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  • EL FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACIÓN

    INAUGURACIÓN DEL XXXV  FESTIVAL DE LA LEYENDA VALLENATA
    Homenaje a la Cacica Consuelo Araujo
    Abril 26 de 2002

    “Yo tengo una herida muy honda que me duele.
    Yo tengo una herida muy grande que me mata.”

    Comienzo con estos versos inmortales de Rafa Escalona, los mismos que la Cacica le enseñó alguna vez a Carlos Vives, porque son las palabras que mejor reflejan la emoción intensa que siento esta noche, cuando me encuentro otra vez con mis buenos amigos vallenatos, -como hace exactamente dos años-, en esta plaza entrañable, con su Palo’e Mango y su Tarima Francisco El Hombre, pero con la pena, con la inmensa pena, de no tener, como en aquella ocasión, la compañía alegre, vital, generosa, de mi buena amiga, de nuestra querida Cacica, de la Cacica de toda Colombia: Consuelo Araújo Noguera.

    A ella le digo hoy, con el alma en la garganta, desde esta plaza que siempre fue su plaza y este festival que fue su vida:

    “Solamente me queda el recuerdo de tu voz,
    como el ave que canta en la selva y no se ve.

    “Con ese recuerdo vivo yo,
    ¡con ese recuerdo moriré!”

    Y no soy sólo yo. Es todo el pueblo vallenato el que vivirá y morirá con su recuerdo. Porque hoy la recordamos y sentimos como fue: con grandeza y con alegría de vivir. Hoy la recordamos como ella querría ser recordada: no con dolor, no con voces fúnebres y lamentos, sino con el sonido gozoso de los acordeones, las cajas y las guacharacas de su música vallenata; con trinitarias en las manos, encomendando su memoria al amparo amoroso de la Virgen María que la acompañó toda la vida.

    ¡Cuántas semillas sembró Consuelo que hoy han germinado! ¡Cuánto dio con generosidad, sin esperar a cambio nada más que una sonrisa! ¡Cuántas mujeres fue ella a la vez, como si hubiera vivido mil vidas en una!

    Ella fue la “Cacica” de los suyos y de sus amigos. Ella fue la líder regional y comunitaria por excelencia. Ella fue la folclorista, la promotora de la cultura autóctona de nuestra patria, la investigadora, la escritora y la periodista. Ella fue la Ministra de Cultura que promovió con convicción los talentos naturales de nuestra tierra. Ella fue, en cualquier lugar donde estuviera, la mujer íntegra, la vertical, la transparente, que se enfrentaba con firmeza a la corrupción y a la injusticia. Ella fue nuestra amiga y la amiga de toda Colombia.

    Una anécdota ilustra el carácter singular e irrepetible de la Cacica. Recuerdo muy bien cuando la llamé a ofrecerle el Ministerio de Cultura. Ella, emocionada, me agradeció el ofrecimiento, pero me dijo, casi avergonzada: “Yo no puedo aceptarle, Presidente, porque yo apenas soy bachiller”. En efecto, Consuelo sólo había podido terminar, y ya tarde, su bachillerato en el Colegio Nacional Loperena, pero nunca pudo ir a la universidad pues las mujeres de su casa tuvieron que trabajar para costear la educación de los varones. Entonces yo le dije: “Consuelo, para ser Ministra de Cultura no se necesita ser profesional. Con que sea usted como es, defensora y amante de la cultura, basta”. Y así fue: Consuelo fue la Ministra estrella de la cultura regional y en sus meses en el gabinete tuvo excelentes resultados, incluido el impulso del Plan Decenal de Cultura que dejamos como legado a Colombia.

    Y sabemos todos que si tuvo que renunciar al Ministerio, lo hizo por una razón de peso como pocas: ¡Lo hizo por amor! Lo hizo para que su esposo, el ilustre jurista Edgardo Maya pudiera posesionarse como Procurador General de la Nación. Esa era Consuelo: desprendida y generosa como ninguna.

    Por eso la lloramos. Por eso no podemos entender la crueldad de aquellos que le arrebataron la existencia. Los terroristas, los que desprecian la vida y comercian con la libertad, no podían caer más bajo. Apuntar un arma contra Consuelo Araújonoguera fue como apuntar un arma contra el corazón de Colombia, contra la cultura de sus pueblos, contra lo más hermoso y digno de nuestro país. ¡Qué cobardes, qué viles, qué ignorantes son aquellos que utilizan una bala para matar una flor!

    Pero fallaron otra vez, como siempre fallan los cobardes. Porque se llevaron a la Cacica pero no se llevaron la esperanza de un pueblo. ¡Porque hoy en Valledupar hay más Cacica que nunca! La siento en todas partes, como si jamás se hubiera ido. La veo en el rostro amigo del pueblo vallenato. La escucho dando palmas a mi lado o coreando un son de esos que tanto quería.

    Se llevaron a la Cacica, pero nos quedó su alma diseminada en nuestros corazones, su risa viviendo en nuestra memoria, su porte de pilonera mayor inmortalizado en los nuevos trofeos del Festival, su legado de amor en toda la tierra del Cesar, en los acordeones que ella nos enseñó a respetar y a querer como un patrimonio nacional.

    La Cacica se quedó a vivir para siempre con su pueblo en este Festival que fue su creación y en el Parque de la Leyenda Vallenata, el Parque que ella soñó para su ciudad y su cultura, el Parque que ella luchó como ninguna y que día a día se va convirtiendo en una promisoria realidad.

    Aquí estuve con ella, el 6 de enero del año 2000, colocando la primera piedra de este sueño vallenato. Hoy Consuelo, desde el cielo, sigue siendo la inspiración de este trabajo que va avanzando con el empuje del pueblo del Cesar. Ya con el Fondo Nacional de Regalías hemos aportado los primeros 7 mil 500 millones de pesos para que muy pronto podamos caminar en el Bosque del Amor-Amor, recorrer la Plaza de los Chimilas, disfrutar los cantos de los juglares vallenatos en el Coliseo Cacique de Upar y la Tarima Compae Chipuco, e incluso encontrarnos con una réplica del antiguo convento de Santo Domingo, donde reposaba la imagen de la Virgen del Rosario, cuyo milagro dio vida a la Leyenda Vallenata.

    Este Parque será el más grande homenaje que podemos rendir a Consuelo. Pero nuestro tributo va más allá: Hoy mismo estoy sancionando la ley que declara al Festival Vallenato como Patrimonio Cultural de la Nación, que determina la emisión de un sello postal o de correos en homenaje a la Cacica, que crea la cátedra Valores y Talentos Vallenatos “Consuelo Araújoneguera” y la Beca de Estudios con su nombre para investigadores sobre el folclor nacional. Además, con esta ley se asignan 5 mil millones de pesos del presupuesto nacional para la construcción y terminación del Parque de la Leyenda Vallenata, para la Escuela de Música de Talentos Vallenatos “Rafael Escalona” dentro del parque y para el mausoleo de la Cacica. ¡Serán 5 mil millones más para hacer de Valledupar un polo del turismo y del folclor colombiano!

    Pero no paran ahí las buenas noticias. ¡También debe estar muy feliz Consuelo al saber que su vallenato se ha vuelto producto de exportación y factor de desarrollo gracias al Cluster de la Cultura Vallenata que firmamos el pasado 15 de marzo en el Encuentro de Competitividad de Santa Marta!

    No exagero si digo que fue la Cacica la que sacó al vallenato de las fronteras del caribe colombiano y lo llevó a pasearse con orgullo por todo el mundo. Ahora lo cantan Serrat y Paloma San Basilio. Ahora lo corean en otros idiomas. Ahora se ha ganado un Grammy con la figura internacional de Carlos Vives. Ahora se ha vuelto el favorito de los líderes mundiales, como Bill Clinton, quien nunca deja de mencionarme su gusto por la actuación de los niños vallenatos, esos que tanto promovió Consuelo y que la emocionaron hasta las lágrimas cuando hicieron sonar sus acordeones en la Casa Blanca.

    Con base en estas experiencias vamos a desarrollar el Cluster de la Cultura Vallenata. Mediante el trabajo conjunto del Ministerio de Comercio Exterior, el Ministerio de Cultura, el Comité Asesor Regional de Comercio Exterior -Carce- del Cesar, las empresas del sector privado, las universidades y las autoridades regionales vamos a hacer de la parranda vallenata un producto turístico y vamos a volver competitivos los productos vallenatos culturales en el mercado internacional. ¡Éste es un reto que debemos asumir entre todos, para que el mundo entero sepa que Valledupar y el vallenato son los símbolos de lo mejor y lo más autóctono de Colombia!

    (…)

    Desde su plaza, desde su tarima, hoy le hablo a la Cacica, como si hiciera una plegaria vallenata, y le repito los versos de Armando Zabaleta:

    “Yo sé muy bien que en tu tierra querida
    has dejado un vacío que no hay cómo llenarlo.

    “Porque es verdad que el tiempo que se va no regresa.
    ¡Sólo queda el recuerdo de las cosas queridas!”

    Con ese recuerdo nos quedamos, Cacica. Nos quedamos con su pueblo, con su provincia amada. Nos quedamos acompañando y rodeando con toda nuestra solidaridad y nuestro afecto a su esposo, el Dr. Edgardo Maya, a sus hijos y a sus familiares, que hoy son testigos de excepción del lugar de privilegio que ocupaba Consuelo Araújonoguera en el corazón de su gente.

    A ellos hoy les entrego la Orden de Boyacá en el grado de gran cruz que hemos otorgado a la Cacica en forma póstuma como un reconocimiento perdurable del pueblo colombiano a su vida y obra. ¡Es la medalla más grande de Colombia para una mujer tan grande como su pueblo!

    Queridos amigos: Hoy hay llanto en la tierra del Cesar, pero sabemos, con certeza, que hay fiesta en el cielo. Porque ahora los ángeles tienen “su diosa coronada”. Porque Francisco el Hombre cantará para ella sus versos legendarios. Porque “Alicia adorada” ha encontrado al fin una compañera de tertulia y Jaime Molina, el amigo de Rafa Escalona, tendrá quien le organice un Festival Vallenato. No tengo duda de que en el cielo estará la Cacica, con Pedro Castro, escuchando el duelo de titanes entre Alejo Durán, Juancho Polo Valencia y Juancho Rois, y averiguando cómo va su parque, cómo anda su tierra, cómo están sus amigos que nos quedamos huérfanos de su presencia.

    Cacica: nunca te olvidaremos ni dejaremos de escuchar tu risa abierta ni dejaremos de sentir la alegría de tu mirada ni el calor de tu bienvenida. Cacica: nos haces mucha falta. ¡Pero siempre estarás en nuestros corazones enamorados de la música y el alma de tu Valle de Upar!

    Aquí nos quedamos con Leandro Díaz, con Rafa Escalona, con Emiliano Zuleta, con tantos creadores que han venido a hacer el más grande homenaje a la Cacica: el tributo de los juglares, de los mitos del vallenato que ella ayudó a construir.

    Aquí nos quedamos pensando, como Guillermo Buitrago:

    “Cómo me compongo yo en el día de hoy;
    cómo me compongo yo en el de mañana.

    “Cómo me compongo yo, que vivo triste.
    Cómo me compongo yo: ¡me duele el alma!”

    ¡Hasta siempre, Cacica! Vivirás en el alma de tu pueblo y en cada nota de sus acordeones. Vivirás en los niños vallenatos y en tu parque de leyenda. Entre tanto, sólo puedo decir, con el corazón emocionado, esa frase hermosa que nos puso a cantar hace muchos años Juancho Polo Valencia:

    “Adiós, Consuelo, Consuelo querida… ¡Yo te recordaré toda la vida!”


    Lugar y fecha

    Valledupar, Colombia
    26 de abril del 2002

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