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  • EL PAPEL DE LAS EMPRESAS, EL GOBIERNO Y LA INVERSIÓN EN LA BÚSQUEDA DEL DESARROLLO

    EL PAPEL DEL SECTOR PRIVADO

    Como Presidente de Colombia entre 1998 y el 2002, desarrollé una particular percepción sobre el papel que puede tener el sector privado para contribuir a la solución de crisis tan profundas como las derivadas del conflicto armado que sufrimos, financiado por los dineros del narcotráfico y sostenido por la intolerancia de los grupos armados ilegales.

    A pesar de este conflicto, logramos sacar a Colombia de un estado de postración económica y la insertamos nuevamente en la corriente positiva de la economía mundial, controlando factores claves como la inflación, las tasas de interés y el déficit fiscal.

    En todo este proceso económico y social que permitió devolver a Colombia al camino del crecimiento y la confianza, el sector privado jugó un importante papel.

    No sólo se vincularon los empresarios colombianos a diversos programas sociales promovidos por el Gobierno, como Computadores para Educar, el Día del Niño o los pactos de transparencia, sino que participaron en estrategias de largo plazo como la Política de Competitividad y Productividad, y la Agenda de Conectividad.

    Precisamente, en el tema de la competitividad, se entendió que, para responder a las exigencias de los procesos de globalización, era necesario fomentar en las empresas el concepto de responsabilidad social, incluyendo el tema ambiental y la participación en proyectos de interés general.

    La empresa privada colombiana, por tradición, ha estado comprometida con el país, obrando muchas veces con un criterio más nacional que gremial. Fundaciones apoyadas por las principales empresas son ejemplo del apoyo prestado por el sector privado a la población más vulnerable del país, viabilizando sus microempresas, capacitándola, generando programas en el tema de la vivienda y la salud, entre muchas otras áreas.

    Incluso en desarrollo del proceso de paz que adelanté con las FARC, encontré el mayor de los respaldos en el empresariado y los gremios nacionales, dispuestos a realizar grandes sacrificios para recuperar la paz nacional. Tuvimos siempre los buenos aportes intelectuales de la Fundación Ideas para la Paz y el continuo y comprometido acompañamiento del Consejo Gremial, que reúne a los presidentes de los diferentes gremios de la producción y del comercio.

    Yo me pregunto: ¿cómo va a salir un país adelante si no es de la mano del sector privado, que es el principal generador de riqueza y de empleo, y, por consiguiente, de mejores condiciones de vida para la población?

    En Colombia, en Latinoamérica y en el mundo entero la adopción de políticas de responsabilidad social empresarial hace parte del continuo proceso de evolución de las economías de mercado, y es la clave para alcanzar al fin una etapa de capitalismo maduro.

    No hay que olvidar que el germen del descontento y de las revoluciones en el siglo XIX y comienzos del XX radicó en las condiciones inhumanas a las que la llamada “revolución industrial” sometió a los trabajadores, sin preocuparse en absoluto por su desarrollo social y su bienestar económico. Las consecuencias de este capitalismo salvaje, sin dirección social, fueron millones de muertos y décadas de totalitarismo.

    La historia debe servirnos para no repetirla. El sector privado está llamado a buscar -no sólo por filantropía, sino por su propio beneficio- un bienestar general, basado en principios de equidad y justicia social, al igual que un desarrollo ambiental sostenible.

    Siempre existirá una tensión y aparente desconfianza entre aquellos que promueven la justicia social y el sector privado, pero, en el largo plazo, ambos deben trabajar en forma conjunta a fin que el mercado sobreviva.

    El comercio, las inversiones internacionales y las nuevas tecnologías –potenciados por la globalización– han creado inmensa riqueza, y los empresarios deben asumir el deber correlativo de velar por que esta riqueza sea distribuida en forma más justa y equitativa.

    Para el sector privado mantener el status quo no puede ser una opción, mientras que más de la mitad del mundo sucumbe en la pobreza, y más de 800 millones de personas sufren de física hambre.

    Incluso si se asumiera que el único interés y responsabilidad del empresario es generar su propia riqueza, aquel debe enfocarse en buscar soluciones a la pobreza a fin de incrementar las oportunidades y poder adquisitivo de quienes podrán adquirir sus bienes y servicios.

    LA IMPORTANCIA DE LA INVERSIÓN

    Ahora bien: La mejor forma como el sector privado puede contribuir a mejorar el nivel de vida de quienes viven en los países más pobres del mundo consiste en invertir en esos países, haciendo negocios en forma responsable y sostenible, yendo más allá del simple cumplimiento de las leyes nacionales para atender estándares éticos y de bienestar superiores aceptados internacionalmente.

    Aquellas compañías que invierten a largo plazo en el mejoramiento de la capacidad productiva de un país, promueven el mejoramiento de las condiciones de su gente. La inversión extranjera directa, en este sentido, no solamente crea trabajos, sino que permite la transferencia de conocimiento y tecnología, y el mejoramiento de las condiciones de educación y salud de la comunidad donde se la empresa opera.

    Obviamente, hay un límite en lo que las empresas pueden hacer, pues no puede olvidarse que son, por esencia, organizaciones económicas con un fin lucrativo. De ahí que los gobiernos, los organismos universales, las organizaciones no gubernamentales deban también asumir responsabilidades activas -y no de simple control- a fin de dar solución a los grandes problemas sociales, económicos y ambientales del planeta.

    UN GOBIERNO EFICAZ

    En un país en desarrollo, el trabajo de un Gobierno debe enfocarse en generar condiciones de seguridad física, económica y jurídica que posibiliten el desarrollo de la iniciativa personal y empresarial; en fortalecer las instituciones y extender su presencia y acción en todo el territorio, y en crear mecanismos para corregir situaciones de inequidad social.

    Cuando un gobierno cumple eficientemente con estas tareas esenciales, facilita la acción positiva del sector privado y estimula una inversión igualmente positiva, lo cual se traducirá en mayor crecimiento económico y mejor nivel de vida para la población.

    Ahora, hay que tener en cuenta lo siguiente: con lo que un rico crece 10%, un pobre lo haría en 100% o más. Al multiplicar esto por el número de gente que vive en la pobreza, se halla la clave del crecimiento: vincular a los pobres a la creación de riqueza.

    No se trata de asistencialismo, sino de extensión de oportunidades, de darles un papel económico que los dignifique y posibilite su aporte a la sociedad, lo cual se logra mediante un conjunto de factores tales como la educación y capacitación en áreas estratégicas y la incorporación laboral dentro de un entorno económico estable.

    En Colombia, en medio de las dificultades generadas por la violencia de los grupos armados ilegales, hemos venido avanzando en seguridad, fortalecimiento institucional, construcción de infraestructura, y programas de capacitación y de asistencia social, gracias a un plan integral que se diseñó desde 1998 y que ha sido puesto en práctica por los dos últimos gobiernos: el Plan Colombia.

    Pongo a consideración del auditorio esta experiencia, -que contó, además, con el generoso y entusiasta respaldo del presidente Clinton y posteriormente del presidente Bush, así como de las dos bancadas partidistas en el congreso estadounidense-, como un ejemplo de acción estatal efectiva para contrarrestar problemas complejos y mejorar las condiciones de vida de un pueblo.

    En buena parte por la aplicación del Plan Colombia, -con una seguridad que mejora día tras día, instituciones que comienzan a llegar a los rincones más apartados, una economía estabilizada y unas reglas de juego claras-, mi país, a pesar de sus problemas, fue el año pasado el tercer receptor de inversión extranjera directa en Suramérica, después de Brasil y Chile.

    Concluyendo, ésta podría ser una receta para el desarrollo:
    – Un gobierno enfocado en generar condiciones de estabilidad que permitan el crecimiento económico y en crear mecanismos de redistribución.
    – Un sector privado comprometido con mejorar su competitividad y consciente de su responsabilidad social.
    – Unos inversionistas con visión de futuro, que le apuesten a crecer a un mismo tiempo con el país receptor de la inversión.


    Lugar y fecha

    Nueva York, Estados Unidos
    15 de septiembre del 2005

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