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  • EL GLORIA Y SU TRIPULACIÓN DEJAN EN ALTO EL NOMBRE DE COLOMBIA

    Arribo del Buque Escuela ARC Gloria.

    Cartagena, Bolívar, 10 de noviembre de 2000.

    El pasado 20 de mayo zarparon de este mismo puerto 174 personas, junto con Morgan, la mascota, llenas de nerviosismo y expectativas. Hace aproximadamente seis meses el Gloria soltó sus cabos y la brisa cartagenera hinchó las velas de su nave más querida, su hija más fiel, con la esperanza puesta en la llegada de un día como hoy, cuando volvería a soplar con fuerza para traer a la costa a sus tripulantes, quienes llegan con el alma y el cuerpo curtidos no sólo por la sal sino también por las infinitas experiencias vividas a lo largo del crucero.

    ¡Cuántas noches cubiertas de estrellas no soñaron con la hora de besar y abrazar a sus padres, hermanos, familiares y seres queridos; de compartir con sus amigos el haber aprendido a navegar bajo las 88 constelaciones de la bóveda celeste, tal y como lo hicieron los antiguos navegantes fenicios, árabes y griegos!

    ¡Cuántas historias no traerán en su talego marinero!

    Sólo ustedes sabrán describir la emoción que sintieron cuando atravesaron, desde Halifax, el océano Atlántico totalmente a vela. Fueron más de 2.800 millas acariciadas por el Gloria, donde se pasaba de vientos que hicieron escorar el buque más de 20 grados, a largas jornadas donde no restaba sino esperar que el viento se dignara a hinchar nuevamente las adormiladas velas.

    Imagino que los neófitos no podrán olvidar tampoco su anhelada primera visita al territorio de Neptuno, dios de los mares, donde los marinos expertos los bautizaron en una divertida e inolvidable ceremonia que contarán a sus familiares y amigos, y, dentro de unos años, a sus hijos y nietos.

    Son pocos los que tienen la oportunidad de narrar estas historias, así que espero que las lleven siempre bien guardadas en sus corazones.

    Apuesto también que siempre abrigarán en el alma aquel brindis que a las 10 de la noche hicieron en la popa del buque con la más colombiana de las bebidas, la “aguapanela” caliente, que contrastaba de manera deliciosa con las frías aguas del Canal de la Mancha. En ese momento llevaban en sus corazones la satisfacción del deber cumplido. Luego de 18 días ocuparon el sexto lugar en una impresionante competencia de más de 20 buques de la categoría del Gloria y otros 45 competidores de todas las características existentes.

    Como es usual, el Gloria y su tripulación dejaron en alto el nombre de Colombia.

    No se equivocó el Vicealmirante Rubén Piedrahíta cuando dijo alguna vez, días antes del arribo del Gloria a Cartagena, que “este punto diminuto que avanza jubilosamente hacia nuestra costa del Caribe, es también la patria colombiana que prolonga en el mar su existencia espiritual y corpórea con su fe y su esperanza; sus alegrías y sus dolores; su historia y su tradición”. Ustedes, tripulación del Gloria, representaron a lo largo de este crucero que hoy concluye el espíritu de Colombia y de su gente.

    Puedo asegurarles que así lo sintieron miles de colombianos que vieron llegar el Buque a los puertos extranjeros, ondeando majestuosamente la bandera más grande que se ice en la popa de cualquier otra nave semejante. Cuando el viento les trajo el eco de las notas del Himno Nacional, tan solemne y patrióticamente entonadas por los cadetes subidos en los mástiles, sintieron ese amor y esa emoción que produce la Colombia que ustedes les estaban entregando y que muy seguramente llevan en sus corazones a pesar de la distancia.

    También llevaron lo mejor del país a todos los extranjeros que vieron en esa pulcritud, en ese orgullo de representar a Colombia, una muestra de lo que somos. Gracias a ustedes, por ejemplo, el mismo presidente Clinton quedó alucinado el 4 de julio en la celebración de la Independencia en Nueva York, cuando alIado de decenas de buques insignia, el Gloria encandilaba a la audiencia con sus camisetas amarillas, azules y rojas, como una inmensa bandera nacional.

    Niños de colegios de New London recorrieron fascinados los pasillos del buque al ritmo de cumbias y merengues, mientras los cadetes les contaban sobre la geografía y cultura colombianas a la vez que respondían preguntas sobre la vida en alta mar.

    En Vancouver, un niño de madre colombiana conoció la patria de sus ancestros a través del Gloria y su tripulación, pero muy especialmente a través de Morgan, el amigable labrador que viajó como mascota del Buque, que le contó a su manera que llevaba seis años recorriendo el mundo como todo un lobo de mar. Morgan es el dig- no heredero de Chicote, que ostentó con orgullo, hasta su muerte, el récord mundial como el perro con más millas en velero.

    Queridos miembros de la tripulación del Gloria:

    Hoy, cuando los recibimos a bordo de una de las joyas más preciadas de la Nación, quiero, en nombre de todos los colombianos, darles las gracias por habernos llevado con ustedes en este recorrido inolvidable. En estos seis meses de crucero aprendieron y enseñaron, visitaron y fueron visitados: empresarios y banqueros del principal centro mundial de finanzas estuvieron con ustedes, embajadores para nuevas inversiones en el país; senadores y representantes americanos conocieron esta verdadera Colombia que ustedes llevan en el corazón, lo que influyó decididamente para que el país recibiera recursos para el Plan Colombia. En todos los puertos le mostraron al mundo la grandeza del país a través de un arduo pero bien realizado trabajo como marinos.

    La instrucción que recibieron los cadetes no fue únicamente naval, si bien ahora son expertos en el manejo de velas, la navegación astronó mica y conocen tanto las pitadas marineras como el característico lenguaje a bordo: Ustedes ahora entienden también la importancia de ser la prolongación de un país, de ser los representantes y embajadores de un pueblo que merece una mejor imagen ante el mundo.

    A sus familiares y amigos quiero agradecerles por habernos dado en préstamo a estos ilustres colombianos. Sus días de espera concluyen hoy cuando con un abrazo reconozcan a estos curtidos viajeros quienes desafiaron los vientos, las olas y las corrientes para garantizar el paso elegante de esta gran Gloria nacional.

    Hoy como siempre, Colombia recibe a la tripulación del Gloria con un saludo fervoroso, como a los buenos hijos de la Patria. Hace seis meses les dije buen viento y buena mar. Hoy los acogemos en el muelle de Colombia y los invitamos a seguir siendo hombres y mujeres de mar, ¡hombres y mujeres de honor!


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    10 de noviembre del 2000

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