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  • ENTREVISTA REVISTA “EL MUNDO DIPLOMÁTICO” EN SU NÚMERO ESPECIAL DE ENERO SOBRE LA DIPLOMACIA EN EL TERCER MILENIO

    1.- Como introducción a esta entrevista, agradeceríamos que nos ofreciera una breve reseña biográfica de V.E. y, en lo relativo a las tareas que realiza, que nos hablara de cuáles son los principales puntos que figuran en su agenda de trabajo y cuáles considera retos que Usted se ha impuesto?

    R/ Nací en Bogotá en 1954, hijo de Misael Pastrana Borrero, quien fue Presidente de la República entre 1970 y 1974, y de María Cristina Arango. Soy abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, con postgrado en Derecho Público y especialización en el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard. Ejercí el periodismo como Gerente de la revista Guión y como reportero, presentador y director del Noticiero TV Hoy. Fui Concejal de mi ciudad y, a fines de la década del ochenta, fui el Primer Alcalde de Bogotá elegido por sufragio popular. También fui Senador de la República y actualmente, desde el 7 de agosto de 1998, soy el Presidente de la República de Colombia, elegido por el voto democrático de mis compatriotas.

    El principal reto que asumí desde el primer día en la Presidencia ha sido el de buscar la paz interna para mi país, -asolado por casi cuatro décadas por la actividad de grupos armados ilegales-, mediante la negociación y el diálogo político, un desafío en el que sigo trabajando sin descanso. También me propuse rescatar la imagen y recuperar el liderazgo de mi país en el contexto internacional, lo cual hemos logrado sin duda, y recuperar una economía que presentaba síntomas preocupantes, otra tarea en la que hemos avanzado promisoriamente.

    2. ¿Qué labor realiza para que mejoren y sean más fructíferas las relaciones entre todos los países del mundo, y qué tareas y proyectos considera V.E. más urgentes y cruciales en la Democracia del Nuevo Milenio? ¿Cuáles son los problemas que más le preocupan actualmente de la Democracia y cree que ella logrará poner paz y concordia entre todos los pueblos del mundo?

    R/ Colombia ha sido siempre, por tradición, un país respetuoso y promotor de las normas y principios que rigen y estimulan las pacíficas relaciones entre las naciones del mundo. Durante mi Presidencia hemos podido hacer fundamentales aportes a la consolidación de la cooperación internacional para la paz y para el desarrollo en cargos de inmensa responsabilidad como la Secretaría Pro Témpore del Grupo de Río, que ejercimos durante el año 2000, y como la participación, en calidad de miembro no permanente, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por el periodo 2001-2002. También en otros organismos y mecanismos internacionales como la Organización de Estados Americanos, el Movimiento de Países No Alineados, la Comunidad Andina, el Grupo de los Tres, el G-15, la Asociación de Estados del Caribe y las Cumbres Anuales de Mandatarios Iberoamericanos hemos marcado una política coherente y continua de apoyo a la democracia y de búsqueda de una mayor justicia social y cooperación, sobre todo en el área de América Latina.

    Colombia fue promotora de la Cláusula Democrática en la Cumbre Presidencial de la Comunidad Andina en Lima, así como de la Carta Democrática Interamericana aprobada por la Asamblea Extraordinaria de la OEA también en Lima, y ha estado atenta a apoyar a las naciones de la región que han pasado por dificultades en sus procesos democráticos, como Ecuador, Perú y Paraguay, dentro del marco del Grupo de Río.

    No tengo ninguna duda sobre la importancia que tiene la democracia como el sistema básico para la consolidación de la paz en el mundo, a través del libre desarrollo, de la libre expresión y de la participación del pueblo en las decisiones públicas. Hoy la democracia se enfrenta a amenazas como el terrorismo, el autoritarismo en que pueden caer algunos regímenes, la violencia -generalmente propiciada por el problema mundial de las drogas-, la intolerancia de grupos armados ilegales y, por supuesto, la pobreza, que aún golpea duramente la región latinoamericana. Para defender la democracia, tenemos que seguir aunando esfuerzos contra estas amenazas y tenemos, muy especialmente, que establecer mecanismos de cooperación que nos permitan, entre todos, superar cada vez más la marginalidad y alcanzar un horizonte de verdadera justicia social.

    3.- ¿Necesita el mundo una reestructuración a nivel de organizaciones internacionales? En ese caso, ¿cómo debería ser esa organización? ¿Piensa que debe establecerse un nuevo Derecho Internacional o actualizarse el actual?

    R/ No hay duda de que los organismos internacionales cumplen, hoy por hoy, un papel fundamental en las relaciones armónicas entre las naciones y en su progreso. Por  supuesto, puede mejorarse funcionamiento y procedimientos, y éstos son pasos que la comunidad internacional debe asumir con cuidado y con determinación.

    Colombia apoya la iniciativa de reformar el Consejo de Seguridad, de forma que se corrijan los desequilibrios de su composición actual y se mejoren los mecanismos de toma de decisiones. También debemos fortalecer las instituciones multilaterales existentes, construir esquemas de cooperación entre ellas y los diferentes foros regionales y avanzar hacia un sistema internacional más democrático y participativo. Éste fue un mensaje expreso del Grupo de Río, acordado en Cartagena de Indias, que tuve oportunidad de exponer, en su nombre, en la Cumbre del Milenio convocada por las Naciones Unidas en el año 2000.

    Se ha hablado mucho de la urgencia de crear una nueva Arquitectura del Sistema Financiero Internacional que ayude a conjurar posibles crisis y a evitar que sus efectos recaigan sobre todo en los países menos desarrollados y más vulnerables. Ciertamente, estamos en mora de generar un nuevo diseño de las instituciones de Bretton Woods con dichos fines. Yo creo que la próxima Conferencia que tendremos en marzo en Monterrey (México) sobre el crucial tema del Financiamiento del Desarrollo será un escenario ideal para profundizar en este propósito.

    En cuanto al Derecho Internacional, que ha sido tan útil al desarrollo de la humanidad, no considero que deba crearse uno nuevo, sino, más bien, actualizar -como requiere todo ordenamiento jurídico- el actual y procurar, eso sí, que su aplicación sea cada vez más extensa y estricta frente a los diversos actores internacionales. En la medida en que principios sagrados como el de “Pacta Sunt Servanda” sigan presidiendo el obrar de las naciones, podremos tener fe en un futuro de armonía y de paz para el mundo.

    4. ¿Qué cree V.E. que debe hacerse y cómo para acabar con las desigualdades en el mundo en el tiempo más corto y eficaz posible? ¿Es esto una Utopía?

    R/ Bakunin decía algo que siempre ha calado mucho en mi pensamiento: “El que busca lo imposible siempre ha podido realizar lo posible. En cambio, aquellos que se han limitado a intentar lo que creían posible, nunca han dado un solo paso adelante”.

    Si consideráramos utópico el ideal de un mundo más justo no mereceríamos el título de gobernantes. Gobernar, de alguna manera, es dirigir un barco hacia la playa de la utopía, sabiendo que tal vez no la alcanzaremos, pero sabiendo también que habremos fracasado si no dejamos la nave un poco más cerca de su destino.

    Para acabar las desigualdades debemos trabajar en los frentes internacional y nacional. En el campo internacional, se requiere de una mayor conciencia de las naciones desarrolladas sobre la necesidad de expandir y compartir su desarrollo con las más desfavorecidas, como único camino para consolidar una verdadera paz mundial. Bien lo decía el Presidente Kennedy: “Nadie puede ser verdaderamente rico si sus vecinos son pobres”. También es fundamental que los países que estamos en vía de desarrollo unamos nuestros esfuerzos, mediante mecanismos de integración no sólo económica sino también social, para mejorar entre todos la calidad de vida de nuestros habitantes más pobres. En la Comunidad Andina, por ejemplo, en los últimos años hemos buscado impulsar una Agenda Social que produzca resultados en educación, nutrición, vivienda, servicios, etc. para todos los miembros de la misma.

    Desde el punto de vista interno, luchamos contra la desigualdad, consolidando, primero, la democracia; combatiendo la corrupción que atenta contra los recursos de los más pobres; realizando ambiciosos programas de inversión social, como ha sido en mi país el Plan Colombia, y ejecutando las reformas estructurales necesarias para garantizar también los recursos de las próximas generaciones.

    5.- Excelencia, ¿la Diplomacia juega un papel decisivo en las Relaciones Internacionales de su país o hay otros factores?

    R/ Desde cuando asumí la dirección del Gobierno entendí la importancia de la diplomacia como un factor fundamental para el apoyo de nuestro camino hacia la paz y para la estabilización y crecimiento de nuestra economía. En ese sentido, he liderado lo que he llamado la “Diplomacia por la Paz” y la “Diplomacia por la Economía”, con excelentes resultados.

    Hoy la comunidad internacional se manifiesta de diversas formas positivas frente a las dificultades que vive nuestro país. Por una parte, apoya decidida y expresamente nuestros esfuerzos por conseguir la paz y participa como acompañante y verificadora en diversas instancias de los procesos. Por otro lado, ha apoyado con recursos que superan los 4 billones de dólares nuestros programas de inversión social, de fortalecimiento de las instituciones, de sustitución de cultivos ilícitos y de lucha contra el problema mundial de las drogas.

    Hoy el mundo entiende que, así como el problema de las drogas es mundial y depende de muchos factores como el consumo, la venta y tráfico de insumos químicos y el lavado de activos, también la solución debe ser compartida. En ese sentido, he defendido en todos los escenarios internacionales la tesis de la responsabilidad compartida en la lucha contra las drogas ilícitas, y debo decir hoy, con satisfacción, que este mensaje ha sido entendido y que comienza a ser aplicado por las demás naciones y los organismos internacionales.

    Yo no tengo ninguna duda: la diplomacia, que en mi caso he adelantado personalmente, mediante visitas a los países y a los principales foros internacionales, con la eficaz coordinación de la Cancillería y de las representaciones diplomáticas de mi país, ha sido y seguirá siendo fundamental en este nuevo milenio para el desarrollo de los objetivos de paz, progreso y justicia social que se ha planteado mi Gobierno.

    6.- ¿Cómo están destinadas a ser en este nuevo tiempo las relaciones de su país con el Reino de España?

    R/ Si con un país hemos tenido durante mi periodo presidencial las mejores y más cordiales relaciones éste ha sido España, una nación amiga que ha respaldado con decisión nuestro proceso de paz, a través de su participación en los grupos de países facilitadores de los procesos con las FARC y con el ELN y mediante la eficaz coordinación del Grupo de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, cuya primera reunión oficial fue en Madrid, a través del cual se canalizaron importantes aportes para el desarrollo social de mi país.

    Tuve el inmenso honor de recibir en Colombia en noviembre pasado a Sus Majestades, los Reyes de España, así como al Presidente Aznar en 1998, y también he realizado varios viajes a España, comenzando por una visita oficial en marzo de 1999 y siendo el último mi participación en el II Congreso de la Lengua Española en Valladolid, en octubre del año pasado.

    Con tan buenas relaciones, Colombia sólo espera seguir incrementándolas y fortaleciéndolas, más aún hoy, cuando España ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Ciertamente, Colombia siente que tiene en España la mejor vocera de sus intereses y necesidades ante la Unión Europea y sabemos, por eso, que las relaciones, recíprocamente benéficas, entre nuestro país y Europa se harán aún más propicias bajo la dirección española, a la cual auguramos los mayores éxitos.

    Dentro de este marco, tengo toda la confianza en que España, -que es actualmente el primer inversionista extranjero en nuestro país-, seguirá consolidando su presencia económica en Colombia, en sectores tan importantes como la banca, la energía, las comunicaciones, las obras públicas, el comercio y los servicios.  Colombia, a su vez, responderá a su confianza con una política económica seria y responsable como la que he tenido la oportunidad de dirigir en los últimos tres años y medio.

    7.- ¿Qué mensaje quiere enviar a los lectores de El Mundo Diplomático?

    R/ El mensaje, al iniciar este segundo año del Tercer Milenio, es el siguiente: Los objetivos de la humanidad tienen que seguir siendo paz, progreso y justicia social para todos. Nada de lo que hagamos por perseguirlos será en vano. No hay que temer a perseguir utopías, porque ellas son el combustible del futuro que queremos.

    Desde Colombia hay más de 40 millones de seres humanos que estamos persiguiendo el sueño de la paz y que sabemos que vamos a alcanzarlo. La comunidad internacional tiene mucho que aportar a este sueño, y puede estar segura, a su vez, de que Colombia seguirá brindando lo mejor de sí, de sus paisajes, productos y creaciones del arte y del espíritu, al mundo entero.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia

    Enero del 2002

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