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  • CURTIS W. KAMMAN GRAN SER HUMANO Y GRAN EMBAJADOR

    IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DE BOYACÁ AL EMBAJADOR DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA EN COLOMBIA, CURTIS W. KAMMAN

    Querido Embajador Kamman:

    De los 40 años que lleva usted dedicado al servicio público exterior de su país, en lugares tan interesantes y tan disímiles como Rusia, México, Kenia, Hong Kong, Cuba, Bolivia y Chile, los últimos dos años y medio los ha vivido en nuestra nación, en uno de los momentos más interesantes y fructíferos de las relaciones bilaterales entre los Estados Unidos de América y Colombia.

    Ciertamente, Embajador Kamman, éste no ha sido un periodo de descanso para usted, sino, todo lo contrario, un tiempo de continuo trabajo y de intensas actividades. Pero los oriundos de Chicago si hay algo a lo que no le temen es al trabajo duro. ¡Y usted es la mejor prueba de ello!

    Durante su representación ha tenido que atender más de 50 visitas de funcionarios de alto rango de su país, que han venido a dialogar con nosotros y a interesarse por nuestro futuro. Comenzando por la Secretaria de Estado, Madeleine Albright, y la Procuradora General, Janet Reno; por los Secretarios William Cohen, Bill Richardson y Louis Caldera; por el General Barry McCaffrey; por los Subsecretarios Thomas Pickering, Peter Romero, Rand Beers, Frank Loy y Linda Eddleman, y por los Generales Henry Shelton y Charles Wilhelm, nuestro país ha sido visitado por innumerables congresistas y funcionarios, con cuyo contacto personal se han incrementado aún más nuestros lazos y el conocimiento entre nuestras naciones.

    ¡La lista es larga, señor Embajador, como ha sido largo y fructífero su compromiso con nuestro país!

    Y puede usted tener la satisfacción, Embajador Kamman, de que deja las relaciones entre nuestros Estados en el mejor momento de su historia, comprometidos hombro a hombro en la resolución del problema mundial de las drogas, que es la más grave amenaza que se cierne sobre las nuevas generaciones de la humanidad.

    Pero nuestra alianza va mucho más allá del tema del narcotráfico. Hoy con los Estados Unidos tenemos múltiples campos de acción conjunta en materias de ampliación del comercio y de adquisición de tecnología, y en la visión integral de que sólo mediante el adecuado desarrollo social se puede evitar la proliferación del delito y del conflicto armado. Y compartimos una postura inequívoca de defensa de la democracia y de los derechos humanos.

    Yo recuerdo de una manera especial las estimulantes palabras que pronunció el Presidente Clinton en mi visita oficial a los Estados Unidos en octubre de 1998. Unas palabras que hoy quiero recordar, como un homenaje a él y a la amistad de nuestras naciones:

    “Trabajaremos juntos y con nuestros amigos en las Américas para elevar los derechos humanos, erradicar la corrupción, luchar contra el crimen, avanzar en educación y salud, vencer la pobreza y proteger nuestro medio ambiente común. Trabajaremos juntos para combatir las drogas ilegales. Hemos trabajado juntos, pero debemos hacer más. Porque ambos pueblos han sufrido enormemente a causa del comercio de las drogas ilícitas y su brutalidad. La batalla contra las drogas es una batalla común; debe unir a nuestros pueblos, no dividirlos”.

    Hoy nuestros dos países, querido Embajador Kamman, -en muy buena parte por su acertada labor y por haber querido conocer usted la verdadera realidad de Colombia, la que existe por encima de los prejuicios y los estereotipos-, son dos grandes aliados por el desarrollo, por la paz y por la unidad de los países de América.

    Se lleva usted, Embajador, en su valija diplomática, el afecto sincero de muchos amigos colombianos y el recuerdo grato de una tierra que lo acogió como suyo, en Bogotá, en Cali, en Medellín, en Cartagena, en Neiva (donde estuvimos hoy) y en tantos otros sitios cálidos y hermosos de nuestra geografía.

    Se lleva usted en su memoria y en su corazón el sentir mismo de un pueblo que sueña con la paz, que vibra con la cumbia y los vallenatos, que hace de un gol un día de fiesta, que alcanza en su arte el más alto vuelo de la imaginación, y que es alegre y perseverante, amistoso y emprendedor, como ninguno.

    Se lleva usted para siempre, Embajador, el aroma inconfundible de nuestro café y la suave luminosidad de nuestras flores. Y en su pecho, fulgurante, la máxima condecoración de la patria colombiana, que ostenta el nombre sagrado de Boyacá.

    Y nosotros vamos a contar con usted esté donde esté, tal como contamos con su apoyo y su trabajo para la aprobación del trascendental Plan Colombia, que cambiará para bien la vida de nuestra nación y sobre todo la de los más necesitados.

    Reciba, Embajador Kamman, el homenaje sincero de mi país, que lo recordará con agradecimiento y afecto. ¡Y ojalá que en sus próximos 40 años de servicio le quede siempre tiempo para regresar y acompañarnos a disfrutar un buen ajiaco en las tierras florecientes de Colombia!

    Muchas gracias

    Lugar y fecha

    Bogotá Colombia
    1 de agosto del 2000

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