigos que oportuna- mente nos han ofrecido su apoyo: en el transcurso del día de hoy recibí las llamadas solidarias de numerosos Jefes de Estado y con- versé por teléfono con los presidentes BillClinton, José María Aznar, Ernesto Zedillo, Alvaro Arzú, Carlos Menem y el presidente electo de Venezuela Hugo Chávez.

    La ayuda internacional para la emergencia ya ha empezado a llegar. A 118 expertos mexicanos en remoción de escombros y atención de desastres se suman 62 provenientes de los Estados Unidos, 45 del Japón y 35 de Francia.

    Hemos recibido el aporte de 2 millones de dólares del Gobierno italiano y 1 millón de Euros de la Unión Europea.

    No vamos a olvidar a los niños. 150 expertos de la UNICEF los ayudarán a superar las secuelas sociológicas de esta tragedia.

    Para la reconstrucción de las zonas afectadas, necesitamos muchos recursos y estamos seguros de contar con los aportes de la comunidad internacional los cuales se sumarán al esfuerzo del gobierno nacional y de todos los colombianos.

    Tiene un especial valor para todos nosotros el mensaje de amor, coraje y solidaridad que el día de ayer nos envió Su Santidad el Papa Juan Pablo II desde México.

    Esta situación nos ha puesto a prueba en muchos sentidos.

    Hoyes cuando tenemos que demostrar que a pesar de las adversidades somos un pueblo emprendedor en donde nuestro empuje tiene más profundidad que la desolación, en donde el temple se convierte en la primera piedra de la reconstrucción.

    Este es el momento en que todos los colombianos vamos a retribuir a quienes por años y con sus propias manos, han recogido los granos de café que nos han generado, progreso y trabajo.

    Siento orgullo de ver la solidaridad que llega de todos los rincones de la patria. Siento orgullo de ver esa Colombia unida, que quiere cambiar y que quiere construir la paz.

    Hoy más que nunca invoco al buen Dios de los colombianos: para que alivie el dolor de tantos compatriotas y para que nos dé valor para salir adelante.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    26 de enero de 1999

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