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  • EL EJÉRCITO NACIONAL LIDERA GRAN OFENSIVA PARA RECUPERAR A COLOMBIA DE QUIENES QUIEREN DESTRUIRLA

    CEREMONIA DE ASCENSO DE OFICIALES GENERALES DEL EJÉRCITO NACIONAL

    Hoy he venido ha hablar con orgullo ante mi ejército y ante el ejército de todos nosotros, el único ejército legítimo y el único ejército defensor de toda la población colombiana.

    Hoy hablo ante un ejército que se ha fortalecido y se ha legitimado como nunca antes en su historia.

    Hoy hablo ante un ejército comprometido con su patria y con la defensa de su Constitución; garante de los derechos humanos, y, ante todo, el mayor protector de todos los colombianos que tan sólo pedimos una oportunidad para vivir la vida.

    Hoy hablo ante un ejército que, cumpliendo las instrucciones de su Comandante en Jefe, ha pasado a liderar una gran ofensiva para recuperar a Colombia de quienes sólo quieren destruirla.

    Éste es el Ejército victorioso que a comienzos del año impidió la toma de la vía al Llano en los municipios de Guayabetal, Quetame y Une. Es el Ejército que combatió con éxito en Güicán y en Génova; en el Urabá antioqueño, en Puerto Lleras, en Valparaíso y en tantos otros rincones de la geografía nacional.

    Éste es el Ejército que rescató de manos de la guerrilla el infame corredor del secuestro en la zona del Sumapaz; el Ejército que liberó a 424 secuestrados en los primeros once meses del año -¡un colombiano en libertad cada 18 horas!-; el  mismo Ejército que presionó y venció a los secuestradores del ELN en los Farallones de Cali, obligándolos a devolver a sus víctimas.

    Éste es el Ejército que está garantizando la movilidad en el Putumayo, en medio de la lucha absurda de los violentos; es el Ejército que la semana pasada impidió el avance guerrillero en Santander; el que día tras día, sin descanso, lucha por el bienestar y la tranquilidad de sus compatriotas.

    Pero también es un Ejército de héroes, que han entregado su vida por nosotros, por defender los valores sagrados de la democracia. También son los 50 mártires de Dabeiba y de tantos otros lugares de nuestra tierra, que cayeron en cumplimiento de su deber, y que son los valientes que nos han dejado un legado de honor que agradecemos con devoción y con fervor de patria.

    Este ejército de héroes también es un ejército que siente dolor de patria al ver la crueldad y la insensatez del enemigo, pero sobre todo, al ver la irracionalidad y la demencia de sus métodos de lucha.

    ¿Será que los violentos que reclutan niños, que asesinan niños, que secuestran niños, se sentirán orgullosos de cometer ese infanticidio contra su propio pueblo?

    ¿Será que lloran también por los pequeños a quienes cortan las piernas y la vida con sus minas?

    ¿Será que sufren por ellos, con la misma nobleza y humildad de nuestros soldados, a quienes se les rompe el alma al ver niños y niñas reclutados a la fuerza o mediante engaños por los grupos ilegales?

    Nosotros sí nos acordamos de los derechos de ellos, cuando quienes se proclaman sus defensores aquí y en el mundo ya los han abandonado.

    Porque nuestros soldados y nuestros oficiales son ante todo nuestros colombianos, nunca les ha faltado humanidad y grandeza.

    No se imaginan con cuánta emoción y con cuánto orgullo –como Presidente, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la nación y como colombiano- digo estas palabras que resumen la esencia del Ejército Nacional: un ejército firme, fuerte, ¡a la ofensiva por Colombia!

    El Ejército de Colombia –que con tanta entereza y tanto compromiso ha venido comandando ese gran soldado y ese gran ser humano que es el General Jorge Enrique Mora Rangel- es hoy un Ejército distinto, más legítimo, más profesional y más moderno, que cuenta con el irrestricto apoyo del Gobierno Nacional y de la totalidad del pueblo colombiano.

    Afortunado el General Mora, y afortunados todos los colombianos, de tener también un comandante de las Fuerzas Militares como el General Fernando Tapias. Su sabiduría, su juicio y su capacidad de anteponer la patria a cualquier otro interés han sido vitales en los momentos más difíciles, pero también ha sido el General Tapias un líder, ejemplo medular de este nuevo Ejército que tenemos: vertical y sincero, carismático e incorruptible. General Tapias: Usted ha sido un amigo leal, no sólo del Presidente de todos los colombianos, sino amigo leal de todos los colombianos.

    Ahora nuestro Ejército cuenta con una Brigada contra el Narcotráfico, con una Fuerza de Despliegue Rápido que ha cobrado grandes dividendos en la lucha contra los violentos, con una Aviación reorganizada y dotada con más y mejores helicópteros, y con una Inteligencia reestructurada y cada vez más eficiente en sus resultados.

    Desde 1998, en un incremento sin precedentes, nuestro Ejército ha enriquecido sus filas con 22.000 soldados profesionales y 10.000 soldados regulares más, y seguiremos aumentando su pie de fuerza con hombres preparados, experimentados y con vocación de permanencia en la Fuerza. El objetivo es que antes de tres años hayamos duplicado el total de soldados profesionales y regulares de las Fuerzas Militares, que en 1998 eran 74.000, hasta un número cercano a los 140.000.

    Además, con los recientes decretos expedidos por el Gobierno para la reestructuración, modernización y profesionalización de las Fuerzas Armadas, hemos creado el marco legal para que la institución castrense se desarrolle y crezca dentro de la democracia y el respeto por los derechos humanos.

    Hemos regulado el régimen especial de la carrera profesional de los oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares; el régimen disciplinario y de evaluación de los mismos, y el sistema de salud.

    Adicionalmente, con el estatuto del soldado profesional y la regulación salarial, de prestaciones sociales y seguridad social de los soldados profesionales, hemos cumplido con el compromiso largamente aplazado por el Estado de dotar a sus mejores hombres de una situación digna a nivel laboral y social, con normas claras sobre sus ascensos y promociones, las prestaciones sociales y los servicios que los cobijan, las indemnizaciones a que pueden acceder y, en general, las condiciones básicas de su relación con el Estado

    Nuestros soldados, además de la asignación mensual, recibirán, en adelante, primas de servicios, de navidad, de vacaciones y de antigüedad, junto con el subsidio familiar. Por otro lado, -y esto es muy importante-, contarán con un esquema de seguridad social que les garantice una jubilación digna, rodeados de su familia y con tranquilidad económica.

    Más temprano que tarde, Ministro Ramírez, General Tapias, General Mora, el país y la historia reconocerán la dedicación y el esfuerzo que han hecho para lograr la más grande transformación de nuestras Fuerzas Militares en toda su historia, lo cual nos llevará, un día no muy lejano, a conseguir finalmente la paz.

    Apreciados amigos:

    El Gobierno Nacional ha tomado la decisión de prorrogar la zona de distensión hasta el 31 de enero próximo, atendiendo las recomendaciones de la comunidad internacional, las fuerzas políticas, las organizaciones sociales, la Iglesia, las otras ramas del poder público. Hemos creído conveniente darle una nueva oportunidad a la salida política del conflicto armado, convencidos como estamos de que así nos evitaríamos mucha sangre, mucho dolor y sufrimiento, y porque las verdaderas transformaciones que en la historia de la humanidad han perdurado, son las que se logran por la convicción y no por la coacción.

    Hoy reafirmo ante ustedes que mientras yo sea Presidente de la República no voy a permitir que una  zona cuyo objeto es exclusivamente la de facilitar el diálogo y la negociación, se convierta en una zona de corrupción. No me va a temblar el pulso para tomar las decisiones que sean necesarias para que en  Colombia imperen el orden, la justicia y la institucionalidad.

    Amigos del ejército de Colombia:

    Nuestro país quiere y merece un Ejército triunfante, fuerte y moderno, y ese es el Ejército que estamos viendo actuar en los diversos frentes que presentan los intolerantes y los delincuentes.

    En los primeros once meses del año, el Ejército ha puesto fuera de acción, ya sea porque los abatió en combate, porque los capturó o porque desertaron, a 4.600 subversivos, miembros de las autodefensas, narcotraficantes o delincuentes comunes. Esta es una cifra verdaderamente impactante, que da una idea del continuo y efectivo accionar de nuestros soldados.

    Y así como se avanza contra la delincuencia, también se mejora la protección de nuestros hombres. De ahí que las bajas oficiales, para satisfacción de todos los colombianos, hayan disminuido drásticamente.

    Las estadísticas de la muerte son tristes y dolorosas pero son dicientes: Mientras, en 1998, por cada guerrillero o miembro de las autodefensas caído en combate perdíamos igualmente a un soldado de nuestro Ejército, hoy, en el año 2000, por cada soldado que fallece son cinco los miembros de grupos ilegales que son abatidos. ¡En dos años la proporción cambió del 1 por 1 al 1 por 5 a favor de las fuerzas del Estado colombiano!

    Hoy lo digo con satisfacción ante mi Ejército, el Ejército de Colombia: El Gobierno Nacional está comprometido con el éxito de su misión constitucional y está haciendo todo lo que está a su alcance para fortalecer, modernizar y profesionalizar a los cuerpos armados de la legitimidad nacional.

    Queridos miembros del Ejército Nacional:

    Hoy me honro en estar con ustedes en este momento solemne de la vida militar.

    A los Brigadieres Generales Rafael Horacio Ruiz Navarro, Gabriel Eduardo Contreras Ochoa y Eduardo Santos Quiñónez, que hoy ascienden al grado de Mayores Generales, así como a los Coroneles Ismael Silva, Antonio José Ladrón de Guevara, Hernando Alonso Ortiz, Gilberto Rocha, Pablo Alberto Rodríguez, Carlos Lemuz y Alonso Eduardo Franco, que hoy ascienden al grado de Brigadieres Generales, quiero extenderles mi sincera felicitación por este nuevo sol que a partir de hoy alumbrará sobre sus hombros. Ojalá que se convierta en luz de democracia, de patriotismo y de integridad, como un faro que oriente a las nuevas generaciones de oficiales. Yo estoy seguro de que así será y les auguro los mayores éxitos en esta nueva etapa culminante de su carrera profesional.

    Igualmente, quiero congratular a los Mayores Generales Néstor Ramírez Mejía y Henry Medina Uribe, quienes hoy reciben la medalla que atestigua sus 35 años de servicio a la Patria desde el Ejército de Colombia. Es casi media vida dedicada a servir a los suyos con valor y devoción, y la patria hoy se los agradece.

    A los nuevos subtenientes, miembros del Curso Militar “Teniente Coronel Jorge Eduardo Sánchez Rodríguez”, los felicito y les doy la bienvenida más cálida y afectuosa al privilegiado grado de oficiales de Colombia. Esta es una dignidad que implica obligaciones y, sobre todo, exige mucho temple y mucha vocación de servicio. ¡Dios los ampare y los guíe en el desarrollo de su vocación por Colombia!

    Muy especial mención quiero hacer del subteniente Jhon Perdomo Soto, quien fue el primer puesto de su promoción y se hizo acreedor de la medalla Francisco José de Caldas. A él y a sus compañeros les espera un inmenso desafío: construir con valor e inteligencia la paz de Colombia.

    Ustedes, nuevos subtenientes de la Patria, pertenecen a un curso que hace honor a la memoria del Teniente Coronel Jorge Eduardo Sánchez Rodríguez, un hombre valiente de Boyacá, la tierra de la libertad, que amó siempre a Colombia y que dio su vida por ella, a los 42 años de edad, siendo comandante del Batallón de Artillería No. 8 San Mateo, con el mismo heroísmo de Ricaurte, precisamente el mártir de San Mateo.

    Hoy le hemos rendido un homenaje póstumo al Teniente Coronel Sánchez, al conferirle la Orden de Boyacá, que ha recibido con orgullo, pero también con tristeza, su señora esposa, doña Silvia Esther Duque. A ella y a sus hijos, Silvia Catalina y Camilo Andrés, los acompañamos en su pena por la ausencia del esposo y padre, del hombre de su vida, pero también los felicitamos por llevar en el corazón y en la sangre la memoria amorosa de un valiente.

    Ahí tienen, señores subtenientes, el ejemplo de coraje y de altura humana que siempre los acompañará.

    Ustedes, oficiales, deben portar el uniforme de Colombia con dignidad y con orgullo. Ustedes deben ser un ejemplo para sus soldados y para todos los colombianos. Quiero verlos entregándose a sus tropas, como ustedes se deben a sus soldados. Quiero verlos como líderes en el teatro de operaciones, pero también líderes en los pueblos, en las veredas, frente a los niños y niñas de esta patria, que buscan afanosamente una mano amiga que les dé confianza y seguridad, una mano que les diga que en medio de la adversidad, éste es un país que no se rinde frente a los violentos; que no se rinde frente a los enemigos de la paz; que no se rinde frente a quienes quieren imponernos su ideología o su mercancía. Que los soldados de Colombia están aquí para quedarse y para asegurarse de que por las anchas avenidas de la paz transitemos todos juntos buscando un país mejor, más próspero, más justo y más humano.

    Ustedes son la nueva fuerza moral de Colombia. Hacer parte del Ejército de Colombia es un reto inmenso, pero también implica la satisfacción de luchar por un ideal de libertad. Porque, señoras y señores, nuestro ejército no le tiene miedo a la paz, tampoco nunca le ha tenido miedo al sacrificio. Hoy Colombia abraza y rodea a su Ejército, y yo, en su nombre, dejo en este campo de paradas el testimonio emocionado de su gratitud.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    7 de diciembre del 2000

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