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  • CON POLÍTICAS SERIAS Y SOSTENIDAS ESTAMOS LOGRANDO QUE EL CAMPO COLOMBIANO DE MEJORES FRUTOS

    No me cansaré de repetirlo: el campo es uno de los sectores más fundamentales de la economía nacional. No sólo porque contribuye con más del 14% al Producto Interno Bruto o porque de él dependen cerca del 30% de los ingresos por divisas, sino porque son 12 millones de colombianos los que habitan y trabajan en el recio y hermoso mundo rural. El futuro de doce millones de vidas se construye, día a día, en las sabanas, valles y montañas de Colombia.

    Ante tal hecho sobra explicar por qué he sostenido durante mi gobierno un firme compromiso con el campo. La reactivación que hemos logrado, dentro de cuyos resultados puedo mencionar la creación en dos años de 217.000 empleos, el incremento en 230.000 hectáreas del área sembrada y el aumento de la producción agrícola en 2 millones de toneladas, o el crecimiento en un 5.2 por ciento del sector durante el año 2000, son indicios suficientes de lo que hemos hecho, en un trabajo juicioso y sin pausa,  para darle la mano al campo colombiano.

    Si bien nuestro sector agrícola atraviesa un proceso de ajuste, en medio de la tendencia a la globalización de los mercados, el camino elegido por el Gobierno Nacional ha sido el de fortalecer nuestra competitividad a través de los distintos instrumentos como el Incentivo a la Capitalización Rural que impulse la modernización de la maquinaria agrícola, a través del desarrollo tecnológico para el mejoramiento de la productividad y la reducción de costos de producción, y de la modernización de los canales de comercialización que asegure una venta segura de las cosechas.

    Si bien hemos adoptado políticas puntuales sobre ciertos productos vulnerables, como ha sucedido recientemente con el caso del arroz, la estrategia general ha consistido en fortalecer nuestras ventajas comparativas y, mediante la concertación entre el sector privado y el público, prepararnos para enfrentar de manera eficaz los retos del nuevo modelo de desarrollo internacional.

    Para nadie es secreto que la inversión en Ciencia y Tecnología para el sector agropecuario es una inversión muy rentable que da frutos económicos y sociales tangibles. Hay que sembrar conocimiento para cosechar prosperidad por largo tiempo.

    Es así como, a pesar del proceso de ajuste fiscal, mi Gobierno ha invertido en este campo más de 225 mil millones de pesos que, adicionados a los 43 mil millones de pesos provenientes de los fondos parafiscales, constituye una cifra significativa en materia de desarrollo tecnológico y transferencia de tecnología, como soporte fundamental del Programa de Oferta Agropecuaria – PROAGRO, lo que nos ha permitido alcanzar importantes logros en distintos cultivos como  maíz,  papa,  soya, yuca y algodón, entre otros.

    Estos logros en el desarrollo tecnológico no corresponden al esfuerzo aislado de las instituciones de investigación sino a la dinámica que han tomado los encadenamientos productivos definidos en el PROAGRO, donde los distintos actores de la cadena definen las prioridades de investigación y transferencia de tecnología y, en virtud de ello, se concretan los apoyos necesarios para llevar a cabo estos planes y proyectos investigativos.

    Este proceso de concertación de las acciones en cada una de las cadenas productivas garantiza una ejecución transparente del presupuesto sectorial para superar los escollos del sector agropecuario y convertirlo en un sector punta en el desarrollo nacional. Por eso, no se justifican las vías de hecho para lograr acciones a favor de nuestros campesinos, cuando ellos mismos participan de las decisiones de inversión a través de cada uno de los Consejos Nacionales y regionales de los acuerdos sectoriales de competitividad. No se justifica sembrar odio ni protestas innecesarias cuando existe una mano tendida y atenta a apoyar el desarrollo rural.

    La fortaleza de los pueblos no reside en los recursos físicos de que disponga sino en la capacidad de sus gentes para crear e innovar.

    En este sentido, la altillanura plana de la Orinoquía, de la bella Orinoquía de alboradas melancólicas y tupidos morichales, tiene un papel fundamental en el desarrollo agroindustrial que anhelamos para nuestro país. Con un potencial para la producción agrícola tan grande como son 4.6 millones de hectáreas, ésta es una zona con amplias potencialidades para convertirse en un significativo polo de desarrollo.

    Por ello, el Gobierno Nacional ha emprendido una decidida y ambiciosa política de apoyo a la agricultura de la región.

    Así mismo, hemos puesto la mirada en el mejoramiento de la infraestructura, en el desarrollo organizacional de las comunidades y en el fortalecimiento empresarial de todos los actores de las cadenas, para lo cual estamos invirtiendo, con una adecuada planeación y con un horizonte a largo plazo, en el progreso de la Altillanura colombiana.

    Esto lo estamos haciendo en varios frentes. A nivel financiero, y para solucionar el problema de acceso al crédito que presentaban los medianos y grandes productores por falta de garantías, se amplió la cobertura del Fondo Agropecuario de Garantías – FAG-, otorgando a los agricultores el respaldo del Gobierno Nacional para sus operaciones de crédito.

    También se creó un programa de crédito asociativo dirigido a promover  esquemas de producción, mediante la integración de los productores entre sí y entre ellos y el sector público, para darles acceso a tecnología a costos razonables y, de ese modo, hacer que mejoren su competitividad, disminuyan el riesgo y garanticen la comercialización de la producción.

    En la misma línea, se ha revisado el Incentivo de Capitalización Rural –ICR- para ajustarlo, dadas las condiciones ambientales de esta zona, a los requerimientos de inversión más importantes. Así, facilitaremos la compra de arados y rastrillos de cincel, sembradoras de precisión, desbrosadoras, cosechadoras combinadas a granel, zorras graneleras, tractores, tanques de enfriamiento, transporte refrigerado y equipos de fumigación y ordeño mecánico. De ese modo, el sector agropecuario tendrá mejores condiciones para aumentar su rentabilidad.

    Adicionalmente, se han puesto a disposición de los ganaderos instrumentos novedosos de financiación y comercialización como la titularización de ganado de ceba y el programa de repoblamiento de bovinos. Por medio de ellos se crean condiciones crediticias favorables para que el ganadero pueda mantener la capacidad reproductiva de su hato y se canalizan recursos frescos y de bajo costo que le permiten mejorar la inversión en su actividad y garantizar, a su vez, la venta de su ganado.

    Asimismo, en alianza con los desarrollos a nivel de investigación y tecnología, y teniendo en cuenta las condiciones del suelo de la Altillanura colombiana, se estableció un Incentivo para la Capitalización Rural dirigido a fomentar la corrección de los suelos ácidos. Este incorpora un factor de inversión para una producción sustentable a corto y mediano plazo, lo que reducirá en 25% los costos de mejoramiento de la calidad del suelo y permitirá ampliar considerablemente el área sembrada en cultivos como maíz y soya.

    La investigación sobre estos productos, adelantada por CORPOICA, ha demostrado un desarrollo notable. Partiendo de la contribución de la ciencia y la tecnología al mejoramiento químico, físico y biológico de los suelos de la Altillanura plana y al desarrollo de nuevas variedades aptas para estas condiciones, se han establecido sistemas de producción de maíz y soya, cuyas primeras pruebas comerciales de campo han mostrado la potencialidad de híbridos de maíz que han llegado a 6 toneladas por hectárea, así como hemos logrado también 2.4 toneladas por hectárea de soya. Estas producciones, que hasta hace muy poco eran consideradas “imposibles”, nos demuestran la viabilidad de una agricultura empresarial de escala para la región

    Las 2 millones de toneladas de maíz y las 400 mil toneladas de fríjol soya que hoy importa Colombia podrían producirse en 400.000 hectáreas de maíz y 160.000 hectáreas de soya en la Altillanura.

    Además, los nuevos híbridos de maíz podrán ser acogidos por las pequeñas comunidades rurales para siembras en sistemas agroforestales, donde el cultivo principal sean el caucho o los maderables, como una estrategia que permita producir, además, alimentos de consumo básico para la economía campesina de la región. Sumados a las nuevas variedades de arroz secano con resistencia a suelos ácidos, a las de yuca adaptadas a las terrazas medias y altas del piedemonte y a las de algodón, configuraremos un atractivo panorama para la economía de la región y, sobre todo, para la calidad de vida de sus habitantes.

    Y aún hay más. El respaldo científico y tecnológico a este proceso incluye la utilización de técnicas de información satelital para la determinación de zonas aptas para la procesos productivos sostenibles y competitivos; la investigación en manejo de suelos destinada a la recuperación de aquellos degradados o al desarrollo de mejores tecnologías de labranza; la constitución de un moderno banco de maquinaria por valor de 400 millones de pesos; la investigación bovina por 400 millones de pesos; la contratación, con un costo total de 4.900 millones de pesos, de 19 proyectos de investigación por parte del Programa Nacional de Transferencia de Tecnología Agropecuaria -PRONATTA- y la implementación de programas de prevención y control de riesgos sanitarios, biológicos y químicos en todos los municipios del departamento del Meta.

    Se esta avanzando también en la construcción del proyecto de irrigación del Ariari, con el cual se podrá mejorar la producción agropecuaria tanto en calidad, volumen y competitividad. Todo esto, como es de esperarse, revertirá en el empleo de la región. El área total del proyecto es de 41.100 hectáreas, de las cuales regaría 23.815 hectáreas y beneficiaría con drenaje 35.140. El valor total del proyecto asciende a 93 millones de dólares y en este momento se están ejecutando los estudios complementarios y los diseños detallados del proyecto. Se espera que, a comienzos del año 2003, se inicie la etapa de construcción.

    Todas estas acciones de mi Gobierno buscan convertir a la Altillanura en la gran despensa agrícola para proveer adecuadamente el maíz y la soya que demanda la industria nacional que permita sustituir las importaciones de estos dos productos en el curso de los próximos cinco años Estoy seguro de que esta meta es un objetivo viable y cercano.

    Como complemento a este gran compromiso del gobierno con esta promisoria región del país, y conciente de la importancia que tiene el sector agropecuario y rural en la construcción de las condiciones de convivencia que le permitan al país salir de la actual situación de conflicto, el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ha venido construyendo una visión de largo plazo que le permita al país reconocer esa importancia y concretarla a través de una política de Estado para el sector agropecuario, agroindustrial y rural.

    Esta iniciativa, la cual hemos denominado “Agrovisión 2025”, está actualmente en su proceso de ajuste final para ser entregada muy pronto al país como aporte de este Gobierno a las administraciones posteriores y a la sociedad en su conjunto. Gracias a este trabajo, se ha comenzado la revisión y el ajuste de la institucionalidad vigente en el sector agropecuario, particularmente en lo que toca al marco normativo que rige las actividades sectoriales, en aras de  dar espacio a las nuevas tendencias que se están consolidando en el ámbito nacional y mundial.

    Por esta razón, y también como un primer paso en la creación de las condiciones para el logro de la visión de futuro, el Ministerio de Agricultura está comprometido en entregar al país una Ley General para el sector agropecuario y rural que reconozca las nuevas y futuras realidades del sector. El proyecto de esta ley será entregado al Congreso de la República en la presente legislatura.

    Estimados amigos:

    Arando, sembrando y abonando el campo colombiano con políticas serias y sostenidas estamos logrando que, cada vez en mayor medida, dé mejores frutos. Bien sabemos que trabajar por el campo y por los campesinos es también trabajar por la vigencia de la democracia y por la legitimidad del Estado. Por supuesto, ¡es trabajar por la paz!

    Por ello, me he propuesto fortalecer, en el último año de mi Gobierno, el apoyo hacia la modernización y vinculación activa de los pequeños productores en los encadenamientos productivos, a través de capacitación, acompañamiento en la gestión productiva y comercial y creando mecanismos que faciliten aún más el acceso a cada uno de los instrumentos con que cuenta la política agropecuaria.

    Aquí en el Meta, en esta tierra de ganaderos y llaneros de pura cepa, de alcaravanes y cubarros, queremos darle un mensaje a toda la Orinoquía colombiana: su Presidente está con ustedes, está dándoles la mano, está haciendo todo lo posible para traerles paz y desarrollo. Este compromiso que hoy he anunciado no es sólo un buen deseo. Es el efectivo resultado de una firme convicción: El centro de Colombia no está en Bogotá, así allí radique su Gobierno central. El centro de Colombia está donde esté su futuro y por eso podemos proclamar, en medio de este paisaje inolvidable, ¡que el centro de Colombia está en los Llanos!

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Meta, Colombia
    13 de agosto del 2001

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