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  • EL ARTE DE LUZ HELENA CABALLERO ES EL MEJOR EMBAJADOR DE LA CULTURA DE COLOMBIA EN COSTA RICA

    INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN DE PINTURAS DE LUZ HELENA CABALLERO

    Hace 124 años, en 1876, llegaron a la ciudad de Cartago, en este querido país de Costa Rica, un selecto grupo de padres jesuitas colombianos, quienes enseñaron y trabajaron allí por nueve años. Entre ellos venía el padre Santiago Páramo, uno de los mayores pintores religiosos de Colombia, quien se dedicó a la docencia e hizo los planos y dirigió las obras de la Iglesia de San Nicolás y de la Capilla de las Betlemitas.

    No sé si el padre Páramo habrá dejado algunas de sus obras pictóricas en Costa Rica, pero lo cierto es que cuando he tenido oportunidad de contemplarlas en la Iglesia Colonial de San Ignacio, en Bogotá, a pocos pasos de la Cancillería colombiana y a unas pocas cuadras del Palacio Presidencial, no dejo de asombrarme por la milagrosa perfección de su arte.

    Qué bueno presenciar hoy, cuando el tercer milenio ha abierto ya sus puertas, la llegada a Costa Rica de otra excelente representante del arte colombiano, quien trae con sus pinturas el mensaje de optimismo y de belleza que siempre ha caracterizado a los creadores de mi país.

    En los óleos de Luz Helena Caballero, en sus bodegones, sus objetos y sus paisajes, hay, como lo afirma Eduardo Serrano “una expresión acerca de la percepción en términos visuales, de la imaginación en términos creativos y de la sinceridad en términos artísticos”.

    Yo quiero felicitarla, Luz Helena, primero por su arte, y, segundo, por hacer del mismo el mejor embajador del espíritu y de la cultura de Colombia ante este pueblo hermano de Costa Rica.

    Y mayor realce encuentro en esta exposición por el hecho de realizarse en el Museo de los Niños, dentro del Centro Costarricense de la Ciencia y la Cultura. El arte, que es espíritu, que es sentimiento y que es comunicación, es el mejor amigo de los niños y de su sano crecimiento.

    En Colombia hemos entendido que un país que no piensa en los niños es un país sin futuro. Por eso, en mi Gobierno, y bajo el dedicado liderazgo de Nohra, estamos poniendo en práctica importantes proyectos a favor de la niñez, como el programa de desayunos escolares, con el que esperamos dar nutrición balanceada diaria a más de 2 millones de niños de bajos recursos. También se están entregando ludotecas, o espacios de recreación y aprendizaje lúdico, a las poblaciones más marginadas del país, y estamos fomentando el necesario hábito de la lectura con el programa “Leo Contigo” que llega a millones de niños en todo el territorio nacional, entre otros varios programas que estamos adelantando.

    Estando en un país como Costa Rica, líder en materia educativa y en el campo de la salubridad, y con un alto índice de desarrollo humano, reafirmamos el compromiso con nuestra niñez de continuar trabajando incesantemente por ella, siguiendo su inmejorable ejemplo.

    Si en nuestros países, en nuestros hogares y escuelas, aplicamos el lema de este Museo de los Niños, de “educar al niño para no tener que castigar al hombre” estaremos dando pasos firmes en el camino del verdadero desarrollo.

    Me ha llamado mucho la atención saber que este Centro de Ciencia y Cultura en el que nos encontramos está ubicado en lo que antes era la Penitenciaría Central de San José. También en Santa Fe de Bogotá, el Museo Nacional tiene su sede en una antigua cárcel o Panóptico nacional, en la cual justamente desde hace 20 días tenemos como invitado especialísimo nada menos que al gran Pablo Picasso, con pinturas y dibujos suyos representativos de todas sus épocas.

    ¡Es maravilloso ver cómo antiguas cárceles del cuerpo se han convertido en templos de liberación del espíritu!

    Precisamente, con la exposición en Colombia de las obras del pintor más grande del Siglo XX, el mismo arte se ha encargado de dar un espaldarazo de optimismo y de fe a nuestro país, en un momento crucial de nuestra historia.

    Lo mismo puede predicarse de esta exposición de Luz Helena Caballero en San José: es un regalo de positivismo y un lazo más de color y belleza para las relaciones entre nuestros pueblos.

    Pueda ser que nuestras culturas se sigan conociendo y relacionando cada vez más. Que los pintores, los escultores, los escritores, los cineastas, los bailarines, los cantantes, la gente del teatro, crucen cada vez con mayor frecuencia las fronteras amigas entre nuestros países y nos unan en el lenguaje universal del arte.

    Picasso dijo que a los doce años ya sabía pintar como Rafael, pero que necesitó toda una vida para aprender a pintar como un niño. Aquí, en el Museo de los Niños de San José, entendiendo que proteger sus valores y su inocencia es nuestro deber más sagrado, quiero que mezclemos como niños los colores y dibujemos juntos el bello e inmenso arcoiris que une, -y ha unido siempre-, el destino de Costa Rica y el de Colombia.

    Muchas gracias.

    Lugar y fecha

    San José, Costa Rica
    29 de mayo del 2000

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