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  • CONSTRUYENDO IDEALES DE TRANSFORMACIÓN Y DIGNIFICACIÓN DE LA VIDA HUMANA

    Jesucristo dijo alguna vez: “En la casa de mi padre hay muchas moradas”. Hoy, en el bello municipio de Quimbaya, estamos viendo algunas de ellas.

    Hoy estamos viendo que la fe mueve montañas y que sólo basta la esperanza para envasar océanos.

    Hoy estamos viendo que sólo hay cosecha donde se siembra y que sólo quienes no cultivan viven en el desierto.

    Hoy estamos viendo, en esta celebración del vigésimo-quinto aniversario de “Hábitat para la Humanidad Internacional”, cómo el horizonte del amor al prójimo no es el de las fronteras nacionales sino el del planeta entero.

    Bien ha dicho Clarence Jordan, fundador de la organización cristiana Koinonia: “No es suficiente limitar tu amor a tu propia nación, a tu propio grupo. Debes responder con amor a incluso quienes están fuera. Este concepto permite a las personas vivir juntas, no como naciones, sino como raza humana”.

    “Hábitat para la Humanidad Internacional”, un proyecto sin ánimo de lucro fundado por los esposos Millard y Linda Fuller, es una muestra de que el amor a Dios es a la vez el amor a todos los seres humanos. Gracias a su trabajo en 78 países  más de 500.000 personas en el mundo tienen ahora una vivienda decente y confortable.

    Considerado por el expresidente Bill Clinton como “el más exitoso proyecto de servicio comunitario en la historia de los Estados Unidos”, nació de la experiencia de los Millard en el Zaire y, poco a poco, se fue extendiendo por los cinco continentes hasta llegar, para fortuna nuestra, a Colombia.

    Con el apoyo de personalidades tan importantes como el expresidente Jimmy Carter, de quien recibí la invitación para sumarme a esta celebración y a esta jornada de Construcción con Líderes Mundiales, ahora es una obra cristiana con un alto reconocimiento internacional y con un gran impacto sobre la calidad de vida y el sentimiento de dignidad humana de sus beneficiarios.

    Tanto por haber dotado de vivienda a miles de familias como por haber estimulado su sentido de responsabilidad y solidaridad, Hábitat ha hecho realidad una idea fundamental: que el desarrollo social no se hace sólo a fuerza de concreto y bombillos sino que debe implicar también un fortalecimiento de la integración y el orden de las comunidades.

    En cuanto ellas deben agruparse en un Comité Local, para acceder al programa, y en cuanto ellas mismas, con la debida asistencia técnica, construyen las viviendas, su capacidad de autogestión resulta notablemente enriquecida. A la postre no sólo quedarán con una casa sino con algo igualmente esencial: con un gran orgullo colectivo y una rejuvenecida capacidad de organización.

    Ese, a mi juicio, es el principal legado de las actividades de Hábitat a lo largo y ancho del mundo. Esa es una parte fundamental de su milagro.

    Y digo milagro porque esa parece ser la mejor palabra para describir su actividad a lo largo de 25 años. No de otra manera pueda explicarse que un joven millonario como Millard Fuller, justamente cuando estaba en el apogeo de su éxito empresarial, haya descubierto que en el desprendimiento y en la ayuda a los más pobres estaba el verdadero sentido de su vida.

    No de otra manera puede explicarse que un profesor de Naranjal, una vereda de Quimbaya, se haya encontrado en las Selecciones de Reader’s Digest un artículo sobre la fundación y que, gracias a su visión e iniciativa, Hábitat haya llegado al país a traernos toda su experiencia y su mensaje de esperanza.

    Milagrosos han sido también sus efectos. Las 184 viviendas construidas en Quimbaya, como parte de las 361 construidas en el país, han sido un inesperado y benéfico aporte al desarrollo social de la región y una prueba de cómo, utilizando las palabras del poeta Gonzalo Arango, “una mano más una mano no son dos manos. Son manos unidas”.

    En efecto, lo que se ha hecho en Quimbaya, para hablar del caso más significativo, no hubiera sido posible sin la colaboración de la comunidad, las diversas entidades cívicas y el Gobierno Municipal. Trabajando en llave con Hábitat, han conseguido el milagro del progreso del municipio y se han convertido en un ejemplo para la región. Por todo eso ¡reciban mis más sinceras felicitaciones!

    Estimados amigos:

    El municipio de Quimbaya, cuyo civismo es ampliamente reconocido, tiene ahora más obras de las cuales sentirse orgulloso. Aparte del Parque de Bolívar, con su imponente Cristo y su hermosa iglesia, del Monumento a la Madre en su entrada o de su famoso festival de velas y faroles, ahora cuenta con una obra colectiva que debe llenarlo de satisfacción: la masiva construcción de viviendas para las familias más necesitadas de la población.

    Así, con empresas colectivas como ésta, estamos construyendo una sociedad más justa, una sociedad con el ojo siempre puesto en la mejoría de los derechos humanos de los  ciudadanos. Bien ha dicho el expresidente Jimmy Carter: “Los derechos humanos no significan estar libre de persecución. Ellos envuelven también las más básicas necesidades humanas: comida, vestido y vivienda”.

    En necesidades como éstas se juega más de lo que a primera vista se puede pensar. El trabajo de “Hábitat por la Humanidad Internacional”, cuyos 25 años hoy celebramos, les confiere a muchos, más allá de satisfacciones materiales, un derecho que no figura en las leyes pero que es consustancial a una vida digna: el derecho a la esperanza.
    Millard Fuller, fundador de Hábitat, lo ha dicho claramente:  “Lo que Hábitat hace es mucho más que refugiar gente. Lo  importante es lo que hace en su interior. Lo importante es la intangible cualidad de la esperanza. Mucha gente sin una vivienda decente se considera derrotada en la vida. Una casa de Hábitat puede haber sido lo máximo que han llegado a tener. ¡Eso los transforma!”.

    Gracias, Hábitat, por construir también en Quimbaya y en Colombia este ideal de transformación y dignificación de la vida humana.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Quimbaya, Quindío
    8 de agosto del 2001

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