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  • EJEMPLO DE VIDA

    Discurso del presidente en el acto de condecoración con la Cruz de Boyacá al doctor Ignacio Velez Escobar.

    Con un inmenso placer de colombiano he venido hoy a Medellín para unirme  al homenaje que Antioquia le rinde a uno de sus hijos más ilustres, a un varón insigne que en la dorada cumbre de la madurez recoge el fruto de una vida admirable dedicada al más noble de los menesteres, que no es otro que el de servir a su pueblo con abnegación y grandeza. El doctor Ignacio Vélez Escobar es en verdad un símbolo de las virtudes que desde siempre adornaron el ancestro altivo y recio de los antioqueños, de esta raza querida, admirada y apreciada en todos los rincones de la geografía nacional; raza austera, laboriosa y leal, que durante generaciones le ha marcado el rumbo a Colombia y ha ejercido con firmeza un liderazgo que le ha abierto caminos de esperanza a la Nación, aún en sus horas más  difíciles.

    Pocos, muy pocos son los seres humanos a los que el destino les otorga el privilegio de disfrutar, en los años dorados, cuando las vanidades de la vida se desdeñan desde las alturas apacibles de la serenidad y la sabiduría, del reconocimiento unánime de sus conciudadanos y del respeto cariñoso de un pueblo agradecido. Tal es el caso de mi admirado amigo, el doctor Vélez Escobar, cuya parábola vital es un ejemplo para Antioquia y para Colombia, un ejemplo de todo lo que un hombre puede lograr cuando se consagra con fe y con tenacidad a luchar por los ideales que inspiran su existencia.

    De Ignacio Vélez bien se puede decir lo que de sí mismo predicaba Aristóteles, es decir, que “nada de lo humano le es ajeno” . Consagrado desde muy joven al estudio y al ejercicio de la medicina, gastroenterólogo cuyo prestigio trascendió con sobrados méritos las fronteras nacionales, como que ha sido Presidente de la Sociedad Panamericana de Gastroenterología; miembro correspondiente de las Sociedades de Gastroenterología de Perú, Venezuela, Chile y Cuba; profesor visitante en México, Guatemala y Guayaquil; fundador y Presidente de la Bockus International Society of Gastroenterologya, entre otros reconocimientos internacionales, bien hubiera podido dedicarse a disfrutar sin afanes ni fatigas de las ventajas materiales y sociales que su prestigio profesional le ofrecía lícitamente. Pero su inquieto espíritu y su temperamento arrollador lo impulsaron a aventurar se por los duros vericueto s del servicio público, para bien de Antioquia, porque le ha dejado a esta región que tanto ama una obra que perdurará por generaciones, y que inscribirá su nombre con honor en los anales de los grandes patricio s antioqueños.

    La Ciudad Universitaria es la magna obra que el doctor Vélez le ha aportado a Antioquia y a Colombia. Ustedes saben que no exagero si afirmo que sin la impronta ejecutiva, honrada y visionaria de nuestro dilecto amigo, hoy la Universidad de Antioquia no sería uno de los centros académicos más prestigiosos del país y un símbolo de la pujanza antioqueña. Logró el doctor Vélez, como rector de este centro, la singular hazaña de construir sus modernas instalaciones en dos años menos del plazo previsto, sacando recursos de la nada y con una eficiencia que mereció el elogio y el reconocimiento de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo.

    Desde luego, no ha sido la Ciudad Universitaria su único aporte a la comunidad antioqueña. Muchas son las ejecutorias que a lo largo y ancho de la imponente geografía de este departamento se deben al espíritu progresista y al empuje de quien supo siempre entender la política como una oportunidad de servicio, como un ejercicio de la inteligencia a favor del pueblo, como un apostolado permanente que se ejerce sin más recompensa que la satisfacción del deber cumplido. Como alcalde de Medellín, como gobernador, como senador, como presidente del Directorio Nacional Conservador, Ignacio Vélez Escobar pensó y actuó siempre con criterio patriótico, sin causar heridas ni dejar cicatrices en el alma de sus ocasionales contradictores. Por eso, siendo un recio y caracterizado líder conservador, dos de los más prestigiosos presidentes liberales de este siglo, los doctores Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo, honraron a Antioquia y honraron al Partido Conservador incorporándolo a sus administraciones, y por eso en esta noche decenas de distinguidos dirigentes liberales nos acompañan a rendir el homenaje que Antioquia y Colombia le estaban debiendo.

    Y estoy seguro, apreciado Ignacio, de que si mi padre aún estuviera entre nosotros, estaría aquí esta noche, porque él, como usted, siempre rindió culto a la amistad leal y sincera, y siempre formó usted parte del círculo de sus más queridos amigos. De Misael Pastrana aprendí a apreciar y a valorar las virtudes que adornan la personalidad férrea de Ignacio Vélez Escobar.

    Pienso que si alguien me pidiera definir en un breve trazo a Ignacio Vélez, diría que es un hombre de carácter. Un roble que el huracán podría arrancar de raíz, pero que jamás doblegaría sus ramas ante el embate de la tempestad. Cuánta falta le están haciendo a Colombia en esta hora, doctor Vélez, hombres de su temple. Que distinto sería el presente de esta Nación si el alma colectiva de los colombianos encontrara en sus ancestros la fuerza para enfrentar con coraje los azares de la hora presente y doblegarlos.

    El ejemplo de su vida, querido amigo, es un hermoso himno a la fe y a la esperanza en el porvenir. Por eso, como Presidente de los colombianos, permítame decirle que es para mí un honor poner sobre su pecho altivo la Cruz de Boyacá, la orden que el Libertador creara para honrar a los ciudadanos que le han servido bien a la Patria.

    y que el bello ejemplo de su vida nos ilumine a todos y nos ayude a enfrentar con valor y con fe el futuro de Colombia.


    Lugar y fecha

    Medellín, Colombia
    6 de noviembre de 1998

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