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  • DIÁLOGO ENTRE RELIGIÓN Y POLÍTICA: UN IMPERATIVO INELUDIBLE

    Por: Andrés Pastrana Arango

    • La temática planteada en este encuentro es particularmente atractiva desde el terreno mismo de la política.

    • Después del fin de la guerra fría, que trajo consigo la muerte de las ideologías, se presentó un vacío que ha sido necesario llenar enfrentando los problemas desde otras dimensiones, esta vez de carácter más espiritual o, si se quiere, axiológico.

    • No hay que olvidar que el dilema moral del siglo XXI parte del gran trauma de la generación actuante en el 68 que, desde las calles de Paris y de las grandes capitales del mundo europeo, puso en duda la validez de todos los dogmas, de todas las creencias e introdujo el permisivismo en todos los actos del vivir individual y social.

    • La Conferencia para la Cooperación y la Seguridad Europea, comúnmente conocida como la Conferencia de Helsinki, realizada entre los años de 1974 y 1975, cuestionó la capacidad de Occidente de sobrevivirse a si mismo.

    • El mundo en aquel entonces estaba unido por el miedo, por el pavor de que alguien pusiera en movimiento de nuevo el mecanismo de destrucción, no ya en nombre de la “limpieza racial” sino de cualquier otro valor que, maximizado, se convirtiera en acicate para toda clase de absolutismos.

    • Es claro que la reacción al levantamiento del 68 fue la de determinar y enfrentar las amenazas que se cernían sobre la humanidad.

    • La ciencia y la política fijaron como peligros inmediatos aquellos del armamentismo nuclear, el armamentismo convencional, la destrucción del medio ambiente y el agravamiento de la pobreza. Todos ellos son peligros que crean graves interrogantes acerca de la capacidad del ser humano de sobrevivir.

    • En Helsinki, se tomaron grandes y urgentes determinaciones frente a cada uno de esos puntos. Es bueno, de vez en cuando, recorrer las páginas escritas por los estadistas de ese entonces para ver con cuánta seriedad se afrontaron esos interrogantes.

    • Me viene a la memoria el libro de Henry Kissinger, “Diplomacia”, en donde están consignados momentos e ideas inolvidables en la historia de la supervivencia de la especie.

    • Si bien la reunión de respuesta contundente al 68 se produjo en el año de 1974 es preciso aplaudir a quienes, años antes, desde la Iglesia, actuaron con capacidad anticipativa, como el Papa Juan XXIII al convocar el Concilio Vaticano II y el Papa Paulo VI al darle continuidad.

    • De dicho Concilio nació la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”, que anticipó, en 1965, respuestas a los desafíos del mundo de entonces, cuyos interrogantes se prolongan hasta el día de hoy.

    • Entre nosotros está uno de los protagonistas de ese espectacular momento de la Inteligencia, el profesor Hans Kung, que en aquel entonces, en compañía del profesor Ratzinger, eran dos de las ocho cabezas privilegiadas que fueron llamados a profundizar el análisis y a abrir caminos por entonces insospechados.

    • Hay políticos muy serios que no han olvidado estas elaboraciones y que ven en ellas un hilo conductor de las discusiones del mundo de hoy.

    • “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del Cesar” dijo Jesús en las escrituras.

    • Dicho postulado encuentra su reflejo en la Constitución “Gaudium et Spes” en la siguiente frase: “La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno”.

    • Reconoce la Iglesia que la religión y la política son instituciones autónomas. Sin embargo, aclara que “ambas están al servicio de la vocación personal y social del hombre”.

    • “El hombre no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna”.

    • Planteada la relación entre religión y política, entre Iglesia y Estado, en término de independencia, no deja de discutirse, en muchos temas, qué es lo que pertenece a Dios y qué es lo que corresponde al César.

    • Basta con pensar en la discusión sobre la vida, el aborto, la contracepción, la muerte asistida, los problemas de género y otros aspectos en los que los representantes de Dios y del César discuten, no siempre en buenos términos, la “propiedad” sobre el tema o los temas en cuestión.

    • A resolver esta problemática contribuyeron, desde diferentes ángulos, el Profesor Hans Kung y el Profesor Ratzinger y, junto a ellos, el Cardenal Karol Wojtyla, quien aportó, junto a Lech Walesa, la dinámica del valor contemporáneo por excelencia: el de la solidaridad.

    • No son los peritos los que hacen un concilio pero sí son ellos, después de la terminación de la asamblea, los que están en mejor capacidad de interpretar y justipreciar los caminos que se emprenden. Esto puede explicar por qué quienes en un momento trabajaron unidos iniciaron después una controversia inteligente que aún no termina.

    • Juan Pablo II optó, con el entonces Cardenal Ratzinger, por un camino que no era el del Profesor Kung.

    • Es cierto que Juan Pablo II era un conservador arraigado, sobre todo en los campos de la contracepción y las medidas en torno al tema de la vida en su origen y en su conclusión, pero también es cierto que fue el hombre que, con su fuerza moral, convocó al mundo -una vez derrotado el totalitarismo marxista- a responder aquella pregunta que se hace Alain Touraine acerca de si “podemos vivir juntos“.

    • Ese Papa conservador fue protagonista y autor fundamental de la caída del muro de Berlín y de la derrota definitiva del comunismo, y es preciso reconocerle y darle ese mérito.

    • Wojtyla fue capaz de hacer brillar “el Esplendor de la Verdad” al lado del valor de la Solidaridad y logró hacer de ésta el valor dinámico transformante del mundo.

    • Sin embargo, siempre subsistirá el derecho a preguntarse y preguntar “qué cosa es y donde está la verdad y, más allá, si hay alguien que pueda declararse administrador de ella”.

    • El Profesor Hans Kung, por su lado, ha destacado la necesidad de elaborar y converger en una ética universal cuyos principios ha enunciado, despertando el interés de quienes, luchando por la sobrevivencia de la especie, tratan de encontrar consensos creativos.

    • El mismo Papa Benedicto XVI, preocupado por el “relativismo“, puede entrever la riqueza que esta ética universal propuesta tiene en el propósito de contribuir a encontrar razones para “sobrevivir juntos”.

    • Muy acertadamente ha resaltado el Profesor Kung los elementos desde los cuales la Iglesia católica y las iglesias de la Reforma juegan un papel primordial en la política contingente.

    • La finalización, por ejemplo, de la guerra en Irlanda, es un caso claro y preciso que contribuye a la construcción del bienestar de la sociedad, y no cabe duda de que las iglesias están allí presentes y seguirán estándolo en las soluciones de estos problemas cruciales para la supervivencia del ser humano.

    • Agotada la geopolítica tradicional o, al menos, con síntomas de casi total aniquilamiento, quedan las ideas y sentimientos religiosos como referente de una sociedad que busca afanosamente puntos de referencia.

    • Las religiones -si bien están en un largo periodo de “convalecencia”- son -como se admite en el pensamiento de los grandes políticos- factores principalísimos del análisis que deben estar siempre presentes antes de dar siquiera una opinión.

    • Pensar una política lejana del referente religioso es, por decir lo menos, un terrible error político.

    • Actuar en contra del pensar o el sentir religioso es una equivocación porque equivale a obrar en contra de las convicciones íntimas de la gente, del elemento personal que puede mantener la cohesión social de una nación.

    • Yo mismo, en Colombia, un país profundamente religioso y mayoritariamente católico, encontré muchas veces, como Presidente de la República, la necesidad y la conveniencia de trabajar conjuntamente con la Iglesia para buscar soluciones a los problemas más apremiantes del país.

    • El papel de los altos jerarcas de la Iglesia o de simples sacerdotes en la búsqueda de la paz con los grupos armados ilegales fue fundamental durante mi gobierno, y lo sigue siendo todavía en los tiempos actuales.

    • Incluso los grupos terroristas más violentos reconocían en la Iglesia un interlocutor digno de respeto, con la capacidad para facilitar acuerdos y construir confianza.

    • Concluyendo, y valorando con sentido crítico el aporte que la religión hace a la política y que la política hace a la religión, dentro de la búsqueda conjunta del bien común, encuentro que esta relación puede y debe traer más beneficios que conflictos.

    • Debe esperarse un resurgimiento –un renacimiento– en donde ambas instituciones converjan, cada vez más, en los mismos valores y contribuyan a construir una nueva sociedad capaz de garantizar no sólo la supervivencia sino la calidad de la vida.

    • No se puede hacer de la política una religión ni convertir la religión en política pero sí es urgente reconocer que, respetando su autonomía, deben mantener vivo el imperativo del diálogo si de verdad es cierto que –en dimensiones diferentes- se ocupan ambas del bien común.


    Fecha

    2007

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