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  • COSTA RICA CERCANA EN LA GEOGRAFÍA, EN LA SANGRE, EN LOS AFECTOS Y EN LAS CONVICCIONES DE LOS COLOMBIANOS

    CEREMONIA OFICIAL DE RECIBIMIENTO EN SU VISITA DE ESTADO A LA REPÚBLICA DE COSTA RICA

    Cuando un colombiano, señor Presidente Rodríguez y señora Lorena Clare de Rodríguez, llega a tierra costarricense, inmediatamente se siente en casa, no sólo por la tradicional hospitalidad con que se nos recibe, sino porque, para Colombia, Costa Rica es un país cercano en la geografía y cercano también en la sangre, en los afectos y en las convicciones.

    Aquí, en Costa Rica, encontramos una nación hermana en la tradición de apego y respeto al derecho internacional y en la fe inquebrantable en la democracia. En Costa Rica vemos un Estado que es ejemplo ante el mundo por su vocación pacifista y por su compromiso con el medio ambiente y con la promoción y garantía de los derechos humanos.

    ¡Cómo no sentirse en casa, señor Presidente, si aquí han vivido y viven en la actualidad tantos colombianos que han hallado en Costa Rica un ambiente propicio para su desarrollo personal y profesional!

    Por aquí pasaron, y sintieron con gratitud la bienvenida de los costarricenses, dos de nuestros más grandes poetas: Porfirio Barba Jacob y Julio Flórez. En Costa Rica se afincaron importantes familias colombianas, cuyos apellidos resuenan con igual fuerza en nuestros dos países: los Albán, los Azuola, los Díaz-Granados, los De la Espriella, los Calderón, los De la Ossa, los Cruz, los Domínguez, los Castillo, los Cleves, los Durán, son sólo algunos ejemplos de esas familias de inmigrantes colombianos que hoy hacen parte de la cultura costarricense.

    Pienso también en el Licenciado León Cortés Castro, quien era hijo de un ilustre médico colombiano y fue presidente de Costa Rica, y en usted mismo, mi buen amigo Presidente Rodríguez, cuyos abuelos paternos llegaron a Costa Rica desde las bellas tierras sabaneras del departamento colombiano de Sucre.

    Con todos estos lazos, con todas estas coincidencias, con todo este afecto, con toda esta historia común: ¡Cómo no sentirse en casa cuando se pisa el suelo hermoso de Costa Rica!

    Señor Presidente Rodríguez:

    Junto con Nohra, nos sentimos felices de poder estar hoy aquí, atendiendo su amable invitación y correspondiendo la visita con que usted, su distinguida esposa y un selecto grupo de costarricenses nos honraron a finales del año pasado.

    Vengo en representación del pueblo colombiano y traigo conmigo el cariño de mi gente hacia Costa Rica.

    Durante este encuentro tendremos oportunidad de tratar respecto de muchos tópicos que nos vinculan y en los cuales esperamos continuar avanzando, sobre los pasos ya acordados en nuestra reunión en Santa Fe de Bogotá.

    Seguiremos trabajando de la mano en los múltiples foros internacionales; seguiremos impulsando los fructíferos contactos entre nuestros empresarios; seguiremos estimulando nuestro comercio y nuestras inversiones recíprocas, y seguiremos promoviendo la aproximación constante entre nuestros pueblos, en los campos cultural, educativo, científico, turístico, de cooperación judicial y ambiental, entre otros varios.

    A usted, señor Presidente Rodríguez, y a todo el querido pueblo costarricense quiero entregar hoy un mensaje de amistad, que traigo desde Colombia, un país que también está comprometido con la búsqueda de la paz, con el desarrollo humano y con la integración latinoamericana.

    Costa Rica y Colombia tienen mucho que hacer y mucho que decir en el concierto de las naciones. Esta visita será un eslabón más en la ya larga cadena de nuestro afecto.

    Hoy tomo prestados los versos de Julio Flórez, con los que respondió al saludo de bienvenida que en 1906 le diera el gran poeta costarricense José María Zeledón, para expresar la grata sensación que siento al estar en este bello país de Costa Rica:

    “Un cielo tan azul y un sol tan bello, como los de mi tierra colombiana, tiene esta tierra, de la mía hermana. ¡Dios puso en ambas su divino sello!”.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    San José, Costa Rica

    29 de mayo del 2000

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