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  • EL DESARROLLO DEL TRANSPORTE ES EL DESARROLLO DEL PAÍS

    MENSAJE CON MOTIVO DEL XXV CONGRESO NACIONAL DEL TRANSPORTE

    Como lo ha señalado el Banco Mundial, existe una estrecha relación entre los índices de desarrollo y la inversión en la infraestructura de transportes. El nexo es apenas obvio: cuanto más se expandan los kilómetros de vías, cuanto más ellas reduzcan los tiempos de comunicación entre los centros de producción y los de consumo, cuanto más se reduzcan los costos para movilizar los productos, mejores serán los rendimientos del sistema económico. El desarrollo del transporte es, por eso, el desarrollo del país.

    Más aún cuando, estando enfrentados a los retos de la globalización, el ritmo de la competencia internacional nos suena más a rock que a bolero. Cada vez son más acelerados los cambios en los niveles de competitividad de los países y cada vez más quienes no los asumen quedan condenados a la triste experiencia de la pobreza. Si queremos evitarla, entonces, no sólo debemos incrementar la calificación de nuestros trabajadores o tecnificar nuestras industrias, sino mejorar todas las áreas de nuestra infraestructura. En ese sentido, el transporte terrestre es esencial.

    No sobra recordar que, exceptuando el petróleo y carbón, cerca del 90% de la carga generada en Colombia se moviliza por carretera. Asimismo el conjunto del sector aporta cerca del 5% al Producto Nacional y genera cerca del 8% del total del empleo remunerado del país. Una economía más pujante aún, donde se consolide el ya visible repunte industrial del país, requiere por eso de un sistema de transporte por tierra cada vez mejor.

    El Gobierno Nacional, ya sea en el campo de las obras públicas o de la seguridad,  está trabajando para conseguirlo.

    En relación a lo primero se puede mencionar, para comenzar, la construcción del Túnel de La Línea, la ampliación del corredor Buga – Buenaventura y el mejoramiento de la vía Bogotá – Ibagué. Mediante la intervención sobre este corredor vial de más de 500 kilómetros, y teniendo en cuenta que con el túnel se reducirá en una hora y veinte el tiempo de viaje para vehículos pesados, se facilitará notablemente el acceso al importante puerto de Buenaventura. Como allí se moviliza nada menos que el 60% de la carga internacional, estoy seguro de que estas obras repercutirán con fuerza en la economía del país.

    Igualmente será positivo el impacto de la concesión del tramo Briceño – Tunja – Sogamoso y del corredor Zipaquira – Barbosa -Bucaramanga – Santa Marta. Con estas concesiones se mejorará la comunicación con la Costa Atlántica y se reducirán, en un 18% y en 25%, respectivamente, los costos de operación en estos trayectos. Esto, por supuesto, redundará en grandes beneficios tanto para los propietarios de vehículos de carga como para los empresarios del transporte.

    En cuanto a trayectos con impacto sobre la comunicación con nuestros vecinos, tenemos, por una parte, la concesión Rumichaca – Pasto -Popayán con sus variantes y accesos, la cual no sólo logrará un avance significativo en la comunicación colombo – ecuatoriana,  sino que conectará con la concesión de la malla vial del Valle del Cauca y Cauca y, a su vez, con el corredor Bogotá – Buenaventura. Por otra parte, el enlace entre el centro del país con Venezuela cuenta ahora con un paso alternativo y de menor duración, dada la topografía de la región, por medio del recorrido Villavicencio- Yopal- Saravena- Arauca.

    De esta manera, el Ministerio de Transporte está trabajando para que cada una de las empresas que ustedes representan pueda desplegar, a través de su operación, los más altos niveles de competitividad.

    En relación a la seguridad, la cual es un justo reclamo del gremio de los transportadores, también venimos adelantando crecientes esfuerzos. Bien sabe el Gobierno Nacional que el gremio de los transportadores no podrá dar lo mejor de sí mismo mientras continúe asechado por el terrorismo, los bloqueos y el atraco. Es sin duda lamentable contemplar espectáculos como el de hace una semana en la ciudad de Cali, donde, como si tratara de cortejo fúnebre, las latas calcinadas de decenas de tractomulas fueron paseadas parsimoniosamente por sus calles.

    Al respecto puedo mostrar cifras y estrategias. Bien valdría mencionar las 220 bandas de piratas terrestres capturadas durante el presente año, o los 200.000 millones de pesos en mercancía que fueron recuperados, o las 250 unidades de policía motorizada que, con el ánimo de incrementar nuestro pie de fuerza, circulan por nuestras carreteras.

    Podría decir, apoyándome en las estadísticas, que en el período comprendido entre enero y junio del 2000 se redujeron los asaltos a buses, los camiones hurtados o los volúmenes de mercancía robada. Podría hablar también del naciente programa “Operación CIEM”, el cual, gracias a un nuevo sistema de identificación, permitirá a la policía de carreteras ejercer un más eficiente control en las vías y, de ese modo, impedir las acciones ilícitas.

    Todo esto lo podría mencionar, pero sé que no será suficiente. Y no lo será porque reconozco que, a pesar de tales esfuerzos,  los grupos al margen de la ley continúan atacando profusamente al gremio de los transportadores. Aplicando la misma lógica perversa que los lleva a destruir nuestras riquezas petroleras o nuestra infraestructura de energía eléctrica, ellos insisten en minar la creación de riqueza y empleo que es el transporte. Esto nos demuestra que su sed de destrucción parece tan amplia como el voluntario declive de su popularidad.

    Al respecto no puedo sino condenar esos hechos y esperar que, gracias a los avances en el proceso de paz, por una parte, y al trabajo conjunto de empresarios, conductores y las  autoridades correspondientes, por otra, se reduzcan los índices de atentados contra el sector. Redoblando y tecnificando cada vez más los procedimientos para mejorar la seguridad en las carreteras y, en la misma medida, confiando en unas prontas señas de paz por parte de la subversión,  veremos seguramente unos más alentadores resultados.

    Debemos tener paciencia. Así como la hemos tenido para la guerra, ahora la debemos tener para la paz.

    El gremio de los transportadores, el cual, no me cabe duda, es un factor esencial en el incremento de la prosperidad del país, debe demostrar ahora que su coraje y su indoblegable ímpetu empresarial pueden superar los escollos que la situación de orden público del país atraviesa en su camino. El Gobierno Nacional sabe que cuenta con su respaldo y que, como una parte de esa Colombia legal y trabajadora, no se amilanará ante quienes sólo practican la palabra destrucción.

    Estamos trabajando por la paz y por la seguridad con igual énfasis, y estamos pensando siempre en los transportadores. Cuenten, por supuesto, con mi permanente apoyo y atención.


    Lugar y fecha

    Santa Marta, Colombia
    19 de octubre del 2000

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