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  • ENTREVISTA REVISTA SEMANA

    1-) ¿Cuáles cree usted que son los tres principales logros de su Gobierno? ¿Y cuáles sus tres más graves errores?

    R/ Tres logros que resalto: el diseño y puesta en marcha del Plan Colombia, la recuperación y estabilización de la economía, y la recuperación del protagonismo y la dignidad internacional de Colombia a través de la Diplomacia por la Paz.

    He dicho que tal vez un error ha sido el haber creído en la capacidad del Congreso para reformarse a sí mismo y sacar adelante la reforma política, lo cual, como se sabe, no fue posible.

    2-) ¿Cuál fue el momento que recuerda con mayor orgullo y cuál el de mayor frustración?

    R/ Con orgullo recuerdo mi primera visita de Estado a los Estados Unidos, cuando fui recibido con honores por el Presidente Clinton, y no como un orgullo personal sino porque entonces lo que vivimos fue un símbolo de reivindicación del nombre de Colombia y de todos los colombianos, después de cuatro años de haber sido parias a nivel internacional.

    Tal vez mi mayor frustración fue el hecho de que las FARC no hubieran tenido, como decían, verdadera voluntad de paz y que, con su terrorismo, hubieran determinado el final del proceso de paz.

    3-) ¿Cuándo perdió la fe en el proceso de paz?

    R/ Nunca he perdido la fe en la solución política. La fe en la paz y la persistencia por la paz debe ser el motor que nos mueva a todos los colombianos, que no podemos dejar que la desesperanza nos gane la partida. Lo que sucedió con el proceso es una cosa distinta: existían los instrumentos para disminuir el impacto del conflicto sobre la población civil, y en eso estábamos; sin embargo, cada vez que las FARC destrozaban un pueblo, cada vez que atentaban contra la infraestructura y cada vez que se conocía un nuevo secuestro en contravía de lo que buscaba el proceso, se vulneraba la confianza que habíamos depositado en su voluntad de paz. Las FARC perdieron la oportunidad de que los colombianos creyeran en su palabra y perdieron la más grande oportunidad política que han tenido.

    4) Es obvio que las FARC tienen gran responsabilidad en el fracaso del proceso de paz. ¿Qué responsabilidad le cabe al Gobierno? ¿Qué hubiera podido hacer mejor?

    R/ No creo que el esfuerzo hubiera podido ser más firme y decidido, más  grande y  honesto. Se siguió una estrategia integral que comprendía no solamente la negociación en la mesa con la insurgencia, sino que abordó con realismo el problema del conflicto desde las relaciones internacionales, el fortalecimiento institucional, la inversión social, la lucha contra el narcotráfico y la inversión social en las zonas de conflicto. Tal vez algunas cosas pudieron haberse hecho mejor; al fin y al cabo la construcción de la paz es toda una enseñanza, no sólo para el Gobierno o para el Presidente, sino para toda la sociedad colombiana.

    5) ¿Cree usted que fue un gran error entregar la zona de distensión sin poner explícitamente unos controles como los que se intentaron al final del proceso?

    R/ La zona siempre tuvo controles. Desde el primer día, como Presidente, ordené los controles necesarios. A la entrada de la zona siempre estuvo la Fuerza Pública realizando retenes de control y vigilancia. El espacio aéreo siempre se monitoreo por los radares de la Fuerza Aérea y el ingreso de personas por vía aérea estuvo controlado. Una muestra de esos mecanismos fue la captura de los irlandeses pertenecientes al IRA. Lo que se anunció en octubre del año pasado fue el fortalecimiento de esos controles y se agregaron las autorizaciones especiales para extranjeros. El tema de los controles de la zona fue más una excusa de las FARC para no avanzar en el cese al fuego en esa etapa, y no les íbamos a seguir el juego.

    6) El Plan Colombia, tan central en su gestión, sólo ha tenido éxitos muy limitados. Ni la fumigación ha detenido el crecimiento de los cultivos ilícitos; ni la guerrilla se ha debilitado por no tener recursos de la droga, sino que el Plan le sirvió de excusa para escalonar el conflicto. ¿Cómo le responde usted a estas críticas?

    R/ Ustedes están cayendo en el prejuicio ya revaluado de que el Plan Colombia es principalmente un plan militar o de interdicción del narcotráfico, cuando la verdad es que el 75% del Plan corresponde a programas de fortalecimiento institucional o a inversiones de carácter social o humanitario, como los programas de desarrollo alternativo, de atención humanitaria, de fortalecimiento de la justicia y todos los que conforman la Red de Apoyo Social, como “Familias en Acción”, “Vías para la Paz”, “Empleo en Acción”, “Obras para la Paz” y “Campo en Acción”, que están teniendo positivos efectos en las comunidades más pobres y más apartadas del país.

    No es cierto, por otra parte, que no se haya detenido el crecimiento de los cultivos ilícitos. El año pasado, por primera vez, frenamos la tendencia creciente de los cultivos de coca, pasando de más de 163 mil hectáreas en el 2000 a menos de 145 mil en el 2001, según lo certifica el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos.

    Además, ¿quién puede dudar de la debilidad de la guerrilla, cuando ahora rehuye el combate con las tropas y sólo se ha dedicado a atacar a la población civil mediante la cobarde arma del terrorismo?

    7) En la reestructuración de las Fuerzas Armadas ¿qué fue lo más difícil de lograr? ¿Dónde sintió la mayor resistencia?

    R/ Sin duda, el fortalecimiento realizado en nuestras Fuerzas Armadas durante mi periodo es de carácter histórico, sin precedentes en nuestro país. No es fácil lograr -como lo hicimos- incrementar en un 75% el número de soldados combatientes -pasando de menos de 80 mil en agosto de 1998 a 140 mil en la actualidad-, pues, además de recursos, se requiere por lo menos un año para capacitar a los nuevos hombres, así como graduar los oficiales y suboficiales para que los capaciten. Por eso no siempre es tan fácil acceder a las demandas ciudadanas por más pie de fuerza. Pero no existe duda alguna de que lo que hicimos fue un cambio trascendental en nuestras Fuerzas Armadas.

    En todo este proceso no percibí resistencias. Más bien, conté con la cooperación permanente del Comandante de las Fuerzas Militares, del Director de la Policía y de todos los comandantes de fuerzas que entendieron la trascendencia de esta tarea.

    8) En materia de paz y guerra, dele consejos claves a su sucesor.

    R/ En la paz los mejores consejos serán siempre la paciencia, la persistencia y el convencimiento en la solución política. Sobre la guerra no es bueno dar consejos. Los prefiero dar en la paz pero, sin embargo, creo que nunca se puede perder la fe en nuestras tropas y nunca se puede dejar de apoyar a los soldados de Colombia.

    9) ¿Siente usted que se sacrificaron cosas en aras de sostener el proceso de paz?

    R/ Ya lo he dicho, sacrifiqué mi popularidad y mi capital político, lo aposté todo a la consecución de la paz. El Estado no sacrificó ni un centímetro de su legitimidad, ni de sus principios fundamentales, ni su unidad; por el contrario, ganó mucha más. Pero, sin duda, el mayor sacrificio lo hicieron quienes han perdido la vida y la libertad en este conflicto. El mayor sacrificio lo hacen nuestros soldados todos los días en todos los rincones del país por defender nuestra vida y nuestra libertad.

    10) ¿Qué tanto influyó el 11 de septiembre en la ruptura del proceso?

    R/ El 11 de septiembre se convirtió en un campanazo de alerta para la guerrilla. El mundo cambió y, a partir de la lucha mundial contra el terrorismo, los grupos al margen de la ley deben saber que tienen los ojos de la humanidad siguiendo sus actos. Yo lo dije: serán ellos mismos con sus actos quienes decidan cómo quieren ser catalogados en el mundo entero. A partir del 11 de septiembre la óptica del mundo cambio frente a prácticas que antes tenían algunos niveles de tolerancia. La guerrilla colombiana, tarde o temprano, entenderá que el mundo es diferente y que sus prácticas de terrorismo no son aceptadas ni toleradas por nadie.

    11) ¿Cómo se siente ahora con Manuel Marulanda, cuando al comienzo de su Gobierno usted le tenía confianza?

    R/ Yo cumplí con mi palabra; él en cambio se escondió tras las acciones violentas de su organización para no cumplir con la suya. Esa confianza se convirtió en engaño. Me siento frustrado porque Marulanda siempre tuvo claro que mi empeño por la paz era firme y honesto.

    12) ¿Cómo explica usted que, a pesar de tener un equipo fuerte, deja al país con un índice de desempleo muy alto, con una deuda externa disparada, un déficit fiscal riesgoso y un crecimiento apenas positivo?

    R/ La verdad, si ese es su diagnóstico, me parece que es a “Semana” a la que le hace falta un equipo de trabajo tan fuerte como el que yo tuve y ustedes reconocen.

    Pensemos en esto: los jueces más severos e implacables de una economía no son los analistas económicos, ni los gremios, ni los sindicatos. Los jueces más estrictos son los mercados internacionales, que no depositarían su confianza ni arriesgarían sus dólares en un país con una economía inestable. Por suerte, estos jueces, los que mejor y más objetivamente miran la realidad económica del país, nos han dado su respaldo, comprando deuda colombiana, permitiéndonos una financiación más rápida y más barata que la de la gran mayoría de los países de América Latina.

    El desempleo está alto, pero pensemos antes de dónde veníamos: de un desempleo que se había duplicado en cuatro años, pasando de menos del 8% en 1994 al 16% en 1998. Lo que hicimos fue romper la tendencia creciente del desempleo, y hoy lo tenemos en un 15.3%, todavía alto, pero con inclinación a seguir bajando.

    La deuda externa sigue estando en niveles razonables y se vio aliviada por operaciones de canje que mejoraron el perfil de sus vencimientos. El déficit fiscal consolidado lo bajamos de un 5.6% en 1999 a un 3.6% en el 2000, un 3.3% el año pasado y debe estar este año alrededor del 2.6%. El crecimiento positivo, después de la dura recesión sufrida en 1999, que algunos auguraban para varios años, es efectivamente moderado pero equivale al doble o el triple de los demás países de América Latina e, incluso, de algunas de las economía más desarrolladas del mundo, que no tienen, por supuesto, nuestros problemas.

    Para eso sirvió el equipo fuerte. Para conseguir estos resultados que parecen un milagro en medio del conflicto interno y las diversas crisis internacionales que han afectado la economía mundial.

    13-) Algunos opinan que usted actuó en la dirección correcta, pero demasiado tarde. ¿Están en lo cierto? ¿Por qué?

    R/ Me da la impresión que ustedes están cayendo, como muchos otros colombianos infortunadamente, en el síndrome de ver siempre el vaso medio vacío y no medio lleno.

    Cuando llegamos al Gobierno encontramos una economía con todas las luces de alerta prendidas: teníamos un desempleo disparado, que se había duplicado en cuatro años; unas tasas de interés por encima del 50%; un peso artificialmente revaluado, que hacía que nuestros productos no fueran competitivos en el exterior; un sector financiero al borde de una crisis sistémica, y una credibilidad internacional en entredicho.

    Así que lo primero que tuvimos que hacer fue tomar las medidas de salvamento para rescatar la economía del borde del abismo, lo que nosotros llamamos “poner en orden la casa”, y así lo hicimos. En el primer año de Gobierno decreté dos veces la emergencia económica para salvar el ahorro de los colombianos en los sectores financiero y cooperativo, y para salvar la vivienda de 800 mil deudores del sistema hipotecario; presentamos la reforma tributaria, y liberamos la banda cambiaria, sin traumatismos, permitiendo una devaluación ajustada al desarrollo de la economía, entre otras medidas.

    En la economía, como en la construcción, hay que ir paso por paso. Primero afirmar las bases -en nuestro caso, reconstruirlas- y luego sí empezar a construir piso por piso. Los gobiernos duran 4 años y en ese periodo deben obrar, no pretender hacerlo todo en el primero, cuando los cimientos pueden no estar listos. Así lo hicimos, y lo cierto es que logramos dejar unas reformas estructurales fundamentales para la viabilidad del país e incluso dejamos andando la reforma pensional, gracias a un proceso de consenso sobre la misma.

    14-) Usted tuvo la oportunidad histórica de reducir y reestructurar el Estado y no lo hizo. ¿Por qué?

    R/ Sí hicimos una reestructuración del Estado muy importante, la cual, infortunadamente, fue declarada inexequible por la Corte Constitucional en una gran parte. No obstante, de esa reforma quedaron algunas normas que permitieron ajustar el aparato estatal, suprimiendo, por ejemplo, varios Viceministerios. Además, se cerraron 5 embajadas. Y miren una cosa: durante mi mandato el empleo del sector público disminuyó en cerca de 40 mil personas, lo que implica un gran proceso de reducción y reestructuración del Estado, un proceso silencioso y sin traumatismos.

    Si pensamos cuánto se ahorró el Estado con el cierre y transformación de la Caja Agraria, o el cierre del BCH y el Banco del Estado, veremos que fácilmente esta tarea deja más resultados que la fusión de 6 ministerios.

    15-) Las cifras de pobreza del país son alarmantes. ¿Cuáles cree que son las razones y qué políticas de gobierno fallaron?

    R/ Estoy de acuerdo en la preocupación y la alarma por las cifras de pobreza, pero no en la forma cómo se ha pretendido mostrar un gran incremento de éstas durante estos cuatro años basándose en la medición del ingreso de las personas, pues el hecho de que alguien pierda o disminuya su ingresa no necesariamente lo convierte en pobre. Estudios como los del indicador de condiciones de vida o el de necesidades básicas insatisfechas muestran, por el contrario, que la pobreza disminuyó durante mi Gobierno.

    Pero no voy a negar un problema que es fundamental, como lo es la gran deuda social acumulada que tenemos con los pobres de Colombia. Preguntan ustedes qué falló o qué faltó. ¿No sería mejor preguntarse cuándo se crearon esos millones de pobres? ¿En este Gobierno que obró con responsabilidad, o en gobiernos anteriores que gastaron los recursos en mantenerse?

    Además, no se puede perder de vista la influencia de los grupos violentos como propagadores de miseria. ¿Quién crea pobreza? ¿Un Gobierno que entrega 372 mil subsidios de vivienda de interés social, que titula más de 6.5 millones de hectáreas a 100 mil familias de escasos recursos, que construye vías y mejora los servicios públicos, o una guerrilla que destruye infraestructura, secuestra, amenaza, ahuyenta la inversión, arrasa con poblados y desplaza a los campesinos?

    16-) Uno de los grandes logros de su gobierno fue la interconectividad. ¿Cómo cree que va a beneficiar a los colombianos en el largo plazo esta política?

    R/ Muchísimo. Ciertamente la Agenda de Conectividad que diseñamos y pusimos en marcha con el Ministerio de Comunicaciones para fomentar el uso de internet y el acceso a las nuevas tecnologías de nuestros jóvenes y de los colombianos de menores recursos es el instrumento ideal para que Colombia dé un paso definitivo hacia su progreso en el siglo XXI.

    Pensemos no más que con Compartel, gracias a la instalación de 6.745 puntos de telefonía social y la instalación de centros comunitarios de internet en 875 municipios, hemos logrado que los colombianos de las veredas más lejanas, de los resguardos indígenas, se puedan comunicar al fin con sus compatriotas y con el mundo. Además, hemos puesto a todo el Estado en internet, con sus trámites y procesos de contratación, mejorando la eficiencia y el control social. Y dejamos lista una política de promoción de las industrias de software, porque así veo a Colombia, como lo es hoy la India, en unos años: como una potencia en la producción y comercialización de productos de la industria de software y componentes tecnológicos. Hacia allá tenemos que apuntar.

    17-) El gran enemigo de la paz sigue siendo el narcotráfico. ¿Considera usted que hoy es más fuerte o más débil en Colombia? ¿Le ve una solución?

    R/ El narcotráfico es un problema mundial y como tal lo hemos tratado y lo hemos hecho ver ante el mundo. Para vencerlo se requiere una acción coordinada que ataque tanto la oferta como la demanda, que dé opciones de economía legal a los campesinos que siembran coca o amapola, que castigue y persiga a los narcotraficantes, que impida el comercio indebido de insumos químicos y que acabe de una vez por todas con la laxitud del sistema financiero internacional frente al negocio del lavado de activos.

    Yo creo que el narcotráfico hoy es más débil en Colombia, gracias a los inmensos esfuerzos que hemos hecho para combatirlo. Ya dije que las hectáreas cultivadas de coca disminuyeron en cerca de 18 mil entre el año 2000 y el 2001. Además, hemos erradicado por fumigación o erradicación manual forzosa tres veces más hectáreas que en los cuatro años anteriores, alcanzando las 257 mil hectáreas de coca y las 23 mil de amapola. Mire este dato: con esas 280 mil hectáreas erradicadas los narcotraficantes han dejado de percibir ¡más de 38 mil millones de dólares que hubieran recibido si esos cultivos se hubieran convertido en drogas y vendido en Estados Unidos o Europa!

    Sumado a esto están las 28 mil hectáreas de cultivos ilícitos que estamos apoyando a campesinos que antes sembraban coca, promoviendo el desarrollo alternativo. Y, por supuesto, la contundente acción de la Fuerza Pública, capturando narcotraficantes e incautando toneladas de droga, de base de coca y de insumos químicos. Además, mi Gobierno es el que más delincuentes ha extraditado en la historia del país, usando la herramienta jurídica más temida por los narcotraficantes: en total han sido 48 colombianos y 35 extranjeros. Este gigantesco esfuerzo ha hecho, sin duda, menos rentable y más riesgoso el negocio de los narcotraficantes.

    18-) Usted fue elegido en gran parte como un movimiento suprapartidista de opinión que renovaría la política. ¿Por qué cree usted que fue tan difícil hacer este cambio? ¿Se mejoró algo?

    R/ Yo llegué con ese compromiso y cumplí con intentarlo, no una, ¡sino tres veces! Infortunadamente, el Congreso hundió el proyecto de reforma cuantas veces intentamos pasarla, y cuando propusimos el referendo al país, con gran apoyo popular, la clase política respondió proponiendo la inclusión de la revocatoria del mandato del Presidente. Ante la reacción negativa de los mercados internacionales, no tuve más opción que retirar la propuesta, pues no podíamos poner en riesgo la recuperación de nuestra economía, que todavía estaba frágil.

    Pero yo creo que sí dejamos un resultado concreto, y es la conciencia que hoy existe en casi todos los ámbitos de la vida nacional sobre la urgencia y conveniencia de una reforma política, la cual habrá de realizarse más pronto que tarde, con muchos de los temas y propuestas que nosotros planteamos.

    Además, promoví unas nuevas figuras dentro de mi Gobierno, como Luis Carlos Valenzuela, Juan Carlos Echeverri, Ángela María Orozco, Francisco José Lloreda, por sólo citar unos nombres entre muchos, que son reconocidos por su capacidad profesional y técnica, y que constituyen desde ahora una reserva fresca de liderazgo para el país.

    19-) También su discurso fue siempre contra la corrupción y, sin embargo, muchas figuras en el alto gobierno se vieron involucradas en escándalos de corrupción. ¿Qué falló?

    R/ No sólo mi discurso: mi vida entera y mi Gobierno han sido un compromiso continuo contra la corrupción. El resultado de este compromiso, en lo que ustedes preguntan, es que ningún funcionario de mi Gobierno que haya sido investigado por cualquier causa utilizó su cargo para responder y defenderse, sino que, todo lo contrario, dejaron el Gobierno y se defendieron como simples particulares. Si volvieron, es porque ya habían aclarado toda duda, toda sospecha, sobre su conducta. Yo creo que esta es una política de transparencia que debe seguir vigente para bien del país.

    Y hablemos de algunos de los casos más sonados: Chambacú, por ejemplo, fue un escándalo originado en actos o contratos de este Gobierno, sino en el año 94, cuando en lo único en que no se pensaba era en favorecer a mis amigos; en el caso de Dragacol, se trataba de una negociación que también venía de gobiernos anteriores y que sólo fue concluida en éste mediante una conciliación en la que el Ministro Cárdenas fue asaltado en su buena fe, lo que han ratificado los diversos organismos de control, y en el caso del Banco del Estado, tan pronto se conocieron los problemas se retiró a todos los funcionarios involucrados.

    Y le digo algo más sobre nuestra lucha contra la corrupción, que centralizamos en el Programa Presidencial de Lucha contra la Corrupción, bajo la coordinación del señor Vicepresidente: Mientras en 1997 Colombia ocupaba el puesto del tercer país más corrupto en el mundo según Transparencia Internacional, el año pasado ocupamos el puesto 42, en la parte más positiva de la tabla.

    20-) Sus relaciones internacionales fueron un éxito y es en el papel que mayor liderazgo desplegó. Sólo tuvo fricciones en realidad con Chávez. ¿Hoy usted considera a Chávez amigo o enemigo de Colombia?

    R/ Con Venezuela, y con el Presidente Chávez, como su gobernante, tuvimos siempre las relaciones más cordiales, no exentas de fricciones y de malentendidos, como es explicable en dos naciones vecinas con una inmensa frontera común. El Presidente Chávez se ha proclamado repetidamente como amigo de Colombia.

    21-) Muchos señalan que su gran error de fondo fue haberse tomado demasiadas cosas a la ligera; haber pensado que eran más fáciles que lo que resultaron. Qué les responde?

    R/ He dicho -y he probado- que si algo caracterizó a mi mandato fue la responsabilidad, que es todo lo contrario a la ligereza. Tomé decisiones duras y difíciles cuando fue necesario, sacrificando mi popularidad en aras de lo que era mejor para el país. Nunca pensé que las cosas fueran fáciles, y efectivamente no lo fueron. Como dice el refrán popular, me tocó cuatro años “bailar con la más fea”.

    22-) También critican su falta de liderazgo para manejar la unidad del Gobierno en las políticas económicas (su silencio ante las continuas peleas de Angelino Garzón y Juan Manuel Santos, por ejemplo) o para negociar con el establecimiento una oferta para hacerle a la guerrilla en la Mesa. ¿Les da la razón?

    R/ No. En el seno del Gobierno pudieron convivir posiciones divergentes en una prueba de la tolerancia y la sana discusión que hace falta en el país. Soy un convencido de que la controversia enriquece el diálogo. Eso sí, yo soy el Presidente y siempre he tomado la decisión final.

    En cuanto a la convocatoria del establecimiento para negociar con la guerrilla eso fue justamente lo que hice, y con éxito. Prueba de ello es la Agenda de negociación en cuya elaboración participaron diversos integrantes de las fuerzas política y la sociedad civil; el Frente Común por la Paz y contra la Violencia, con participación de los principales partidos y movimientos políticos, y el Consejo Nacional de Paz, integrado por miembros de la sociedad civil, que reuní en varias oportunidades.

    23-) ¿Cuál cree que es su legado histórico? ¿Por qué le gustaría que lo recordaran los colombianos?

    R/ Por haber trabajado y luchado como nadie por la paz de Colombia.

    24-) ¿Gobernar a Colombia es tan duro como se lo imaginaba?

    R/ Sí, y por eso aspiré a ser Presidente.

    25-) Le quedan muchos años por delante y ya ocupó la máxima posición política del país. ¿Qué planes tiene para el futuro?

    R/ Seguir trabajando por la paz de Colombia.

    26-) Su padre ejerció un gran liderazgo político como ex-presidente. ¿Seguirá sus pasos? ¿Podrá reconstruir el conservatismo?

    R/ El conservatismo, como partido político, es hoy la bancada mayoritaria en el Congreso, y si lo consideran conveniente estaré siempre dispuesto a trabajar por su fortalecimiento y modernización.

    27-) ¿Cuál cree que es el mayor desafío que enfrenta Uribe?

    R/ Sin duda llega con muy altas expectativas al poder. Su mayor desafío es estar a la altura de las mismas.

     

    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    19 de julio del 2002

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