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  • COMIENZA NUEVA ERA ENTRE LAS RELACIONES DE COLOMBIA Y LOS ESTADOS UNIDOS

    Discurso del presidente Andrés Pastrana Arango, a su arribo a la Casa Blanca.

    Washington, 28 de octubre de 1998.

    Debo expresar mis más sinceros agradecimientos por una calurosa bien- venida y por su invitación para visitar esta gran Nación, cuna de la libertad de las Américas.

    Durante los preparativos de esta visita me acordé, señor Presidente, de cuando estaba sentado en mi casa en Bogotá, observando la ceremonia de su primera toma de posesión, transmitida a un mundo lleno de expectativas. y recuerdo sus elocuentes palabras en esa ocasión: “Hemos escuchado las trompetas. Hemos cambiado la guardia … y debemos responder al llamado”.

    Ahora le toca el turno a Colombia para cambiar de guardia. Yo vengo a inaugurar una nueva era en las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos, una alianza para el libre comercio, una alianza contra el narcotráfico, una alianza de esperanzas y propósitos nobles en las puertas del siglo XXI. Buscamos en todos los puntos de la agenda lazos nuevos y más estrechos entre nuestras naciones. Digo “nuevos”, porque me llegan a la memoria otros tiempos, cuando permanecíamos lado a lado. Cuando los Estados Unidos fueron atacados a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, Colombia fue el primero de los países latinoamericanos en romper sus relaciones con los poderes del Eje. Colombia fue el único país en América Latina que envió sus tropas para salir al lado de los suyos en Corea. En aquel conflicto lucharon mil jóvenes colombianos y allí cayeron dos tercios de ellos. En nuestros días y en nuestra generación, hemos salido juntos en la lucha contra en narcotráfico, y en este conflicto nuestras bajas han sido mayores. En el cruce de fuego han caído nuestros jueces y políticos, periodistas y policías, y naturalmente la gente inocente – Colombia ha perdido miles de sus hijos en esta guerra, un martirio tan grande como el de Vietnam-o Nunca olvidaremos el valor y la integridad de estos héroes; y nunca debemos desfallecer en la cruzada para la cual ellos sacrificaron sus vidas.

    Hoy el pueblo colombiano está marchando para la paz. En nuestras elecciones presidenciales, se presentó una votación sin precedentes en nuestra historia, cuando doce millones de ciudadanos consignaron sus aspiraciones para el cambio pacífico. Hemos observado, fortaleciendo de este modo nuestra voluntad, la llegada de la paz en Irlanda, y los avances hacia la paz en el Medio Oriente, procesos en los cuales usted, señor Presidente, ha desempeñado un papel primordial.

    Quiero invocar las palabras geniales de nuestro escritor más famoso, Gabriel García Márquez, en la ceremonia de los Premios Nobel cuando lanzó un llamado de “solidaridad con nuestros sueños” y para “actos con- cretos de apoyo legitimado”.

    Así es que hoy estamos gestionando la realización de nuestro sueño de la paz -para acabar con el miedo y la muerte violenta, y para inaugurar una nueva era de justicia social y económica.  Asumimos este reto con el corazón abierto y con la mente clara y realista. Hemos iniciado un proceso de paz, no con el fin de renunciar a parte de nuestro territorio, ni a nuestra soberanía -ni mucho menos ofrecernos como un asilo para los narcotraficantes- sino para enfrentar las causas del conflicto y recuperar el Estado de Derecho y las expectativas de desarrollo en todas las regiones de Colombia. De esto, no puede quedar duda alguna: miles de mis compatriotas, hombres y mujeres, han entregado sus vidas en la lucha contra el narcotráfico. El único acuerdo de paz aceptable para mí y para el pueblo colombiano sería aquel que fortaleciera nuestra capacidad de erradicar la producción de cocaína en Colombia. Buscamos negociar, y buscamos so- lidificar nuestras fuerzas armadas. Necesitamos un ejército que mantenga nuestra paz, un ejercito que defienda nuestra democracia, un ejército que

    respete los derechos humanos y la primacía de la ley.

    Así mismo, estamos gestionando la realización del sueño de justicia económica -con la construcción de una economía moderna, con educación para nuestros hijos y con empleo para nuestros trabajadores-o Buscamos esto no aisladamente, sino como parte de una economía globalizada, con nuevos marcos de estabilidad, comercio más abierto e inversión más libre. En este aspecto también, señor Presidente, usted ha sido un vocero firme para el futuro, para una comunidad económica a nivel hemisférico. Los colombianos estamos listos para seguir adelante, con ustedes, en el con- texto regional y hemisférico.

    Debemos actuar ahora y en conjunto, con el fin de realizar ese sueño común de una sociedad libre de drogas en un hemisferio libre de drogas. Debemos seguir con la erradicación y con la interdicción, y lo haremos. Y debemos ir más allá: debemos diseñar programas de sustitución de cultivos y de desarrollo económico, porque sin estos elementos, la peste retornará, no importa cuántas veces la erradiquemos. Estamos listos para fir- mar una nueva alianza en la lucha antinarcóticos, una alianza para un hemisferio libre de drogas -para evitar que la erradicación en uno de nuestros países simplemente desplace los cultivos por otros- y con el fin de garantizar que la demanda de las drogas no siga fomentando un tráfico ilícito, peligroso, incesante y mortal como amenaza a demasiadas familias en ambas sociedades.

    Finalmente, en nuestra gestión de todas estas causas nobles, entramos hoy en una nueva era de las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos. No siempre estaremos de acuerdo: de hecho, es posible que dos naciones soberanas tengan sus diferencias. Pero en la agenda nuclear podemos y debemos ser solidarios. Buscamos el apoyo de ustedes y le damos la bien- venida, al tiempo que les ofrecemos a ustedes el apoyo de Colombia.

    Señor Presidente, usted goza de la admiración de Colombia y de todo nuestro hemisferio. Tengo muchas esperanzas de nuestras conversaciones, y espero forjar los vínculos más fuertes posibles entre Colombia y Estados Unidos. El mundo necesita de su liderazgo, lo necesita la causa de la paz y lo necesitamos todos en la construcción de nuevas estructuras en la economía globalizada.

    Si, contemplo nuestras conversaciones con muchas esperanzas, sin subes- timar los retos que Colombia tenga. Pero los colombianos somos una gran Nación, conscientes y orgullosos de una historia noble, una democracia resistente, con casi dos siglos de trayectoria, probada y templada por adversidades y anhelando ahora una nueva era para nuestra Patria, y para las relaciones entre dos grandes naciones.

    Hoy, en esta capital, entrego el compromiso de Colombia para la causa común de la libertad: un país de libre mercados, un país libre de carencias, un país libre de drogas, un país libre de la violencia; y la consumación de los derechos humanos fundamentales.

    Señor presidente, muchas gracias: que Dios bendiga nuestras labores y nuestros pueblos.


    Lugar y fecha

    Washington, Estados Unidos
    28 de octubre de 1998

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