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  • ENRIQUE GARCÍA RODRÍGUEZ, TRABAJADOR POR EL DESARROLLO HUMANO Y SOCIAL DE LA COMUNIDAD ANDINA Y LATINOAMERICANA

    IMPOSICIÓN DE LA GRAN CRUZ DE LA ORDEN DE SAN CARLOS  AL DOCTOR ENRIQUE GARCÍA RODRÍGUEZ, PRESIDENTE EJECUTIVO DE LA CORPORACIÓN ANDINA DE FOMENTO

    “Hemos venido a este mundo como hermanos; caminemos, pues, dándonos la mano y uno delante de otro”, escribió William Shakespeare, y en esa frase condensó el ideal de solidaridad que debe presidir las relaciones entre los hombres y, también, las relaciones entre los pueblos.

    Enrique García Rodríguez, nuestro grato invitado del día de hoy, venido de la querida y encumbrada Bolivia, guardiana de los Andes, adormecida y altiva en las aguas silenciosas del Titicaca, es uno de los latinoamericanos que más entiende este postulado de hermandad.

    Él, que podría, con sobrados méritos personales, profesionales y académicos, ocupar los cargos de más alta jerarquía de su país, ha optado desde hace ya nueve años por servir a una patria más grande, condensada en la Comunidad Andina y ampliada a todo el continente de la esperanza americana.

    Su seriedad de economista está más que compensada por su gran corazón y por una visión que apunta, no a las frías utilidades financieras, sino al logro de un desarrollo sostenible en toda la región latinoamericana.

    En Colombia tenemos muchos motivos de agradecimiento para con la Corporación Andina de Fomento y muy particularmente para con Enrique García, su Presidente Ejecutivo desde 1991.

    Hace dos meses, cuando la CAF y el Gobierno Nacional produjimos en esta misma Casa de Nariño una declaración conjunta sobre los últimos empréstitos aprobados por aquella para la Red de Apoyo Social, que hace parte del Plan Colombia; para el Fortalecimiento del Sistema Financiero, y para el Plan de Inversiones del Gobierno Nacional, por un valor total cercano a los 500 millones de dólares, tuve oportunidad de señalar que la CAF siempre ha sabido entender las necesidades más sentidas de nuestro país y las ha apoyado con empréstitos oportunos, aun cuando la turbulencia en los mercados financieros internacionales limitaba el acceso a los recursos que demandábamos.

    Como lo dije entonces, no hay duda de que la Corporación Andina de Fomento se ha convertido en un aliado estratégico del Colombia, pero este mérito solidario tiene también el nombre de Enrique García, un hombre que ha estado al frente de la Corporación durante el último tercio de esas tres décadas de existencia, que celebramos con júbilo y entusiasmo.

    Con ese mismo furor juvenil sonarán hoy en Bogotá las notas de la Sinfónica de Juventudes de los Países Andinos, que nos honra con su visita, promovida por la CAF y compuesta por jóvenes músicos de los países andinos. Con la música de nuestra región y de los maestros universales la Corporación nos está entregando la más hermosa prueba de fraternidad y creación conjunta entre nuestras naciones. Ahí veo, también, el espíritu visionario de su Presidente Ejecutivo.

    Por todo lo anterior; porque Enrique García es un gran amigo de Colombia que ha probado con hechos su apuesta por el desarrollo de nuestro país, y por su trayectoria impecable de servicio a la Comunidad Andina y a Latinoamérica, tengo la gran satisfacción de imponerle la Gran Cruz de la Orden de San Carlos, como un justo reconocimiento a su gestión social en el ámbito regional.

    Aquí hay un hombre que cree en la justicia social y que trabaja por ella. Hay un latinoamericano que apoya sin dilación todo esfuerzo por mejorar la calidad de vida de nuestra gente, por lograr la paz y por incrementar la inversión social de nuestros pueblos. Hay, en fin, un boliviano que hace honor a los ideales del Libertador que definió esa tierra alta y mineral como “un amor desenfrenado de libertad”.

    Otro boliviano, el escritor Gonzalo Lema, recordaba hace dos meses en Bogotá su primera visita a Colombia, con las siguientes palabras: “La continuidad de siglos de historia compartida y de un mismo paisaje de Bolivia, Perú y Ecuador quedaban atrás y aparecía ante mí Colombia y la novedad, Colombia y su vocación por la alegría”.

    Pues bien: querido amigo Enrique García, es ésta misma “Colombia y su vocación por la alegría” la que hoy le dice gracias a un buen hijo de América que trabaja incansable por el desarrollo humano y social de nuestras naciones.

    Quede desde ahora, y para siempre, inscrito en el gigante corazón de esta tierra hermana y cubierta de esperanza.

    Muchas gracias.

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    26 de noviembre del 2000

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