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  • CONDECORACIÓN DEL SEÑOR CARLO BINETTI, REPRESENTANTE SALIENTE DEL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO EN COLOMBIA

    Hace poco más de cuatro décadas nació, para fortuna de las naciones del continente americano, el Banco Interamericano de Desarrollo, en medio de iniciativas planteadas por estadistas colombianos, como Alfonso López Pumarejo y Alberto Lleras Camargo, o brasileños, como Juscelino Kubitschek, quienes hablaban de la urgente necesidad de dar una mano a las naciones de América Latina en un momento de su historia en que afrontaban una grave crisis económica y social.

    Desde entonces, este Banco ha buscado ser fiel a su objetivo: fortalecer el progreso económico de los países de América Latina y el Caribe y posibilitar su mayor desarrollo social, en lucha frontal contra el subdesarrollo. A fe que lo ha logrado, consolidándose como la principal fuente de financiamiento del desarrollo para América Latina y el Caribe.

    En Colombia, sus actividades -tanto crediticias como de cooperación técnica-, que inicialmente se centraron en grandes proyectos de infraestructura, son hoy un importante apoyo financiero para los distintos sectores económicos y sociales, así como para las entidades territoriales.

    Pero no estamos acá para destacar la labor del Banco Interamericano de Desarrollo en nuestro país, que ha sido de por sí trascendental, sino para hablar de un hombre que se convirtió en el sinónimo de su labor en Colombia durante los últimos seis años: Carlo Binetti.

    Este italiano universal, que desde su llegada a nuestro país se compenetró con nuestra esencia, se hizo copartícipe de nuestras esperanzas, se dolió con nuestros problemas y trabajó hombro a hombro con nuestras entidades para buscarles soluciones, ha sido por mucho tiempo la cara amable y siempre cooperadora del BID en Colombia, y hoy estamos aquí reunidos para decirle, en nombre de cuarenta millones de colombianos que han recibido de una u otra forma los beneficios de su labor, “gracias, muchas gracias”.

    Carlo ha sido, también, el gestor de importantes acciones del Banco en los momentos en que el país más lo necesitaba. Yo recuerdo, de manera especial y con gratitud, la oportuna y diligente acción del Banco al aprobar en una forma excepcionalmente rápida un préstamo mediante el Mecanismo de Reconstrucción de Emergencia, por valor de 20 millones de dólares, con destino a la recuperación del Eje Cafetero después del terremoto de enero de 1999. Hay un sello postal que conmemora de manera bella esta importante gestión en un momento de emergencia y de dolor para Colombia.

    También ha sido el BID, bajo la acertada gestión local de Carlo y la orientación de mi otro buen amigo, Enrique Iglesias, la primera entidad que ofreció su apoyo desde 1998 al entonces naciente Plan Colombia. Desde ese momento, su respaldo al proceso de paz y de fortalecimiento institucional en nuestro país ha sido firme y constante.

    ¡Cómo no agradecer cuando la solidaridad llega por vías concretas y efectivas! ¡Cómo no reconocer, Carlo, que su presencia en Colombia ha sido benéfica y multiplicadora de progreso e inversión social!

    Pero Carlo es mucho más que un destacado funcionario internacional. Es, ante todo, un magnífico y cálido ser humano, que desborda simpatía, afecto y comprensión hacia todos los que tenemos el gusto de conocerlo y de tratarlo. Hablar con Carlo es sentir, de pronto, toda la efusividad y el sentimiento de esa alma latina que nos viene de su querida Italia y que compartimos en la distancia.

    Por eso sabemos que la estela que dejará Carlo en nuestro país es una estela de amistad y de gratísimos recuerdos, donde podrá cosechar lo que sembró: buenos amigos, buenas obras, buenos sentimientos.

    Apreciado Carlo:

    Seis años de su vida los ha entregado a acompañarnos en la construcción de una Colombia mejor, de ese país que merecemos los colombianos y que no podrán robárnoslo ni la violencia ni la insensatez.

    Hoy ese mismo país quiere expresarle, por mi conducto, su gratitud y reconocimiento, y lo hace otorgándole la más grande condecoración de la Patria colombiana, esa que instituyó Simón Bolívar después de la Batalla de Boyacá para premiar a aquellos que mejor sirven y con mayor dignidad a Colombia.

    Usted, Carlo Binetti, amigo para siempre de nuestro país, será desde hoy un miembro de la Orden de Boyacá, que recibe en el Grado de Gran Cruz, y por ello será también un colombiano adoptivo, uno como esos tantos a quien ayudó durante todos estos años.

    Permítame, Carlo, para terminar, tomarme la libertad de leer un aparte de la carta que me dirigió hace unos pocos días, en la que resume de bella forma su paso por nuestro país:

    “Servir como Representante del Banco en Colombia ha sido un privilegio por el reto profesional y humano que significa. Desde el Atlántico hasta el Pacífico, desde el Darién hasta el sur, la enorme diversidad cultural encuentra su síntesis en la nobleza de su gente que lo hace tan peculiar y digno de admiración.

    “Ese denominador común es, a mi juicio, lo que explica dónde radica esa fuerza interior que les permite superar y ver con esperanza, a pesar de las circunstancias de violencia, un futuro mejor.

    “Yo comparto ese sentimiento y esa visión porque ahora los conozco y sé que son capaces de conseguirlo”.

    Estas son las frases de aliento de un amigo que cree en Colombia, que la conoce y que la quiere. Estas son las palabras de un enamorado del alma colombiana.

    Por eso, querido Carlo, no se olvide jamás, ahora que regresa al bello continente europeo, que en esta tierra mágica de leyendas, de café, de música y de flores, lo estamos recordando y esperando, porque este país será, desde hoy y para siempre, la casa de su corazón.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    5 de febrero del 2001

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