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  • COOPERACIÓN, PROGRESO Y COMERCIO ENTRE COLOMBIA Y ESTADOS UNIDOS

    MENSAJE POR MOTIVO DE LA CENA OFRECIDA EN LA CÁMARA DE COMERCIO COLOMBO AMERICANA EN SUS 45 AÑOS DE EXISTENCIA

    Preparé estas palabras confiando en poder compartirlas personalmente con ustedes, en un momento tan propicio como lo es la celebración de los 45 años de existencia de la Cámara Colombo Americana, con la presencia de la señora embajadora de los Estados Unidos, de amigos Representantes a la Cámara de este país y de los dinámicos empresarios que conforman dicha querida institución.

    Infortunadamente, obligaciones ineludibles me privaron en esta oportunidad de acompañarlos, pero estoy seguro de que el señor Vicepresidente de la República sabrá hacerles llegar este mensaje con la misma eficacia y emotividad que pretendí imprimirle.

    Hoy no quiero mencionarles ninguna cifra. Y no porque en el intercambio comercial entre Colombia y los Estados Unidos no se estén dando buenos resultados. Todo lo contrario: son excelentes tiempos. Si no lo hago es porque, en ocasiones, debemos dejar en el escritorio los informes y las estadísticas y, más bien, mirar con la sabiduría del corazón las buenas noticias.

    El momento lo amerita. Mi país y los Estados Unidos han sabido fraguar, durante estos dos últimos años, una amistad de bronce. No sólo en el terreno económico sino en el político, hemos abandonado los percances que en el pasado se atravesaron en nuestra fraterna relación. Ya casi no podemos siquiera recordarlos. Tal ha sido la contundencia de nuestras alegrías presentes que esos tiempos han sido lanzados a las zonas más recónditas del olvido. Ahora, cuando hemos sorteado las más difíciles barreras,  de lo que queremos hablar es de cooperación, de progreso, de comercio.

    La Cámara de Comercio Colombo Americana, en su tarea de lograr un mejor intercambio comercial entre nuestros países y de impulsar, a través del estímulo a la libre empresa, una mutuamente benéfica relación de las dos partes en el gran juego de la globalización, sabe muy bien a que me refiero. Sabe que el comercio binacional está galopando; sabe que, con el Plan Colombia, hemos recibido un generoso espaldarazo a nuestras propias iniciativas; sabe que, con la venida del Presidente Clinton y de importantes congresistas de ambos partidos, una de las más grandes naciones del planeta nos dio su voto de confianza. Y lo mejor, creo yo, es que todo esto, como si fuera poco, es sólo el preludio de mayores éxitos.

    Aunque no podría asegurarlo, considero que, al menos en los 45 años de la Cámara, nunca se había vivido un momento tan maravilloso en las relaciones binacionales ¡Cómo no ceder entonces a la efusividad!

    Cómo no hacerlo cuando nuestras flores sabaneras y nuestros vestidos, diseñados y confeccionados en Medellín o en Manizales, brillan por las calles de New York o de Boston. Cómo no hacerlo cuando, en el campo de las telecomunicaciones o en el de la informática, recibimos los más sofisticados conocimientos y tecnologías. Cómo no hacerlo cuando en las calles de Cartagena vimos al presidente Clinton bailando cumbia y a una de las mujeres más decisivas de la política mundial, la normalmente adusta secretaria de Estado Madeleine Albright, comiendo patacones, saludando a Juan Valdés y posando con un sombreo “vueltiao”.

    Con hechos así, es tiempo de que no sólo yo, sino el país entero, nos dejemos emocionar.

    Ustedes, como un organismo privado que ha contribuido ampliamente a incentivar, incrementar y mejorar las relaciones entre los gobiernos de Colombia y de los Estados Unidos, pueden más que nadie compartir esa satisfacción. Ya quisiera yo, si otros compromisos no me lo impidieran, poder brindar por nuestro común éxito y, en medio de risas y abrazos, celebrar nuestro luminoso porvenir.

    Al Presidente Clinton, a los congresistas estadounidenses y a toda clase de foros en dicho país he repetido con convicción: Colombia, más que ayuda, necesita comercio, un comercio justo y equilibrado que nos permita desarrollar nuestra economía legal y mejorar las condiciones de vida de nuestra gente.

    Hemos hablado, por eso, de extender las preferencias arancelarias de la iniciativa del Caribe a nuestros textiles y confecciones, de incluir a los mismos en la ampliación del ATPA, e, incluso, de llegar a un acuerdo bilateral de libre comercio con los Estados Unidos o a una inclusión dentro del NAFTA. Son objetivos ambiciosos, pero apegados a nuestra realidad y a nuestro potencial exportador. Si tenemos comercio legal, si tenemos desarrollo y empleo, estamos dando un paso firme hacia la paz y la derrota del narcotráfico.

    Apreciados amigos:

    La Cámara de Comercio Colombo Americana cumple 45 años y esto no es un logro cualquiera. Son 45 años apoyando el comercio, la inversión y la libre empresa entre nuestros países, con tesón e imaginación. A Joseph Finnin, Director Ejecutivo de la Cámara; a Ramiro Escobar, Presidente de su Junta Directiva; a los demás directores y funcionarios, y a todas las empresas que hacen parte de la misma, extiendo hoy el reconocimiento agradecido de la nación colombiana.

    Y quiero hacer llegar también mi calurosa felicitación a mi buen amigo, el doctor Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI; al doctor Daniel Haime, presidente de Tubos del Caribe, y a la señora Clara Rey de Ruiz, representante de la Fundación Portal, por la “Orden al Mérito del Progreso” que hoy les entrega la Cámara Colombo Americana, como justo reconocimiento a su labor empresarial y social.

    No me queda sino recordarles mi afecto y, claro está, esperar, como revancha, una próxima invitación.

    Con todo mi agradecimiento y con algo de nostalgia,

    ANDRÉS PASTRANA ARANGO


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    20 de octubre del 2000

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