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  • COLOMBIA Y ECUADOR: NACIONES HERMANAS QUE CON SU COOPERACIÓN Y APOYO FORJAN UN FUTURO MEJOR PARA LOS PUEBLOS ANDINOS

    HONORES MILITARES DE BIENVENIDA AL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR, DOCTOR GUSTAVO NOBOA BEJARANO

    Hoy sentimos la enorme satisfacción de tener entre nosotros al representante de una nación vecina y hermana con la que compartimos una historia común, unas tradiciones seculares y la visión de una Latinoamérica progresista y democrática.

    Señor Presidente Gustavo Noboa, señora María Isabel Baquerizo de Noboa e ilustres miembros de la comitiva ecuatoriana: Sean bienvenidos a esta patria fraterna que los recibe con los brazos abiertos y con el espíritu alegre y conmovido, en medio de la familiaridad y el afecto con que se reúnen dos hermanos que viven en casas vecinas y que a menudo se encuentran para tratar de sus problemas y de sus anhelos comunes.

    Ecuador y Colombia hemos formado durante mucho tiempo un solo cuerpo, desde cuando la Real Audiencia de Quito hacía parte del Virreinato de la Nueva Granada hasta cuando fuimos una sola nación bajo la tutela protectora de Bolívar y el nombre glorioso de la Gran Colombia.

    Y hemos tenido siempre, como buenos andinos, un espíritu aferrado a las cumbres de la cultura y el intelecto, inmerso en las hondas reflexiones del saber. En los tiempos de la colonia y de la independencia no sólo nos unía una misma entidad política, sino también un amor a los libros y a las ideas, como pocos pueblos en el mundo.

    Eugenio de Santa Cruz y Espejo, en Ecuador, y Antonio Nariño, en Colombia, tuvieron y sufrieron vidas paralelas y pagaron con su libertad el precio por expandir entre los suyos las justas ideas de los revolucionarios franceses plasmadas en los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

    Aquí no más, detrás de nosotros, se encuentra el primer Observatorio Astronómico Nacional, donde el sabio Francisco José de Caldas adelantó sus elevados estudios sobre los astros y la naturaleza. Él le escribió alguna vez a Alejandro de Humboldt, las siguientes palabras, después de un viaje por la Provincia de Quito, que lo asombró con su cultura:

    “Yo no acabo de admirar cómo ha podido venir tanto libro a esta ciudad: apenas hay particular que no los tenga, y libros que no los pude ver en Santa Fe los he hallado aquí”.

    Y es que hemos crecido juntos, en saber, en democracia y en progreso, y estamos siempre listos, Ecuador y Colombia, para apoyarnos y darnos la mano, y para forjar con nuestra cooperación y nuestra amistad un futuro mejor para los pueblos andinos y para América Latina.

    No son momentos fáciles, señor Presidente Noboa, los que ha tenido usted que afrontar desde cuando asumió el primer cargo de su país para preservar las instituciones democráticas y consolidar las reformas económicas que reclama su pueblo.

    Y tampoco han sido tiempos de rosas los que vivimos en Colombia, donde hemos enfrentado y superado la peor recesión de las últimas siete décadas y donde estoy liderando, con convicción y firmeza, un proceso de paz que busca poner fin a un absurdo conflicto armado que nos desangra desde hace muchos años.

    Pero es en las dificultades cuando se reconoce a los amigos, y por eso está usted hoy acá, señor Presidente, para dejar testimonio expreso de las magníficas relaciones que sostienen nuestras naciones y para que tratemos, con la cordialidad y respeto de siempre, sobre los múltiples temas que nos vinculan, comerciales, políticos y de integración.

    Ecuador, la tierra privilegiada que marca la latitud cero del planeta, es alma y carne de Colombia. Somos arte, somos cultura, somos la expresión unísona de dos pueblos con un mismo corazón.

    Aquí, en nuestro Ipiales, vivió por varios años Juan Montalvo, el más insigne prosista ecuatoriano del siglo XIX. Aquí sentimos cercano ese clásico de la denuncia y de la novela indigenista, que es el “Huasipungo” de Jorge Icaza. Aquí se cantan a coro las inolvidables canciones de Julio Jaramillo y se disfruta de la romántica voz de Patricia González. Aquí sentimos nuestras las victorias deportivas del joven Nicolás Lapenti, que acompaña a nuestra Fabiola Zuluaga en los puestos de excelencia del tenis internacional. Aquí admiramos, señor Presidente, como en todo el mundo, la obra pictórica del Maestro Oswaldo Guayasamín, cuyas figuras escuálidas, angulosas y de grandes ojos doloridos hacen justo contrapeso en la plástica contemporánea a las rotundas y voluminosas creaciones de nuestro Fernando Botero.

    Esta es la Colombia hermana, señor Presidente Noboa, que hoy los estrecha en un abrazo solidario, andino y bolivariano y que desea lo mejor al pueblo ecuatoriano.

    ¡Sean bienvenidos a ésta, su casa!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    23 de agosto del 2000

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