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  • EL ALTO: VIBRANTE EJEMPLO DE LO QUE ES LA IDENTIDAD LATINOAMERICANA

    La Paz, creo yo, debe experimentar con El Alto una sensación similar a la que muchos padres vivimos respecto a nuestros hijos: que los pequeños, sin darnos cuenta, crecen y se desarrollan hasta alcanzar nuestras dimensiones y nuestra madurez. El Alto, por eso, ya no puede pensarse como un mero derivado de La Paz. Hace rato conquistó la mayoría de edad.

    Como una de las ciudades de mayor crecimiento en América Latina, El Alto es un crisol de tendencias y culturas. Aquí se conjugan las ancestrales tradiciones aymaras con los veloces cambios de la modernización. Aquí se baila al ritmo de las festividades de Supay y el Ekeko, pero también al de los populares temas que circulan por todo el globo a través de la radio y la televisión. Esa es una experiencia, rica y sin duda compleja, de la que todos los latinoamericanos podemos aprender.

    Por eso, porque esta ciudad de 4.080 metros de altura y una cantidad infinita de coraje y valor humano es un vibrante ejemplo de lo que es la identidad latinoamericana y de cómo enfrentar los retos de los tiempos, sólo puedo sentirme orgulloso de ser declarado como su huésped ilustre.

    Mi respeto, mi admiración y, claro está, mi solidaridad, estarán siempre con El Alto.

    Apoyo y permanente consejo es algo que todos los latinoamericanos le debemos a esta ciudad. Sobre todo cuando, bajo el liderazgo del alcalde José Luis Paredes, -en cuya persona confluye además la grata coincidencia de ser el hijo del actual Embajador de Bolivia en mi país- los alteños están enfrentado con decisión los desequilibrios que genera un acelerado crecimiento.

    Con la colaboración del sector privado, de la Iglesia, de Organizaciones No Gubernamentales, de la cooperación internacional y, por supuesto, de la misma comunidad, el alcalde está adelantando, especialmente a nivel de obras públicas y de política social, grandes esfuerzos para elevar el nivel de vida en la ciudad y convertirla, así, en el polo industrial y en el importante centro cultural que merece ser.

    Todos, en Bolivia y fuera de ella, debemos sumarnos a su causa, una causa que hoy, al recibir las llaves de esta ciudad, hago también mía.

    Así se cumplirá en El Alto aquello que el pensador boliviano Guillermo Francovich recomendaba hacer con toda América Latina: “Una patria de hombres libres y generosos, plenos de dignidad, conscientes de su propia personalidad, capaces de desenvolver todas las posibilidades, dentro de un claro y libre sentido de humanidad”.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    El Alto, Bolivia
    19 de agosto del 2001

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