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  • EL LUGAR DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION ESTÁ DENTRO DE LA SOCIEDAD Y POR LA SOCIEDAD, A LA QUE REPRESENTAN Y SIRVEN

    MENSAJE XXVII ASAMBLEA GENERAL DE AFILIADOS DE LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN -ASOMEDIOS-

    Antes que nada quiero manifestarles mi pesar por no poder acompañarlos, como era mi deseo -y como sí pude hacerlo, por fortuna, el año pasado- en esta vigésima séptima Asamblea de Afiliados de Asomedios. Lamentablemente, obligaciones impostergables de Gobierno me obligaron a excusarme en esta oportunidad.

    Sin embargo, no quiero dejar pasar la feliz ocasión de encontrar reunidos a tantos colegas periodistas y amigos de los medios de comunicación sin compartir con ustedes unas ideas fundamentales sobre el delicado papel de los medios en las particulares y complejas circunstancias que hoy vive nuestra nación.

    El año pasado, cuando intervine ante esta Asamblea, afirmé que los medios tienen una libertad amparada por las leyes, una responsabilidad fijada por ellas mismas y una influencia enorme, dada su naturaleza. En sus manos está el cómo usar esa libertad y esa influencia, y demostrar tal responsabilidad.

    En circunstancias normales éste ya es un reto de enormes proporciones. ¡Qué decir, entonces, del desafío que representa, para los medios, su desempeño en circunstancias excepcionales como las que hoy vive Colombia, enfrentada a la amenaza continua del terrorismo contra su población!

    El terrorismo, por definición, es la ejecución de actividades intimidatorias o violentas contra determinados objetivos concretos con el fin de producir terror o alarma en un grupo humano mucho mayor que el afectado por el atentado. Es decir, el terrorismo no puede existir sin el poder de difusión y expansión de los actos que lo constituyen, el cual multiplica el efecto devastador y lo posiciona en las mentes y corazones de la gente, aún de los más alejados al lugar de los hechos.

    Por supuesto, sería inútil e ilógico pretender que no se informe sobre actos terroristas, cuando ellos afectan o pueden afectar a los lectores, televidentes o radioescuchas. Pero lo que no se puede -bajo ninguna circunstancia- es picar ingenuamente el anzuelo de los violentos, sirviendo como altoparlantes e involuntarios colaboradores de sus oscuros propósitos.

    Aquí es donde el criterio de los periodistas e informadores tiene que exigirse al máximo para lograr un equilibrio entre su deber y su derecho de informar y la ponderación de las consecuencias de la información frente a los intereses y la seguridad de la nación.

    Si por algo se ha caracterizado mi Gobierno -y de ello me enorgullezco como Presiente y como periodista- es por respetar íntegramente la libertad de prensa y de información. Por eso mismo podemos demandar a los medios, con tranquilidad de conciencia, mayor responsabilidad frente al país, una responsabilidad asumida de la forma más estricta, a tono con la compleja situación que vivimos y que nos corresponde afrontar a todos unidos.

    El síndrome de la chiva, la urgencia de ganar audiencia, no pueden superar, de ninguna manera, nuestra responsabilidad social como comunicadores.

    Tenemos que ser claros, además, en un concepto que a veces se nos escapa:

    La imparcialidad del periodista y comunicador tiene perfecta aplicación en tiempos de paz, cuando se discuten posiciones entre dos tendencias políticas, o entre el Gobierno y un gremio o asociación, o de cualquier otra índole. Pero cuando la nación misma se encuentra atacada por diversos frentes de violencia en desarrollo de una arremetida terrorista no es posible que los medios pretendan comportarse con supuesta imparcialidad entre las dos partes, pues no son dos partes equiparables ni ambas están enmarcadas por la legalidad. Se trata del terrorismo, por un lado, y del Estado colombiano -con la nación que lo conforma-, por el otro. Se trata de una guerra declarada por unos pocos intolerantes contra la sociedad civil, y en esta guerra sí que es imperioso que los medios tomen partido: el único partido posible, que es el de la sociedad.

    Mi mensaje concreto a esta Asamblea de Asomedios es el siguiente: En el marco de la objetividad que demanda el ejercicio del periodismo, el lugar de los medios  de comunicación está DENTRO DE LA SOCIEDAD Y POR LA SOCIEDAD, a la que representan y sirven. Su labor debe estar siempre guiada por su responsabilidad hacia ella, por encima de cualquier otra consideración.

    ¡Llegó la hora de que todos, sin excepción,  tomemos partido por Colombia!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    20 de marzo del 2002

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