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  • DE LA RETÓRICA DE LA PAZ A LOS HECHOS DE PAZ

    Posesión del Alto Comisionado para la paz Víctor G. Ricardo

    La paz es un proyecto nacional en el cual cabemos todos. He asumido el desafío de liderar ese proyecto nacional, convencido de que existe una voluntad colectiva de dejar de ser parte del problema para convertirnos en parte de la solución.

    Una inmensa mayoría de la Nación ha aceptado mi propuesta de paz como carta de navegación para el siglo XXI. Tengo la convicción que como fruto de las negociaciones, la unidad nacional estará consolidada.

    Mi entrevista con los máximos líderes de las Farc demostró la seriedad y credibilidad de la Gran Alianza para el Cambio y el reconocimiento de que el movimiento guerrillero es una realidad política.

    Ha llegado la hora de tomar en serio la agenda de la guerrilla, como condición para romper el nudo gordiano de la mutua desconfianza. Como Jefe de Estado he decidido convocar a la nación entera por el camino de la paz. De igual manera los comandantes de la guerrilla deberían convocar a todos sus integrantes o frentes para iniciar el camino de la paz.

    Como comandante supremo de las Fuerzas Armadas asumo con realismo que vaya negociar con fuerzas insurgentes que han expresado su decisión de ser coprotagonistas de la reconstrucción nacional.

    En 90 días o antes, según los avances preliminares, despejaremos cinco municipios que se convertirán en zonas de distensión y laboratorios de paz. Invito a la insurgencia a demostrarle a Colombia y a la comunidad internacional, que el despeje no será un corredor de impunidad para el incremento del narcotráfico.

    Hemos coincidido con parte de esa comunidad internacional, con los jefes de la guerrilla y con muchos colombianos, que la paz es fundamental para erradicar el narcocultivo, lo cual hace entendible por qué los narcotraficantes son los primeros beneficiarios de la guerra en Colombia.

    Han dicho los jefes de la guerrilla que cuando exista por parte del Gobierno una clara decisión de combatir el paramilitarismo, la paz estará más cerca.

    Quiero responderles que me comprometo a prevenir con todas mis facultades y con la más clara voluntad política, la punible asociación que pueda darse entre algunos agentes del Estado y los grupos paramilitares; a investigar las denuncias, procurando eficacia en esas investigaciones y a promover la sanción de la conducta indebida.

    Debo esperar una actitud recíproca por parte de los jefes de la guerrilla con narcotraficantes que operan en zonas controladas por la insurgencia.

    Los escenarios futuros del proceso de negociación, deben ser lugares de transparencia sin cartas marcadas, con negociadores que representen al Gobierno y la legitimidad y con negociadores que representen la guerrilla y sus programas. Pero todos unidos en el propósito común de realizar una reingeniería de nuestra democracia que permita una paz duradera y verdadera, para el país siglo XXI.

    Estoy invitando a la comunidad internacional y a todos los colombianos a que contribuyamos con un programa al estilo Plan Marshall para la paz en Colombia. Este plan no puede entenderse como una simple bolsa de recursos. es algo mucho más profundo. Es la suma de recursos educativos, científicos, técnicos, culturales, sociales, económicos y políticos, para potenciar las energías con que cuenta esta Nación, a partir del trabajo honrado de sus hombres y mujeres. De esta manera no quedará un solo colombiano ajeno al proceso de consecución de la paz.

    La paz tiene objetivos y tiene instrumentos. A veces hemos caído en el error de darle prioridad a los instrumentos descuidando los objetivos.

    En adelante unas y otras tendrán igual valor.

    La aceptación de instrumentos como la Convención Nacional, los diálogos regionales y nacionales o la Asamblea Nacional Constituyente así como el examen de la viabilidad jurídica del canje implica tener claro el gran objetivo de la transformación política que sirva de sustento a las grandes transformaciones económicas, sociales y culturales que puedan conducirnos, tanto a las organizaciones guerrilleras como al resto de la sociedad colombiana a la democracia y al siglo XXI.

    En ese sentido no tengo miedo a hablar de las Farc, del Eln, del Epl Y de las demás organizaciones de cara al siglo XXI, como garantes y coadyuvante s de la paz, el orden, la disciplina, el trabajo y la seguridad de todos los colombianos. Las Fuerzas Armadas que comando, pueden ser fuerzas armadas para la paz o para la guerra. En ambos escenarios tienen que ser eficientes. Paradójicamente es este un punto de partida de unas negociaciones serias.

    Para mi Gobierno la paz es el más serio de los temas. Espero que para la insurgencia también lo sea.

    Como vocero de la Nación colombiana entiendo que la afirmación anterior, me impone deberes de transparencia, y de juego limpio.

    En lo posible la insurgencia también debiera imponerse deberes semejantes. Aún la más sucia de las guerras tiene límites. Esos límites se encuentran en el Derecho Internacional Humanitario, en el derecho de gentes y también en la misma condición humana.

    Pero todos sabemos que más importante que humanizar la guerra, es terminarla.

    Todo el Gobierno y seguramente en un futuro muy próximo todo el Estado, con el apoyo de la sociedad civil y la facilitación de la comunidad internacional, somos responsables de llevar a feliz término este anhelo multitudinario de paz. Por eso, y por mi condición de liderar personalmente el proceso, he dicho que no quiero construir una burocracia de la paz.

    De igual manera, seré inflexible para asegurar una sola vocería de la paz, la cual corresponde privativamente al Presidente de la República o en su defecto al Alto Comisionado de la Paz. Recientemente importantes voceros de la sociedad civil han hecho contribuciones para la paz que examinaremos con el mayor cuidado, porque seguramente muchas de ellas fecundan el camino de la paz.

    Desde hace varios años diversos organismos de la sociedad civil y otros de carácter institucional vienen trabajando con patriótico empeño en iniciativas de paz. Tengo la seguridad que acogerán mi llamado para trabajar unidos con una sola partitura, lo cual no significa postergar sus intereses u objetivos concretos.

    Sé muy bien que todos coincidimos en la urgente necesidad de “hacerle la guerra a la guerra”.

    La paz no tiene color político; La paz no tiene diferencia de clases sociales; la paz ha de ser el punto de encuentro de todos los colombianos.

    Doctor Víctor G. Ricardo:

    Usted es un hombre valeroso y leal, con una hoja de vida relacionada principalmente con la gestión política. Las importantes responsabilidades que hoy asume garantizan un proceso serio, responsable y discreto. Garantizan además coherencia para que la dispersión y el protagonismo no perturben el desarrollo normal de los intercambios y la construcción de un clima de confianza. En este propósito es esencial la comprensión y colaboración de los medios de comunicación.

    He asegurado para su gestión doctor Víctor G. Ricardo, instrumentos y apoyos institucionales del más alto nivel: su presencia permanente en el Consejo de Ministros y en el Conpes, el establecimiento de un gabinete especial de paz y los actuales instrumentos jurídicos e institucionales que obran por Ley de la República o decreto del Ejecutivo, facilitarán su tarea.

    Señoras y Señores debemos pasar de la retórica de la paz a los hechos de paz. Con la ayuda de todos podemos lograrlo.

    Que el Dios de Colombia nos bendiga.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    11 de agosto de 1998

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