“Mientras Santos enarbole la bandera de la corrupción, el país no saldrá del abismo”

Andrés Pastrana Arango llevó las riendas del país entre 1998 y 2002. Como pocos presidentes, hasta entonces, se la jugó toda por alcanzar la paz por medio del diálogo y combatir al máximo la corrupción estatal, curiosamente los dos temas políticos y económicos siguen vigentes y gravitarán en la contienda electoral que toca a la puerta. Jugó un papel determinante durante el pasado plebiscito donde salió victoriosa la opinión de que se debían revisar los acuerdos sellados en La Habana por este Gobierno y la guerrilla de las Farc.

Pastrana es duro con la administración Santos, le exige a los entes de control y vigilancia probidad y enciende luces sobre las elecciones presidenciales y las relaciones con Estados Unidos en tiempos de Trump.

¿Cuáles son los hechos de corrupción más dañinos que deben generar resultados concretos en el corto plazo?

La corrupción de este Gobierno está estimada por el procurador Carrillo, ministro y embajador de Santos, entre $20 y $40 billones anuales. Las cifras oficiales apuntan hacia $120 billones en desfalcos en lo que va del mandato. En menos de siete años se han robado un año entero de recaudos tributarios. Esto marca un derrumbe moral de proporciones inéditas en nuestra historia. A mi modo de ver, apelando al proverbio chino, “el pez se pudre por la cabeza”. Mientras el Presidente enarbole la bandera de la corrupción -llámela ‘mermelada’ o por cualquier otro nombre- el país no saldrá del abismo en que nos ha sumido Santos. Esa postura cínica es, indudablemente, el eje de la corrupción, que hoy tiene nombre propio.

¿Dos nombres más?

Reficar con sus inauditos US$8.000 millones y Odebrecht, que ya arrastra a dos ministras y al secretario privado de Santos, son apenas la punta del iceberg de los $120 billones.

¿Hay un problema de gerencia en el Gobierno?

Eso es lo que el Gobierno nos quisiera hacer creer. Lo que hay es una estructura de Gobierno en la que la corrupción se ha vuelto parte del día a día. Santos ha hecho de la corrupción, que era grave pero ocasional, un elemento obligatorio en las gestiones de la administración pública. La contratación en este Gobierno es una olla podrida de arriba a abajo. Desde la Presidencia con su mermelada hasta los serruchos al nivel municipal. Todo con el visto bueno del Presidente a través de su coalición.

¿Qué deben hacer los organismos de control más allá de articular esfuerzos?

El indulto a Carrillo por La Catedral, siendo procurador Edgardo Maya, deja un manto de duda sobre lo que Contraloría y Procuraduría realmente puedan hacer estando tan comprometidas entre sí y con la mermelada. El Fiscal, abogado muy exitoso, tiene vínculos profesionales que lo impedirían en muchos casos de corrupción. Lo más grave en este asunto es que la mayoría de medios de prensa están comprados con billones de mermelada y maniatados frente a la corrupción. Una realidad en la que su pregunta resulta, desafortunadamente, más bien abstracta.

¿El movimiento del No, murió en el plebiscito?

El NO fue apuñalado por Santos tras el plebiscito en un golpe antidemocrático sin antecedentes. No reconocer un resultado electoral fue nada menos que un golpe de Estado. Sin embargo, “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

¿El No debe tener candidato presidencial?

El NO es cosa del pasado. El futuro es el Presidente elegido por la amplia y victoriosa coalición democrática a la que Santos y las Farc pusieron conejo.

¿Qué le espera a Colombia con la administración de Trump?

La nueva administración en Washington ha enviado señales claras en cuanto a que no entiende el acuerdo con las Farc que Santos logró de la mano de Obama. Trump ha afirmado desde su discurso inaugural un mensaje contundente en cuanto a que asumirá el problema de la drogadicción y el tráfico de drogas como prioridad. El nuevo secretario de Estado, Tillerson, ha declarado que Colombia tiene compromisos por cumplir en cuanto a narcotráfico.

El nuevo gobierno en Estados Unidos tiene muy clara la incidencia de las Farc tanto en la quintuplicación de coca y narcotráfico como en el golpe a las instituciones democráticas de Colombia. Tienen grandes preocupaciones que Santos habrá de enfrentar con menos complacencia que la de Obama y Raúl Castro en su momento.

¿Entre los fundamentales de la economía, cuál es la cifra que más le preocupa?

$40 billones anuales en corrupción. Con esta cifra no hay economía viable ni país posible.

¿Debemos olvidar de los tratados de libre comercio?

Conozco matices y posturas en cuanto a los TLC, pero a nadie que niegue esta realidad de la economía global. Bien negociados son un instrumento esencial. Pero un mal tratado es suicida. Como en un tratado de paz.

¿Por qué no salió la reforma tributaria estructural?

Porque eso fue una mentira más de Santos. Lo que se pretendía y se hizo fue apenas un parche en el cráter de la corrupción. Pero, ante todo, porque los colombianos saben con certeza que al menos 20% de sus impuestos se va anualmente en corrupta, mermelada y directamente a los bolsillos de los políticos y contratistas deshonestos.

¿Usted qué ministros cambiaría?

Vamos a cambiar a todos los ministros el 7 de agosto de 2018. El pueblo colombiano no va a permitir lo que el santismo y la izquierda de las Farc llaman eufemísticamente un “gobierno de transición”. Ya los colombianos sabemos muy bien para dónde van.

Fuente: Diario La República

Lugar y Fecha

Bogotá, Colombia

30 de enero de 2017